El Levante sigue con su particular carrera de fondo. En un horizonte cada vez menos lejano, se vislumbra un segundo puesto liguero que les puede dar acceso a la Women’s Champions League. En una temporada atípica, las ‘Granotas‘ han conseguido plasmar, sobre el verde, una identidad de juego. Victorias de prestigio. Puntos rescatados en los minutos finales. Derrotas dolorosas. Caídas que no han hecho más que demostrar que, en Buñol, hay un grupo de personas capaz de levantarse y de seguir compitiendo al máximo nivel. De secarse las lágrimas y apretar los puños. Una reacción que no es baladí. Es la consecuencia del trabajo bien hecho desde los diferentes estamentos que componen el club.

En cualquier caso, a pocos centímetros del terreno de juego, tras la línea discontinua de los banquillos, encontramos a una de las figuras que lo ha hecho posible. María Pry es la directora de una orquesta que cada vez suena más afinada. Una entrenadora que marca el compás del juego de un equipo destinado a hacer grandes cosas. En uno de los años más complicados que se recuerdan, la entrenadora de Bormujos (Sevilla) ha conseguido exprimir al máximo al conjunto levantino.

¿Cómo estás viviendo esta liga tan rara por culpa de la pandemia?

Pues si te soy sincera, es una liga complicada a nivel deportivo. Para poder entrenar, ya al final de la temporada pasada, con el cuerpo técnico estuvimos estudiando algunas alternativas para mejorar la calidad de los entrenamientos. Y después de tenerlo todo estipulado, con todas las horas que le dedicamos, pues llega la pandemia. Cuando empezaron de nuevo los entrenamientos nos dimos cuenta de que todo aquel planteamiento con el que pretendíamos mejorar la calidad de los mismos se había desmoronado por completo. Tuvimos que reaccionar, porque apareció una situación totalmente distinta a la que nos habíamos planteado.

Lo que nosotros buscábamos es que las jugadoras tuviesen una jornada laboral y estuviesen en la ciudad deportiva, pero no fue posible. Nos encontramos con muchas limitaciones. Sin embargo, toda esta situación, también ha hecho que nos reinventemos. En conclusión, este año nos hemos ido encontrando con situaciones diferentes y nos hemos ido adaptando a ellas. Ya no podemos ser tan estrictos en cuanto a la organización, porque hasta que las jugadoras no se hacen los test y dan negativo, no sabes con cuántas vas a poder contar. ¡Pero todo esto nos ha ayudado a ser mejores entrenadores!

La pandemia nos afecta a todos y a todos nos ha cambiado la manera de trabajar. En tu caso, ¿hay algún método de trabajo que hayas tenido que incorporar de manera obligada por la pandemia, pero que vayas a seguir usando cuando esta pase?

¡Sí! Por mi manera de hacer, creo que uno de esos métodos será el de trabajar con grupos reducidos. Eso nos permite dedicarle mucha más atención a un grupo de jugadoras en concreto. Cuando planteamos partidos, está claro que nos tenemos que basar en el grupo, pero llega un momento a nivel profesional que las correcciones y el trabajo que tienes que hacer con esas jugadoras lo tienes que hacer al detalle. Y para poder hacerlo así, hay que trabajar con grupos reducidos. Así, con ellas, trabajamos las situaciones que queremos mejorar y que se pueden dar en un partido. También, gracias a que en el fútbol femenino los cuerpos técnicos están creciendo cada vez más, se nos permite hacer esto.

A pesar de las dificultades que me comentabas al principio, el equipo está cuajando una buena temporada. Segundas en liga y con la vista puesta en la Champions. ¿Es el gran objetivo?

