“El freestyle no es más que un juego. Y el fútbol igual. Es un juego que mueve millones, sí, pero es un juego, y ya está”, acentúa José Miguel Manzano (Málaga, 1989), ‘Skone’; uno de los mejores freestylers de habla hispana del presente y de la última década. La de la explosión del freestyle en España. Bicampeón de la final estatal de la Red Bull Batalla de los Gallos (2016 y 2020) y campeón y subcampeón de la final internacional (2016 y 2020), uno de los artífices de la profesionalización del freestyle e hincha del Málaga y del Barça a partes iguales; Skone descubre su cara más futbolera en Panenka, reivindicando la necesidad de perder mucho para soñar con ganar un poco en todos los ámbitos de la vida.

¿Cómo se rapea sin gente?

Rapear sin público es muy diferente. Como marcar un gol sin gente. Depende del perfil de cada rapero, pero yo, por ejemplo, me nutro mucho de la energía del público. Ya sea positiva o negativa, como cuando vas a jugar al campo de un rival y la gente te putea. Aquí es igual. Cuando vas a otra cuidad, a otro país, la gente quiere que gane el suyo, y yo me nutro de eso. Porque me da rabia, me enfado y lo hago mejor. Y cuando están a tu favor sientes una explosión de energía impresionante, un Big Bang. La parte mala de todo esto es que se pierde todo esto, que lo es todo. Porque yo creo que todos nos dedicamos a esto para salir y ver el estadio lleno. Pero la parte buena es que no tenemos que decir frases que tienen que tener un resultado inmediato, que tienen que despertar una reacción inmediata, y puedes jugar más porque no hay tanta tensión, tanto para lo bueno como para lo malo. Porque tienes un poco más de libertad para desviarte, para salir, para escapar, de los estándares. 

Ganaste la final nacional con la camiseta del RB Leipzig, y también se te ha visto con la del Inter. ¿Las tienes solo porque te gustan o por algún otro motivo?

Me gustan muchísimo las camisetas de fútbol. Muchísimo. Muchísimo, y no sé ni las que tengo. Tengo un montón. Muchas. Muchísimas. Ni lo sé. Muchas de las que me pongo me da igual el equipo, pero algunas de las que tengo son muy especiales para mí. Como la del Inter, por ejemplo, que le tengo mucho cariño porque me lo cogía en el Pro en la época de Adriano y Martins. Flipaba con ese Inter y con Martins, que le dabas al R1 y con su 99 de velocidad te daba la vuelta al mundo. He sido del Málaga y del Barça a full desde pequeñito, porque es lo que he mamado desde chico, pero también le tengo mucho cariño al Inter, y al Manchester United y el Liverpool.

¿Cuál fue tu primera camiseta de fútbol?

Mi primera camiseta fue del Barcelona. Era una equipación entera, sin nombre. Me voy a acordar siempre. Era muy, muy, pequeño, y cuando el Barça le ganaba al Madrid me ponía todo el conjunto para ir a comprar a la carnicería que había abajo de mi bloque porque el carnicero era del Madrid a tope.

También recuerdo que, desde chicos, jugábamos en la plaza, ya fuera con los amigos y los vecinos o con mi padre, y que había una pared que igual medía 18.000 metros. Era una portería infinita. Era muy difícil no marcar gol. Como palos, muchas veces utilizábamos sudaderas o mochilas, que cuando el otro no miraba las movías un poco para tener la portería más chica. Ya de más mayores, saltábamos a un colegio y nos tirábamos jugando ahí igual desde las 4 de la tarde hasta las 11 de la noche. Sin parar, fuera invierno o verano. Hasta que venía el conserje y cerraba las luces.

El fútbol te devuelve a la infancia, y eso es súper bonito, y es, a la vez, un arte, deporte al 100%, pero un arte, en esencia, por las emociones que genera. Y un refugio para muchas personas, como una vía de escape, sobre todo en países que están mucho peor, que tienen una realidad social mucho más chunga. Y, a parte, a nivel profesional no sé como será, pero a nivel humano creo que es el antielitismo personificado, y en ese sentido se parecen mucho con el rap y el freestyle. Porque en realidad para jugar al fútbol no necesitas ni un balón, realmente. Puedes jugar con una mandarina, si hace falta, y seguro que conoces a alguien que tenga una pelota, aunque sea pinchada. Y para rapear no necesitas ni una base, en realidad. Te tienes a ti, y puedes hacerte un ritmo con las manos y rapear encima. Si quieres jugar, puedes jugar. Si quieres tocar el piano, necesitas un piano. Si quieres jugar al fútbol no necesitas nada. Y a la que rueda el balón todo el mundo es igual, y eso es súper guay. Me acuerdo de cuando era chico y llegaba a cualquier barrio en el que estaban jugando al fútbol: ‘¿Puedo jugar?’. Sí, del tirón. Siempre era sí, venga quien venga. Y hoy vas andando por la calle y ves un señor de corbata con su maletín, súper ajetreado, al que le llega una pelota rebotada de unos niños y notas que siente que es su momento, se hace un par de patadas y se la devuelve, y esto es lo bonito del fútbol, que no tienes que ser Neymar para disfrutarlo, al igual que no tienes que ser Chuty para disfrutar del freestyle.

 

“El fútbol es el antielitismo personificado. Si quieres jugar, puedes jugar, y a la que rueda el balón todo el mundo es igual”

 

¿Cuál es tu mejor recuerdo futbolístico?

