“Esto es otra historia. Esto es un equipo de fútbol. Un equipo de fútbol en el sentido más puro, más genuino, del concepto. Sabemos que somos menos, que tenemos las de perder. Pero aquí estamos, aferrándonos a aquel fútbol que añoramos”, remarca Miguel Ángel Murcia, el presidente del Club de Fútbol Popular Orihuela Deportiva; uno de los equipos que han ido naciendo por toda la geografía española como respuesta a la triste deriva del fútbol moderno, cada día más alejado del hincha de a pie. Volver a poner al aficionado en el centro del tablero es, de hecho, una de las grandes motivaciones de los clubes de accionariado popular como el Deportiva o el CAP Ciudad de Murcia. No tienen espectadores. Tienen aficionados. Y ya no es que, como apunta el tópico, exista una comunión entre aficionados y jugadores; es que son todos lo mismo: compañeros. Es un fútbol más humano. Más cercano. Más real. Más ligado a las raíces, a los orígenes. Más parecido, en definitiva, al que aprendimos en el patio de la escuela, al que descubrimos xafant fang, como pregona el vocalista de Zoo, el oriolano Toni Sánchez, ‘Panxo’. “El Deportiva nace del descontento de muchos aficionados cansados de ver que, en el fútbol moderno, no son más que un cliente, de ver que lo que quieren los clubes es que paguen su abono y se callen. Aquí intentamos que el jugador sea siempre consciente de la importancia de la figura del socio. Aquí lo fundamental es que el club sea de los socios, que se lo sientan suyo”, añade Murcia; con unas palabras que en el contexto de una sociedad triste e inequívocamente individualista realzan el poder de la comunidad, de lo colectivo.

“Los aficionados son el club. Lo sienten como si fuera su hijo. Porque, de hecho, lo es. Aquí el fútbol trasciende los 90 minutos. No es solo un club al que ir a ver cada domingo. Es una cosa de todos. Y para todos. Nadie siente que esté por encima. Ni los futbolistas. Y ahí reside, de hecho, la gran fortaleza del Deportiva; que no se distingue quien forma parte de la afición, de la plantilla o del cuerpo técnico. Cada uno tiene su función. Y la nuestra es salir al campo”, arranca Yoel Albarracín, el segundo capitán de un equipo que nació hace tres años para huir del capitalismo feroz, para escapar del fútbol más mercantilizado, para tratar de dar respuesta al desencanto, al desapego, de una parte de la ciudad con la directiva del Orihuela Club de Fútbol, para luchar contra la triste certeza de que también nos están robando el balompié con el que crecimos. La apuesta era clarísima. Todo pasaba por volver a los orígenes. “Por democratizar el fútbol, plantando cara al capitalismo más salvaje con nuestros valores, con nuestros principios, cada domingo. Por recuperar sensaciones perdidas, olvidadas. El que ama este deporte, el que lo ha mamado desde pequeño, el que ha olido el césped, no se siente representado por el fútbol moderno”, añade el presidente, “solo de puertas hacia fuera”, del Deportiva, de un club que se rige por una filosofía innegociable, la que exige que todas las decisiones se tomen de forma horizontal y asamblearia. “Una persona, una acción, un voto. La junta directiva es un mero formulismo legal”, subraya el club desde su página web; la misma desde la que proclama que “el fútbol es fútbol y mucho más”. Porque en el Club de Fútbol Popular Orihuela Deportiva el fútbol va mucho más allá del terreno de juego.

“El balón quizás es el actor principal, pero hay muchos actores secundarios”, enfatiza Murcia antes de destacar que, además de su naturaleza, el compromiso social y cultural del Deportiva, el trabajo que hace en favor de colectivos desfavorecidos y el hecho de utilizar el fútbol como una herramienta, una excusa, para mejorar la realidad de la sociedad (“Hay que aprovechar el tirón que tiene el fútbol para trabajar hacia otros fines”, apunta Albarracín) “explican la gran afición que se ha creado alrededor del Deportiva. Al 70 o el 80% de nuestros socios no les gustaba el fútbol antes del nacimiento del club. Algunos incluso lo repudiaban, lo odiaban. Pero se han ido sintiendo atraídos por el proyecto al ver que el fútbol no es solo aquello que estamos acostumbrados a ver por la televisión”. Los 300 o 400 aficionados que, de media, han acompañado al equipo en los partidos que esta temporada ha jugado en el polideportivo municipal El Palmeral de Orihuela avalan sus palabras. La cifra de seguimiento alcanzó su cota máxima el pasado 18 de mayo, cuando, dos semanas después de que el equipo se proclamara subcampeón del grupo 15 de la Segunda Regional valenciana, 1.100 hinchas estuvieron a su lado en el encuentro de vuelta del play-off de ascenso a Primera Regional que le enfrentó con la Balompédica La Cueva en un encuentro que tuvo que disputarse “en el exilio”, en el estadio de la vecina Cox por culpa de unos “dirigentes cobardes y sin altura de miras incapaces de ver más allá de sus barrigas” que guían el día a día de una ciudad en la que la utilización de las instalaciones, “desfasadas e insuficientes, depende más de favores y genuflexiones que de criterios deportivos”, tal como cuenta la crónica del partido que puede leerse en la web de un Deportiva que continúa reivindicando su derecho a jugar en el mítico estadio de Los Arcos.

