Qué arraigados están los dorsales en el fútbol. Nadie cuestiona que quien luce el ‘2’ a la espalda, debe situarse en el lateral diestro. El ’10’, por ejemplo, es responsable de cargar de magia la construcción del juego del equipo. Bendita conexión, la existente entre los dorsales y la posición que alguien ocupa sobre el verde. Incluso entre los números y las características de juego de un futbolista. Una conexión que se forjó cuando todavía no se estampaba el nombre en las casacas. Tiempos en los que la figura del futbolista no estaba vinculada a la fama y el dorsal era un simple método de orden sobre los terrenos de juego que ayudaba al colegiado a gestionar el partido.

Sin embargo, los dorsales también se vinculan con la responsabilidad. La mente humana es tan curiosa que es capaz de nublarse por la presión que conlleva cargar cierto número sobre las lumbares. De hecho, todos podríamos pensar en nombres que han visto caer en picado sus carreras por el peso de ese símbolo que luce en la espalda. Y, hasta cierto punto, tirando de misticismo y supersticiones, se puede llegar a entender. De hecho, que levante la mano quien no haya sentido ese cosquilleo en el estómago al portar según qué guarismos en la equipación. Pues, probablemente, Amaiur levantase la mano. Y todo lo previamente mencionado quedaría en nada. En burdas conspiraciones numéricas. Demasiada abstracción para alguien con los pies en el suelo.

La futbolista nacida en San Sebastián hace poco más de 20 años no deja de dar pasos adelante. Allá que va ella haciendo honor al dorsal que luce en la Real Sociedad. Avanzando con velocidad. Gambeteando por su breve trayectoria hasta llegar al filo del triunfo. No se detiene. Si se tropieza, se levanta. Si erra la ocasión, busca la siguiente. Y si logra materializar, se acerca un poco más al objetivo de convertirse en una de las referencias ofensivas de su generación. Casi más importante, no duda. E igual es esa fortaleza mental la que le permite sortear rivales y situaciones nuevas a partes iguales.

Forjada en las categorías inferiores de un histórico como el Añorga, la atacante donostiarra llegó al filial en 2014. Por aquel entonces, Sarriegi apenas tenía 13 años. Un talento precoz. Uno de tantos que parecen asomar en el fútbol de vez en cuando, pero cuyo futuro era todavía una incógnita. Con el desparpajo habitual, la futbolista se hizo un hueco en las filas de equipo vasco y, dos años más tarde dio el salto al primer equipo. Su trayectoria comenzaba a perfilarse y, a sus 15 años, llegó el primer salto. Desde Bilbao le ofrecieron vestir la casaca rojiblanca del Athletic Club. Una oportunidad de oro. De esas que llegan con música y que las referencias ofensivas suelen aprovechar.

La esperaban con las puertas abiertas y la atacante entró por todo lo alto. En su primer curso en el filial, anotó 14 goles entre liga y Euskal Kopa. En la siguiente edición anotó 15 en 28. Números que mejoró todavía más en el tercer año vistiendo la casaca rojiblanca del filial. A las órdenes de Iraia Iturregi, la donostiarra marcó 13 tantos en los 17 encuentros que disputó. Como no podía ser de otra manera, el entonces técnico del primer equipo, Ángel Villacampa, le dio la oportunidad de debutar en la máxima división del fútbol español. Se cumplía el sueño de infancia. Igual el único con el que se atrevía a soñar.

 

Un número, por sí mismo, no vale nada. Es la persona que lo luce la que le da todo el valor del mundo

 

Era el minuto 87 cuando saltó al terreno de juego. Chocó sus manos contra las de Ane Azkona y se posicionó en zonas de ataque. No fue el único encuentro que acabaría disputando a las órdenes de Villacampa y poco a poco erigió como una de las promesas más reales de las leonas. Pero acabó la temporada. Esa maldita temporada bloqueada por la pandemia. Y, con el curso, también expiró su contrato. Quedaba libre y San Sebastián, allá donde había crecido pateando el balón, le abrió las puertas de Zubieta. La Real Sociedad le puso delante un contrato de larga duración, algo poco habitual en el fútbol femenino, logrando que Amaiur regresase a casa.

Su primera temporada con las ‘txuri-urdin‘, a las órdenes de Natàlia Arroyo, no pudo ser mejor. Pronto se hizo con un hueco en la delantera y anotó 13 goles en el curso. Además, Sarriegi acabó siendo una de las jugadoras más utilizadas por la entrenadora catalana. En verano, sin embargo, su plantilla se desmembraba. Las salidas de diez futbolistas, de las cuales la mayoría eran importantes -volaron lejos de Donostia jugadoras como Nahikari, Maitane o Sun Quiñones- generaron un clima de incertidumbre en la entidad. Nuevas jugadoras deberían echarse el equipo a la espalda y quedaba por ver cómo iba a encajar la escuadra el desmembramiento sufrido durante los meses de verano.

Arrasaron. Con Amaiur en el frente de ataque, la temporada no ha podido comenzar mejor. Aguantaron el ritmo al Barcelona hasta que cayeron frente al Levante. En concreto, la joven delantera ha anotado cinco goles y repartido cuatro asistencias en los primeros siete enfrentamientos. Unos números todavía más impresionantes si tenemos en cuenta lo que está logrando la donostiarra con la selección española. Tras debutar con el combinado formado por Jorge Vilda este pasado 11 de junio, la futbolista se ha hecho con el frente de ataque y ha anotado nueve goles en apenas cinco partidos. De hecho, en unos pocos encuentros la futbolista de la Real Sociedad ya vislumbra el momento de acceder al registro de máximas goleadoras históricas de la selección. A sus veinte años, tan solo está a cuatro tantos de superar a Natalia Pablos y seis le separan de Mari Paz Vilas.

Y sin embargo, con toda una carrera por delante, ¿qué más dan los números? A la donostiarra no le pesan los registros cuando se trata de marcar goles. Mucho menos, el dorsal. Porque pese a su corta edad no le tembló el pulso para vestir el ‘7’. Un número, por sí mismo, no vale nada. Es la persona que lo luce la que le da todo el valor del mundo. Y ese dorsal fue el que lució Nahikari durante tantos años y que alzó hasta convertirse en la máxima goleadora histórica de la entidad. Tras su salida al Real Madrid, quedó huérfano. A cualquiera le hubiese pesado. Pero Amaiur no es cualquiera. Sus registros no son de cualquiera. Su proyección tampoco. En apenas unos meses, en Zubieta han dejado de sufrir por la ‘7’, para ilusionarse por el mismo número. Salvo que ahora el ‘7’ significa Amaiur.

 


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Fotografía de portada: realsociedad.eus