Sergio Cortina se define a él mismo como un enemigo de la nostalgia. Y para matar a la ambigüedad de un solo golpe, recurre a esta cita de Nick Hornby: “¿Has visto alguna vez una fotografía tuya de cuando eras niño? En mi opinión, esas fotografías o te ponen contento o te dejan más triste que nunca”. Acaba de publicar ‘Saliendo de la calle Oscura’, la nueva entrega de la saga Hooligans Ilustrados, de Libros del K.O. Un librillo que respira oviedismo por los cuatro costados, y que sirve a modo de refugio para todos aquellos que aprecian el valor literario del fútbol. Hace algunos días, le entrevistamos en Boleyn Sound, en la última edición de un podcast que dedicamos exclusivamente a las rivalidades más ilustres del fútbol español. A Cortina le preguntamos por el Oviedo, por el derbi asturiano y, aunque fuera como excepción, por sus recuerdos. Lo que sigue a continuación es la transcripción de esa pequeña conversación azul, apasionada y futbolera.

Arranquemos con una pregunta que puede parecer sencilla de responder a la vez que muy complicada. ¿Por qué el Oviedo?

Para empezar, porque es el equipo de mi ciudad. Esto, dicho ahora, parece que no es tan sencillo, sobre todo en España, donde hay equipos tan potentes como el Madrid o el Barça, que al final atraen mucha atención y muchas afinidades. Pero el Oviedo era y sigue siendo el equipo tradicional de mi entorno, mueve mucha gente y el amor era casi inevitable.

¿Qué tiene el Carlos Tartiere que no tenga El Molinón? 

En 2003, cuando el Oviedo está a punto de desaparecer, se produce algo clave en el club. Se rejuvenece la afición. Digamos que hay una criba, y había poca gente que en principio estuviera dispuesta a ver al equipo en Tercera División. Eso genera un rejuvenecimiento en las gradas que es muy palpable cuando hoy vas al Tartiere. Ahora hay muchas familias, muchos niños pequeños que, en su mayoría, no han visto al Oviedo en Primera. El beneficio que tiene esto para el club es inmenso, porque una afición más joven tiene mucho empuje. Y para mí esa es la diferencia. Cuando vas a El Molinón, notas que la media de edad de los seguidores es más alta.

Si tuvieras que comparar tu relación con el Sporting con alguna familiar, ¿cuál elegirías?

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[Risas] Hombre, a lo mejor sería como un primo. Un primo cercano que tengas y con el que evidentemente te llevas muy mal. Seguramente, el típico primo que vas creciendo junto a él y que unas veces eres capaz de ganarle tú jugando al fútbol y otras veces te gana él, unas veces te da el capón él a ti y otras veces se lo das tú… Yo creo que sería más o menos ese tipo de relación. De cercanía pera de mucha rivalidad.

Cómo aficionado del Oviedo, ¿quieres que el Sporting baje a Segunda?

Como aficionado del Oviedo, yo básicamente me preocupo del Oviedo, y esto lo digo en serio. El Sporting es un equipo con el que tenemos una rivalidad inmensa, y yo también la vivo de esa forma en los derbis, pero poco más. Más allá de ahí, lo que le suceda al Sporting solo me puede importar desde un punto de vista periodístico, pero emocionalmente no me toca. E incluso te diría más: yo lo que prefiero es que el Oviedo suba a Primera, independientemente de lo que le pase al Sporting, e independientemente de si hay derbi o no, que me parece una cosa secundaria.

¿Qué es lo que más envidias de tu máxima rival?

Creo que lo más admirable del Sporting, como también lo es del Oviedo, y que tampoco poseen tantos equipos en Primera, es la capacidad que tienen para movilizar a su gente, incluso habiendo atravesado los dos por situaciones deportivas muy penosas. Eso, en ciudades no demasiado grandes, te lleva a generar comunidad en torno al fútbol, que al final es de lo que se trata.

¿Por qué es diferente el derbi asturiano respecto a las otras rivalidades que hay en España?

Lo que pasa con el derbi asturiano es que hace tanto tiempo que no lo jugamos que al final hace que el resto de aficionados se olviden un poco de cómo es. Es un derbi muy hostil, un derbi bastante duro, sobre todo porque la rivalidad va más allá del fútbol. Es una rivalidad regional, entre las ciudades de Oviedo y Gijón, que tiene sus ramificaciones políticas, y eso se traslada al campo. Somos enemigos irreconciliables. Es un derbi muy, muy sentido, y la prueba de ello es que incluso décadas después de que no se juegue, la rivalidad sigue a flor de piel, y se puede comprobar yendo a cualquier bar en Oviedo o a cualquier bar en Gijón, hablando con cualquiera de los dos aficionados… El tema está muy presente en las conversaciones.

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