“Una chica rapeando no es raro”, rezaba su bio de Instagram hace unos meses. Hoy ya no. Pero no porque el problema de la poca, y menospreciada, presencia de la mujer en el escena del rap, al igual que en la de la pelota, ya esté solucionado, porque “todavía queda mucho camino por andar”, sino porque “cuando quieres normalizar algo es mejor actuar como si fuera normal que estar recordando constantemente que hay un problema”, remarca Salut Cebrià (Sabadell, 1998), aka Santa Salut; que, con sus barras tan frescas como old school, feroces, repletas de reivindicaciones, se ha convertido en una de las grandes irrupciones del rap español de los últimos años y ya acumula millones de reproducciones en YouTube.

“Que venga rápido no quiere decir que venga fácil. Tengo más vida, más aspiraciones, fuera de esto, y a veces es difícil porque estás todo el rato con la música y es complicado desconectar de lo que te hace desconectar, pero, sí, la cosa va súper bien, y estoy súper contenta; aunque la situación es crítica para la música y para la cultura en general, siempre dejada de lado en este país en el que solo son sagrados los toros. Y la iglesia. Somos los últimos de la cola”, asiente Cebrià, futuro, y ya presente, del rap español, antes de embarcarse, de la mano del fútbol, en un viaje hacia la niñez. Hacia aquellas tardes viendo fútbol con su padre. Hacia aquellos días de rodillas peladas y de pantalones de chándal despedazados en los que la sonrisa de Ronaldinho brillaba más que nunca.

 

¿Qué le diría a una niña que empieza a cantar o a jugar al fútbol? Que no escuche a su alrededor. Que solo se escuche a sí misma, por mucho que sea ella sola contra mil. Contra el mundo

 

Hacia aquellos recreos y aquellas clases de Educación Física en las que solo podían jugar los niños; mientras las niñas, desahuciadas del campo de juego, del juego, observaban. “Muchas veces no nos querían escoger porque éramos niñas, y solo jugaban los niños. Se ha avanzado mucho, tanto en el mundo del fútbol como en el del rap, muy masculinos, pero aún queda mucho camino por andar, como decía antes. El camino es irreversible, y, por mucho que a algunos les moleste, ni ellas van a dejar la pelota ni nosotras vamos a dejar el micro”, afirma Cebrià, convencida de la importancia de los referentes: “¿Que qué le diría a una niña que empieza a cantar o a jugar al fútbol? Que no escuche a su alrededor. Que solo se escuche a sí misma, por mucho que sea ella sola contra mil. Contra el mundo. Cuesta mucho ser tú la única que hace algo, y ver que a tu lado son todo tíos. Pero por suerte cada día, cada año, es menos así, y cada vez hay más chicas, y es muy reconfortante”.

Para ella, una apasionada de las camisetas de fútbol y del Barça de cuna, por herencia de su familia y, en concreto de sus padres, que cuando solo tenía unos meses le regalaron una equipación entera, “de arriba a abajo, con el babero incluido”, que todavía conserva en casa, el fútbol es “deporte en equipo, unión. Es quedar con las amigas para ver la final de no sé qué y salir a celebrarlo y estar con gente. Y como el rap, como la música en general, es una herramienta con carácter terapéutico, curativo. Es una vía de escape para sacar la energía. Para expresarse. Para transformar y canalizar la frustración, la rabia, la mala hostia o el dolor en algo positivo. Y para sentirse realizado. La música da vida. Da felicidad. Da paz. Y el fútbol, a quien le apasiona como a mí me apasiona la música, igual. Cuando subo a un escenario siento un éxtasis puro y a veces incluso me olvido de que estoy delante de la gente. Supongo que el fútbol y la música también comparten esto: que cuando escribes o juegas no existe nada más”.

“En los dos mundos, envenenados por el dinero, se puede llegar a puntos que no son honestos, que no son sanos. Y está bien sacar dinero de lo que a uno le gusta, ya sea cantar, jugar al fútbol o lo que sea, pero hay una montada con el fútbol, con tanto dinero, que da miedo. Y es injusto, porque las futbolistas siguen cobrando una puta mierda”, afirma Cebrià, que, como muchos otros, vive de espaldas al fútbol profesional, pero, sin darse cuenta, continúa chutando cualquier cosa que se encuentre por la calle mientras camina.

Y, mientras tanto, resuena cada día con más fuerza el “somos tantas, cada vez más”, que canta junto a Elane en El rap cura.

 


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Fotografía cedida por Santa Salut.