Claro. Cuando firmé hace dos años, fue porque quería otros objetivos. El año pasado, cuando se suspende la competición, estábamos a cinco puntos del Atlético de Madrid. Por ello, lo que estamos consiguiendo este año, es la recompensa y el fruto de todo lo que se ha venido trabajando durante temporadas anteriores. A partir de ahí, quedan ocho partidos muy importantes y tenemos que confiar en lo mismo que nos ha llevado a ocupar la posición en la que estamos. Tenemos claro que queremos luchar por ese objetivo deportivo. Estamos viviendo un año muy bueno, a pesar de la derrota en la Supercopa. Pero tenemos la ilusión de jugadoras, cuerpo técnico, afición y club. Llegamos a la final de esa Supercopa, segundas en liga, muchas jornadas peleando en esos puestos… Y, en un par de semanas, la Copa de la Reina con la esperanza de llegar lo más lejos posible.

Me gustaría saber más de la figura del entrenador. En tu caso, ¿cómo preparas a las jugadoras, desde el punto de vista físico y técnico-táctico, para que ofrezcan su mejor versión?

A ver, por cómo yo entiendo el fútbol, intentamos organizar sesiones y ejercicios que, a pesar de que muchas incluyan una parte física, estén siempre enfocadas en temas técnico-tácticos. Yo no diferencio las tareas en ese sentido. Claro que si hay aspectos físicos que tenemos que mejorar, lo vamos a hacer. Pero siempre dándole un sentido técnico-táctico para poder sacar el máximo rendimiento. Intento, además, trabajar con situaciones reales. Situaciones que queremos que se reproduzcan en los partidos. Creo que si la jugadora logra experimentar esas sensaciones en situaciones que el cuerpo técnico cree que se pueden llegar a reproducir, son capaces de resolver las situaciones en el partido.

Además, a través del video-análisis, también repasamos lo que se ha hecho bien durante el partido anterior, lo que no… Damos las correcciones y les empezamos a mostrar lo que se pueden encontrar en el próximo partido para que empiecen a desarrollar esas sensaciones. Pero no es hasta el último día que les enseñamos el vídeo-análisis del rival contra el que nos vamos a enfrentar. Yo prefiero que mis jugadoras experimenten con situaciones que pueden llegar a vivir. Porque cada una de ellas les va a dar una respuesta diferente y van a reaccionar de forma diferente. Entonces, cuando ya han experimentado con esas situaciones, les explico, a través del video-análisis, el porqué de los ejercicios que hemos planteado. Creemos que el aprendizaje de las jugadoras es mucho mayor así, porque desarrollan capacidad de análisis, de reacción y de toma de decisiones. Y eso es muy importante.

Entonces trabajáis con situaciones reales. Esta temporada se ha visto un Levante por detrás en el marcador que, en los minutos finales, llega Esther y le da la vuelta al partido o rescata un punto. ¿Estas situaciones también las trabajáis en los entrenamientos o hay una pizca de suerte?

Yo no creo en la suerte en el fútbol. Todo se trabaja. Provocando estas situaciones hemos conseguido remontar en los minutos finales. Pero es trabajo, porque a principio de temporada a nosotras también nos marcaban muchos goles ya al final. Por lo tanto, ahí hay un aprendizaje, una manera de trabajar y de entender en qué había que mejorar. Pero no creo en la suerte. El fútbol no es un juego de azar. Si no consigues finalizar una ocasión es porque, seguramente, no hayas decidido bien o no hayas ejecutado bien la acción técnica. Para marcar un gol, hay que estar ahí y cuantas más situaciones generes, más oportunidades tendrás. Pero todo ello conlleva un trabajo que hay detrás. Y lo mismo si encajamos en los últimos minutos. Entonces será porque hemos cometido muchos errores. No hay que relacionar tanto el fútbol con la suerte. Más bien en cómo queremos llegar a conseguir un buen resultado y cómo vamos a preparar el partido desde el minuto uno. Y eso es lo que venimos haciendo desde principio de temporada.

También te quiero preguntar… 

Espera. Mira. Con el ejemplo que tú mismo has puesto. Esther, la temporada pasada, no metió ningún gol en liga con nosotras. Este año es la máxima goleadora de la competición. Y no es suerte. Es el trabajo que viene haciendo Esther desde el año pasado. Entre cuerpo técnico y la misma jugadora hemos puesto mucho de nuestra parte para que entendiese lo que le pedíamos. El proceso de adaptación conlleva su tiempo y Esther está consiguiendo lo que está consiguiendo con mucho trabajo. No es suerte, es confianza y mucho trabajo detrás. Y ella es una gran profesional. Todo lo que le está ocurriendo es la recompensa a toda su dedicación en los entrenamientos.

