El éxito del asalto al poder de los bolcheviques en octubre de 1917 (noviembre, según el calendario gregoriano) necesitaba, ante todo, de un buen juego de posición: piezas ágiles, bien distribuidas por el vasto terreno de un imperio herido de muerte; con una organización bien conectada al mediocentro, al cerebro revolucionario instalado en las oficinas de Lenin y Trotski en San Petersburgo; y con una fluida capacidad de acción y reacción hacia el objetivo final, el gol de la victoria: la dictadura del proletariado. Desde las agitaciones de 1905 que acotaron el poder del zar con un parlamentarismo restringido, el POSDR, el partido socialista ruso, había ido desplegando sus redes por las principales ciudades de Rusia, consolidando unos nódulos esenciales para el triunfo del golpe final contra el viejo régimen de los Romanov y contra cualquier oposición: los soviets. Uno de los pioneros y mejor disciplinados fue el de Orekhovo-Zuevo, a unos 80 kilómetros al noreste de Moscú.

Un equipo para una ciudad

Orekhovo era un semillero revolucionario desde finales del siglo XIX. En 1797, allí, un siervo llamado Savva Morozov compró a su terrateniente una parcela desde la que, un siglo después, había desarrollado un imperio textil, con más de 17 fábricas y casi 40.000 trabajadores. La familia Morozov era en 1914 la quinta fortuna de Rusia y Orekhovo el tercer centro industrial del país. Toda la fisonomía de la ciudad la definieron esas factorías: molinos, almacenes, edificios de oficinas, talleres, aldeas de obreros… En 1885, ya se había organizado allí la primera huelga masiva del imperio, un eslabón decisivo en el nacimiento de esa conciencia obrera que explosionaría en 1917. Este sentimiento proletario configuró el carácter de Orekhovo y facilitó su posicionamiento como uno de los focos fundamentales de protesta, huelga y revuelta del periodo prerrevolucionario. No es de extrañar, entonces, que el golpe bolchevique prosperara allí tan rápido. El mismo 7 de noviembre en el que Lenin tomaba el Palacio de Invierno en San Petersburgo se producía el traspaso de poderes en Orekhovo, solo unos días antes de que el Sovnakom asumiera su pleno control. La ciudad volteaba así su destino. También su equipo de fútbol.

Hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, Orekhovo fue una de las capitales del fútbol ruso. Como es natural, esta evolución estuvo relacionada con su singularidad social y económica. Los Morozov eran los propietarios de las industrias, pero la mayoría de ingenieros y oficiales cualificados procedían de Lancashire, la región de mayor tradición textil del Reino Unido y en la que florecieron varios de los primeros grandes clubes ingleses: Preston North End, Blackpool, Burnley o Blackburn Rovers. Orekhovo era, de este modo, una ciudad rusa con fuerte acento británico. La familia Charnock, originaria de Chorley, sería la encargada de articular, en torno a la vida en las fábricas, un club de fútbol inclusivo, donde rusos, ingleses y escoceses equipararon sus nacionalidades, pero también su condición social y profesional. El OKS Moscú, su nombre oficial, o ‘Morozovtsy’, su apelativo popular, nació con cierto afán democratizador, ni mucho menos con las intenciones elitistas con las que los ingleses fundaron clubes en otros lugares. Compartieron así equipo ingenieros, mecánicos, capataces, conductores, administrativos, operarios… El primer partido lo jugó y lo ganó 2-1 el 30 de agosto de 1909 contra el SKS Moscú, su enemigo íntimo, poco después de recibir los permisos de las autoridades imperiales, hasta entonces contrarias al proyecto de los Charnock. El mayor de los hermanos, Clement, había llegado a Orekhovo en 1887, siguiendo la estela de su padre, Gary, contratado como director gerente de una de las plantas Morozov. Poco después, se le uniría Harry, y algo más tarde los dos pequeños, Ted y Billy, más un primo, James, todos ellos ingenieros, con cargos directivos en la empresa. Aunque Ted, Billy y James jugaron en el equipo, las figuras clave de su nacimiento fueron Clement y Harry. Ambos eran hinchas del Blackburn Rovers, en aquel momento en la cresta de la ola, campeón de las FA Cup de 1884, 1885 y 1886.

Clement asumió el compromiso de trasladar su afición por el fútbol a su nueva residencia. Estableció contactos con dirigentes de Moscú o San Petersburgo, sondeó a las administraciones políticas, pero, sobre todo, convenció a los Morozov de que el fútbol sería un complemento ideal en la vida obrera, un modo, además, de apartar a los trabajadores del vodka y fomentar la actividad física. Así comenzaron a disputarse partidos a nivel interno, al principio solo entre británicos, entre 1887 y 1893, pero Clement Charnock no terminaba de cuajar su proyecto de club. Por un lado, necesitó derribar la resistencia religiosa. Los ‘viejos creyentes’, la rama de culto más tradicionalista del cristianismo ortodoxo, tenían una fuerte implantación en la región, oponiéndose a influencias extranjeras como el fútbol y sus licencias: pantalones cortos, contacto físico…

