Viste una sonrisa sincera, su tono es sereno y porta la sencillez por bandera. Nada más complejo que esto. Está tranquila, a sus espaldas carga con multitud de entrevistas. Y no es para menos, su caso es diferente al resto: la primera mujer que logra entrenar en el fútbol masculino japonés. Con poco menos de 35 años, Milagros Martínez (Fuenelespino de Haro, 1985) abandonó el hogar y cogió las riendas del Suzuka Point Getters con la ilusión de una niña en el día de los Reyes Magos. La experiencia, confiesa, “ha sido tan dura como gratificante”. Ahora, en su vuelta a casa, su deseo es que su caso no quede como uno aislado. Que suponga el inicio de algo. Un cambio de perspectiva necesario.

¿Qué te llevó a emprender este camino? 

Llevo mucho tiempo centrada en esto de ser entrenadora. Durante los últimos 12 años ha sido mi pasión y obsesión. Empecé con niños, como todos, y al tiempo me surgió la oportunidad de entrenar al filial del Albacete Balompié, que era donde yo estaba jugando. De ahí pasé al primer equipo del Fundación Albacete, equipo que logré ascender a Primera Iberdrola y mantenerlo durante tres temporadas. Cuando acabé mi vinculación con el Albacete surgió esta nueva oportunidad en Japón.

¿Cómo entrelazas tu camino con el del Suzuka?

Al acabar mi vinculación con el Albacete me pongo a buscar un nuevo club, y dio la casualidad de que el Suzuka estaba buscando una entrenadora. Ellos se pusieron en contacto con Yuriko Saeki, que trabaja actualmente en el Villarreal, y fue quien me comentó el interés del club por incorporar una mujer entrenadora. En cuestión de 15 días ya había firmado el contrato y viajado a Japón.

¿Cómo de fuerte es el impacto al cambiar España por Japón? Idioma nuevo, otra cultura, un entorno distinto…

El primer año lo viví en una burbuja. Todo era nuevo para mí, todo me llamaba la atención. Al principio hubo algo de revuelo mediático, sentí que había mucha gente interesada en entrevistarme. Pero el primer año se pasa bien. La pandemia, no obstante, lo complica todo: pasé cinco meses completamente sola en casa, en verano no podía venir a España… Y esta tercera temporada ha sido la más dura. No tener a nadie con quien desconectar ha ido haciendo las cosas cada vez más difíciles.

¿Percibes un cambio radical en tu día a día? 

El principal cambio es que en España no me dedicaba a ser entrenadora el 100% del tiempo; en Japón sí he tenido esa suerte. Yo misma me metí mucha presión encima, pensaba que era una oportunidad que quizás no se me volvería a presentar nunca. Esto cambia por completo mis rutinas: me obsesioné mucho, empleando muchas horas de mi día a día a ver partidos de fútbol japonés para conocer la liga más a fondo. 

Antes comentabas el impacto mediático de tu llegada. ¿La prensa te apoyó desde el primer momento o empezó con algo de dudas?

Vi más dudas en mis jugadores y el club. La mía es una manera muy diferente de entrenar y de jugar a la que se acostumbra en Japón. Quizá también por esto logré convencer a los jugadores: el fútbol allí es muy físico, sus entrenamientos son muy estrictos, y mis ideas no iban por ese camino. El fútbol que se entrena en España y Europa es totalmente diferente: muy táctico, todo con balón… Eso les encantó, me los gané rápido. Sí es verdad que el club tenía algo más de dudas, aunque también se disiparon pronto. El propio presidente me lo reconoció: ‘Tenía muchas dudas hasta que vi el primer partido de liga, hasta que vi cómo jugaba el equipo y cómo entendían tus ideas’.  

 

“Nosotros damos muchas instrucciones durante los partidos; los japoneses lo hacen poco. Apenas hablan o se levantan del banquillo. No obstante, en los entrenos tienen fama de ser estrictos. Esta pasión no la muestran de puertas para fuera”

 

Entiendo que el principal cambio está en que tú tratabas de integrarlo todo, mientras que en Japón se llevan a cabo muchos entrenamientos específicos para el físico.

