Protagonistas en la red, en los grandes eventos de marcas mundiales y en las ferias futbolísticas de cualquier rincón del planeta, los freestyler son los malabaristas del nuevo siglo. En las calles de París, en los platós televisivos de América o incluso creando su propia escuela para las nuevas generaciones, representan la cara más innovadora y artística de la pelota.


El metro de la ciudad de Helsinki es el más original de Europa para los amantes de la arquitectura pero, además, para quienes buscan innovadores escenarios de grabación, representa un filón único. Sus andenes se encuentran a nada menos que 21 metros bajo el nivel del mar y la estación de Hakaniemi reclamaba atención para aquellos que se arriesgaran a sacarla en la gran pantalla. El primero en hacerlo fue Sony, pero tuvo la ingeniosa habilidad de mostrarlo al mundo con un videoclip desenfadado que, en 1999, logró tal relevancia, que la huella quedó incrustada en todas las generaciones anteriores. El grupo finlandés Bomfunk MC’s explotó internacionalmente en cuestión de semanas, gracias a un joven anónimo que, a ritmo de sus enormes rastas, bailaba por el metro mientras escuchaba en su MiniDisc (sí, recuerdo que era Sony la propietaria y que tal aparato era la ‘revolución’ del momento) una canción pegadiza que le permitía controlar el flujo del tiempo tanto para todas aquellas personas que se encontrara en su camino. Aquella canción, referencia aún hoy, es Freestyler.

Para la cabeza pensante que os escribe y que intenta retrotraerse en el tiempo hacia aquellos años, la canción no sólo representaba un nuevo estilo musical mezclando diferentes géneros (me gustaba más antes que ahora, me reclama mi ‘yo’ más actual), sino que mostraba una imagen desenfadada, pasiva y urbana de la juventud. Aquella identidad libre, fue la primera representación que recuerdo de una manifestación cultural (en este caso, la música) en torno a la palabra freestyler. Sin reglas, sin prohibiciones, sin censuras, sin límites, sin variables, sin guion y sin un camino a seguir. Era una simple canción, pero aquella actitud mostraba una generación que iba a entonar aquella fórmula para todos sus hobbies y el fútbol, que siempre estuvo ahí, era uno de los que lo iba a llevar al siguiente nivel.

 

El genio del arte de juguetear con el balón en las situaciones más extremas, inaccesibles y hasta peligrosas, está en las calles de París y responde al nombre de Iya Traoré

 

Mezclar la pelota y lo urbano, es un arte que hoy está bastante extendido en cualquier ciudad del planeta. Una esquina donde cualquier malabarista de la pelota demuestra sus habilidades mientras graba un spot musical, intenta animar a los turistas en busca de unos eurillos compensatorios o como un acto dentro de un evento de masas. Pero el número uno del arte de juguetear con el balón en las situaciones más extremas, inaccesibles y hasta peligrosas, está en las calles de París y responde al nombre de Iya Traoré, el Messi urbano.

“Las catedrales y las iglesias de París albergan leyendas, y las calles, a los artistas que ahora generan los nuevos encantos. En Montmartre, el barrio más bohemio de la ciudad y cerca de la famosísima Basílica del Sacré Cœur, podríamos esperar pintores o dibujantes, pero lo que nos encontramos es con un genio de la pelota, pues allí vive Iya. Freestyler de raza negra, físicamente es una bestia, un animal, pero que cambia por completo cuando saca la pelota al aire, convirtiéndose en un artista de categoría. Todos los turistas se acercan a ver arte pero se topan con el nuevo referente de la zona, que realiza todo tipo de malabares con el balón, subido a farolas, se desviste al mismo tiempo que está a un milímetro de una caída al vacío y consigue ser el artista más reclamado con cientos de personas a su alrededor”, cuenta Francisco Orta, que conocía la aureola en torno a Iya y decidió marcharse a la capital parisina para conocerlo en primera persona y alucinar con la expectación creada en torno a su arte.

