Aunque Sandra Paños (Alicante, 1992) no centre la atención en sus paradas, muchas de esas estiradas han sido vitales para que el Barcelona sea el primer equipo del fútbol femenino español en alcanzar una final de la Champions LeagueNike celebró el pasado lunes en Barcelona un acto donde rindió homenaje a algunas de las mejores futbolistas españolas del momento. Bajo el lema ‘No cambies tu sueño. Cambia el mundo’ las protagonistas explicaron cómo están viviendo este momento histórico por el que pasa el fútbol femenino. Con el 18 de mayo marcado en rojo en el calendario, la guardameta azulgrana atiende a Panenka para recorrer el camino que le ha llevado de sus primeras patadas en el karate al Ferencvaros Stadium de Budapest, pasando por la rivalidad con el Atlético, la hipotética llegada del Real Madrid al fútbol femenino, sus referentes bajo los tres palos y un Mundial de Francia que ya se deja ver por el horizonte.


 

El Atlético volvió a salir campeón por tercer año consecutivo. ¿Qué crees que os ha faltado para reconquistar un título que el Barça no gana desde 2015?

El Atleti ha hecho tres temporadas casi perfectas, por no decir perfectas. Nuestro fallo, al final, ha sido perder puntos en aquellos partidos en que supuestamente debes conseguirlos. Por trabajo no ha sido, cada jugadora se esfuerza al mil por mil cada día, para ser mejor y para que el equipo pueda levantar ese título. En el fútbol hay un factor de suerte que en estos años no nos ha favorecido. El fútbol va por ciclos. Y espero que pronto llegue el nuestro.

En este sentido, los Barça-Atleti se han convertido en los Barça-Madrid del fútbol femenino. Se ha hablado mucho en los últimos años de una hipotética llegada del Real Madrid a La Liga Iberdrola. ¿Cómo crees que encajaría en la liga?

Sinceramente, no me preocupa. Creo que estamos bien como estamos. Y si el Madrid quiere apostar [por el fútbol femenino] será una gran noticia. Que un club tan grande se decida a dar ese paso puede ser importante para el fútbol femenino en general, pero no para los clubes en concreto.

¿Afectaría en la rivalidad tan asentada entre ‘culés’ y ‘colchoneras’?

No sé si afectaría. Eso imagino que los medios de comunicación ya lo cambiarían. Nosotras la rivalidad la tendremos con los equipos con los que peleemos por los títulos. Hasta que eso no llegue, seguirá siendo así.

Pocos días para la final y ningún partido desde el 5 de mayo. ¿Se te está haciendo larga la espera?

Hasta hace unos días, todavía no pensaba en lo cerca que estaba la final. Ahora nos tenemos que recuperar de todo el año, que ha sido bastante intenso. Durante estos días debemos preparar el partido con calma, poniéndole ganas y trabajando como hemos hecho hasta ahora. Sobre todo, con toda la ilusión que hemos puesto para llegar hasta donde lo hemos hecho.

El Olympique de Lyon delante. Siete finales de Champions, cinco ganadas y las últimas tres de manera consecutiva. Será algo así como David contra Goliat.

Al final, siempre hay un favorito y otro que no lo es tanto. Pero eso no quita que vayamos a pelearlo igual o más. Hay que disfrutar del momento. Tenemos la suerte de que el año pasado pudimos disputar los cuartos de final contra ellas y ya vivimos en nuestras carnes lo que es enfrentarse al Olympique de Lyon. Creo que esa experiencia será algo positivo para nuestro equipo para afrontar esta final.

 

“El Olympique de Lyon tiene grandísimas jugadoras. A la mínima ocasión, tienen muchas posibilidades de acertar y tendremos que intentar provocar que no existan esas ocasiones”

 

Representando al Barça, es poco habitual que no se le dé el cartel de favorito en una final. ¿Ir de tapadas os puede dar cierta ventaja en Budapest?