 

“Tengo un vestuario que da gusto hablar con ellas. Que trabajan por y para el Levante. Cómo se implican. Cómo entrenan. La manera de afrontar las situaciones tan difíciles que estamos viviendo… Eso hace que el vestuario se una más”

 

Me imagino ya por dónde irá tu siguiente respuesta. Sin embargo, y por lo que me vienes comentando, ¿Varías tú la preparación de un partido en función de quién sea el rival o mantienes una misma rutina?

Depende. Nosotros, dentro de ese plan de partido, tenemos que analizar el contexto en el que nos encontramos en ese momento. Es decir, cómo voy a preparar esa semana, con cuántas jugadoras, si juego como local o visitante, dimensiones del terreno de juego… Nuestro modelo de juego e identidad lo tenemos todas muy claro. Y, a partir de ahí, no importa cómo nos organicemos sobre el terreno de juego. Nosotras, desde la pretemporada, ya trabajamos con diferentes organizaciones. Así las jugadoras pueden adaptarse y aprenderlas. Entonces, una vez hecho ese análisis, encaramos el partido de una forma u otra. Y, luego, después de nuestro trabajo, nos fijamos en el rival. A mí, el rival no me va a condicionar. Ni tampoco me va a hacer perder mi identidad. Pero claro que vamos a intentar contrarrestar la suya. Por ejemplo, a la hora de trabajar una presión, preparamos diferentes variantes para podernos adaptar durante el partido en función de lo que haga el rival. Porque, al final, trabajamos para competir y llevarnos los tres puntos. Te mentiría si dijese que no le presto atención al equipo rival.

A pie de campo, cuando se está disputando el partido, ¿en qué momento sientes que las cosas están funcionando? 

Yo, normalmente, cuando entro en el vestuario antes del partido, ya sé si el equipo va a responder o no.

¿Y eso cómo lo sabes?

No sé cómo explicártelo porque son emociones. Sensaciones del día a día derivadas de esa gestión del vestuario. Cuando entro y veo lo que se cuece, voy al cuerpo técnico y les digo: ‘No os preocupéis. Hoy ganamos’. Y, efectivamente, cuando ves el calentamiento y cómo se dan los primeros minutos de partido, se ratifica esa sensación. Transmiten mucha seguridad y confianza. Esa virtud se gana después de tantas horas de entrenamiento, viajes, momentos de vestuario, gestión del equipo… Se forma una comunión y esas sensaciones están en nuestro contexto. Además, como he sido futbolista y he estado dentro de un vestuario, lo que para otra persona puede ser un detalle insignificante, para mí no lo es. Capto esas sensaciones y puedo ver si el equipo o una jugadora está o no con confianza. Y esos momentos se producen antes del partido. Es una manera de gestionar el vestuario.

Ahora llevas dos años en el Levante e igual no tiene tanto sentido. Pero en tu caso, ¿adaptas tu idea de juego a las jugadoras que tienes, o son ellas las que se adaptan a tu idea de juego?

Yo tengo clara la identidad que quiero que tengan mis equipos. Y no hablo de la distribución o cómo vamos a ocupar el terreno de juego. En pretemporada trabajamos con diferentes dibujos, lo que permite que las jugadoras mejoren más. Además, me gusta sacarlas de su zona de confort. Creo que esa es la única manera de exigirnos y mejorar. Y, en muchos momentos, me he encontrado con jugadoras que se echan las manos a la cabeza. Me dicen: ‘Pry, ¿Estás loca? ¿Cómo puedes plantear que una jugadora ocupe diferentes puestos?’. Pero eso hace que reaccionen, aprendan y mejoren como futbolistas. Les ayuda a crecer. Y sobre esto, hay posiciones que sí que son específicas. Pero me gusta probar a jugadoras en posiciones donde habitualmente no juegan, porque todas son diferentes y todas van a reaccionar y abordar una situación de forma distinta. Trabajar con varias organizaciones me permite sacar el máximo rendimiento de todas ellas. Y, además, que comprendan mejor el juego.

