Ningún rincón de España pudo contenerse a la ilusión, heroicidad y épica de unos colores y un escudo que, meses atrás, ni tan siquiera conocía. El sentimiento de un Alavés transformado en el villano de los grandes de Europa en las noches continentales, suponía un elixir atractivo que enganchó a todo el país. Tanto, que cuando hoy se recuerda la gesta alavesista ante el Liverpool, la mayor parte guardó en su memoria a un Alavés campeón.


En 2001, el Deportivo Alavés llegó a lo más alto que un equipo relativamente modesto, luchador incansable en divisiones inferiores y soñador a base de sobreponerse a los miles de obstáculos que se encontró en su historia, puede imaginar. Alcanzar la final de la Copa de la UEFA (actual Europa League) tras eliminar al Inter o al Kaiserslautern y enfrentarse en la cita decisiva al Liverpool, no sólo colocaba a Vitoria en la cúspide jamás prevista a ojos de todo el planeta sino que, sobre todo, iba a tener que demostrar a lo largo de una noche épica, toda su capacidad de reacción, energía y maestría para desenvolverse en la locura de una cita continental en el Westfalen de Dortmund. Llevaban poco tiempo en Primera División tras haber tocado fondo y hasta casi dejar de existir, habían avisado de sus pretensiones eliminando un año antes al mismísimo Real Madrid en la Copa del Rey (cuando eran equipo de Segunda División) y aquella noche acabó ganándose al mundo del fútbol desde esa inexplicable sensación de hermanamiento común que existe hacia clubes débiles en situaciones límite. Fue tan surrealista, tan imprevisible y tan absolutamente enloquecedora la actuación alavesista que, cerca de cumplirse dos décadas, aún hoy, muchos hinchas de todo el mundo creen que el Alavés fue el campeón.

“Aquel equipo generó un entusiasmo jamás visto, unió a toda la población hasta generar un evento especial de cada partido europeo en una ciudad que, aunque parezca raro para la gente que nos lee desde fuera de España, realmente es epicentro de baloncesto. Y es que el Baskonia es quien más crédito ha dado a la localidad. El dueño es ahora quien mantuvo al club de fútbol también, formando una unión genial entre las dos entidades. Pero aquellos partidos del Alavés por Europa fueron algo jamás pensado. Viajé a varios partidos y en la final, de verdad, fue un sueño joder, casi la ganamos. Cuando empezó todo, llamé a mi madre y la dije: ‘Nos están matando como conejos’. Luego el equipo reaccionó y fue tan emocionante, tan bonito, que no se me olvidará jamás. Fue terrible, una agonía para llegar a los penaltis como sea. El equipo muerto, rozando todo y fue muy cruel. Hoy muchos saben lo que es el gol de oro por anécdotas, pero nosotros lo conocemos porque nos cambió la historia para siempre. Esa noche, toda España era Vitoria”, recuerda con cariño y orgullo Héctor Fernández, periodista de Onda Cero y alavesista de corazón, que sigue asegurando que más orgulloso no se puede estar.

Es tan elitista, tan exigente y tan castigador el fútbol actual, que casi no concede espacio para que surjan esperanzas y broten los sueños de los equipos humildes. Hoy, en el fútbol, no hay premio sin trabajo, sin suerte y sin pretender romper fisuras históricas. Los títulos, los éxitos y los grandes momentos, están muy reservados a clubes concretos y, en países como España, por ejemplo, el foco de los ‘tres grandes’ es abrumador respecto al resto. En ese contexto, hubo una ciudad que creyó, confió y aceleró sus metas para alcanzar un objetivo con un enfoque muy singular. Pues aunque no ganó, y eso pesa en el palmarés y la sala de trofeos, sí logró algo aún más grande, conseguir que toda España y toda Europa, se hermanara con su gesta y sintonizara la televisión para una noche europea donde el pequeño retó al grande y firmó una finalísima considerada única por la UEFA. Así que, con la frase con la que arrancan muchos cuentos, ese “Érase una vez…”, se inició una aventura repleta de anécdotas de quien sólo puede disfrutarlas cuando jamás pensó en vivirlas.

“Éramos un equipo humilde, pero no sólo en economía, sino también en todo lo que no fuera la monotonía de trabajo diario. Trabajábamos para nosotros, para la gente y los amigos, y no pensábamos en nada más. Tanto, que cuando llegó el primer partido de esa Copa de la UEFA, que era ante el Gaziantespor de Turquía, vamos todos a tomar el vuelo y allí llegamos al aeropuerto cada uno vestido con ropa común, ropa normal, la que cada uno pensó. Claro, no nos dimos cuenta de ello hasta que no estábamos allí. Estábamos viajando por Europa y no caímos en nada de ir con traje oficial y esas cosas. Nosotros no éramos así, pero nos fue bien”, recuerda como anécdota inicial de una temporada de ensueño su técnico, Mané, que había cogido al equipo en Segunda sin tener aspiraciones claras más allá de salvarse como pudiera y que acabó alcanzando una heroicidad nunca vista en Mendizorroza, donde sigue siendo rey.