El Barça es el mejor club en todos los sentidos, pero también hay que ser conscientes de la historia de cada equipo. El Barça femenino no lleva tanto tiempo como el Olympique de Lyon ni tiene el mismo presupuesto. Estamos intentando acercarnos a ese club a todos los niveles. Y el hecho de que seamos más o menos favoritas, no lo sé, no pensamos en que sean mejores o peores. Es una final, una final histórica, son 90 minutos y nosotras vamos a hacer todo por poder levantar esa copa.

Antes de un partido de este calibre, ¿intentas visualizar por dónde irán los tiros o prefieres abstraerte un poco de todo para llegar con menor tensión?

Yo, sinceramente, y más conforme van pasando los años, intento quitarle un poco de importancia a los partidos. Prefiero evitar estar nerviosa e intentar llevarlo lo más natural posible, porque sino te puede acabar perjudicando. Evidentemente, vamos a analizar al rival, qué cosas positivas y negativas tiene ese equipo y, a partir de ahí, intentar contrarrestarlas o aprovecharlas.

Hegerberg, Marozsan y Le Sommer contra una portera que no recibe goles desde dieciseisavos. ¿Es una motivación extra jugar contra las mejores e intentar seguir con tu increíble racha?

No solo depende de mí el encajar o no. En cierta parte sí, pero sobre todo depende del trabajo que hace el equipo. Somos un grupo al que no le generan muchas ocasiones y eso es gracias a nuestro gran trabajo defensivo. Creo que el año pasado [contra ellas] lo hicimos muy bien en defensa, hubo ocasiones en las que yo estuve acertada y otras en las que mis compañeras también consiguieron evitar el gol. Debemos afrontarlo como un partido más. Sabemos que tenemos enfrente a grandísimas jugadoras que, a la mínima ocasión que tienen, tienen muchas posibilidades de acertar y tendremos que intentar provocar que no existan esas ocasiones.

Volviendo al inicio de la competición, todo empezó con una inesperada derrota en Kazajistán (3-1). A partir de ahí, un trayecto inmaculado. Siete partidos, siete victorias, 17 goles a favor, cero en contra.

Lo del partido de Kazajistán creo que nadie se lo esperaba. Era un rival que conocíamos de años anteriores. De hecho, el primer partido que jugué en la Champions fue en ese campo, contra esas jugadoras, y empatamos. Sabíamos que era un rival engañoso, con un campo difícil para jugar. Tienen jugadoras bastante rudas, el arbitraje no fue el que esperábamos, ni el primer año ni este.

¿Más allá de las incorporaciones, qué ha cambiado en el equipo para aspirar a cotas que parecían impensables hace cinco años?

Hay un tema de suerte, por los cruces que hemos tenido. Otro es la madurez del equipo. Si destaco algo de este año ha sido la madurez. A pesar del cambio de entrenador creo que hemos sabido sobrellevar las cosas malas que nos han ocurrido. Eso nos ha hecho conocernos mejor y saber que este equipo no tiene límites y puede dar mucho más. Hemos creído en las cualidades que tenía cada una de las jugadoras y creo que esto es lo que nos ha llevado a estar donde estamos.

Se os da especialmente bien la Champions en los últimos años.

Es la Champions. Es la ilusión de toda persona jugar esta competición. Siempre la cogemos con muchas ganas y creo que, quizás, el desconocimiento de muchos equipos rivales a los que te enfrentas te da ese plus de concentración, de intensidad. Al final es eso lo que nos diferencia en la Liga de la Champions. Cuando jugamos los partidos de Champions a veces incluso nos impresionamos de las cosas que hacemos.

Tuvo mucho revuelo tu parada contra el Bayern. Al final, pararlos es tan importante como meterlos para ganar.

La parada tuvo más protagonismo del que le di yo quizás. Fue importante, pero también lo fue el gol de Mariona [Caldentey] o el que salva Torrejón con la cabeza. Se dieron una suma de circunstancias en ese partido que hicieron que lleguemos hasta aquí. No soy partidaria de seleccionar una persona que destaque, sino que pienso en el conjunto. Que yo haga una buena parada queda en el olvido, es algo más para el equipo y no le suelo dar mucha importancia. Simplemente me alegro porque suma para el equipo.

