Cuatro son los periodistas que quedarán para siempre vinculados a la historia de la Copa de Europa. Jacques Goddet, director de l’Équipe, y tres de sus plumillas: Gabriel Hanot, Jacques de Ryswick y Jacques Ferran. Nacido en 1920 en Montpellier, Ferran fue el encargado de redactar el reglamento, articular un calendario de consenso y lidiar con las exigencias de los clubes. La UEFA, aseguraba en 2015, ha sabido entender el potencial económico de aquella idea nacida entre colegas.


 

La chispa nació de un artículo de Hanot en l’Équipe a propósito de otro de un periodista inglés que aseguraba que el Wolverhampton era el mejor equipo de Europa en 1954. Hanot replicó: “para saber quién es el campeón de Europa antes habrá que crear una competición europea de clubes”. Al día siguiente empezamos a hablar de esta idea en el diario.

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Empezamos a trabajar para valorar si las federaciones estarían interesadas en la creación del campeonato. El Real Madrid se mostró plenamente interesado. En cambio, en los inicios, el FC Barcelona no era nada favorable a la iniciativa.

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Me encomendaron a mí, el más joven de todos los periodistas, escribir el futuro reglamento de la Copa de Europa. Nunca guardé la copia de aquel documento. Hicimos llegar el reglamento a todos los países y, en marzo de 1955, Gabriel Hanot y yo participamos, en Viena, en el que podríamos considerar el primer congreso de la recién nacida UEFA, con sus distintas federaciones. Ahí se nos dijo que dicha organización no podía amparar este torneo entre clubes porque ellos eran una asociación de federaciones (selecciones).

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Cambiamos de estrategia. Desde l’Équipe decidimos invitar a París a los dirigentes de los que, a nuestro juicio, eran los clubes más importantes del continente. En abril de 1955, nos reunimos con ellos para crear entre todos la Copa de Europa.

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De España vinieron los principales dirigentes del Real Madrid: Santiago Bernabéu y Raimundo Saporta. Junto a otros dirigentes, creamos el torneo cuando nadie quería organizarlo. Sentamos las bases de la edición 1955-56, donde explicitamos, por ejemplo, que se debía jugar los miércoles, ya que los domingos había competiciones nacionales. La FIFA, viendo la importancia de aquella reunión, alertó a la UEFA de la necesidad de organizar el torneo, y cambiaron de idea.

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Aquella primera edición contó con los clubes y con los enfrentamientos que nosotros habíamos decidido. Recuerdo especialmente el Real Madrid-Partizan, en el que tuve que mediar personalmente porque parecía imposible que se pudiera llegar a disputar. Españoles contra yugoslavos: dos grandes enemigos a nivel mundial.

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Hubo ciertas consideraciones en los sorteos para que los mejores no quedaran descalificados en la primera fase. Por ejemplo, el Real Madrid pidió jugar su primer partido en Suiza [contra el Servette] para que Bernabéu pudiera visitar a un exiliado Don Juan de Borbón. Bernabéu no era próximo al régimen franquista, él era completamente monárquico.

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Con la Champions han cambiado bastantes cosas. La UEFA ha sabido entender el potencial económico del torneo. El hecho de que las principales ligas pasaran a incorporar tres o cuatro equipos en lugar de solo el campeón fue una decisión acertada, pero impuesta por los clubes. De lo contrario, hoy habría un torneo privado parecido a la Euroliga de básquet.

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La dificultad del torneo ha aumentado mucho. La última Champions, ganada por el Barça [en la edición 2014-15], ha sido una de las más meritorias y seguramente tiene más valor que la primera.