Exacto. La idea era que el apartado físico estuviera integrado en el trabajo táctico, que quizás sea la parcela donde más verdes están en Japón. Nuestra liga, además, era muy dada a las transiciones y no había tanto orden como en las categorías más altas del fútbol japonés. 

¿Es esta la principal diferencia entre el entrenador europeo y el japonés?

Posiblemente también el carácter. Nosotros damos muchas instrucciones durante los partidos; ellos lo hacen muy poquito. Apenas hablan o se levantan del banquillo. No obstante, en los entrenamientos tienen fama de ser muy estrictos. Esta pasión no la muestran de puertas para fuera. 

¿Y el aficionado? ¿Es igual el japonés que el europeo?

No se parecen en nada. El aficionado japonés no es solo fan del equipo: ellos idolatran al jugador. Pueden apoyar a seis equipos distintos porque su futbolista favorito ha jugado para esos seis. También son muy respetuosos; no protestan al árbitro, aunque yo sí, sus quejas son con mucho respeto. Los aficionados, que no son muchos, lo viven realmente. Su día libre es para ir a ver al equipo, sus vacaciones son para ver entrenamientos y viajan hasta muy lejos para apoyar a los suyos. No paran de animar todo el partido, aunque el equipo vaya perdiendo, por muy mal que esté jugando.

Volviendo a tu caso, no solo te has convertido en la primera mujer en entrenar a un equipo masculino en Japón, sino que además has clasificado al Suzuka para la Copa del Emperador durante dos años consecutivos. ¿Cómo se organiza esta competición en Japón? 

Participan centenares de equipos de todo el país. En nuestra categoría, para llegar a la Copa del Emperador hay que ser campeón de la Prefectura de Mie, una fase previa que consta de tres partidos. Después empiezas a jugar contra los grandes equipos de Japón, a partido único y en casa del más fuerte. No todos los equipos de segunda y tercera entran en esta copa, solo lo hacen los de la parte alta de la tabla. Nosotros logramos clasificarnos dos años seguidos, hasta enfrentarnos esta temporada contra el Vissel Kobe de Samper e Iniesta.

¿Qué tal la experiencia?

Es una de esas cosas que no se olvidan nunca. Llegar a Vissel, estar con Andrés y Samper, jugar contra futbolistas internacionales con Japón, contra uno de los capitanes de la selección japonesa. Andrés no jugó, pero cuando terminó el partido bajó a los vestuarios y estuvimos charlando un poquito. Cuando entré a rueda de prensa también se esperó y me dio una camiseta. Para él, la vida en Japón es más sencilla porque tiene a su familia aquí. Samper sí comparte mi situación y sobre eso estuvimos charlando: lo duro que estaba siendo no poder viajar, no poder cenar con amigos o no poder ir de compras con alguien. El idioma es una barrera importante.

 

“Un exjugador profesional, por el hecho de haber sido quien es, tiene muy fácil acceder a un filial de un equipo grande, como mínimo. Con las mujeres entrenadoras aparece esta desconfianza hasta en un equipo de Preferente”

 

Hasta que hace unos días te desvinculas del club, imagino que motivada también por esas ganas ver a los tuyos. 

Sí, claro. Es lo que más he echado de menos en este último año y medio. El objetivo ahora es emprender otra aventura, aunque por lo pronto toca descansar. En Japón tuve la posibilidad de hacer algo que en España es muy complicado, pero también corría el riesgo de quedarme estancada si no me atrevía a probar algo nuevo. Las opciones de progresar profesionalmente en el fútbol profesional masculino eran muy bajas. Allí tengo mercado en el femenino, pero consideré que era momento de volver a casa y estar con los míos. 

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué hay tan poca confianza desde el fútbol masculino en la mujer entrenadora?

A nosotras siempre se nos presupone esa duda, la misma que surgió en los jugadores y el club con mi llegada a Japón. Un exjugador profesional, por el hecho de haber sido quien es, tiene muy fácil acceder a un filial de un equipo grande, como mínimo. Con las mujeres entrenadoras aparece esta desconfianza hasta en un equipo de Preferente. En Suzuka he llevado un grupo de 35 hombres, con un cuerpo técnico de tres o cuatro personas, y no ha habido un solo problema.

¿En qué puede servir de ejemplo el caso de Milagros Martínez? 

