Miradas

Y la Fiore nos robó el corazón

Este es el editorial con el que arranca el nuevo #Panenka161, dedicado al centenario de la Fiorentina

 

El club nos parecía el producto de un fútbol diseñado a escala humana. La viveza de ese púrpura, que a tantos debió sorprender cuando llegó la explosión del color y la imagen. El lirio en el corazón y la compañía de videojuegos en el pecho; los güelfos y los gibelinos en el país de Super Mario, el mismo deseo de conquista, las princesas que salvar, los castillos que tomar. Y aquel delantero argentino, melena al viento, que vacía cargadores a la velocidad de Rambo, que crea pavor en las defensas y llena de gloria la antesala del balompié moderno, para disfrute de tu yo adolescente. Inevitable, imparable, incontestable Batistuta, puntual, rápido y mortal en los resúmenes del calcio. ¿Quién podía prever que, acabada la partida en Florencia y Roma, a Gabriel Omar le esperaba el purgatorio y el infierno del dolor crónico, ese mal ahogado, olvidado, que en ocasiones acompaña al monstruo final de la retirada?

La biografía de ‘Batigol’ es una muestra de los límites de lo humano, tan diluidos hoy. Vivir 100 años, qué fortuna, qué alegría. Sin embargo, la Fiorentina le tuvo que dar a los florentinos otro renacimiento, menos artístico, menos recordado, pero necesario si quería reponerse de los errores y prepararse para volverlos a cometer.

 

Tan mal no le habrá ido a la ‘viola’ si ha logrado embelesar, de derrota en derrota, a las gentes de una ciudad en la que lo bello acecha en cualquier esquina
Hoy celebramos la vida de un conjunto hijo de un tiempo y un lugar. Fundado entre la miseria moral del fascismo, pero inspiración, durante décadas, para los locos que afirman que el éxito no tiene nada que ver con el triunfo. Tan mal no le habrá ido a la ‘viola’ si ha logrado embelesar, de derrota en derrota, a las gentes de una ciudad en la que lo bello acecha en cualquier esquina, atracadora de almas, para seducir al visitante y recordarle de lo que es capaz este cuerpo imperfecto, esta mente traidora, este pulso inexacto, esta mirada borrosa y esta memoria mentirosa llamada humanidad. La que tropieza con las piedras con las que luego levanta una Santa Croce.Un club tan especial, como una basílica, no lo construye una inteligencia perfecta. Porque la máquina podrá superar esa belleza un millón de veces. ¿Pero igualarla? Eso es imposible.

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Redacción

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