Una de tus funciones como entrenadora es elegir alineación antes de cada partido. ¿Te cuesta o la sueles tener clara?

Cuesta. Siempre. A mí, por lo menos. Porque siempre le buscas diferentes alternativas al plan de partido. Nunca, en mi carrera, he tenido dos jugadoras iguales. Siempre me he preocupado de tener futbolistas diferentes, porque eso te aporta muchos más quebraderos de cabeza en forma de alternativas. Entonces, a raíz de tu pregunta, yo nunca trabajo durante la semana con los onces titulares. A mí, eso nunca me ha gustado. Cuando era jugadora y llegaba un martes a entrenar y ya veía las que iban a jugar y las que no. Eso provoca que unas se relajen y las otras generen apatía porque piensan que, hagan lo que hagan, nunca van a llegar a jugar. Desde que empecé a entrenar, mezclo a todas jugadoras, provocando sinergias entre ellas y que se conozcan bien sobre cómo juega cada una. Por ejemplo, si tengo a cuatro centrales, juegan todas con todas. Y así, en cada posición. Además, y por los grupos reducidos de este año, provoca que no sepan quién va a jugar y eso genera la sensación de que todas ellas quieren competir. Y llega el fin de semana y la sensación de querer jugar la tienen hasta el último momento, en el que se conoce la alineación.

Me has hablado antes de un tema que también me interesa: la gestión del vestuario. Ahora me decías que tienes a todas las jugadoras enchufadas toda la semana. Pero, ¿cómo gestionas los ánimos de aquellas que, por lo que sea, tienen menos minutos, pero tienen que estar al cien por cien cuando les toque jugar?

Pues intento ser lo más honesta posible con todas ellas. Justa no es la palabra, porque entiendo que una jugadora, si no juega, es por ese plan de partido y, porque igual, otra jugadora aporta otros aspectos que para ese plan de partido son más necesarios. Ella puede entender que no estoy siendo justa con ella porque merece jugar. Pero entonces intento ser honesta y explicarle el porqué de mis decisiones. A mí no me importa hablar con el equipo sobre por qué se puede llegar a tomar una decisión en vez de otra. Sobre todo, siendo clara con mis futbolistas. Siendo sincera y transparente. Pero, además, hay que saber escuchar sus réplicas. Hay jugadoras a las que no les gusta que se les corrija o decirles que se ha equivocado. Pero es que a los entrenadores muchas veces también nos ocurre eso. Entonces, cuando yo hablo con una de mis jugadoras, ella me da su punto de vista e igual es totalmente diferente al mío, pero ahí está la clave. En poder conversar, cada una desde su punto de vista.

Y esto que te cuento lo estoy echando de menos este año por culpa de la pandemia. Un momento clave para la plantilla era compartir vestuario. Ese es su sitio de poder hablar, gastar bromas, se desahogan con el resto de compañeras… Y ahora no lo tienen. Cuando hablas con las jugadoras reconocen que lo echan de menos. Parece una tontería, pero es un espacio en el que se hace mucho trabajo de equipo por parte de todo el vestuario. Yo eso lo respeto muchísimo porque es su espacio y yo solo entro el día del partido. Pero ese trabajo de equipo del que ellas disfrutan, este año no se puede hacer.

Siguiendo con la gestión emocional, ¿cómo consigues levantar a tu equipo después de perder, por ejemplo, la Supercopa contra el Atlético o un partido como el del Barça?