“Los últimos minutos fueron una fiesta, y también las horas que sucedieron al final del partido. El Deportiva, primer club de la Vega Baja en adoptar el modelo de accionariado popular, era de primera regional. Es normal que pensaran que un equipo creado por un grupo de amigos sería incapaz en nuestra tierra de desarrollar este modelo, acostumbrados como estábamos a los constructores al frente de los equipos de fútbol, a las compras de plazas cuando la pelota no entraba donde debía y a las subvenciones millonarias entre familias políticas y empresariales”, recalca el texto, tan emotivo como la crónica del duelo de ida: “¿Cómo se disfruta una promoción de ascenso? La Balompédica La Cueva y el Deportiva serían amigos si pudieran, pero el contexto nos lo impide. Equipos modestos, con carisma, con tirón. La semana que viene uno reirá y el otro llorará. No hay grises ni vías intermedias. No hay hueco para la moderación. Un play-off es anarquía. Es barricada. Es un duelo en Stalingrado a 18 bajo cero. En el encuentro de ida, la prosa nos goleó a todos. Soñábamos con un partido de toque y fantasía, de goles imposibles, de proezas en el último minuto. Con alguna locura maradoniana de Roque, driblando a 14 rivales antes de anotar su gol. Pero la poesía volvió a ser ciencia ficción. Esto es una promoción, y ya se nos había vuelto a olvidar”.

El Deportiva acabó celebrando el ascenso a Primera Regional después de imponerse por un ajustado 1-0 en los dos duelos del play-off; consiguiendo una pequeña victoria para el fútbol modesto, humilde, el que sobrevive lejos de los focos, de las grandes portadas; el que, desde las antípodas de los clubes que actúan como si fueran una multinacional, honra los orígenes del balompié, de un deporte que nació para ser un fenómeno socializador, para juntar a la gente alrededor de un balón. “Gracias al club, la gente de la ciudad está reconectando con la finalidad inicial del fútbol: unir a la gente de una misma zona bajo unos mismos colores para luchar por un objetivo común”, acentúa Albarracín, convencido. El ascenso, además, evidencia e ilustra que Otro fútbol es posible. Y que no solo es posible, sino que, además, es mucho más digno. Más sostenible. Realza, ratifica, la solidez, la seriedad y el potencial de los proyectos de los equipos de accionariado popular. “Se refuerza la idea. Su viabilidad. Con este espíritu, con este modelo, también se pueden conseguir éxitos”, proclama el segundo capitán de un Orihuela Deportiva que jamás traicionará sus principios por haber llegado a Primera Regional.

“Todavía cobran más valor. Todavía tienen más sentido. Hemos demostrado que con trabajo podemos avanzar. No se trata de subir de categoría para meter más dinero, para fichar más jugadores. Se trata de subir para poder mejorar los engranajes, para ser más trabajando. No nos vamos a volver locos, esta es la realidad. Queremos que el crecimiento deportivo siga siendo paralelo al social”, afirma Murcia, que, a pesar de su juventud (29), ha presidido el club desde sus inicios. Porque en el Deportiva los resultados importan, pero no son más que un elemento más de la ecuación futbolística. “El resultado importa, pero no por el resultado en sí; sino por el esfuerzo que lleva implícito, por los valores que defendemos, por el amor a unos colores que sentimos nuestros”, matiza Albarracín, que colgará las botas este verano. “A veces nos dicen: ‘Nunca vais a llegar a Tercera’. Es que es igual. Tampoco es lo que más nos importa. Nosotros lo que queremos es competir, hacer las cosas bien, con sentido, estemos donde estemos. Como decía Marcelo Bielsa, lo que importa no es el destino. Lo importante es el camino”, añade, en la misma línea, Murcia, orgulloso de sentirse parte de una entidad, de una familia, pequeña, pero poseedora de una identidad. “El fútbol es once contra once tanto en Primera Regional como en Primera División. Meter un gol en el 90′ tiene la misma mística en todos los estadios. El idioma es el mismo. Y no solo eso; sino que, además, aquí lo valoras más porque depende de tu trabajo, del sacrificio del que está a tu lado en la grada”, resalta, con unas palabras que recuerdan a la reflexión que el cantante de Zoo, el oriolano Panxo, dejaba en el #Panenka82: “Es una cuestión de dignidad, de cambiar la perspectiva, de decir: ‘Yo soy del club de mi pueblo, por encima de si gana o pierde. Este es mi club, mi escudo. Lo que pasa en este rectángulo verde durante 90 minutos no es más que un juego. Si perdemos no pasa nada, porque a lo que vengo aquí es a disfrutar del deporte, a compartir tiempo con mi gente, con mi barrio, a intentar crear unos lazos de solidaridad, una identidad”.

“Hay mucha gente que paga 100 euros al mes para ver fútbol por la tele, para ver un club que está a millones de kilómetros, cuando al lado de casa tiene fútbol gratis. Mi padre siempre me cuenta que antes los campos de Tercera División de la zona se llenaban cada domingo. Claro que no es el mismo nivel, pero al final se trata de disfrutar del fútbol”, concluye Albarracín, el segundo capitán de un club diferente, de uno de aquellos románticos reductos que nos quedan para continuar soñando con un balompié más humano, que quizás jamás podrá competir con los grandes en resultados, pero que es invencible en su capacidad de representarnos, de trasladarnos al fútbol con el todos que crecimos; a ese que quizás ya ni siquiera existe. Porque quizás, en medio de este balompié irreversiblemente mercantilizado, ser de un club popular como el Deportiva suponga ir a contracorriente. Quizás suponga ser un ingenuo, un idealista. Un utópico. O no. Porque tal vez es en los equipos así donde reside la genuina esencia de este precioso deporte, tan maltratado, tan pervertido a base de billetes, en las últimas décadas. Porque, tal como dejó escrito el célebre poeta oriolano Miguel Hernández, uno de aquellos brillantes artistas que los que se enorgullecían de proclamar aquel triste “¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!” silenciaron para siempre entre las lúgubres paredes de las cárceles franquistas: “Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde”.


Foto de portada: Carles Viñas.