“El fútbol es habilidad en sí mismo. Es todo un mundo. Es todo un universo en sí mismo”, responde Bob Marley a un periodista francés mientras de fondo suena con fuerza música reggae, tan alta que es difícil escuchar las palabras del gran icono del género. “Me encanta porque tienes que ser habilidoso para jugarlo”, añade. “Nosotros hacemos música y jugamos a fútbol. Lo necesito. Ser libre, libertad. ¡El fútbol es libertad!”. Robert Nesta Marley nació el 6 de febrero de 1945 en la pequeña casa de su familia materna en Nine Mile, una aldea diminuta escondida al norte de la isla de Jamaica, a tres horas de la capital, Kingston. Su madre, la afrojamaicana Cedella Booker, acababa de cumplir los 18 años cuando lo tuvo. Su padre, Norval Marley, era un jamaicano blanco de ascendencia inglesa, capitán de los Marines Reales, la infantería de la marina británica. Tenía 60 años cuando Bob llegó al mundo. Abandonó a su mujer y a su hijo poco después, y murió diez años más tarde, en 1955, de un ataque al corazón. Pese a que las raíces de Norval Marley se hallaban en Sussex, condado histórico al sureste de Inglaterra, en cuestiones futbolísticas Norval era un fervoroso seguidor del Liverpool, con especial predilección por el once entrenado por George Kay, aquel centrocampista de Mánchester que, tras pasar por Bolton Wanderers y Distillery, había alcanzado la gloria balompédica defendiendo la camiseta del West Ham. Con este club ganó la primera final de la FA Cup jamás jugada en Wembley, la ‘White Horse Final‘, como se conoce popularmente a aquel encuentro de 1926 que enfrentó a los londinenses contra, justamente, el Bolton Wanderers en el que había debutado George Kay.

Tras colgar las botas en 1927, la primera experiencia de Kay en un banquillo fue en 1929 como entrenador del Luton Town. De 1931 a 1936 fue el técnico del Southampton. Y, desde entonces, hasta 1951, comandó al Liverpool, con el que ganó la liga inglesa la temporada 1946-47. Debido a su salud delicada, abandonó definitivamente el mundo del fútbol cuatro años después de aquel título, y murió el 18 de abril de 1954. En los pocos años que coincidieron en vida, Bob Marley nunca tuvo una buena relación con su padre. De hecho, Marley nunca tuvo relación alguna con él, y fueron una excepción las veces en las que llegaron a verse. Sin embargo, cuando le preguntaban por su amor por el fútbol en un país tan poco dado al deporte rey como Jamaica, y por su afición por el Liverpool, siempre explicaba que la respuesta se encontraba en su ADN.

