Lo que más sorprende de los octavos de final del Mundial de Francia no han sido las victorias de las selecciones favoritas y su pase a cuartos. Más bien ha sido la emoción de partidos que, en un primer momento, debían ser favorables a las selecciones favoritas y experimentadas. Afortunadamente para los seguidores de esta competición, no fue así. Esas selecciones humildes por las que nadie apostaría a su favor se hicieron grandes, muy grandes; tal es así, que grandes referentes del fútbol femenino a nivel mundial se vieron en un aprieto. Así la imagen asociada a un equipo se borra cuando el coraje se impone; aunque en esta competición, la calidad y la experiencia son armas implacables.

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Nigeria y Camerún eran las únicas selecciones africanas que consiguieron superar la fase de grupos, pero llegaron a octavos temiendo a sus rivales. No es para menos, pues se toparon con dos claras aspirantes al título: Alemania e Inglaterra. Los resultados no sorprendieron y el pase directo a cuartos no fue un problema para las selecciones europeas. Alemania e Inglaterra se pusieron de acuerdo con el resultado para eliminar a las africanas. Nigeria cayó primero. Camerún, después. Ambas se despidieron de la competición viendo el 3-0 iluminado en el marcador. De ese modo, finaliza el campeonato para todo un continente, África se queda sin opciones, pero siempre le quedará la alegría de saber que volverán y lo harán bailando al ritmo de samba.

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Noruega y Australia vivieron una noche tremendamente emocionante. Parece ser que ni los primeros 90 minutos, ni los consiguientes 30 de prórroga fueron suficientes para decidir la eliminatoria. Ni siquiera la expulsión de Alanna Kennedy, jugadora australiana, favoreció al conjunto noruego. En lo que sí se vio beneficiada la selección nórdica fue en el lanzamiento desde los once metros. Ni Sam Kerr ni Emily Gielnik supieron transformar en gol el disparo desde el punto fatídico y Australia quedó en manos de Engen, quien no perdonó el penalti decisivo que les daría el pase a cuartos de final. El esfuerzo de ambas selecciones es admirable, la tanda de penaltis es una lotería y Sam Kerr deja una frase perfecta para cerrar su paso por la competición: “Sólo los grandes jugadores fallan penales, porque los jugadores pequeños no los patean”.

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Otro partido que se tuvo que decidir más allá de los 90 minutos fue el encuentro entre Francia y Brasil. En esta ocasión, el resultado se decidió antes de llegar a los penaltis. El partido fue un auténtico tira y afloja. Francia no estaba cómoda y Brasil apretaba. La selección gala estaba muy nerviosa, sentía la presión de ser la anfitriona. No debía decepcionar a los aficionados que se desplazaron al estadio o seguían el partido desde casa; toda Francia estaba pendiente de ellas. No fue hasta el minuto 107 que la capitana de las ‘Bleus’ decidió salvar a su equipo de enfrentarse a la temida tanda de penaltis. Ni Formiga ni Marta ni Cristiane pudieron salvar a su selección. Donde sí tuvieron relevancia estos nombres fue en el discurso de la misma Marta –la seis veces mejor jugadora del mundo– después del partido. La brasileña remarcó que ella y sus compañeras son jugadoras del presente, pero no de un futuro; el futuro está en manos de las nuevas generaciones a las que anima a “querer más y entrenar más para jugar 90 minutos y 30 más, los minutos que sean necesarios”. Marta confía en que el trabajo de ahora sea un éxito en un futuro: “lloren al principio para sonreír al final”.

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Orgullo es la palabra que define a todo un país, a toda España. Todas las apuestas apuntaban a favor de las americanas, las favoritas a revalidar el título. Lo que ni las propias jugadoras estadounidenses se esperaban era un partido tan reñido. De no ser por dos penaltis, bastante dudosos, nadie sabe qué es lo que habría pasado. El gol de Jennifer Hermoso a los dos minutos de encajar el primer tanto dio la fuerza y el empuje necesarios para mantener la esperanza. La estrategia de Estados Unidos era combinar rápido y aprovechar el desorden defensivo de la ‘Roja’ para encontrar un hueco por donde colar el balón. No fueron pocas las veces que lo intentaron, pero ahí estaban las de Jorge Vilda para desbaratar cualquier ocasión. La fuerza de Mapi León, la rapidez de Marta Corredera, el aguante de Virginia Torrecilla y la ambición de Lucía García fueron las armas que la selección española supo utilizar de maravilla. Así acaba un sueño que no ha hecho más que empezar. Volveremos, pero siendo más fuertes.

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Lo que tienen las eliminatorias es que los pequeños errores se pagan caros. Es lo que le sucedió a Canadá frente a Suecia. El enfrentamiento fue claramente dominado por el conjunto canadiense, pero condicionado por un penalti. Con el 1-0 en contra, la delantera de las ‘Canucks’ Janine Beckie, asume la responsabilidad de lanzar desde los once metros para intentar igualar el marcador a falta de media hora para terminar la eliminatoria. Hay que ser valiente, como dijo Sam Kerr, para lanzar un penalti, pero la valentía que demostró no le ayudó en absoluto. Hedvig Lindahl estaba preparada para hacer historia y convertirse en la primera arquera sueca en detener un penalti en un Mundial. Y lo hizo. Voló para alcanzar el billete a cuartos de final y arruinar la continuidad canadiense en la competición.

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La sorpresa de este Mundial la ha dado Italia, sin lugar a dudas. Dos décadas de silencio han explotado. La ‘Azurra’ ha vuelto para quedarse y hacer algo grande. El partido ante China fue un espectáculo por parte de las italianas en zona ofensiva. El desorden defensivo de China permitió al tridente Giacinti, Girelli y Bonansea volver locas a sus marcas. Entre Giacinti y Girelli sentenciaron el partido y dieron la oportunidad a las italianas de seguir soñando. Su entrenadora Milena Bertolini es consciente de la situación a la que se enfrentan de ahora en adelante. De ese modo, Bertolini asegura que “cada ronda a la que avancemos, el nivel será mayor, y lo que podemos asegurar es que nuestras jugadoras se entregarán al máximo en el campo en el próximo encuentro”. Por ahora, Italia tiene asegurada su plaza en cuartos de final 28 años después. Los que sí que se despiden, y pidiendo disculpas a su afición, son el seleccionador Jia Xiuquan y las jugadoras asiáticas.

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El último billete a octavos de final se decidió entre Holanda y Japón. Dos selecciones con calidad y experiencia. Lo que viene siendo un enfrentamiento entre iguales. Fue un choque tan reñido que se tuvo que llegar al minuto 91 para conocer quién seguiría y quién se marcharía. Fue Lieke Martens, la estrella del Barça, quien solventó las dudas, la que se encargó de enviar a su selección a la siguiente ronda, siendo la primera vez en la historia que Holanda se clasifica para cuartos de final. Por el contrario, la eliminación de Japón significa la primera ocasión en la que habrá ausencia de selecciones asiáticas en unos cuartos de final de la Copa Mundial Femenina. La entrenadora japonesa Asako Takakura asegura que tuvieron que cambiar aspectos tácticos, pero que jugaron bien, solo que les “faltó contundencia” y debían aceptar la eliminación. Tanto la seleccionadora como las propias jugadoras deberán hacerse la idea de que su camino hacia la gloria ha acabado aquí, cosa que le permite a Holanda intentar aumentar récords históricos para su selección. Aquí tenemos la doble cara de la moneda.