Juan Carlos Pérez López fue “una persona entrañable, un futbolista que marcó una época por su calidad en la medular”. Así le recordaba el emotivo comunicado que publicó el día de su muerte (16.01.2012, 66 años) el Racing de Santander, el que siempre fue el club de su corazón junto al Futbol Club Barcelona. Nacido en la capital cántabra en un lejano 14 de febrero de 1945, Juan Carlos pronto empezó a destacar en el mundo del deporte, como lo demuestran el primer puesto que consiguió en el campeonato autonómico de cross, el título del Torneo de Barrios de fútbol que alzó con el Toluca en 1960 o el Torneo Juvenil que ganó con el Racing.

El extraordinario talento que empezó a insinuar con el primer equipo del conjunto santanderino en la categoría de plata del balompié español entre 1966 y 1968 fue más que suficiente para que el Barça apostara por un joven futbolista, un centrocampista tan exquisito como incombustible, que con el paso de los años acabaría convirtiéndose en uno de los grandes referentes de un club que atravesaba una de las épocas más negras de toda su historia, en una pieza angular del equipo. “Le bastó con su nombre de pila, Juan Carlos, para ganarse a los aficionados al fútbol”, rememoraba Ramon Besa en el obituario, titulado Juan Carlos, el motor del Barça de Cruyff en los 70, que El País le dedicó al jugador que cuando Johan aterrizó en el Camp Nou era el gran líder del cuadro de Rinus Michels, su gran capitán.

 

“Le bastó con su nombre de pila para ganarse a los aficionados al fútbol”, recordaba Ramon Besa en el obituario que El País le dedicó al gran capitán de aquel mágico Barcelona de Rinus Michels y Johan Cruyff que conquistó el Santiago Bernabéu con un inolvidable 0-5

 

Aquella temporada, la primera de las dos que compartió con el irrepetible artista holandés en la Ciudad Condal, fue la mejor de la carrera futbolística de Juan Carlos. El centrocampista cántabro ya había alzado una Copa del Generalísimo (1971) y una Copa de Ferias (1972) como azulgrana, pero, en la 73-74, Juan Carlos, titular en los 34 encuentros de liga, brilló en su condición de cerebro del equipo, de director de la orquesta que era aquel conjunto que redondeó una temporada genial, adornada con el título de liga, con el legendario e imborrable 0-5 con el que conquistó el Santiago Bernabéu el 17 de febrero de 1974. “Hasta que llegó el desgarro inmisericorde del 2-6, ya bien entrado el siglo XXI, la goleada de referencia del barcelonismo era el inolvidable 0-5 del Barça de Cruyff, todavía en blanco y negro. Es un partido mítico que tuvo hasta su propia canción; el Un, dos, tres… Botifarra de pagès!, de La Trinca. Para algunos barcelonistas veteranos y cautivos de la nostalgia, aquel 0-5 sigue teniendo más valor que ningún otro recuerdo”, evocaba hace unos años Joan Poquí en el Mundo Deportivo, reviviendo aquel clásico en el que el Barça, liderado por un Cruyff extraterrestre e inhumano, completó “una verdadera exhibición ante un Madrid, al borde del KO, que se hundió de un modo aparatoso”, como ilustraba la crónica del encuentro del periódico catalán. “En toda la historia de la Liga, cuyo nacimiento se remonta a 1928, no había logrado jamás el Barcelona en el campo del Real Madrid una victoria de ecos tan resonantes y rotundos. Cosió un festival donde se conjugó todo: solidez, ideas, velocidad, remate y seguridad. Al Barcelona le salió un partido luminoso, formidable. Y no es una exageración decir que sus méritos le hicieron, incluso, acreedor, a un triunfo todavía más holgado”, remarcaba la crónica del Mundo Deportivo del lunes 18 de febrero de 1974 antes de destacar que, en el minuto 65, Juan Carlos, asistido por Cruyff, batió a Mariano García Remón “con un giro parabólico, endiablado”, que sumió el Bernabéu en un sepulcral silencio.

