Cayó la reina. El tablero español quedaba huérfano a pesar del montón de piezas que quedaban sobre el mismo. No se perdió la ilusión por ver debutar a las nuestras, pero sí que se diluyó la misma. Encender el televisor escondía una media sonrisa. Porque no era lo mismo ver a la selección sin vislumbrar en el centro del campo a la futbolista cuyo dorsal ’14’ también era el homenaje más bello. No estaba. No se le espera. Se fue. Porque su r0dilla se quebró, pero el dolor fue compartido con la afición, sus compañeras y, en general, con todo el mundo del balompié.

El estadio de Milton Keynes se maquillaba con los colores que desprendían las casacas de una afición entregada. Cerca de 17.000 gargantas españolas y finlandesas se acomodaban en sus asientos esperando el inicio del encuentro. La realización comenzaba a mostrar las mejores imágenes captadas por las cámaras y, una de ellas, apuntaba a una de las bocas del feudo inglés. Por el mismo aparecería Alexia. Torpe, temerosa y desacostumbrada a tener que echar mano de las muletas, la mejor jugadora del mundo ocupaba su trono. Pero no había lujos. Era un trono modesto moldeado con plástico. Uno de esos calurosos e incómodos si el sol apremia durante mucho tiempo. Lejos de su hogar en el verde, la futbolista del FC Barcelona empezaba su partido más difícil.

Con la camilla y el quirófano a la vuelta de la esquina, sacó fuerzas de flaqueza para quedarse junto a sus compañeras. Anímicamente destruida, Putellas presenciaba como la pesadilla se consumaba cuando la colegiada hizo sonar el silbato. Empezaba el duelo. Cariacontecida, observó como a los 50 segundos Sällström lograba batir a Paños. Fue una jugada rápida. Una mezcla de fortuna y sorpresa en un despeje defensivo que concluyó con el esférico en el fondo de la red.

 

Jenni tuvo que abandonar la concentración. Después, Salma Paralluelo. La última en caer, Alexia, sufría una gravísima lesión. Y para colmo, a los 50 segundos de debutar ya se veían por debajo en el marcador

 

Las jugadoras se miraban sin entender bien lo que estaba ocurriendo. En unas pocas semanas, el combinado nacional había sido víctima de las lesiones. Jenni tuvo que abandonar la concentración en medio de la polémica. Tras el anuncio de Vilda, llegó la salida de Salma Paralluelo por culpa de otro contratiempo físico. La última en caer, Alexia, sufría una gravísima lesión. Y para colmo, a los 50 segundos de debutar ya se veían por debajo en el marcador.

Llegó ese ruido tan característico. Las palmas golpeando una contra la otra. Con violencia. Repeticiones a gran velocidad. El objetivo, azuzar a un grupo de futbolistas que debían sobreponerse a las adversidades. Si España había perdido a su reina, no le quedaba más remedio que instaurar la república. Aunque fuese a disgusto y por obligación. Y se abrieron los ojos. La selección comenzó a mover el esférico con criterio y tras el banquillo español, Alexia movía los labios. Se hablaba a sí misma y apuntaba las notas mentales necesarias para ayudar a sus compañeras en cuanto pudiese.

El fútbol tiene esas cosas y las lesiones, por dolorosas que sean, se olvidan en los momentos de felicidad. El balón despegó desde la esquina y en el corazón del área dinamitó contra un ciclón. Paredes, capitana y referente de la selección, entró con todo para cazar un testarazo cargado de potencia y firmar las tablas en el marcador. Alexia se olvidó de las muletas. La capitana debió pensar que no importaba darle algo más de trabajo a los cirujanos, pero el gol había que celebrarlo. Tras el primero, el semblante de la Balón de Oro había cambiado por completo.

Y lo hizo todavía más cuando Aitana sacó el cincel para esculpir una parábola maravillosa y colocar el esférico en la escuadra. Un gol elegante que consiguió materializar con la cabeza tras un centro con música de Mapi León. Aitana se marchó a la banda. Lo tenía claro. Alexia volvió a levantarse y esperó a su compañera. Sonriente, alegre. España esperaba ese abrazo. Vilda salió en busca de Aitana. La frenó con un gesto. Lo mismo hizo la cuarta árbitra. Abandonar el terreno de juego supondría la cartulina para la de Sant Pere de Ribes, pero el momento hubiese valido la pena.

 

España ganaba el partido ante Finlandia, pero el encuentro más duro y complicado de Alexia no había hecho más que comenzar

 

El segundo tiempo fue más de lo mismo. La futbolista de Mollet sufría desde la grada mientras las jugadoras de la selección acababan de redondear la faena. El encuentro acabaría con goleada para las nuestras y con Alexia vislumbrando una tenue sonrisa en el rostro. El primer encuentro estaba ganado y su andadura en Inglaterra acababa ahí. La centrocampista decidió permanecer con el grupo hasta el debut para cerciorarse que todo iba a seguir el camino por el que tanto habían trabajado. Pero su labor y misión como guía de la selección había llegado a su fin.

Una despedida emotiva. Un vuelo de regreso a casa y toda la expectación en el aeropuerto a su llegada. Meses atrás la imaginábamos bajando del avión con el trofeo agarrado por un costado y parándose a posar frente a las cámaras. Sonriente, pletórica, campeona de Europa. Sin embargo, el paradigma era completamente opuesto. Alexia se quedó con la selección con el único objetivo de apoyarlas. De permanecer juntas y unidas. Pero tras su despedida, la centrocampista debía hacer frente a un rival tan duro como incansable. La soledad la acompañó junto al resto de personas que volaron con ella. Una soledad que también había conocido en la grada y que tan solo parpadeó con los gestos de afecto de sus compañeras.

Los focos y las cámaras esperaban a la capitana del Barça cuando esta puso las muletas en El Prat. Observaba el tramo que le quedaba por recorrer, acompañada de la seguridad y el personal de la selección. Seria, la futbolista abandonó la terminal para iniciar su proceso de recuperación. Un injusto punto y aparte en su carrera. España ganaba el partido ante Finlandia, pero el encuentro más duro y complicado de Alexia no había hecho más que comenzar. Este no duraba 90 minutos y es mucho más complejo que una simple victoria, empate o derrota. Pero el fútbol sigue. La vida sigue. Y Alexia seguirá. Se sucederán los meses hasta que vuelva a pisar un verde. Sin embargo, nadie pone en duda su trono aunque, por lo pronto, deba acomodarse en uno de plástico tras los banquillos del estadio.

 


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Fotografía de Imago.