Considerado desde tiempos ancestrales el evento número uno que el ser humano no puede perderse antes de morir, el Superclásico argentino se prepara para la madre de todas sus batallas, la final de la Copa Libertadores. La ya llamada Final de Todos los Tiempos, paralizará el planeta como jamás se hizo hasta ahora. El sueño eterno, la victoria. La pesadilla eterna, la derrota. Ya nada será igual.


Uno piensa en rivalidades del mundo del fútbol y, rápidamente, casi de manera instintiva, aparece en nuestras mentes un RealMadrid-Barcelona por todas las cuestiones sociopolíticas arrastradas al terreno de juego. Uno piensa en un Celtic-Rangers por toda la tradición religiosa, católicos contra protestantes, que durante más de un siglo se traslada al terreno de juego. Incluso piensa en un Manchester United-Liverpool como la más fuerte de las confrontaciones allí donde se inventó este deporte. Y, sin embargo, por encima de todas ellas, muy por encima, en lo alto, a años luz del resto, está el River-Boca o Boca-River, el Superclásico argentino.

El periódico The Observer dijo, hace dos décadas, que este partido es el número uno de los 50 espectáculos deportivos que hay que ver antes de morir. Es decir, que está situado en lo más alto de esa lista de duelos que los futboleros darían la vida por poder disfrutar. A su vez, The Sun apuntó que un partido entre los dos clásicos bonaerenses representa la experiencia deportiva más intensa del mundo. Es más, The Guardian asegura que no existe en el planeta un elemento de mayor ejemplificación de amor (muchas veces excesivo y fanático) hacia un sentimiento deportivo, que el que se exhibe en un River-Boca. Pues bien, si reunimos todos esos ingredientes que se citan cada vez que Millonarios y Xeneizes se cruzan en una cancha, y le añadimos el superlativo de una Final, a doble partido y, además en el contexto del mayor torneo americano a nivel de clubes, la Copa Libertadores, y con el ‘extra’ de que jamás se ha dado en la historia un referente siquiera similar… tenemos la cúspide absoluta de cuantos duelos de máxima rivalidad se hayan disputado jamás. Y todo esto, arranca ya.

Toda Argentina lleva unos días saturando a los psicólogos del país. Ahora mismo es un ente vivo pero inestable, que se mueve al ritmo de tensión, pánico y entusiasmo propio de quien ha perdido la cabeza porque imagina lo que va a disfrutar, lo que va a sufrir y lo que puede acabar sonriendo o llorando. Si ganan unos, medio país estará burlándose eternamente del otro pase lo que pase desde ahora. Si pierden otros, tendrán que aguantar una sorna sin precedentes que no podrá eliminarse de ninguna de las maneras porque será la última vez que algo así pueda darse en un contexto como el actual (es la última edición de la Libertadores que se va a jugar a doble partido, pues desde el próximo año, será sólo a una final en campo neutral).

Y el país no responde ante cualquier otra sacudida. “Argentina está pasando una de las mayores crisis económicas de las últimas décadas”, me decía un taxista el otro día en Madrid (sí, estés donde estés, el argentino es de Boca o es de River estos días y es imposible intentar hablar de otra cosa). “Y, sin embargo, nada más darse esta final, ya se habla de que la reventa ha alcanzado casi los 5.000 dólares por una entrada. Nada ya importa más. Es la final de todos los tiempos y esto es algo que se come al país”, seguía explicando el taxista que me llevaba de vuelta a casa en la madrugada madrileña convertida en un pequeño escenario más, de los millones existentes en estos días, en cualquier rincón del planeta.

 

“Nada ya importa más. Es la final de todos los tiempos y esto es algo que se come al país”

 

Tan gigantesca es la aureola mundial que arrastra un partido así, que siempre me pregunté por su germen, por su inicio, por su adn y por aquello que pudiera explicar a fondo el día uno de la rivalidad más grande del mundo: “Recopilé todos los partidos de la historia de Boca y escribí un libro. Luego hice lo propio con River. Esto me dio un prisma claro aunque tremendamente gigantesco, de dónde nace esa rivalidad. Y aunque hay mitos, Boca nació con un grupo de inmigrantes italianos, la mayoría genoveses, y arranca en 1913 ya en Primera. Su camiseta es azul y oro porque las camisetas azules y blancas originales se gastaron, perdieron color y un trabajador del puerto (Juan Brichetto), un día divisando el mar, observó un barco con chimenea con los colores de Suecia (azul y amarillo) y, a raíz de eso, adoptó esos colores. Primero con una banda lateral y luego, finalmente, franja horizontal actual. Lo más curioso es que River podría haberse llamado nada menos que Juventud Boquense, porque nació también en el barrio de La Boca, donde Boca Juniors, claro. Debido a la unión de varios clubes, pudo llamarse así y esa era la primera intención, pero se puso River cuando se oficializó en 1904 y, desde ahí, ganó tantos títulos rápidamente que pasó a ser un gigante que hoy, por ejemplo, es el equipo con más ligas en Argentina”, explica Diego Estévez, periodista y escritor de los libros más certeros sobre ambos clubes y su rivalidad (sobre todo, La Final).