Juan Carlos Pérez López firmó 21 dianas en los 209 encuentros que disputó con el Futbol Club Barcelona, según BDFUTBOL.

Juan Carlos Pérez López, el futbolista que “equilibraba al equipo y que fue el complemento ideal para el despliegue de la delantera que integraban Rexach, Sotil, Cruyff, Asensi y Marcial”, “fue la víctima colateral de la llegada de Johan Neeskens al Barcelona la temporada después del 0-5. Aunque el sacrificado por su condición de extranjero era Sotil, la entrada del volante holandés provocó también la salida del centrocampista cántabro”, sentenciaba Besa en El País. Relegado a la suplencia, Juan Carlos, que llegó a ser internacional en dos ocasiones, acordó la rescisión de su contrato con el Barcelona y, a pesar de tener ofertas mucho más suculentas, decidió regresar a Santander para capitanear a su Racing, al equipo que le vio debutar en el fútbol profesional y al que, después de 12 temporadas en la élite, le vio colgar las botas el 7 de mayo de 1978. La cartulina roja que Juan Carlos vio en aquel partido contra el Sporting de Gijón, la única en toda una carrera en la que sobresalió por su honestidad, quedó en anécdota ante el tanto con el que decidió el partido y que permitió que el cuadro de Nando Yosu consiguiera la permanencia en Primera División en la última jornada. Aquella diana sirvió también para que el Espanyol continuara un año más en la máxima categoría del balompié nacional, así que el club catalán le galardonó con la insignia de oro.

 

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Como descubre Quique Peinado en el genial e imprescindible Futbolistas de izquierdas, el jugador santanderino, hijo de un militante de la UGT en la Segunda República que “vivió el franquismo entre la clandestinidad y la cárcel (alguna vez, de chaval, Juan Carlos le fue a visitar y a llevar de comer a la prisión)”, evidenció que el incansable compromiso que caracterizaba su fútbol también era uno de los factores que regían su vida en 1977, cuando aceptó presentarse como número cinco de la candidatura para Cantabria del Partido Socialista Obrero Español (Sector Histórico), una formación nacida de una escisión del PSOE de 1972, en las primeras elecciones generales después de la gélida y eterna noche en la que el régimen franquista sumergió al país durante casi cuatro décadas. “‘A mí me daba algo de apuro. Yo había ganado dinero en el fútbol, tenía un gran coche, me iba bien… De alguna manera pensaba que en la lista tenía que haber solo gente modesta, pero Paco Cuadra (otro nombre ilustre del fútbol cántabro), que estaba al frente de la candidatura, me convenció de que el objetivo de un partido de izquierdas no era igualar a la gente en la pobreza, sino mejorar el nivel de vida de todos’, declaraba Pérez en 2011 al Diario Montañés, apunta Peinado, recogiendo unas declaraciones en las que Juan Carlos argumentaba su decisión de sumarse a la candidatura de un partido que representaba a los socialistas que se habían visto obligados a exiliarse después de la Guerra Civil, que era “la izquierda de la izquierda”.

“El 23 de febrero de 1981 se llevó un susto de muerte cuando el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entró en el Congreso de los Diputados a tiro limpio. Cualquiera que hubiera tenido vínculo con la izquierda de forma más o menos oficial corrió a esconderse, por si acaso. Así lo hizo Juan Carlos, que desapareció esa noche sin decir nada a su familia (para evitarles problemas si llega a triunfar la asonada). Al día siguiente, cuando todo se calmó, volvió a aparecer por casa sano y salvo. No había pasado mucho tiempo cuando le pasaron una lista que circulaba en la que, según ponía ahí, él era uno de los rojos a los que había que depurar en caso de haber triunfado el golpe”, concluye Peinado, relatando la trayectoria política de un hombre, un mito inmortal de la historia del Racing de Santander y del Futbol Club Barcelona, al que siempre será necesario recurrir para explicar lo que sucedió en nuestro balompié en la década de los 70.