¿La mejor final de siempre?

TOTTENHAM-COVENTRY (FA CUP 1986-87)
16 de mayo de 1987

Según declaró el veterano comentarista de la BBC John Motson, este encuentro no era uno más entre los centenares que había tenido el placer de narrar en su carrera, sino que se trataba de una de las cinco mejores finales de la FA Cup de las 29 que había podido comentar. Una opinión más que autorizada para poner en perspectiva la dimensión de este Coventry-Tottenham, y que se completa al comprobar cómo este choque que vivió el viejo Wembley en mayo del 87 no suele faltar en otras listas de mejores finales de la copa inglesa de todos los tiempos.

¿Y cuál es la fórmula para que una final sea, además, un excelente partido de fútbol? En primer lugar, es necesario que no cumpla con esa máxima que defiende que ‘las finales no se juegan, se ganan’. La de aquel Coventry-Tottenham fue una tarde libre de los tópicos que rodean a este tipo de encuentros, pero con los ingredientes básicos de las buenas historias de siempre. Un inicio demoledor, la incertidumbre del marcador, el poder narrativo que esconde la lucha entre la ilusión del novato (un Coventry que vivía su primera final) y la experiencia del veterano (un Tottenham que buscaba su octavo título y nunca había perdido una final), un gol memorable de un héroe insospechado… Hasta podríamos hablar de un encuentro marcado por el juego limpio, en el que no se vio ni una sola amarilla.

En condiciones normales, nos faltarían menos de dos semanas para disfrutar de las semis de la FA Cup. Pero la pandemia también ha alcanzado a los británicos, por lo que los amantes del torneo vamos a tener que tirar de archivo y echar mano del casi siglo y medio de vida de la competición con la que todo empezó. Un campeonato que en su trayectoria nos ha dejado decenas partidos de esos que, pese a llamarse finales, duran para siempre.

La eterna Roma de Totti

ROMA-INTER (COPPA ITALIA 2006-07)
9 de mayo de 2007

Lo que hace de Francesco Totti un one club man de categoría especial es que su deseo de no abandonar nunca a la Roma muy probablemente lo privó de engordar mucho más su palmarés. Sin embargo, no se quedó sin celebrar un puñado de títulos con el conjunto ‘romanista’, momentos de gloria que, debido a su poca frecuencia, pasaban con algo más de dulzura. Todos esos éxitos se concentraron en la primera década del siglo XXI. Una liga (2001), dos copas consecutivas (2007 y 2008) y, eso sí, demasiados subcampeonatos, son el digno historial que deja el paso de ‘Er Pupone‘ en los estantes de la ‘Loba’.

Aquí nos centramos en la primera de esas dos copas, cuando el torneo del KO italiano todavía se resolvía con una eliminatoria decisiva a ida y vuelta. En la primera manga de esa final de la edición 2006-07, la Roma borró del mapa a un Inter de Milán que volaba hacia el doblete. El capitán fue el encargado de dar por inaugurado el festín, solo empezar el partido. A partir de ahí, se desató una tormenta imperial de los locales, que dejaron sentenciado el torneo y adelantaron un éxito muy ansiado en la parte roja de la capital. Y, sin embargo, pensando en Francesco, qué poco importa aquel partido visto en perspectiva. Porque aunque hubiese ocurrido al revés, y fuera el Inter el que hubiese destrozado a la Roma para llevarse aquella Coppa, Totti tendría hoy exactamente la misma dimensión. La de una divinidad romana; lejos de ser perfecta, con sus defectos humanos, pero de un enorme poder. Porque, por mucho que se involucre en cuestiones terrenales, un dios no deja de ser un dios.

El adiós feliz a una era

BRASIL-ITALIA (MUNDIAL 1970)
21 de junio de 1970

Brasil arrollaba, ganaba su tercer Mundial en cuatro ediciones y se quedaba el trofeo en propiedad. De hecho, si en aquel momento hubiese reclamado el mismísimo fútbol en propiedad, hubiese costado encontrar argumentos para negárselo. Y, sin embargo, aquel día, en el Azteca de México, todo se terminó. Brasil tardaría 24 años en volver a levantar un Campeonato del Mundo, y ya no lo haría nunca de la misma manera: el mito de la ‘canarinha‘ que ganaba Mundiales con un fútbol técnico e imaginativo, con una felicidad salida de las calles, duraría hasta nuestros días. Pero no sería más que eso: mito.

