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Fotografía de portada: Lizzy Ashcroft y Lily Parr, en un partido en Bolton en 1931.


 

No hay fama para todo el que la merece. De hecho, esta es bastante arbitraria y se regodea a menudo en sus inverosímiles decisiones sobre a quién acaricia. Hay personas que, sin embargo, se quedan cerca de ella. Sus nombres no suelen aparecer en primera página y su posición deriva a la de un simple anexo. Un pie de foto. En el mejor de los casos, un recuerdo. Y, en esto del fútbol femenino, todavía hay más recuerdos que primeras páginas. En este caso, la gran personalidad que copa portadas tiene nombre propio: Lilian Parr. Lily.

La zurda imparable. Tocada por una varita. Todo corazón. Parr logró lo que pocos podían soñar. Ídolo del balompié hace un centenar de años. Y no es para menos. En su primera temporada anotó 43 goles. Jugó la friolera de 30 años y detuvo el contador en 986 tantos. El Dick Kerr Ladies fue el club en el que Parr repitió, poco menos de mil veces, su espectáculo. “Todos hablan del Dick Kerr Ladies, pero no puedes jugar por tu cuenta… Necesitas un rival decente, ¿no?”, sugiere Steve Bolton, historiador de fútbol femenino y nieto de la protagonista de esta historia, en Playing Pasts. Bolton encontró en casa de su abuela un tesoro en forma de imágenes que, a su vez, permitieron recomponer un pedazo de historia. Esta empieza en Saint Helens, en el condado de Merseyside, que no solo vio nacer a Lily Parr. Tres meses antes -el 8 de enero de 1905- llegaba al mundo Elisabeth Ann Ashcroft. O, como acabó siendo conocida, Lizzy Ashcroft. Rival, compañera y amiga de una de las mejores futbolistas de todos los tiempos.

Recién se había llegado a los felices años 20 cuando el Dick Kerr Ladies se erigió como el mejor equipo de Inglaterra. Nadie lo pone en duda, pero tampoco nadie se acuerda del equipo que les plantó cara. El eterno segundo. El Saint Helens fue la pieza que da sentido a la historia. Que da credibilidad y engrandece la figura de sus rivales. Y es que nadie puede ser el mejor si no tiene contra quien demostrarlo. La grandeza de Lily Parr no se entendería sin sus enfrentamientos ante el Saint Helens. A la postre, su ex equipo. Y es que la mítica futbolista inglesa comenzó su andadura en la ciudad que da nombre al conjunto y un año más tarde se marcharía al Dick Kerr Ladies.

Lizzy Ashcroft creció en aquellas calles y rápidamente entabló una buena amistad con Lily Parr, fruto de la cercanía. Crecieron rodeadas de deportes. No solo del balompié; también de cricket o rugby. Embarradas en los húmedos céspedes ingleses, forjaron una relación que no se rompería. Y es que, cuando Parr se marchó al Dick Kerr Ladies, Ashcroft se unió a las filas del Saint Helens. Una enfrente de la otra. Batallas sobre el verde. Parr forjaba su leyenda en cada desborde sobre Ashcroft. Mientras Lily escribía su propia página en la historia inglesa, Ashcroft se subía las medias e intentaba detenerla de nuevo. “Lizzy era dura como las botas viejas”, revela Bolton sobre esos enfrentamientos.

La rivalidad entre el Dick Kerr Ladies y el Saint Helens fue cobrando protagonismo en el condado. El apogeo del fútbol femenino era latente y cada vez más mujeres salían a practicarlo. La Primera Guerra Mundial fue, básicamente, la responsable. Con la mayoría de hombres en el frente, las mujeres ocuparon sus puestos en las fábricas y, por consiguiente, se hicieron con el esférico. Así lograron la atención de una sociedad que necesitaba huir del conflicto bélico y cuya liga de fútbol masculina había sido suspendida en 1915. Preferían, sin duda, los encontronazos sobre el verde y, en los partidos que disputaban tanto el Saint Helens como el Dick Kerr Ladies, se dice que unos 10.000 aficionados se acercaban a las gradas a saciar su sed de fútbol. De hecho, en el Boxing Day de 1920, un encuentro entre ambos equipos albergó a 53.000 aficionados postrados en las gradas de Goodison Park.

