Se acabó el Mundial. Francia permanecerá en el recuerdo de todos como el campeonato femenino más mediático de todos los tiempos y las miradas ya se enfocan en el próximo torneo global de selecciones. A día de hoy, los diferentes países ya se concentran en diferentes despachos y estudian la viabilidad para acoger la próxima Copa del Mundo.

Entre todas esas candidaturas, sorprende especialmente una llegada desde el continente asiático. Corea del Sur presentó oficialmente su candidatura y manifestó su voluntad e intención de prepararla conjuntamente con sus vecinos del norte. Algo que podría parecer lógico si tenemos en cuenta casos como el del Mundial de Corea del Sur y Japón de 2002 en fútbol masculino. Sin embargo, a nadie se le escapan las difíciles y tensas relaciones que hay entre el país gobernado por Kim Jong-un y el de Moon Jae-in.

El conflicto entre ambos países se remonta, como otros tantos, al final de la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces, la península de Corea no dejaba de ser una colonia de Japón pero tras la rendición de estos últimos con los trágicos bombardeos nucleares, Corea se independizó y quedó dividida en dos. El sur adoptó la política capitalista predominante en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, el norte quedó bajo la influencia comunista de países como China y la Unión Soviética.

El conflicto derivó, inevitablemente, en una guerra entre ambos estados. Desde 1950 y hasta 1953, el belicismo latente causó la muerte de 3 millones de civiles y poco menos del 15% de la población de Corea del Norte. Aquel conflicto, que a la postre fue uno de los primeros capítulos de la Guerra Fría, se detuvo con un pacto de “alto al fuego”, pero nunca se llegó a firmar la paz. Por ello, durante los años posteriores, las amenazas a través de pruebas nucleares se fueron sucediendo causando muertes en ambos bandos. “La frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur está totalmente militarizada. Es algo espectacular”, asegura Ricardo “Richi” Dávila, ex seleccionador del combinado masculino y femenino de baloncesto de Corea del Norte, a Panenka.

En 2013, con la llegada de Kim Jong-un a la presidencia de la república coreana, las relaciones se recrudecieron y obligaron la intervención de la ONU, que debía servir como mediadores, y los Estados Unidos, que nunca mejor dicho, se apuntan a un bombardeo. Durante estos últimos años, las tensiones se han mantenido vigentes y las provocaciones han sido constantes. No obstantes, todo sea dicho, se han dado pasos importantes a nivel político, véase sino, la reunión entre Kim y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Pero una vez más, fue el deporte la mejor medicación para relajar la tensión entre ambas Coreas. En 2018, los países unificaron sus equipos de hockey sobre hielo para disputar, conjuntamente, los Juegos Olímpicos de Pyeonchang. Este mismo año, repitieron la fórmula para disputar el Mundial de Balonmano. “La caída del Muro (de Berlín) significó el camino hacia la paz. Queremos demostrar, como equipo unificado, que los coreanos podemos seguir la misma vía”, aseguró Cho Young-shin, el seleccionador de origen surcoreano en declaraciones recogidas por Valonmano. De hecho, en la disciplina femenina también unieron sus combinados aunque los resultados deportivos no estuvieron a la altura de estos acontecimientos históricos.

Con el Mundial de Francia acabado y la selección de Estados Unidos celebrando el título, se abre la posibilidad de que ambas Coreas den un paso más en sus relaciones y presenten una candidatura conjunta para acoger a las futuras 24 selecciones clasificadas. No obstante, esta decisión, en caso de producirse, no es baladí.

“Corea del Norte no se presentaría si no supiese que tiene claras opciones de ganar. Ellos compiten para eso. Si creen que no tienen posibilidades, directamente no participan”, comenta Richi Dávila. Además, el técnico de baloncesto rememora el momento cumbre a nivel futbolístico de Corea del Norte. “Cuando la selección femenina sub-20 ganó el Mundial de fútbol fue como una victoria de Corea del Norte sobre el mundo”, asegura el técnico.

Y, en la misma línea, el ex seleccionador alabó el trabajo deportivo que se lleva a cabo en el país. “El nivel del deporte  femenino es muy bueno en Corea del Norte. Se lo facilitan todo. Yo jamás he visto instalaciones deportivas como las que tienen allí. Por ejemplo, allí tienen la avenida del deporte. Es una gran avenida con pabellones para cada una de las disciplinas que se practican. Los deportistas viven allí. Entrenan mañana y tarde”, desvela el ex seleccionador.

Pero uno de los problemas del país nórdico es la dificultad de enfrentarse a otros países, en algunos casos por la inaccesibilidad latente y, en otros, por la negativa de los países invitados. “A Corea del Norte le conviene establecer una relación de conveniencia con Corea del Sur. Por lo menos en el deporte”, explica Dávila. “Al ser un país tan hermético, necesitan de la relación con otros países para seguir creciendo en el plano deportivo”, añade.

 

“Para Corea del Norte, el deporte es una manera de reivindicarse y abrirse al mundo”

 

Por ello, y dejando de lados los fantasmas que amenazan con el recrudecimiento del conflicto bélico, dirigentes de ambos países consideraron la importancia de algo tan universal como el deporte para establecer un periodo de paz que pueda permitir descansar a los civiles de ambos lados de la frontera. Por otro lado, también resulta ser una posibilidad para que el resto del globo observe esa mejora de las relaciones. En el caso de Corea del Norte, más allá de los resultados deportivos, no tienen en cuenta el género de los deportistas. “No distinguen por género y cada disciplina recibe la misma inversión económica. El deporte masculino y femenino están al mismo nivel”, reconoce Dávila.

En Corea del Sur, la situación no es muy diferente a la de su vecina. Por lo menos en cuánto dedicación al deporte femenino se refiere. De hecho, a las Tigresas de Asia – como son popularmente conocidas – se las ha podido ver en una infructuosa caza por Francia durante este verano. No eran favoritas, ni mucho menos, pero dejaron buenos ratos de balompié. En cuanto a Mundiales se refiere, su mejor posición fue caer en los octavos de final en el último Mundial que se disputó en Canadá, allá por el 2015.  Por lo que respecta a la Copa Asiática Femenina de la AFC, los números mejoran. Tres cuartos puestos y una tercera plaza resumen su mejor bagaje.

Pero, en este caso, los resultados deportivos son lo de menos. Ambos países carentes de paz están encontrando en el deporte la vía de escape a sus conflictos bélicos. Es poco probable que, a nivel futbolístico, unifiquen ambas selecciones pero esta candidatura es un importante paso para que Corea del Norte abra sus fronteras al resto del mundo. “Para ellos, el deporte es una manera de reivindicarse y abrirse al mundo”, asegura Richi.  

En octubre se resolverá el misterio. Más allá de la mencionada candidatura, a la sede de la FIFA llegaron, desde Sudamérica, las de Argentina, Bolivia y Brasil y Colombia. Por otro lado, desde Asia, también recibieron la candidatura de Japón. De Oceanía se presentaron Australia y Nueva Zelanda. Por último, desde África, Sudáfrica sacó pecho tras organizar el Mundial de 2010.

Todos estos países están trabajando ya en conseguir llevarse el gato al agua. Serán meses de trabajo, reuniones y todo tipo de curro pesado que se debe hacer previamente para que todo acabe siendo un éxito. En las Coreas, emisarios de los diferentes estados ya se están reuniendo para definir el camino del éxito. Un hito histórico. Una unión imposible hace unos pocos años. Acabó el Mundial de Francia. Arranca la ‘Operación Corea’.