De jugar delante de un centenar de personas a hacerlo en un Metropolitano a rebosar. De acciones que quedaban en el olvido a otras que, ahora, dan la vuelta al mundo. ¿Vivir ante la mirada del público ha cambiado vuestra manera de actuar?

Todas las jugadoras que estamos tanto en el Barça como en todo el fútbol español somos personas bastante humildes que hemos trabajado mucho para conseguir lo que estamos consiguiendo ahora; y ojalá que sea mucho más y mucho mejor. Pero también creo que somos conscientes de la realidad, lo más importante para que sigamos creciendo es que tengamos los pies en el suelo y no cambiemos nunca, porque es lo que hará que siga así o que todo vaya para abajo.

Recuerdo una charla con Jon Serantes, exportero del Leganés, en la que me dijo que “el portero siempre es el raro, el diferente, el solitario, el que celebra los goles por su cuenta y al que le llaman loco”. ¿Tú te considerarías un poco la rara del grupo?

Sí. Los porteros tenemos un punto de locura, a lo mejor. Siempre se dice eso. Pero yo creo que es necesaria esa personalidad dentro de un vestuario. Dar alegría, tocar los cojones -porque yo soy un poco así-… En la plantilla debe haber todo tipo de personas y, sinceramente, pienso que la manera de ser del portero suma para bien. A nivel de celebraciones, obviamente no me voy a pegar una carrera de 120 metros, porque sino luego tengo que comprarme un pulmón por Amazon [risas]. Lo celebras cuando se puede, al final del partido, y te alegras igual o más que las compañeras.

Por vestir diferente, utilizar las manos o tener otra función sobre el campo, puede dar la sensación de que el portero es diferente al resto.

Quizás. Parece que la figura del portero siempre está más señalada, pero tengo la fortuna de estar en un equipo donde se valora igual una parada que un gol, o un error mío que el de otra persona. Se intenta ayudar sobre todo a relativizar los fallos. Somos humanos, podemos fallar o podemos salvar un partido. No hay que hacer las cosas tan dramáticas. En este sentido, tengo la suerte de estar con mis compañeras del Barça que hacen que esa ‘rareza’ no sea tan destacada. No me marginan, eh [risas].

 

“Ter Stegen es un portero completísimo. Me tengo que fijar en él porque el club quiere que tengamos una misma manera de jugar y no cualquiera puede ser portero en el Barça”

 

Según tengo entendido, de pequeña te tiraba más el karate. Entonces, ¿esto de ser la ‘rara’ de cuándo te viene, cómo empezó tu amor por los guantes y por vivir bajo los tres palos?

Practicaba el karate sobre todo. Pero yo vengo de familia deportista y me gustaban todos los deportes. Jugaba al baloncesto y también competí en el tenis. Sinceramente, el momento clave fue un día que estaba haciendo la clase de karate en el colegio y cogí, me fui para arriba al estadio y dije: ‘lo siento, pero esto es lo mío’. Mi madre no me encontraba hasta que le comentaron: ‘se ha ido para el estadio’. Y me vio ahí, súper feliz.

Dices que era lo tuyo, ¿pero lo era chutando pelotas o parándolas?

Mucha gente que ha acabado siendo portero empieza como jugador de campo. En mi caso, llega un momento que, en 3º de Primaria, estábamos jugando al fútbol sala -yo ya jugaba antes con mis hermanos como jugadora- y no había nadie que se quisiera poner. Por mis condiciones, dijeron: ‘venga, ponte tú’. Me gustó, me encantó y es lo que soy ahora.

Hija y hermana de futbolistas. ¿Te engancharon ellos al fútbol?

Sí. Lo que pasa es que ellos eran jugadores. Mi padre era mediocentro y mi hermano jugaba de mediapunta o de extremo.

¿Te chutaban mucho?

Siempre. Iba con los veteranos, con mi padre; a mi hermano iba a verlo a todas partes. Yo te chuto, tú las paras.

