Hay situaciones críticas a las que el ser humano debe saber sobreponerse. Una de ellas la estamos viviendo estos días. Qué calor. Los termómetros superan de largo los 30 grados. Los ventiladores ayudan, pero no lo suficiente. Los cambios de temperatura se tornan en constipados de caballo. Salir a la calle puede considerarse deporte de alto riesgo prácticamente. Cómo superarlo, difícil de resolver. Tan difícil como saber que todavía estamos en junio y lo que nos queda. Si llega otra ola de estas en julio, tierra trágame. Por si esto no fuera suficiente, que para muchos lo será, hay que sumarle otra cosa: lo del fútbol. Lo de vivir sin fútbol, más bien. Sin el fútbol de tu equipo, quiero decir. Sin tu equipo, directamente. El calendario marca junio, no ha empezado ni el verano -bueno, en teoría-, y nos queda hasta agosto sin poder disfrutar de los once cabrones de siempre cada domingo. Es hasta casi peor que lo del calor. Aquí cada uno se apaña como puede para sobrellevarlo. Y hay tres tipos diferentes de aficionados: mentirosos, parlanchines y no aficionados.

Nunca hay que creerse a aquellos que dicen que quieren desconectar del club, volver en agosto a la rueda. Mienten. Y servidor entre ellos. Son los que dicen que esta noche han dormido bien, que no necesitan ventilador ni aire condicionado. Al mediodía han ido directos a la ferretería de la esquina a preguntar precios. Al volver a casa, han repasado todo Twitter. ¿Se sabe algo de este delantero que nos interesa? A ver si empezamos a vender a alguien para hacer caja. ¿Lo del CVC cómo lo llevamos? Y así todo el día. Eso sí, siempre en silencio, que han dicho que iban a desconectar. Porque quieren, pero no pueden. Necesitan a su equipo como el comer, como un árbol con sombra, es lo que les da vida, aunque a veces parezca que quiera quitársela.

 

Quedan ocho semanas para que los clubes vuelvan a nuestras vidas. Se hará largo, interminable, como las noches a 30 grados. Que os sea leve la espera y este calor infernal

 

Luego están los que no callan. Se informan como los primeros, como los mentirosos, o más, pero a diferencia de estos, lo gritan a los cuatro vientos. Se lo aprenden todo. Que si este diario habla de este fichaje. Que si el presidente del otro equipo ha dicho que no se vende. Que si el nuevo entrenador apostará por un 3-5-2 o por un 3-4-3. Que el recién llegado está falto de forma. Así sin parar. Cada día. Cada quedada con ellos. Un suplicio. Y estos son los que te cuentan que su nuevo ventilador es increíble, con mando a distancia, temporizador y lo más refrescante que pueda haber. Solo 80 euros. Una ganga, vamos.

Por último, los que ni sienten ni padecen. Aquellos a los que el fútbol les sirve para echarse siestas, para ver a los amigos y ya, si eso, vemos de reojo el partido. Nunca los verás en verano consultando el Marca o el As. Tampoco preguntando si ha salido el calendario liguero de la 22-23 para cuadrar fechas y que no coincidan con el derbi de la ciudad. Si lo hacen, será por compromiso. Otros mentirosos, vaya. Como los primeros, pero por pura fachada, no porque necesiten un descanso del equipo. Estos vivirán tranquilos con su ventilador, con su aire condicionado o con lo que tengan a mano. No les importará el calor veraniego ni el frío que se pasa un domingo de junio contando las semanas para que vuelva la liga. Ojito con estos, no son de fiar en cuanto al fútbol se refiere.

Quedan ocho semanas para que los clubes vuelvan a nuestras vidas. Dos meses para que el balón eche a rodar de nuevo. Se hará largo, interminable, como las noches a 30 grados. Que os sea leve la espera y este calor infernal.

 


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Fotografía de Getty Images.