De mejores recuerdos futbolísticos tengo dos. El primero es el gol de Iniesta al Chelsea, en Stamford Bridge, en aquel partido tan polémico. Casi me desmayo ese día. Y después está el gol de Iniesta en el Mundial. Recuerdo que ese día nos juntamos toda mi familia, todos. Y cuando ganó España me puse a llorar, y salí a celebrarlo a la calle y recuerdo flipar al ver tanta unión. Tenía 20 años, y, joder, lloraba como un niño pequeño. Puto Iniesta. Es, literalmente, una de las personas que más feliz me han hecho en toda mi vida. Me ha dado dos de los momentos más felices de toda mi vida.

¿Y el peor?

Aquel partido contra el Dortmund en Alemania, sin duda. Recuerdo que en esa época yo vivía en Madrid, e íbamos en coche con mi colega en ese momento y el Málaga iba ganando, que lo estábamos escuchando en la radio. Aparcamos en el garaje, y en el tiempo de subir con el ascensor volando y llegar a casa ya nos habían hecho dos goles. Recuerdo como si fuera ayer la tristeza de aquella noche, quedarme quieto repitiendo: ‘no puede ser, no puede ser verdad’. Aquel Málaga era increíble, con Baptista, Toulalan, Isco, Joaquín o Santa Cruz.

¿Qué es hoy, qué representa, el fútbol para ti?

El fútbol me ha apasionado, me ha flipado, toda la vida, desde niño, aunque fuera muy malo jugando. Era muy pequeño y recuerdo que mis padres veían el ‘Dream Team‘, y yo ya flipaba con Koeman sin llegar a saber lo que era Koeman. También me acuerdo de Pizzi, de Luis Enrique, de Abelardo, y, ya un poco más de mayor, del Málaga del ‘Pocho’ Insúa, Salva Ballesta, Gerardo, Miguel Ángel, Arnau. Ellos fueron mis primeros ídolos.

Pero a día de hoy estoy fuerísima, desconectado. Hace unos años me alejé del fútbol, dejé de consumirlo, porque solo eran tensiones, enfados e insultos todo el rato, y no me apetece seguir con eso. Estoy en una época de mi vida en la que estoy a full con esta movida del rap, con muchos viajes, muchos estímulos, mucha presión, sin poder desconectar, con la obligación de ganar porque tu futuro depende de ello, y, joder, si en mi tiempo libre también tengo que estar en tensión me va a dar un infarto.

 

“Con la de cosas malas que te pueden pasar en la vida, y nos rallamos por perder una batalla o por perder un partido de fútbol. Hay que saber relativizar. La vida es perder y ganar”

 

El freestyle ha crecido mucho, y se ha llegado a la profesionalización. Hoy los niños ya pueden soñar con ser freestylers, como sueñan con ser futbolistas.

El freestyle ha crecido mucho. En nuestra época no era una profesión. Lo hacíamos porque nos molaba. Pero ahora mismo un chaval puede decir que sueña con dedicarse a esto, como un niño que fantasea con ser futbolista, porque ahora con esto ya puedes tener un futuro, una vida, y puedes pagarte tu casa con esto, y esta es una de las cosas de las que más me enorgullezco: de haber sido de los primeros que estuvieron empujando para llegar hasta aquí, para derribar esa puerta.

Pero es verdad que a mayor profesionalización, como en el fútbol, todo deja de ser un juego, un hobbie, para convertirse en un trabajo, y se pierde un poco la ilusión y el gusanillo y, evidentemente, no se disfruta como antes y no te llena como antes. Pero te llena más que ninguna otra cosa, porque te da cosas que no te da nada más, y es lo único que puede conseguir hacerte sentir como antes, y al final estás viviendo de lo que te mola, que hace unos años trabajaba descargando camiones todo el día por medio céntimo. Estás cumpliendo un sueño, que, joder, todo el mundo se tira toda la vida luchando por hacer lo que le gusta, y muchos no lo consiguen. Estar aquí es una suerte, y cuando estás en el escenario, de hecho, todo es como antes. Cuando subo al escenario y suelto la primera palabra ya todo es como antes, al 100%, aunque sea por unos instantes. Lo que pasa es que el proceso previo no es como antes. Antes me flipaba subir al avión para irme a rapear, pero ahora es como: ‘otro avión, no sé qué, me cago en la puta’. No es tan puro, no, pero, con todo, sigues disfrutándolo.

A veces el fútbol abarca tanto que da la sensación que lo corrompe todo. El drama para algunos era que el fútbol se politizara, y ha acabado siendo al revés. Se ha futbolizado, también, el freestyle?

El freestyle, como muchas otras cosas de la vida, se ha futbolizado muchísimo, y eso tiene la parte buena de que cada vez es más internacional y mueve más gente. Pero debemos huir de trincheras y bandos, y no debemos olvidar que no deja de ser un juego. Y no debemos olvidar que no pasa nada por perder un partido o una batalla. O 1.000. No pasa absolutamente nada. La vida va de perder y ganar, es perder y ganar, y, de hecho, creo que para llegar a ganar antes tienes que perder mucho, que coleccionar derrotas es la única manera de llegar a las victorias. Así ha sido en mi caso. Con la de cosas malas que te pueden pasar en la vida, y nos rallamos por perder una batalla o por perder un partido de fútbol. Hay que saber relativizar.

Bajo una perspectiva resultadista, lo máximo que podía hacer, al volver a los escenarios, era igualar lo que había hecho. Todo lo que no fuera ganar, era perder. Y perder lo que había ganado. Pero a mí no va a venirme ningún señor a quitarme el cinturón que tengo de hace cuatro años. Quería volver, y ya está. ¿Que pierdo? No pasa nada. ¿Que gano? De puta madre. Pero es que no pasa nada. No soy un dios por haber ganado ni una puta mierda si hubiera perdido. Todo va muy rápido, y solo existen los éxitos y los fracasos, los titulares enormes, y al final la virtud está en el término medio.

 


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Fotografías cedidas por Red Bull.