LEVÁNTATE, PONTE DE PIE

Celia volvió a casarse con un hombre que también tenía un hijo, Bunny Wailer, de una relación anterior. Bunny tenía, más o menos, la misma edad que Bob, y ambos se hicieron amigos rápidamente. Los unía la pasión por la música, especialmente por nombres como The Drifters, Ray Charles, Curtis Mayfield, Brook Benton o Fats Domino: artistas que descubrían escuchando las emisoras de radio del sur de los Estados Unidos que captaban con su viejo transistor. La nueva familia, ampliada con el nacimiento de una niña fruto de la relación de la madre de Bob y el padre de Bunny, se trasladó a Kingston en busca de un futuro más próspero. En la capital, los dos jóvenes prosiguieron con su inmersión en la música. Viendo en este mundo una salida de futuro, se apuntaron a las clases de canto que impartía Joe Higgs, un viejo cantante que años atrás había tenido algún éxito en la isla, pero cuya carrera había ido claramente a menos. En esas clases, la pareja conoció a otro aspirante a estrella cuyo verdadero nombre era Winston Hubert McIntosh pero que se hacía llamar Peter Tosh. Los tres formaron Wailing Wailers, grupo vocal que completarían Junior Braithwaite y las coristas Beverly Kelso y Cherry Smith. Bajo el padrinazgo del reputado productor Clement Dodd, a finales de 1963 los Wailing Wailers debutaron discográficamente con el single Simmer Down. El tema pasó más bien desapercibido. Desalentado, Marley hizo las maletas y se fue a vivir a Delaware (EE.UU.) con su madre, quien se había separado del padre de Bunny y se había vuelto a casar. En Estados Unidos, Bob Marley trabajó en el turno de noche en una planta de la marca de coches Chrysler, pero aquello no era para él y a los seis meses ya estaba de nuevo en Jamaica reuniendo a la banda. Había pasado escaso medio año desde que se había marchado, pero cuando Marley retornó a casa se encontró con que el ritmo imperante en la isla era el ska. Y con este, una versión más pausada del género, el rocksteady, que a su vez dio origen al reggae. Bob y el resto de miembros de The Wailers quedaron fascinados por estos nuevos sonidos, empezando a incorporarlos a su propuesta. El viraje en su acento sónico no gustó para nada a Clement Dodd, que optó por retirarles su confianza. En su lugar, los Wailing Wailers, que por aquel entonces pasaron a llamarse simplemente The Wailers, encontraron a un nuevo cómplice: Lee Perry, uno de los músicos y productores más relevantes en la historia de la música popular jamaicana. Los cambios se completaron con la incorporación en la formación del bajista Aston ‘Family Man‘ Barrett y su hermano, el batería Carlton Barrett, dos de los músicos más reputados del país caribeño en aquel momento. De aquella época, data la composición de canciones como Soul Rebel, Duppy Conqueror, 400 Years y Small Axe, que pasarían a ser imprescindibles de su repertorio. Reggae on Broadway fue el primer single grabado por The Wailers en su nueva etapa. Como sucedió la primera vez, el tema, publicado por la multinacional CBS, no tuvo la respuesta prevista. Desesperado con la situación, y aprovechando que estaban de promoción de la canción en Londres, Marley fue a visitar a Chris Blackwell, fundador de Island Records, una de las discográficas que más decididamente había apostado por la música jamaicana. De aquel encuentro Marley salió con 4.000 libras para grabar su primer álbum. Catch a Fire se puso a la venta el 13 de abril de 1973, haciendo de The Wailers casi de inmediato uno de los nombres más importantes del reggae. Una popularidad que fue a más con su segunda referencia Burnin’ (Island Records, 1973), disco que escondía singles incontestables como Get Up, Stand Up, I Shot the Sheriff o la ya citada Small Axe. Trabajos posteriores como Natty Dread (1974), Exodus (1977), Kaya (1978), Survival (1979) o Uprising (1980) hicieron de Bob Marley la figura más aclamada del género, un estrella de fama internacional con giras por todo el planeta. Unas giras en las que en el equipaje de Marley nunca podía faltar un balón de fútbol.

UNA GUITARRA, MARÍA Y UN BALÓN

Bob, que más allá del Liverpool era seguidor del Boys’ Town FC -el equipo de una humilde barriada de Kingston fundado en 1940 y en cuyo palmarés figuran las ligas de 1984, 1986, 1988 y la copa jamaicana de 2009- y del Santos de su gran ídolo Pelé; jugaba con los suyos para relajarse y entrar en calor antes de los grandes conciertos. También jugaba para entretenerse en los muchos ratos libres que dejan las tediosas sesiones de grabación de los discos. En realidad, jugaba a todas horas, siempre que podía. “A Bob le gustaba ser delantero centro o mediapunta”, confesó en una entrevista al diario argentino Olé Alan Skill Cole, exfutbolista profesional jamaicano, uno de los grandes nombres del balón de todos los tiempos en la isla caribeña, que llegó a jugar durante dos temporadas justamente en el Santos brasileño, y road manager de Marley en la década de los 70, además de coautor del tema War. “Una vez jugamos juntos en el Estadio Nacional de Jamaica y para él fue cumplir un sueño. Incluso, en la entrada del estadio, se levantó una estatua en su honor”, contó. Algunos dicen que, como futbolista, Bob Marley tenía posibilidades; otros explican que, si destacaba, era porque le ponía voluntad. En este grupo se encuentra el periodista musical Julián Ruiz. En junio de 1980, estaba previsto que el genio jamaicano actuara el día 29 en Madrid y el 30 en Barcelona. El concierto de Madrid debía celebrarse en el Estadio Ramón Valero del CF Moscardó. En ese mismo enclave nueve días antes había actuado Lou Reed, un concierto que acabó en batalla campal. Por culpa de los incidentes, el gobernador civil denegó la autorización para la celebración del bolo de Marley. Sí que pudo actuar en la plaza de toros de La Monumental de Barcelona: la primera y última vez que lo hizo en la Península (en 1978, lo había hecho en Ibiza). Antes del concierto, el promotor Gay Mercader organizó un partido entre el séquito del jamaicano y la prensa musical local. Ganó la prensa, pero Bob marcó dos goles. Julián Ruiz recuerda al músico como un futbolista no muy técnico pero muy entregado, uno de esos jugadores sacrificados que compensan sus carencias corriendo de una punta a otra del campo. Murió menos de un año después, el 11 de mayo de 1981, en Miami. El fútbol también tuvo que ver con su muerte. En 1977, Bob Marley se encontraba en Inglaterra. En uno de esos partidillos que jugaba con sus amigos, sufrió una entrada a destiempo que le rompió uno de los dedos del pie.

