Esto es un extracto de una entrevista que puedes leer completa en el nuevo #Panenka161
Gabriel Omar Batistuta tuvo que afrontar muchas dificultades en sus inicios para convencer de sus cualidades a entrenadores y dirigentes. Aunque no tenía una técnica exquisita en comparación con otros arietes de su época, sabía manejar tanto los desmarques como el juego aéreo. Y, sobre todo, cada vez que su explosiva pierna derecha cargaba un remate, rivales y compañeros de equipo aguantaban la respiración. Llegó a la Fiorentina en el verano de 1991 y se quedó nueve años en Florencia, donde nacieron tres de sus cuatro hijos. ‘Batigol’ hubiera podido fichar por clubes más competitivos y pudientes. Pero no, él prefirió la tranquilidad de Florencia y el reto de ganar con la camiseta violeta.
¿Qué significa volver a Florencia?
Vuelvo aquí muchas veces, así que para mí es como estar en casa. Estuve 13 años aquí, en Italia, pero tres de mis cuatro hijos nacieron en Florencia, y todavía conservo muchos amigos. No vengo a un sitio nuevo, sino a un lugar que ya conozco bien. Siempre es una buena sensación.
Cuando eras niño, practicabas baloncesto y voleibol. El fútbol no era tu prioridad. ¿Cómo te convertiste finalmente en futbolista?
Porque se ve que jugaba mejor al fútbol que al basket [ríe]. Practiqué muchos deportes, por suerte. Me gustaban el baloncesto y el vóley por encima del resto, pero jugué al tenis, al ping-pong… Se ve que tenía más cualidades para el fútbol. Aunque no era mi intención.
“Me querían fichar, pero yo prefería quedarme en la Fiorentina. Mi deseo era ganar aquí”
¿Quién fue la primera figura clave que creyó en ti?
Una persona que se llamaba Jorge Griffa , el que me llevó de Reconquista a Newell’s Old Boys. Y después, Marcelo Bielsa. De hecho, trabajaban juntos.
¿Qué importancia tuvo Marcelo Bielsa para tu crecimiento como futbolista?
Bueno, a mí me lo enseñó todo. No todo futbolísticamente, pero sí en lo relativo a la disciplina, el entrenamiento, lo que está fuera del deporte. En esa época me llamaban, entre varios apodos, ‘gordo’: no existía el concepto bullying, así que te decían cómo eras. Pero sí, resultó ser muy importante para mí, incluso con asuntos como la alimentación y la vida fuera del entrenamiento. Le tengo mucho cariño.
Supongo que sientes que en esa última Copa del Mundo las cosas no le salieron bien con Uruguay…
Siempre me molesta cuando veo que uno trabaja y deja todo lo que tiene para que las cosas salgan bien, y después no resulta. Pero, bueno, estamos en el fútbol y el resultado es lo que manda.
En 1989, participaste en el Torneo de Viareggio cedido en el Deportivo Italiano: ¿pensabas que Italia iba a ser tu destino?
No, no. Quería jugar, y todavía no tenía idea de cómo dedicarme al fútbol como profesional. Todavía estaba en una etapa en la que pensaba en estudiar y en otras cosas. Sabía que era un torneo muy prestigioso y por eso vine, porque era algo especial. Pero si me hubiesen propuesto venir de visita, a pasear por Italia , tal vez no habría venido.
“Nunca le he dado mucha importancia a los técnicos. En el área, era yo quien decidía”
Durante el torneo, Maradona vino a visitar a su sobrino en el hotel donde se alojaba tu equipo, y encima te sacaste una foto con él. ¿Qué recuerdas de ese día?
Ah, claro, con Diego… Es famosa, esa foto. Fue tremendo, porque Diego era ya Diego. La verdad es que no pensábamos que iba a venir hasta el hotel; nunca imaginamos que Maradona pudiera ir al mismo sitio [en el que estábamos nosotros]. Sin embargo, acudió a saludarnos. De niño tenía un póster suyo de la revista El Gráfico, que me había regalado mi amigo Pitti Lorenzini. Fue algo increíble. Para todos los que estábamos allí, era un sueño. Es como si cualquier chico de ahora ve llegar a Messi.
Además, con tus compañeros fuiste a visitar al papa Juan Pablo II y, sobre todo, a ver un partido de la Serie A entre la Fiorentina y la Roma. Es decir, los dos equipos más importantes de tu trayectoria en Italia…
Sí, siempre pienso en eso, porque cuando llegué a Roma me saqué una foto como festejando [un gol] con el nombre de la ciudad detrás. Y después vine aquí, vi un Fiorentina-Roma. Y luego mi vida pasó por Florencia y Roma. Increíble cómo a veces se conectan las cosas…
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