 

“Fue la mejor defensa, al nivel de Alice Kell”, escribió sobre ella Gail Newsham en su obra In A League of Their Own

 

Sorprende -o igual no tanto- que un año más tarde la FA prohibiese el fútbol femenino cuando estaba en su máxima expresión. Era 1921 y Ashcroft vivió la noticia cuando apenas arrancaba su carrera en las filas del Saint Helens. A pesar de la nueva ley, el Dick Kerr Ladies optó, allá por 1922, por llevarse al Saint Helens de gira por los EEUU. Allí jugaron varios partidos en los que Parr volvió a superar a Ashcroft. El Saint Helens no ganó ni un encuentro, pero ambos conjuntos regresaron a Inglaterra satisfechos. Desde su debut, a Lizzy se le contabilizaron cerca de una treintena de encuentros con la casaca de su equipo.

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Pero en 1923 se aplicó la prohibición y se redujo considerablemente el número de conjuntos femeninos. Nadie sabe si la expansión que vivió el fútbol femenino en aquel momento se hubiese mantenido. Tampoco si los clubes hubiesen sido viables, pero la realidad es que la FA cortó de raíz cualquier esperanza. Prohibieron todos aquellos equipos que jugaran o usaran instalaciones destinadas al deporte masculinos y segaron la que había sido vía de escape para una sociedad mermada por la guerra. Muchas futbolistas dejaron el deporte. Sin embargo, Ashcroft encontró acomodo cerca de su amiga Parr. Fichó -por decirlo de alguna manera- por el Dick Kerr Ladies y se hizo fuerte en defensa. “Fue la mejor defensa, al nivel de Alice Kell (capitana y defensa del equipo desde su fundación), escribió Gail Newsham en su obra In A League of Their Own.

Con Lily Parr en el frente de ataque y Lizzy Ashcroft cubriendo la retaguardia, el Dick Kerr Ladies -que más tarde adoptaría el nombre de Preston Ladies- se erigió como campeón británico y campeón mundial, puesto que se impusieron como ganadoras en una gira por Inglaterra, Escocia o Francia, entre otros. “Parr y Ashcroft medían lo mismo. Eran mujeres muy corpulentas. Por eso, además de fútbol, practicaron deportes como el críquet o el rugby”, afirma Bolton. Ambas, junto a personalidades como Carmen Pomies, vertebrarían la columna de un equipo prácticamente imparable. De hecho, era tal la influencia del equipo inglés, que lograron convencer a Pomies, pionera del fútbol femenino en Francia, para que se quedase en Preston a trabajar y jugasen juntas en el mismo equipo.

La historia de Lizzy llegaría hasta 1935. Cuatro años antes de que la Segunda Guerra Mundial endureciese la prohibición del fútbol femenino. Se retiró a raíz de una lesión facial provocada en un partido de críquet, tal y como figura en los archivos. “Al poco de retirarse, se casó. No creo que una lesión en la cara fuese lo mejor para lucir el día de la boda”, escribe el nieto de Lizzy Ashcroft. Sin ella, el Dick Kerr Ladies continuó muchos años más. Ni siquiera Lily Parr vivió la desaparición de este histórico club inglés. Hasta el 1965 jugaron 828 encuentros, llevándose la victoria en 758, igualando las tablas en 46 e hincando la rodilla en 24.

A nivel individual, solo el nombre de Lily Parr pasó a la historia. Le sobraron tantos méritos para escribirlo como goles anotó. Pero nada de lo que logró hubiese tenido sentido o validez si no se hubiese enfrentado o jugado junto a también pioneras -y amigas- como Lizzy Ashcroft. Futbolistas tan importantes para la historia como olvidadas por la misma. Tan necesarias para que Parr grabase su nombre en el salón de la fama, como olvidadas. En el mejor de los casos, un recuerdo. Quizás, un anexo en un archivo histórico. O, como en las imágenes impresas en blanco y negro de ambas futbolistas que encontró Steve Bolton en casa de su abuela, un pie de foto.

 


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Fotografía del archivo de Steve Bolton.