A través de las radiografías y analíticas realizadas como consecuencia de aquel pisotón, los médicos le hallaron una forma de melanoma maligno. La amputación del dedo muy probablemente hubiera acabado con el problema. Bob se negó por cuestiones religiosas. Poco a poco, el cáncer fue expandiéndose por todo su cuerpo hasta llegar con consecuencias fatales al cerebro, los pulmones y el hígado. Cuando murió tenía tan solo 36 años. Lo enterraron con una guitarra, una planta de marihuana y un balón de fútbol.

TRES PEQUEÑOS PÁJAROS

La grada del estadio Johan Cruyff de Ámsterdam estalla al ritmo sincopado del clásico de Bob Marley Three Little Birds, tema incluido en el álbum Exodus, de 1977, una de las mejores referencias del icónico músico jamaicano. Don’t worry about a thing, / Cause every little thing gonna be all right. / Singin: don’t worry about a thing, / Cause every little thing gonna be all right!, entonan eufóricos los seguidores del Ajax. Rise up this mornin, Smiled with the risin sun, / Three little birds, / Pitch by my doorstep / Singin sweet songs / Of melodies pure and true, / Sayin, this is my message to you-ou-ou. Era el verano de 2008. El Ajax de Ámsterdam visitaba Cardiff para jugar un partido amistoso de pretemporada contra los ‘Bluebirds‘. La F-Side, el grupo de ultras del club holandés, firm conocida por su extenso historial de reyertas con aficiones rivales, se desplazó en masa a la capital galesa. Les esperaban los supporters locales, uno de los colectivos de hooligans más violentos del Reino Unido. Ambos bandos acabaron coincidiendo en las calles de Cardiff y, durante horas, se sucedieron las peleas. Pese a todo, el partido se acabó jugando. Tras los 90 minutos, para que no se repitieran los incidentes, la policía local retuvo a los seguidores visitantes en el estadio, el emblemático Ninian Park, que sería demolido tan solo unos pocos meses más tarde. Intentando apaciguar los ánimos, el DJ oficial del Cardiff City, Ali Yassine, decidió que era oportuno pinchar Three Little Birds, de Marley. Los acordes a contratiempo surtieron su efecto. Poco a poco, los miembros de la F-Side se fueron uniendo en coro hasta resonar como una única voz: Don’t worry about a thing, / Cause every little thing gonna be all right…, cantaban a pleno pulmón. Las imágenes de aquel momento, unos minutos impregnados de una magia difícil de describir, todavía circulan por YouTube. Aquella noche, ya no habría más peleas. Es más, esa canción, desde entonces, se convertiría en el himno oficioso del Ajax de Ámsterdam, y sus aficionados se acostumbrarían a cantarlo, ya no solo en su estadio, sino en sus desplazamientos europeos a escenarios como Old Trafford o el Santiago Bernabéu… No solo eso, sino que incluso, en más de una ocasión, ¡también se ha oído a los hinchas del Cardiff City FC entonar la canción!

Diez años después de aquella noche en Ninian Park, Ky-Mani Marley, uno de los 13 hijos que tuvo Bob Marley, saltó al césped del estadio Johan Cruyff para cantar el Three Little Birds durante la media parte de un Ajax-AEK de Atenas de la primera jornada de la Champions League de aquella temporada. Ganaron los holandeses por 3-0. Seguro que a Bob le hubiera encantado estar ahí.

 


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Este texto está extraído del #Panenka91, un número que todavía puedes conseguir aquí.