España ha hecho historia en el Mundial, consagrándose como uno de los rivales a tener en cuenta y plantando cara a todas las selecciones que se han cruzado en su camino

Con el pitido final también murió la esperanza. No hay una derrota dulce pero la de España, pensándolo fríamente, no fue tan dolorosa. Las vigentes campeonas no fueron superiores al combinado de Jorge Vilda y tan solo pudieron doblegarlas desde la pena máxima, en dos ocasiones y con una actuación arbitral dudosa. Doloroso caer así ante Estados Unidos. Más todavía cuando, al término del encuentro, nadie sabía por qué se había perdido. No obstante, ese es el camino a seguir.

No fue el partido más brillante en cuanto a juego, sobre todo si se tiene en cuenta el despliegue de balón que España ofreció al mundo entero durante la fase de grupos. Sin embargo, más allá de los dos penaltis, en el cruce de octavos destacó la solvencia defensiva del combinado nacional. No obstante, antes de alcanzar esa eliminatoria histórica, las pupilas de Vilda tuvieron que superar diferentes y complicados obstáculos. Curiosa, cuanto menos, ha sido la trayectoria de la selección en este Mundial. Es la curva incoherente de un gráfico en el que cuando mejor jugó el combinado español, peor se portaron los resultados. Han pasado ya cerca de tres semanas desde que el balón echase a rodar.

De España se ha visto un juego valiente y agradecido. Un mimo por el balón orquestado por un joven seleccionador e interpretado con música por su grupo de futbolistas. En este torneo hemos podido ver el talento de futbolistas ya consagradas. Ha sido el caso de Putellas, Jenni Hermoso, Corredera o Mapi León. Sin embargo, este Mundial nos ha permitido ver a jugadoras reivindicarse entre las grandes. No se entiende este campeonato sin la irreverente presencia de Lucía García. La de Barakaldo ha destacado por su calidad técnica, su incansable lucha y el constante desborde a sus marcas.

Así lo demostró en el partido inaugural de España ante Sudáfrica. Con el resultado en contra y el encuentro atascado, Lucía sacó de sus casillas – y del partido – a Vilazaki. Provocó un penalti y anotó el tercer y definitivo gol. Su salida al terreno de juego no solo sirvió para resquebrajar los ánimos de las sudafricanas; también hizo mejor a sus compañeras. Habilitó espacios, ofreció desmarques y las demás futbolistas supieron aprovecharlos. La atacante del Athletic fue clave para levantar aquel partido y nadie pone en duda que aquella primera victoria histórica de la selección en un Mundial lleva su sello.

Sin embargo, la mejora progresiva del juego de España se vio truncada en el segundo partido del Mundial. Alemania no fue mejor, ni mucho menos. España creó y luchó pero no ganó. Su juego sorprendió a las germanas y hasta en dos ocasiones Nahikari se quedó a solas con la guardameta. Todavía cerramos los ojos en señal de lamento al recordar el perdón. Quizás fue la presión, quizás la falta de experiencia. Los balones no acabaron en el fondo de la red y el único error defensivo se pagó caro. Al igual que ocurriese ante Estados Unidos, nadie se explica como se pudo perder aquel encuentro. España arroyó en cuanto a juego pero el gol ha sido una de las asignaturas pendientes en esta Copa del Mundo.

Ante China se cerraba la fase de grupos y todo estaba en el aire. Las asiáticas, combativas y guerreras en los dos primeros partidos, tomaron la decisión de replegarse en defensa y pasar como una de las mejores terceras. España, consciente del rival con el que se verían las caras en octavos, jugó como siempre. O, por lo menos, lo intentó. Los pocos espacios que dejaban las asiáticas dificultaron el juego veloz de las españolas. Dominaron, buscaron ese resquicio por el que colar el esférico y tuvieron ocasiones claras para decantar el marcador a su favor pero el empate inicial no se movió en los 90 minutos. Gran culpa la tuvo la guardameta china, que sacó, entre otros disparos, dos balazos de Guijarro que bien podrían haber sido gol. Se como fuere, las de Vilda no pudieron superar el oficioso engranaje defensivo de las chinas y la falta de acierto se acentuaba.

Las seleccionadas por Jorge Vilda y el resto de jugadoras que continúan luchando por cumplir sus sueños son las que han hecho grande al fútbol femenino en nuestro país

A pesar de que el empate dejó a las jugadoras con mal sabor de boca, se escribió la segunda página de la historia. Por primera vez, España superaba la fase de grupos y lo había conseguido de manera merecida. Si hay algo que define el juego de la selección en todo este Mundial ha sido la alegría que ha transmitido. Una actitud propia de una gran selección que no teme a nada ni a nadie. “No queremos a otro rival en octavos”, dijeron las futbolistas al término del encuentro. Y tenían razón. Porque no había una mejor selección contra la que demostrar cómo había crecido la calidad del fútbol femenino en nuestro país.

Arrancó el encuentro ante las vigentes campeonas y muy pocos creían en la gran hazaña. Menos todavía cuando Rapinoe transformó el primer penalti. ¿Cómo de fuertes hay que ser mentalmente para recuperarse de un golpe así? Lo cierto es que comenzar perdiendo de manera tan temprana y contra la número uno del mundo podría haber sido el patíbulo de cualquier combinado, pero ante Estados Unidos, y contra pronóstico, España volvió a sonreír. Lo hizo a través de Jenni. Una caricia con el interior del pie y el balón a besar la red. Saltó el país entero. La selección empató el partido, defendió con uñas y dientes y, poco a poco, fue ganando terreno. Cuanto más creían las españolas, más sufrían las americanas. Pero la historia es tan injusta como sabia. El éxito es la meta de un largo camino y el nuestro acaba de empezar.

Con el fútbol femenino en un momento candente, se debe destacar la profesionalidad del grupo de futbolistas que viajó a Francia. Todas ellas, inmersas en historias cargadas de paralelismos, superaron una gran cantidad de dificultades y obstáculos hasta llegar a lo más alto. Pelearon en silencio durante años y gritaron sus logros sin ser escuchadas. Y jamás se rindieron. Se fueron curtiendo en la anonimato y sin ceder terreno fueron dando pasos de gigante hasta consagrarse en la élite. Las seleccionadas por Jorge Vilda y el resto de jugadoras que continúan luchando por cumplir sus sueños son las que han hecho grande al fútbol femenino en nuestro país.

El Mundial de Francia ya ha pasado a nuestra memoria. Y no solo por las hazañas históricas que han logrado las jugadoras. Esta competición ha servido para que las futbolistas se reivindiquen como tales y pongan este gran deporte en el centro de todas las miradas. Tienen la atención de todo un país. Las miradas que las ignoraban ahora se vuelven hacia ellas y ese es, quizás, el primer eslabón hacia el éxito. Repercusión social y mediática tras años pasando desapercibidas.

Caer ante las vigentes campeonas, procedentes de un país cuya cultura del fútbol femenino está mucho más avanzada, fue el tropiezo que culminó un torneo excelente. O que, por lo menos, rozó ese término. Faltó puntería pero sobró descaro. Faltó suerte, pero sobró ilusión. Quizás, el combinado de jugadoras que comenzó a escribir la historia no podrán agarrar la pluma para culminarla en el futuro pero llegarán otras futbolistas que continuarán el legado que ellas iniciaron. Nadie duda de los éxitos venideros y nadie olvidará nunca a esta prestigiosa selección que hizo historia en Francia.