“El club venía de estar en Segunda B, nada menos. Pero fuimos creciendo en categorías. Cuando llegué, primero logramos el ascenso, que fue algo mítico porque nuestro club estaba necesitadísimo de ello tras mucho tiempo si saber qué era estar en la élite. Encajaron las piezas muy bien pese a ser una plantilla prácticamente nueva, logramos eliminar a cinco clubes de Primera División en la Copa del Rey y nos metimos entre los más grandes del país. Fue genial. Y cuando ascendimos, sufrimos muchísimo. Nos salvamos en la última jornada, de milagro y, a partir de ahí, fue otra historia. Creamos un equipo con caras nuevas pero más calidad. Tanto mejoramos, que nos clasificamos para jugar en Europa”, recuerda el técnico ‘bigotón’ milagro y el que más éxito ha sido capaz de otorgar al club vitoriano.

 

“Para muchos, fuimos ganadores porque en el recuerdo algunos hasta lo hablan así cuando miran hacia atrás”

 

“Cuando llegó la final, nos superó todo eso. Fueron unos quince días de preparación previa con todo tipo de entrevistas, atención a medios, familiares, exigencias de calendario, promociones… y nosotros jamás habíamos estado en algo similar, pero ninguno de nosotros. Sólo pensábamos en eso y nos descolgó. Se notó y te merma. Yo había ido a ver al Liverpool unos días antes y éramos realmente irrespetuosos, de verdad. Nos creíamos mejor que cualquiera. El que se fiaba ante nosotros y jugaba con glamour ante nosotros, lo pagaba. Pero incluso nos costó entrar en el partido con toda la ceremonia previa, por eso ellos entraron mejor y nos condicionaron con el gol. Yo intenté hacer reaccionar al equipo a los 20 minutos (cambió de esquema y jugadores), se igualó y ya todo fue un ida-vuelta donde le hicimos ver al Liverpool que tenían que matarse para ganarnos”, analiza tácticamente Mané. Pero, por desgracia, no se encontró el premio eterno. “Joder, fue una pena. Fue muy cruel. Fue el primer gol de oro en una final así y es que no tuvimos ni esos minutos después del gol porque marcaban ellos y se acabó. Fue un golpe pero es cierto que, cuando ves a un equipo pequeño mostrarse como se mostró, esas imágenes quedan en la retina de la gente y sabemos que, para muchos, fuimos ganadores porque en el recuerdo algunos hasta lo hablan así cuando miran hacia atrás”, destaca con orgullo y añoranza.

Y es que no es una manera prepotente o excesiva de recordar aquella gesta decir que fueron ganadores. Es que si preguntas, en el recuerdo de muchos aficionados de todo el planeta, la distorsión hace que, ante la grandeza de aquella lucha constante y no cesar en su empeño por ganar, parezca que el Alavés fue el verdadero campeón. Carmona con su liderazgo, Jordi Cruyff con su llegada, Contra con sus centros perfectos, Javi Moreno con sus goles y Geli, siempre Delfí Geli, eterno en la imagen eterna. Y es que a pesar de sobreponerse, insistir, tocar la meta y contraer el corazón de medio mundo, aquel 5-4 final de Geli en propia puerta, todo lo dilapidó. Hoy, aquel lateral curtido en la cantera del Barcelona y que dejó buenos años en el Atlético, recuerda el momento clave de su carrera cuando aquella pelota fue desviada ligeramente hacia su propia portería y acabó por destrozar los sueños de todo el fútbol humilde que apoyaba la heroicidad vitoriana: “La intención es clara. Es difícil ver si tienes a alguien o no o si la pelota es de mi portero. Quería intentar llegar y golpear la pelota pero se desvía y va hacia donde no quieres, cometiendo un error que vale una final, estás muerto y quieres esconderte bajo tierra, desaparecer. Pero la vida tiene estas cosas. Gracias a mis compañeros, me ayudaron y todos lo superamos”, aclara el protagonista número uno de aquella noche y de la página icónica del club, aunque el destino le tenía guardada una alegría futbolera pues, ahora, en otra vida como presidente del Girona, ha sido el primer mandatario en llevarles a Primera División.

“Cuando acaba el partido, que no nos dejó tiempo para reaccionar por tener la mala suerte de ser un gol de oro que era rarísimo incluso en esa época, yo no tenía sitio para lágrimas ni impotencia. Miraba a la grada y veía jodida a mi familia y verlos mal, pues es lo que me hacía estar jodido. Estaban hundidos mis compañeros tras un año único. Yo siempre digo que nos acordaremos de esta final, pero seguro que el Liverpool sabe que sudó como nunca”, destaca el goleador, Javi Moreno, autor de dos goles en aquella finalísima (era uno de esos jugadores imparable con una racha difícil de explicar desde la lógica, pues todo lo metía en la red) y, desde luego, el primer jugador estelar de una etapa de oro que acabó dando el salto, como tantos otros, a clubes de mayor potencial (fue al Milan).

Fue efímero, como casi cada momento de gloria en clubes pequeños, pues, nada más lograrlo, la desbandada fue notable, el proyecto tuvo que cambiar claramente de pretensiones e incluso acabó volviendo a graves problemas financieros en divisiones inferiores del futbol español. Quizás por ello, por haber visto cómo el club ha estado a punto de quebrar definitivamente hace no demasiado, su afición ha sido fundamental para, recordando la base del entusiasmo de aquellos días paseando al ‘Glorioso’ alavesista por Europa, recuperar fuerzas para seguir pensando en ello. 


En el programa-podcast 33 de ElEnganche en SpainMedia, estuvieron con nosotros Mané (entrenador más afamado de la historia del Deportivo Alavés), Javi Moreno (goleador de aquel Deportivo Alavés) Delfí Geli (futbolista clave en la jugada más importante de la historia del Deportivo Alavés) y Héctor Fernández (periodista vitoriano y aficionado del Deportivo Alavés).