¿Y si ya no hubiera innovación posible en el juego? ¿Y si el estudio al detalle del rival y de todos los datos que deja el futbolista sobre el césped paralizaran cualquier posibilidad de volvernos a sorprender? ¿Y si la irrupción del Big Data y el advenimiento de las tecnologías más novedosas nos enseñaran, paradojas de la vida, que ya está todo inventado? Si así fuera, estaríamos asistiendo, desde ya, y sin saberlo, a la muerte de un deporte que, si había sobrevivido desde el siglo XIX era gracias a su gusto por dejarse maravillar, siempre al compás de una sociedad que, entre tragedia y tragedia, se empeñaba en creer en todo lo bueno que podía ofrecer un mundo de luces, convencida de que la conjunción entre arte y técnica iba a ser la fórmula que nos abriría, al fin, las puertas de la eternidad, también en lo que al balón respecta.

Por eso, señalar que hoy, en el fútbol, ya está todo inventado, es decir mucho más. Es levantar la vista hacia nuestro futuro común y bostezar por no llorar. Es reconocer que ya no hay espacio para que los valientes, los osados, los locos maravillosos y los héroes insospechados abran caminos allí donde solo hay maleza y niebla. ¿Y si ya no pudiera existir un portero capaz de tirar una falta directa, un futbolista negro que reclame el lugar que le niegan los blancos, un grupo de mujeres que ambicionen llenar un estadio o un entrenador que se aventure a pensar en el juego como algo total?

¿Y si ya no viéramos luces, ni arte ni técnica? ¿Y si evolución y felicidad, de repente, se dieran la espalda?

Entonces, sería cierto: estaría ya todo inventado. Pero aún estamos a tiempo de elegir. ¿Aceptas la derrota del pionero o te empeñas en creer en los que nadan a contracorriente? Tú eliges. Si optas por conformarte, nadie te exigirá explicaciones, pero sí que te pedirán que te apartes. Puedes mirar. Quizá veas cómo Ansu Fati le regatea a tu conformismo, cómo João Félix le marca a tu tedio y cómo la generación de Greta Thunberg te manda al infierno. Quizá veas que solo hay futuro cuando alguien se arriesga a imaginarlo.


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