Aquel encuentro ante Italia, además, sirvió para que Pelé se consagrara como el único futbolista con tres Mundiales en su haber. Es una buena oportunidad para ver a ‘O Rei‘ en acción durante 90 minutos. Ya lo hicimos con Maradona y con Cruyff, estos días de confinamiento son una buena oportunidad para ser testigos de cómo desempeñaban su oficio mitos de ese calibre. Hoy le toca a Pelé, en un encuentro que, claro está, también debería formar parte de la videoteca de todo el que quiera hacerse llamar aficionado al fútbol.

Sobre la figura de Pelé, por cierto, se ha hablado y se ha escrito mucho, en muchos sentidos. En Panenka, también nos aproximamos a él en su momento, con el dossier que le dedicamos en el número 44 de la revista.

La fiesta del ‘doblete’

ATLÉTICO DE MADRID-ALBACETE (LIGA 1995-96)
25 de mayo 1996

Llegar como líder a la última jornada de Liga y tener la responsabilidad de cerrarla es una empresa mucho más complicada de lo que parece. Hay que tener la capacidad de huir de un ambiente festivo que los hinchas ni saben ni quieren esconder. Hay que aceptar que todo lo que ha ocurrido hasta ese momento (el esfuerzo, el sufrimiento, las alegrías, el dolor y los nervios) no sirve para nada si el resultado el día del examen final no es el esperado. Hay que aislarse de la sensación imposible de estar jugando varios partidos a la vez, de lo mareante de una jornada unificada. Hay que sobrevivir, en definitiva, a la paradoja absurda de tener que demostrar en 90 caprichosos minutos el porqué de una regularidad exhibida durante nueve meses.

Eso fue lo que hizo el Atlético de Madrid de Antic en la histórica temporada de su ‘doblete’: ser el mejor. Después de aguantar el liderato durante más de la mitad del campeonato, los ‘Colchoneros’ iban a procurar que aquella visita del Albacete que cerraba la Liga fuera la fiesta que el Vicente Calderón llevaba 19 años esperando.

Para completar el relato de aquel ‘doblete’, aquí se puede ver, también íntegramente, la final de Copa que los enfrentó al Barcelona unas semanas antes. Dos recuerdos de aquel Atlético eterno que nos sirven para homenajear a su arquitecto, un Radomir Antic al que el fútbol llora esta semana.

Una última obra de arte

REAL MADRID-AJAX (COPA DE EUROPA 1972-73)
25 de abril de 1973

El Ajax ganaría aquella Copa de Europa con suficiencia aunque sin brillar, tras una final en la que superó a la Juventus por la mínima (1-0). Un desenlace agridulce para una afición consentida que exigía ganar con excelencia, y un epílogo demasiado escueto para una generación que, sin embargo, ya estaba cansada de celebraciones. El equipo que había maravillado a Europa se precipitaba así a su autodestrucción, y en Baviera ya estaban listos para recoger su testigo. Pero antes de que todo eso ocurriera, la escuela holandesa pintaría sus últimas obras de arte.

Porque aquella Copa de Europa de la temporada 1972-73, la última en la que el Ajax sería campeón hasta 1995, sería mucho más que esa insulsa final contra la Juve. El torneo es memorable para los de Ámsterdam por momentos como la destrucción del Bayern de Múnich (4-0) en el primer cara a cara de su historia, en los cuartos de final; o por su victoria en la vuelta de las semifinales ante el Real Madrid, en el Santiago Bernabéu, con un dominio que traía consigo una enorme carga simbólica, pues ejemplificaba el ya evidente cambio de paradigma en un fútbol europeo a todo color.

Cruyff cumplía 26 años el día que su equipo pasó por Madrid para dominar el balón y el espacio.

 


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