Pues suelo gestionarlo con mucha normalidad. Cuando perdimos la Supercopa, éramos conscientes de que nos habíamos llevado un gran palo. No por perderla, sino por cómo se dio todo. En media hora fueron superiores a nosotras y cometimos errores graves. Pero entonces hay que tratar esa situación con normalidad. Y seguir confiando en el equipo y en lo que se viene haciendo. Confiar en la identidad y en lo que estamos consiguiendo. Tengo un vestuario que da gusto hablar con ellas. Que trabajan por y para el Levante. Cómo se implican. Cómo entrenan. La manera de afrontar las situaciones tan difíciles que estamos viviendo… Eso hace que el vestuario se una más. Pero respecto a la situación de la Supercopa, estábamos muy jodidas, pero hay que saber ganar y hay que saber perder. Lo recuerdo perfectamente. Las reuní en un círculo y les dije: ‘Confianza. Tranquilas. Hemos llegado a una final después de trece años. Lo que estamos consiguiendo parece que es fácil, pero no lo es. Es el segundo año consecutivo que el Levante juega la Supercopa y eso es por méritos deportivos vuestros. No os penséis que vamos a llegar a la cima y que del tirón lo vamos a conseguir todo. Pero seguid trabajando. Confiad’.  Y es verdad, pasamos un par de días jodidas. Pero fue un punto de inflexión. Los errores nos sirvieron de aprendizaje. El siguiente partido era otra vez contra el Atlético de Madrid, que en media hora nos había metido tres goles. Pues el equipo fue otro a nivel competitivo y demostró que quería seguir mejorando y luchar por nuestro objetivo final. Contra el Barça, fue lo mismo. Y, sobre todo, en este 2021 y desde que empezamos la temporada, solo hemos perdido la final de la Supercopa y los dos partidos contra el Barcelona. Eso es por el buen hacer de todas las jugadoras.

María Pry celebrando un gol con Irene Guerrero y Andonova. | Imagen cedida por el Levante U.D.

Y ahora, lo contrario. Después de ganarle al Atlético de Madrid en liga, imagino que se desata un poco la euforia y se liberan esas tensiones. ¿Lo gestionas igual para que no haya un exceso de confianza?

Sí. Igual. Con normalidad. Hay que saber ganar y disfrutar cada momento. Sobre todo, porque no está siendo una temporada fácil. Hay que celebrar cada victoria de la misma manera que hay que saber encajar cada derrota. Eso sí, todo lo hacemos desde la normalidad y la humildad. Porque, al final, no hemos conseguido nada. Es una batalla más que hemos ganado y que recompensa el trabajo que se ha hecho durante la semana. Sobre todo, con los pies en la tierra y seguir trabajando y mejorando. Siempre siendo exigentes con uno mismo para seguir creciendo. Eso está marcando nuestra regularidad. Y así va a ser hasta final de temporada. ¡Y claro que vamos a pasar por momentos complicados! Pero lo intentamos disfrutar con los pies en el suelo.

Toca hablar, ahora, de tu trayectoria. Empiezas en aquel Sevilla con el que consigues ascender a la Superliga. ¿Qué ha cambiado o en qué se parece aquella María Pry, con la que hoy entrena al Levante?

Se parece en los valores que tengo. Son los mismos valores que tenía y que tendré siempre. Eso es lo que me determina como persona. Antes que entrenadora soy persona. Intento disfrutar de cada momento y situación. Y, todo lo malo, usarlo como aprendizaje. Soy la misma María Pry y no cambiaré esté donde esté. Pero a nivel deportivo sí que he cambiado mucho. Sobre todo en cuanto a entrenar y relacionarme con las jugadoras. Tener diferentes vestuarios provoca que crezcas como entrenadora. Te ayuda a seguir creciendo. Por ejemplo, en mi etapa en el Sevilla o en el Betis, todas las jugadoras eran nacionales, casi todas de Sevilla o Andalucía y muy pocas extranjeras. Ahora, en el Levante, tengo futbolistas que son ídolos en sus diferentes países. Pues cómo tratar esas situaciones, esos egos, te lo da la experiencia. Con el paso del tiempo he aprendido a estabilizar todas las emociones que llegan durante la temporada. Los entrenadores pasamos de héroes a villanos y hay que relativizar eso.

Cambias el Sevilla por el Betis. ¡Vaya salto! ¿A qué se debía aquel cambio?

