Miradas

Las botas, siempre blancas

El ron, con cola; la ginebra, con tónica; el jamón, con tomate; la tortilla, con cebolla; y el jugador especial, con botas blancas. “La combi completa”, como decían Daddy Yankee y Nicky Jam en una de sus canciones. Hay cosas que solo funcionan bien cuando las combinas. Djalminha parecía reservar todo su repertorio de malabarismos para los partidos del domingo a las 21:00 en Canal+. No le interesaban los duelos a media tarde. Vaya a ser que a algunos les pillara echando la siesta y se perdieran su particular show.

Como el que dio Rivaldo en el Mundial de Corea y Japón de 2002, el último en el que los brasileños fueron capaces de levantar el título. Las Mizuno blancas que calzaba el flamante fichaje del Milan, fueron las primeras botas de fútbol que quedaron grabadas a fuego en mi mente. Inmaculadas, impolutas, brillantes como su pierna izquierda. La plasticidad con la que danzaba el ’10’ de la ‘Canarinha’ despertó en mí una teoría extravagante: los jugadores buenos parecen todavía más buenos si llevan botas blancas. Hasta el mítico Alfonso Pérez podría ser el mejor Romário cuando sus Joma se tiñeron de blanco. 

 

El ron, con cola; la ginebra, con tónica; el jamón, con tomate; la tortilla, con cebolla; y el jugador especial, con botas blancas

 

Toni Kroos está dentro de un selecto grupo de enfermos en el que probablemente solo estemos él y yo: “Sé que muchos pensarán que estoy loco, pero para mí es importante mirar abajo y ver unas botas blancas. No sé si tengo algún problema psicológico, pero necesito jugar con botas blancas. Si no es así, no me siento cómodo”, confesó el alemán, que tuvo una discusión con Adidas el día de su presentación con el Madrid porque solo había disponibles botas azules. Desde que el inglés Alan Ball, a principios de los 70, cambió el color oscuro y uniforme de los calzados de la época por un modelo blanco de la marca Hummel, siempre ha habido alguien enganchado a este fenómeno con tintes supersticiosos.

Tengo que reconocer que me creía mejor de lo que realmente era cuando llevaba botas blancas. Como si el albero pudiera despegar un ápice de ese aroma de postureo malentendido, los controles se me iban y los pases no llegaban a su destino. Estaba más pendiente de mis pies que de la pelota. Debía mantenerlas flamantes, como Rivaldo en Corea y Japón. Lo siento, unas botas blancas no sabe/puede llevarlas todo el mundo.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Puedes conseguir el último número en nuestra tienda online.

Advertisement
PUBLICIDAD
Emilio Valenzuela

Entradas recientes

Fenómeno Ronaldo

Se cumplen 30 años de la temporada en la que Ronaldo arrasó Barcelona. Etapa corta…

17 horas hace

Las raíces de una pasión

Nunca estás solo si sientes unos colores. Lo aprendemos hablando con Jorge, un bético que…

18 horas hace

Cómo Internet está cambiando la forma en que los aficionados viven y recuerdan el fútbol

Durante mucho tiempo, la relación entre un aficionado y el fútbol tenía un ritmo bastante…

2 días hace

El ritual de juntarse en casa a ver el partido

No, los partidos no empiezan cuando el árbitro pita el inicio del juego. Preparar algo…

2 días hace

Batistuta: “No era mi intención dedicarme al fútbol”

Charlamos en Florencia con ‘Batigol’, capitán de la Fiore noventera. El argentino es una de…

2 días hace

Ponerse la camiseta como Gallego

A los 40 años, Enric Gallego ha descorchado un nuevo curso en Segunda con cifras…

3 días hace