¿Quiénes fueron tus referentes en tus inicios?

Me fijaba en Iker Casillas, para todo el mundo era un referente. Paraba mucho y evidentemente me iba a fijar en él. Aquella también fue la época de Víctor Valdés. Eran los dos grandes porteros que había en ese momento en el fútbol español y, al final, era lógico que los tuvieras a ellos como referentes.

Y ahora, ¿a quién tomas como ejemplo?

Ahora, no tengo como referencia a uno solo, sino que puedo valorar, entender e interpretar qué intervenciones tiene cada uno e intentar coger un poco de todos. Observar qué cosas hacen bien, qué cosas hacen mal. Sinceramente, en quien más me fijo es en Marc [André ter Stegen], y en Cillessen cuando tiene la oportunidad de jugar. Creo que Marc es el mejor portero del mundo, lo demuestra cada curso y la Liga de este año no solo es de Messi, ha sido de los dos juntos, que han hecho un temporadón. Es un portero completísimo y me tengo que fijar en él porque el club quiere que tengamos una misma manera de jugar y no cualquiera puede ser portero en el Fútbol Club Barcelona, se necesitan unas características concretas.

 


Tras concluir la Liga a principios del mes de mayo, Sandra Paños se adjudicó el tercer trofeo Zamora de su carrera al encajar apenas once goles en los 27 encuentros ligueros que ha disputado este curso bajo la portería azulgrana. La final de la Champions League ya está a la vuelta de esquina, pero no es el único gran torneo que le queda por disputar a la guardameta alicantina. Hace dos años, tras una impoluta fase de clasificación para la Eurocopa de Holanda, la suerte de los penaltis truncó el sueño de alcanzar las semifinales como en el 97. Ahora, con idéntico camino para sacar un billete hacia Francia, serán Alemania, China y Sudáfrica -en el Grupo B- las primeras que retarán a la selección para ver hasta dónde puede llegar el combinado nacional.


 

Por el horizonte, ya se va acercando el Mundial.

Tenemos que ser conscientes que somos una selección más, un grupo humilde que va a trabajar. Hemos hecho un pre-Mundial excelente, fuimos las primeras en clasificarnos, con pleno de victorias, creo que fue la mejor clasificación que hubo. Nos tenemos que remontar a cuando lo hicimos con la Eurocopa y no confiar en que el Mundial va a ser fácil.

¿Cuál es el objetivo de la selección en Francia?

No nos vamos a marcar objetivos. Es evidente que todo el mundo quiere pasar, sabemos que si pasamos, depende de cómo quedemos hay cruces que también van a ser complicados. Hay que ir partido a partido, fijándonos objetivos a corto plazo e intentar llegar lo más lejos posible.

¿Y no os marcáis alguna meta mínima, llegar a alguna ronda concreta?

Nosotras creemos que tenemos selección para llegar lejos. Es cierto que tienes que tener cierta suerte. Pero somos una selección que juega muy bien al fútbol, incluso una de las que mejor lo hace. Somos muy buenas técnicamente, pero muchas veces hemos pecado de falta de gol. Cuando llegas a una competición que solo dura un mes, que se decide por cada partido, tienes que estar acertado, tenerlo todo de cara y estar fino. Porque sino, por muy bien que juegues, como nos pasó en la Eurocopa, si no entra el gol nos quedamos donde nos quedamos. Creo que tiene que ser una suma de todo, de juego, de la ilusión que van a llevar todas las jugadoras que vayan y, ojalá, de estar finas y que podamos hacer un poco más de historia con el fútbol femenino en ese Mundial.

18 de mayo. ¿Con qué sueñas?

Levantar la copa, evidentemente. Todas las jugadoras del Barça tenemos este sueño y vamos a pelear por ello. Es que ojalá la levantemos… Sería un buen bombazo, un pelotazo. Sobre todo por lo que repercutiría a nivel español y a nivel mundial. El hecho de que nosotras estemos ahí es muy positivo para el fútbol femenino.