Pero el personaje va mucho más allá, porque esa habilidad, ese talento y esa capacidad para maniobrar sutilmente con la pelota en situaciones límite ha pasado por mil obstáculos que podían haber acabado con su sueño antes de ser una idea o, por el contrario, podría haberlo llevado a la élite del fútbol profesional. “Es una historia de película. Parece increíble. Su toque empieza en Guinea, donde creció dentro de un poblado aislado donde ni conocía el fútbol. Tenían naranjas y las pelaba para dar toques. Eso era lo único que él sabía hacer con algo redondo, pero un día lo llevaron a un poblado cercano y vio que había niños que, con plásticos arrugados, estaban jugueteando. Ese mismo día, en una televisión de una tienda donde acudía con su madre vio imágenes de Maradona, marcando goles espectaculares. Y en ese momento, quedó entusiasmado. No por el ‘Dios’ argentino, sino por la pelota de fútbol. Quería tener una como sea. Era inaccesible pero empezó a trabajar con sólo diez años, hasta lograr ese balón justo cuando su familia se trasladaba a Francia. La vida le cambió tanto que con aquella técnica forjada en toques de naranja, con la pelota era mucho más sencillo. Cuando su padre, radicado en París, lo vio jugar, se dio cuenta del diamante que tenía entre manos y lo metió a clubes de la zona pero le exigía estudiar. Tanto llamó la atención, que le hicieron una prueba en el PSG (en la época de Okocha y Ronaldinho, dos fenómenos del malabarismo) y lo eligieron. Sin embargo, él priorizó el estudio y no encontró una dinámica de entrenamientos, por lo que no progresó. Pero aquella habilidad con la pelota un día le cambió. Estaba dando toques y, de repente, en pocos minutos, la gente estaba depositando su dinero en un cubo que había tirado en el suelo y que Iya ni siquiera había colocado allí. Se dio cuenta de que podía conseguir así una ayuda familiar y, desde entonces, es el artista número uno del epicentro cultural de las calles parisinas”, relata de manera detalla y profunda Francisco, que estuvo con Iya y conoció a fondo su singular historia.

Casi todos los freestyler han pasado por la calle, han demostrado su capacidad ante el público urbano y han perdido el miedo a las cámaras con el paso de los años, pero hay quien, además, utilizó su habilidad con la pelota, para demostrar que las chicas también tenían hueco. “Mi récord de toques son 15 minutos con la pelota y claro, después, te quedas sin piernas, no las sientes”, explica Fiorella Castillo, una freestyler argentina que llevó su diversión un paso más allá, puesto que ella hace los ‘jueguitos’ (como se llama en Argentina a este arte malabar) nada más y nada menos que con tacones. Cuando tú preguntas cuántos toques puede dar a la pelota sin que caiga al suelo y ella te responde en minutos y no en contactos con el balón, es cuando te das cuenta de su nivel. Y es que Fiorella forma parte de quienes aprovecharon esa habilidad para convertirse en personajes habituales de campañas publicitarias, pues es modelo y habitual de programas de televisión.

 

“Cuando yo empecé a hacer esto, era por puro entretenimiento. No había empresas interesadas, no había concursos, no había nada comparado con lo que hoy existe”

 

“Yo quería demostrar que la mujer puede seguir siendo femenina pese a que tenga la pelota. Yo siempre viví con la pelotita. En vez de música o cualquier otra cosa, la habilidad con la que nací es esta y lo potencié con el paso del tiempo y mucho entrenamiento. Cuando era pequeña dejé de hacer jueguitos porque siempre me decían que si una nena jugaba al fútbol era un nene, un chico, un hombre. Hasta que, siendo más mayor, combiné ambas cosas y logré que le gustara a todos, porque me apoyan hombres, mujeres, niños…”, explica, reclamando que no va a dejar de ser mujer se vista como se vista y dé los toques que dé. Su habilidad y talento entró en contacto con varios shows de la televisión argentina, hasta que se convirtió en un referente. La respuesta fue tan agradable, que progresó, mejoró y trascendió tanto que acabó por generar todo tipo de bromas, incluso con algún futbolista profesional que la desafió en la playay acabó escaldado.

Un desafío es lo que se planteó José Ferreras, campeón de España de Football Freestyle hace años, en el Top 50 mundial y, sobre todo, el más avispado a la hora de interpretar que esta modalidad había llegado para quedarse: “Cuando yo empecé a hacer estas cosas, no sólo no había muchos que lo hacíamos, sino que era por puro entretenimiento, no había empresas interesadas, no había concursos, no había nada comparado con lo que hoy existe. Entré en ese mundillo de actos, fiestas, celebraciones, eventos y, con el paso del tiempo, decidí que era momento de enseñar a los más jóvenes”, explica.

Y con razón, claro, ya que estos malabarismos, extendidos a lo largo de toda la red, han levantado tantos interesados en los últimos años que la demanda le hizo ver que podía ser entrenador y formar su propia escuela. Hoy enseña a decenas de niños cada día y está considerado el primer entrenador de Football Freestyle en España y uno de los primeros a nivel mundial. Ellos no tuvieron quien los instruyera, pero hoy cualquiera puede entrenar con los mejores del mundo y acabar siendo uno de ellos. Los más hábiles y los que jamás soñaron con juguetear con la pelota en los aires. El maravilloso mundo del fútbol freestyle.


En el vigésimo programa-podcast de ElEnganche en SpainMedia estuvieron con nosotros José Ferreras (campeón de España de Football Freestyle hace unos años y actual profesor de esa variante del fútbol), Fiorella Castillo (freestyler afamada en Argentina) y Francisco Ortí (periodista que desvela la historia del mejor freestyler callejero, Iya Traoré).