Clement Charnock aún debería superar un último obstáculo. El gobernador de Moscú negaba los permisos para instalar un club en Orekhovo. Las autoridades zaristas observaban cualquier organización de trabajadores como una amenaza revolucionaria y, desde 1905, desconfiaban de los movimientos obreros de las centros industriales. Entendían el fútbol como una máscara de esas agitaciones. Clement le persuadió enseñándole una fotografía del príncipe Guillermo de Prusia jugando al fútbol en Berlín: “Si el primo de su Majestad [el zar Nicolás II] lo practica…”. El 16 de noviembre se sellaba la carta fundacional del OKS como entidad polideportiva, con secciones de fútbol, hockey, ciclismo…, comprometiéndose al respeto de “la ley del Imperio ruso” y reconociendo los colores azul y blanco como indumentaria oficial: eran los del Blackburn Rovers. Clement había viajado a Inglaterra a por camisetas del equipo de sus amores. No tardó tampoco en publicar anuncios en diarios de Lancashire solicitando ingenieros del sector textil con habilidades para el football. Prendió así en Orekhovo un entusiasmo futbolero como en ninguna otra ciudad.

Ese mismo año 1909, se impulsó la creación de la Liga de Moscú, la Copa Fulda. El OKS se consolidaría, en los años previos a la Primera Guerra Mundial, como aplastante dominador: la ganó consecutivamente entre 1910 y 1914, con un equipo compuesto, a menudo, por cinco o seis ingleses y el resto, rusos. Ese trazo británico elevó la categoría de su juego. Más de 15.000 aficionados acudían a sus partidos, por lo que fue necesario construir el que sería “el mejor estadio del Imperio Ruso”, por su drenaje, su hierba, sus instalaciones… En torno al fútbol, se tejió en Orekhovo un entramado social de actividades, hasta el punto de poder hablarse de una cultura propia. Se celebraron ligas entre factorías y otros torneos infantiles, y algunos dirigentes se involucraron en la primera Unión Rusa de Fútbol, como Harry Charnock. El club se distinguió por una gestión eficiente, moderna e integradora en la que los jugadores se pagaban los viajes, los socios aportaban un a cuota de diez rublos y se elaboró una especie de merchandising

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primitivo: postales, billetes y unas insignias que se fijaban a la cadena de los relojes. En 1911, Orekhovo tenía cinco terrenos de juego: no había dudas de cuál era el polo principal del fútbol moscovita y por qué sería una indisimulable referencia en el convulso futuro.

Declive y desmantelamiento

La Gran Guerra removió el imperio y espoleó la sacudida bolchevique: descontento social ante los fracasos militares, hambruna, ruina agrícola, colapso económico, motines obreros, inmovilismo político… En Orekhovo, como en otros grandes feudos proletarios, la crisis fue particularmente aguda entre 1914 y 1917. El OKS siguió jugando durante el conflicto, periodo en el que sus instalaciones, como su pabellón, se transformaron en un hospital. Todos los clubes de Moscú se debilitaron por las levas, pero especialmente el ‘Morozovtsy’: siete de sus futbolistas fueron llamados a filas. Dos de ellos, Andrey Akimov y Nikolay Kynin, los dos internacionales del equipo en los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912, fallecieron en el frente. Ahí comenzó su declive deportivo. Aun con todo, el OKS era ya una institución de prestigio, afamada en toda Rusia, en la que sus jugadores engrosaban habitualmente la selección de Moscú que se enfrentaba a los combinados de otras ciudades (no existiría una liga nacional como tal hasta el periodo soviético).

Los sucesos de 1917 cambiaron todo. Desde marzo, mientras se aceleraban las disensiones entre las diferentes fuerzas políticas de izquierda, iba creciendo el control del soviet sobre la vida de la ciudad. Cuando el 25 de octubre (7 de noviembre) Lenin tomó el poder al grito de “Pan, paz y tierra”, en Orekhovo, la insurrección triunfó con rapidez. Durante los siguientes días, empezaron a aplicarse los primeros decretos de las autoridades comunistas: abolición de clases y rangos civiles, supresión de la propiedad privada, creación de la Vesenja -el consejo económico encargado de las confiscaciones del proceso de nacionalización-, control obrero sobre la producción… El tejido social y empresarial de Orekhovo saltó por los aires. A los Morozov les expropiaron sus fábricas y molinos. También su club de fútbol.

 

Los chekistas consideraban que el club era excesivamente burgués y británico. Lo intervinieron, confiscaron sus bienes y transformaron sus instalaciones

 