Bueno, cuando consigo el ascenso considero que tengo que salir del Sevilla. Creía que nuestros caminos se tenían que separar. Tomé la decisión de marcharme y, en principio, no iba a entrenar. Después de tres años me apetecía estar tranquila y centrarme en otras cosas. Pero un día, por Sevilla, me encontré con Pili Vargas. Me comentó que en el Betis buscaban una coordinadora y, que a su vez, fuese entrenadora. Tuve una reunión con Gordillo, varios directivos y el presidente de entonces. Yo les dije si sabían de dónde venía, por lo que implicaba un cambio así en Sevilla. Pero querían que firmase allí. Confiaban en el trabajo que había hecho y yo solo les pedí tiempo para quitarme la etiqueta de que venía del Sevilla. Y tiempo me dieron. Siete años de tiempo. Tenía clara mi forma de ver el fútbol y cómo iba a estructurar la sección femenina. Iban a estar contentos por su apuesta. Y creo que, a día de hoy y después de nueve años, yo estoy muy agradecida a todos ellos, pero sé que ellos también lo están conmigo.

Además que fuimos creciendo año tras año. ¡Y mejorando los resultados de las temporadas anteriores! Así fue durante siete años y eso no es fácil. Empezamos con dos equipos. En total unas 35 personas contando la plantilla del primer equipo y las 15 del cadete. Además de un grupo de cuatro entrenadores. Cuando me voy, hay cinco equipos, casi 120 jugadoras… Algunas jugando a nivel nacional. La gran mayoría en selecciones sevillanas y andaluzas. Éramos cuatro entrenadores cuando empezamos y treinta y pico cuando nos fuimos. Entonces, esa estructura que me dieron la oportunidad de crear fue muy positiva. Fueron siete años en los que estuve muy a gusto y donde siempre sentí que estaba en casa. Me dejaron trabajar y creyeron en mí. ¡Y no por ser mujer! Si no por ser una profesional y por mis cualidades. Y eso se lo agradezco. Me dejé la vida y el alma por dejar al Betis en la situación en la que lo dejé.

¿Y qué crees que le pasa al Betis ahora?

Pues no te lo puedo decir, ya que no estoy allí. Creo, además, que todas las personas que estamos dentro del mundo del fútbol, también aficionados y periodistas, caemos en juzgar demasiado rápido una situación que no conocemos porque no la estamos viviendo. Y eso ensucia este deporte. Para saber lo que pasa, tienes que estar allí y vivir el día a día. E igual que tampoco me gusta cuando alguien que no está dentro juzga al Levante. Creo que se juzga con demasiada facilidad y, como he dicho, eso ensucia mucho el fútbol. Opinamos sin saber el contexto ni saber cuál es la realidad. A veces se cae en el ‘me han dicho’, ‘me he enterado’… Nada. Para hablar de una realidad, debes conocerla. Es un error que se comete mucho en este deporte.

Siendo objetivos, tu carrera ha tenido más éxitos que derrotas. Con el Sevilla un ascenso, al Betis lo dejas arriba en la clasificación, y con el Levante estáis cerca de la Champions. ¿Cuál es tu techo?

Permíteme que no esté de acuerdo contigo, aquí. Creo que mi carrera está marcada por momentos muy duros. Además, siempre he sufrido más, que los momentos de alegría que he tenido. En el Sevilla, el año anterior al ascenso, yo tenía 24 años y estoy entrenando en la Superliga al Sevilla. En mi primer año en el primer equipo, desciendo al Sevilla. Imagínate. Mi primer año en primera división fue un descenso. Fue una situación jodida y se pasa mal. Te planteas si vales o no vales. Si me he precipitado por tomar aquella decisión tan joven… Y ahí, el Sevilla, sí que es verdad que analiza la situación, se pone en valor el trabajo y, la siguiente temporada se logra ese ascenso. Y entonces tomo yo la decisión de no seguir.