Mi deseo es que los directivos nos tengan en cuenta también a las mujeres. Ojalá mi caso sirva de ejemplo. Nosotras vamos a seguir luchando. Cada vez hay más entrenadoras, estamos más que preparadas. No hace falta llegar al punto de la contratación; con tenernos en cuenta es más que suficiente. Que no se nos descarte por el hecho de ser mujeres es ya un avance. 

A nivel personal, ¿qué aprendizajes extraes de esta aventura en Japón? 

A mí me ha cambiado la vida. Antes era más impulsiva, aunque sigo siendo igual de pasional. De fútbol también he aprendido muchísimo. Cuando llegas a un país nuevo, o te adaptas o sufres. Como entrenadora he crecido muchísimo durante esta etapa. Sin duda repetiría la experiencia, aunque ha sido bastante dura.  

¿Tu idea ahora es volver al fútbol femenino o seguir en el masculino?

Bueno, me he sentido muy cómoda en el fútbol masculino. Mi idea es seguir entrenando, no cabe duda, pero también me abro a otros roles. Me gustaría probar también como asistente, aportando desde la sombra sin esa presión que tenemos los entrenadores. No descarto tampoco salir fuera. Contemplo muchas opciones, aunque la prioridad ahora es descansar. 

 

“Si veo que puedo hacer daño a mi rival a partir de un 4-4-2 en rombo, que es algo menos común, veo partidos de un entrenador que emplee este sistema y trato de aprender. Igual a la semana siguiente pruebo el 4-3-3 y hago lo mismo”

 

¿En quién te reflejas como entrenadora?

Soy muy friki. Me gusta mucho la liga inglesa, la italiana… Me fijo siempre en muchos entrenadores distintos: Guardiola, Bielsa, Bordalás, Lopetegui. El femenino también lo sigo mucho. María Pry lo ha hecho muy bien aquí en España. También Natalia Astrain colaborando con la selección de Estados Unidos. Quizá estas dos sean mis referentes en el fútbol femenino. 

De Bielsa a Bordalás hay un trecho. Te sirve para estudiar distintos puntos de vista, ¿no?

Sí, me gusta mucho. Mis equipos no juegan siempre con el mismo sistema. Si veo que puedo hacer daño a mi rival a partir de un 4-4-2 en rombo, que es algo menos común, veo partidos de un entrenador que emplee este sistema y trato de aprender. Igual a la semana siguiente pruebo el 4-3-3 y hago lo mismo. Intento coger un poco de cada uno, además de lo que tengo sabido de antes. Soy bastante camaleónica en este sentido.

¿Y cómo se adaptan los jugadores a estos cambios de sistema?

Al principio les costaba, pero llegó un momento en que se adaptaron muy bien. El año pasado, por ejemplo, que había menos presión porque no podían ascender ni descender, les cambiamos el sistema a los tres primeros clasificados y conseguimos ganar los tres.

Y esto ayuda a que el jugador sea más inteligente sobre el campo. 

Claro. A veces colocaba al extremo de mediapunta, que era una posición en la que nunca había jugado, porque sabía que con dos delanteros por delante tendría mucho espacio en carril central para arrancar y avanzar fácil. Como eran muy sacrificados en el juego y durante los entrenamientos, con apuntillar cuatro o cinco cositas de la fase sin balón era más que suficiente. Al principio, cuando trabajábamos la salida elaborada desde atrás, mi delantero brasileño me decía: ‘Mila, es que no podemos jugar así’. Él medía 1,90m y tenía una calidad tremenda. El típico al que el juego sin balón no le va mucho. Yo le respondí: ‘Pero cómo no vamos a hacer este juego, si es el que mejor te viene’. Terminó siendo el máximo goleador del campeonato.

A Twitter has subido alguna tarea que parecía estar destinada también a hacer que el jugador se divirtiera en los entrenamientos.

Japón es un país muy serio, en el que se trabaja muchas horas, y los chicos después de los partidos se iban a trabajar. Ellos llegaban al fin de semana con una carga física y emocional enorme, por eso intentamos incorporar algún ejercicio más lúdico, para que el jugador se divierta o se evada de su otra profesión. 

 


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Fotografía de portada: @milamartinezdo (Twitter).