La familia Charnock se encontró rodeada de esa excitación bolchevique, convertidos, como burgueses y capitalistas extranjeros, en objetivo de la represión roja, junto a aristócratas, altos funcionarios… A James ‘Yakov’ Charnock se le consideró sospechoso de incendiar un almacén de algodón. Crecieron las tensiones entre los británicos y las nuevas autoridades. Clement Charnock debió volver a Inglaterra. Unos meses después, la acompañaría también su hermano Harry. El entorno del OKS, del mismo modo que años antes había despertado las suspicacias de los poderes zaristas, levantaba ahora recelos en el soviet de la ciudad ante la posible presencia de elementos contrarrevolucionarios. No tardaron en llegar a Orekhovo algunas de las primeras unidades de la Cheka, la nueva policía política. La consecuencia inmediata fue el desmantelamiento del OKS. Los chekistas consideraban que el club era excesivamente burgués y británico. Lo intervinieron, confiscaron sus bienes y transformaron las instalaciones en una biblioteca y un salón del té para los trabajadores. Tampoco le ayudó al OKS su vinculación con Robert Bruce Lockhart. Este diplomático escocés jugó en 1912 en el equipo debido a su amistad con la familia Charnock. No era una estrella, pero así se mantenía implicado en los círculos británicos y, sobre todo, se acercaba al caldo proletario que combustía bajo la revolución: estaba enrolado en el Foreign Service como oficial de inteligencia. Había sido jefe de consulado en Moscú antes de liderar la primera misión diplomática para establecer contactos con los poderes bolcheviques. Lockhart financió en ese tiempo la creación de una red de espías, siendo interceptado y detenido por conspiración para el asesinato de Lenin. Le esperaba una condena de muerte, pero fue canjeado por el diplomático ruso Maxim Litvinov en un acuerdo de intercambio de agentes secretos entre Londres y Moscú. Mientras, el OKS siguió participando en la Copa Fulda hasta otoño de 1918. Ahí se le pierde el rastro.

Un legado con dos ramas

Durante los años de la Guerra Civil, la mayoría de los equipos de la época zarista continuaron compitiendo, incluso varios que también tenían sus raíces burguesas. En otoño de 1922, el Consejo Superior de la Cultura Física (CSCF) emitió la orden de cerrar los clubes de origen burgués ante el riesgo ‘contrarrevolucionario’ y transferir sus propiedades a órganos estatales. La hoja de ruta marcaba la transformación del fútbol burgués a proletario mediante una reestructuración en la que las diferentes instituciones gubernamentales asumirían la propiedad de nuevos clubes. Los mandos soviéticos habían liquidado el viejo sistema, pero no descuidaron sus oportunidades. Identificaron en el fútbol un instrumento ideal para influir en las masas, ejercer el poder y difundir los valores comunistas. El vehículo era el mismo, solo era cuestión de cambiarle la carrocería. Así surgieron el Lokomotiv, el Torpedo, el CSKA… Hasta 1936, no se organizaría la primera Soviet Top League, un tiempo de transición en el que el fútbol ruso se jugó en torneos oficiosos y con cierto desorden. Uno de esos nuevos equipos era el Dynamo Moscú, fundado por la GPU (Dirección Política Estatal), la policía de estado sucesora de la Cheka. Aparece aquí un cordón umbilical que une al Dynamo con el OKS Orekhovo. El viejo ‘Morozovtsy’ -sus activos trasferidos, derechos estatutarios, instalaciones…- seguía siendo propiedad de la policía estatal. Existen versiones que relacionan el nacimiento del Dynamo como un simple ‘rebautizo’ del Orekhovo. Pero no fue exactamente así. Primero, porque las autoridades soviéticas se esforzaron minuciosamente por borrar cualquier huella burguesa en los nuevos clubes. Segundo, porque Orekhovo estaba a casi 90 kilómetros de la estación de Riga, donde comenzó a jugar el Dynamo. Y tercero, porque la mayoría de futbolistas los proporcionó el KFS Moscú, otra escuadra del periodo zarista.

La ligazón entre el OKS y el Dynamo cabe encontrarla en las bases. El fútbol representaba el pasatiempo favorito del personal del GPU. Muchos de esos jóvenes chekistas alimentaron su afición en los tiempos de dominio del OKS en la Liga de Moscú. Esa herencia sentimental se traspasó al Dynamo cuando sus impulsores, los agentes Paul Semenovich, Mikhail Lavrentyev, Dimitri Ivanov, Kirill Kuzmin y Leonid Goncharenko, solicitaron permiso a Felix Dzerzhinsky, jefe de la GPU, para configurar un nuevo club, aprovechando, como modelo de organización, que el OKS pertenecía a la institución. De ahí se tomó la inspiración, parte de su patrimonio y sus colores: el Dynamo, tras un breve periodo inicial vistiendo con el blanco y negro del KFS, adoptó el blanco y el azul, un vestigio que aún pervive. En cierto modo, la GPU, necesitada de apoyos populares, pretendía ganarse la amplia masa social que había dejado huérfana el OKS. Y así fue: por eso el Dynamo, aunque hundió sus raíces en otros clubes, se consideró el heredero popular del ‘Morozovtsy’. Mientras, en Orekhovo-Zuevo, los balones se pararon, hasta que en 1935 revivieron, con un equipo llamado Krasnoye Znamya que cambiaría de nombre en los años posteriores: Znamya Truda, FC Orekhovo, Spartak-Orekhovo… Hoy, juega en el tercer nivel como FC Znamya Truda y reclama su derecho como heredero del primigenio Orekhovo de 1909. Por eso, presume de club más antiguo de Rusia aún en activo: es el peso de la historia arrebatada.

 


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Ilustraciones de Sr. García.