Con el Betis, cuando llego, tenemos que crear el equipo. Y la primera oportunidad de ser campeonas de liga y ascender, no ascendemos. Lo hace el Granadilla. Y, además, es que en su campo fueron muy superiores y nos gana la eliminatoria en el partido de casa. Al año siguiente, cuando empezamos a entrenar, y como no habíamos ascendido, yo le daba una corrección a una jugadora y se ponía a llorar. Pero a llorar, de llorar. Digo: ‘Para’. Cogí al equipo y les dije que o reseteábamos, nos tomábamos cinco días libres y veníamos todas nuevas o no íbamos a conseguir nunca ascender de categoría. Confiaba en ellas y superamos aquello todas juntas. Mejoramos los números y ascendimos. Entonces, ese año sí que fue una fiesta. Pero en lo que a mí se refiere, en la Supercopa del año pasado, ya con el Levante, nos elimina la Real Sociedad. Este año, el palo en la final contra el Atlético… Considero que a los entrenadores se nos está quitando mucho tiempo y, por ende, confianza en nosotros. Al final estamos supeditados a los tres puntos y a los puestos de la clasificación y trabajar con grupos humanos no es fácil. Requiere aprendizaje.

Entonces, ¿cómo valoras tú tu trayectoria?

Considero que he vivido momentos muy buenos, pero también momentos durísimos. Al final, como con la pregunta de la Supercopa. Hay dos caminos. O damos un paso adelante o no servimos para esto. Y, en esas situaciones, yo creo que sí he dado pasos adelante. ¿Cómo? Trabajando más y mejor y analizar lo que ocurre para minimizar los errores. Y siempre hay que aprender de esos errores.

En el fondo sí que creo que he vivido momentos muy buenos y me siento una privilegiada por llevar 12 años en esto. Pero no sé dónde está mi techo, como comentabas. Ni cuánto le queda a María Pry en este deporte. El futuro no lo sabemos ninguno, pero te digo que yo intento disfrutar cada día, esté dónde esté. No entendería mi vida sin fútbol, pero llegará un momento que igual mis objetivos personales son otros. Igual necesitaré un parón y recargar pilas. ¡O centrarme un tiempo en mi familia y mi gente! Creo que llegará un día, sin lugar a dudas, en el que también haré eso. Pero también puede pasar que llegue un momento en el que no quieran contar con María Pry porque busquen otro perfil de entrenadora. Igual dejo de encajar y tengo que dedicarme a otras cosas. Por suerte, siempre he tenido inquietud en formarme para estar lo mejor preparada por si llega alguna nueva oportunidad. Poder exprimirla al máximo. Y no te hablo de entrenadora, te hablo de docencia o gestión deportiva. En el ámbito empresarial también… ¡Ni siquiera yo sé qué va a pasar con María Pry!

 

“Los entrenadores tenemos fecha de caducidad. Las personas, no. Lo que somos en la vida, lo aplicamos también a este deporte”

 

En tu caso y según me comentas, el momento difícil precede, siempre, al momento de éxito. ¿Esa capacidad de resiliencia, de recibir un golpe duro y tener la capacidad de superarlo y encima dar un paso adelante, es innata o adquirida en este deporte?

Es innata. Y te lo digo con conocimiento de causa, porque al hablar con mi madre de mi infancia, ella siempre me dice que desde pequeña era súper cabezona y lo que me proponía lo tenía que conseguir. Practicar natación durante tantos años también me ayudó a trabajar conmigo misma y tener capacidad de superación. Igual me pegaba un año entrenando y por unas décimas de segundo no iba al campeonato de España. Entonces entendí, realmente, la importancia de dar lo mejor de mí cada día y en cada momento. Eso sí que es algo que intento hacer día a día. Disfrutar y vivir el ahora y el momento. Como me decía un buen amigo mío: ‘María, lo importante es el día D en la hora H’. Y, para eso, es para lo que tenemos que estar preparados. Por eso, cuando viene un momento duro de vivir, mi cabezonería y mi capacidad de superación es lo que permite que se vea una versión modificada de María Pry con respecto a esos momentos malos que viví anteriormente.