“Realmente Boca-River era un clásico de barrio porque pateaban en la misma zona, jugaban los mismos picados los propios integrantes del barrio de La Boca, en el sur. Es originalmente un clásico barrial en sí mismo. Después, River se va a Recoletos, un barrio más acomodado y está hasta 1938, cuando inaugura, ya en el barrio de Belgrano, al norte, el Monumental. Boca siempre permaneció en el barrio boquense, excepto unos años donde se fue a Avellaneda y perdió tantos socios que tuvo que regresar a su origen para no moverse más. En 1940 inaugura La Bombonera y ahí sigue”, argumenta con datos, estadísticas y recuerdos que han alimentado la fama de la mayor rivalidad del planeta.

Hay datos que pueden ampliar la perspectiva de este duelo. El mítico Labruna (leyenda de River) es el máximo goleador de los Superclásicos y Reinaldo Merlo es quien más ha disputado (45). Si dividimos por décadas, seis de ellas las dominó River y cinco de ellas las dominó Boca y si miramos su palmarés, encontraremos que los Xeneizes han triunfado más a nivel internacional y los Millonarios han sido más ganadores a nivel nacional. Y todo ello generó una larguísima lista de días clave, genios de cada bando, goles eternos y jugadas interminablemente analizadas que derivaron en que cada argentino tenga que elegir si es de River o es de Boca (con permiso de los cientos de clubes importantes que tiene un país tan pasional y enamorado de la pelota). Por tanto… ¿Quién tiene más hinchada en el país?: “De acuerdo a varias encuestas con el pasar de los años, es imposible precisarlo concretamente, pero siempre se ha reconocido que Boca tiene una cantidad de hinchas ligerísimamente superior. Un 3-4% más. Pero es tan mínima que ni siquiera sirven las encuestas… Casi habría que hacer un censo. Lo que está claro es que Boca y River tienen muchísimos más hinchas hoy que hace unas décadas y que esa tendencia sigue creciendo respecto a los otros clubes del país”, analiza el escritor argentino.

Evidentemente, el Superclásico generó decenas de ídolos a uno y otro bando, pero quisimos cruzar conversaciones con dos muy particulares, los ‘Betos’. Por el lazo boquense, ‘Beto’ Márcico, elegido por FIFA como segundo mejor enganche de la historia del fútbol argentino (sólo superado Maradona). “Yo viví justo al lado de La Bombonera desde niño, mamé desde chiquito toda su historia y no había otra posibilidad que ser xeneize. Una vez que entré en la cancha, quedé atrapado para siempre. Me fui a jugar a Francia pero Boca me hizo volver. Y ser hincha del club con la camiseta puesta… es imposible de superar. Lo que viví es increíble. Marqué goles en Clásicos y no lo recuerdo más que me emociono, pero en mi época logramos records de victorias en estos partidos y, además, en mi época jugábamos con público rival, algo que daba un colorido brutal y que ahora hemos perdido”, argumenta ‘Beto’ Márcico al que, el día de su cumpleaños, atención, La Bombonera en coro y al unísino, cantó el Feliz Cumpleaños con lucecitas en las gradas para felicitar a su icono.

 

“Me vas a perdonar, pero ya has dicho dos veces Boca-River y nunca más lo digas, es River-Boca, ¿vale?”

 

Y por el lado riverplatense, ‘Beto’ Alonso, siempre verdugo del gran rival, ganador de ligas, Libertadores con goles clave, Intercontinentales y hasta un Mundial. “Me vas a perdonar, pero ya has dicho dos veces Boca-River y nunca más lo digas, es River-Boca, ¿vale?, River-Boca”, apuntó Alonso nada más engancharlo al teléfono, como carta de presentación. “Nací en la institución y eso es lo más grande que puedes imaginar. Jugar estos partidos no tienen parangón. El primero que jugué fue a los 18 años y, casualmente, había una huelga en nuestro club, que nos hizo jugar con chicos de inferiores, con puros pibes, mientras ellos jugaban con su primer equipo. Y les ganamos 3-1. Imagina lo que fue aquello, siendo yo un pibe recién salido. Y el más recordado para mi es el día que marqué dos goles y había una pelota naranja. Se jugaba con pelota de colores porque con los papelitos lanzados a la grada al inicio del partido, siempre provocaban que no se viera, o eso decía el ‘Loco’ Gatti (portero de Boca), que fue quien lo pidió a Adidas. Cuando me enteré, fui a hablar con la marca y les dije: ‘Lo pidió, pero no va a ver la pelota de igual manera’. Y claro, ganamos. Marqué un gol con la pelota naranja y otro gol con pelota normal”, rememora con nostalgia ‘Beto’ Alonso, histórico por su vuelta olímpica en La Bombonera (1986).

Hoy, a apenas horas del primer partido de esta final de la Copa Libertadores que jamás será igualada (10 de noviembre en La Bombonera xeneize), quien escribe, ya sabe que estará cubriendo como periodista acreditado, la cita definitiva del 24 de noviembre en el Monumental de Buenos Aires. Y tiemblan las piernas. Y se engulle el estómago. Y se cruzan los dedos. Ya nada será igual porque la final de todos los tiempos será, para siempre, el juez eterno de una rivalidad que toca techo para demostrarle al mundo que el muchas veces considerado ‘fútbol menor’ es capaz de paralizar al planeta. ¡Disfruten, nunca se vivió algo igual!


En el programa-podcast 49 de ElEnganche en SpainMedia, estuvieron con nosotros dos mitos de cada club. Beto Alonso (River) y Beto Márcico (Boca), además del periodista y escritor argentino, Diego Estévez, autor del libro ‘La Final’, que relata origen, crecimiento y días clave de la rivalidad más potente del mundo del fútbol.