Por último ya. Reivindicas, también, el papel de la mujer en el fútbol femenino. El año pasado eras la única entrenadora. Este año, sin embargo, se une Natàlia Arroyo en la Real Sociedad, Iraia Iturregi en el Athletic Club y Jenni Benítez en el Sporting de Huelva. ¿Cómo lo valoras tú este dato?

Yo lo valoro de forma positiva. ¿Por qué? Porque creo que las entrenadoras estamos aquí para quedarnos. ¡Y el fútbol femenino también ha llegado para quedarse! Lo que estamos demostrando es que estamos capacitadas y preparadas. Que cuando se nos da una oportunidad, la aprovechamos. Natàlia, desde el principio, está haciendo un muy buen trabajo con la Real Sociedad. Creo que ha sabido adaptarse, también, a lo que la Real le pedía. Jenni ha asumido el rol de primera entrenadora y creo que vemos un Sporting de Huelva que, con el paso de las jornadas es cada vez más compacto y con las ideas claras. Además, que es súper complicado ponerle la cara colorada por el buen trabajo que están haciendo. Iraia, que el año pasado estaba en el filial, ha dado el salto. Y vemos que las jugadoras van entendiendo mejor lo que Iraia les pide y propone. No nos contratan porque seamos mujeres. Nos contratan porque confían en el trabajo que podemos hacer. Además, es que cuando se nos da la oportunidad, respondemos con creces a través de nuestro trabajo.

También sé que lo que estamos consiguiendo es porque antes hubo muchas otras entrenadoras. Y eso no hay que olvidarlo. Yo recuerdo a mi primera entrenadora, que fue Pili Vargas, en la selección sevillana. ¡Yo tan solo tenía diecisiete años! Por eso, no me cansaré de darle las gracias a Pili Vargas, por todo lo que a mí me enseñó. Ella fue, para mí, un referente. Lo que vengo a decir es que es importante que no se elija a una entrenadora o un entrenador por su género, si no por las cualidades que tenga cada uno para cubrir un puesto específico. Cuando consigamos llegar a eso, será uno de los momentos más gratificantes. En ese momento habremos roto otra barrera más.

En tu página web se puede leer que tu madre y tu abuela fueron tus grandes referentes. ¿De quién quiere ser referente María Pry?

Pues de todos aquellos entrenadores que se estén formando y a los que María Pry haya aportado su granito de arena, bien como entrenadora o bien como persona. Es decir, está claro que cada entrenador es diferente. Ni mejor ni peor. Con sus valores, experiencia y aprendizaje. A mí me gustaría llegar a esas personas que, en los momentos más delicados, puedan ver en María Pry un ejemplo de resiliencia. De superación. De crecerse ante una adversidad a través de creer en uno mismo. Esa sería la clave. Hay una cosa importante que siempre destaco. Los entrenadores tenemos fecha de caducidad. Las personas, no. María Pry, como persona, no tiene fecha de caducidad. Antes que entrenadoras o jugadoras, somos personas. Y no entiendo el fútbol de otra manera. Lo que somos en la vida, lo aplicamos también a este deporte.

Pues vamos a acabar hablando de personas. ¿Cómo logra María Pry, como persona, la satisfacción personal en todo lo que hace?

Pues disfrutando. Disfrutando del día a día. Haciendo que mi entorno esté feliz. Provocando esas situaciones. Me gusta que mis personas más cercanas estén felices y puedan disfrutar de la vida. Esa es una de las cosas en las que me esmero mucho. A nivel personal, para mí es lo que marca la diferencia. Soy muy fiel a mi familia y a mis amigos. Y, sobre todo, a mí misma. Para estar bien conmigo misma y con lo que hago, creo que debo generar esa satisfacción también en mi entorno. ¡Y claro! ¡En muchos momentos no depende de mí! Pero me gusta crear ese ambiente de poder disfrutar de todo lo que tenemos. De disfrutar de mi familia cuando estamos comiendo o charlando. De mis amigos cuando estamos con un café, paseando o cenando. En esas situaciones, para mí es importante que todo mi entorno familiar y personal, estén felices.

 


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Fotografías cedidas por el Levante U.D.