“Nunca fue sencillo abandonar palacio para pisar el barrio. Allí donde se homenajea a hombres como Isi, que pasó 30 años de su vida limpiando botas de fútbol sabiendo que no habría mejor oficio en el mundo. Allí donde aún se recuerda al exportero nigeriano Wilfred, que murió de cáncer después de acabar como mozo de carga en el aeropuerto. Allí donde los triunfos, los del fútbol, los de la vida, son milagros, no ejercicios burocráticos”. Así arranca la crónica de Francisco Cabezas, de El Mundo, del partido del sábado entre el Rayo Vallecano y el Barcelona, el encuentro que ejerció como el inmejorable escenario de la despedida de Isidoro Prieto González (05.11.1953), que recibió el cariño de los suyos después de tres décadas de leal e ininterrumpido servicio como utillero de La Franja.

“Ojalá estos chavales me dediquen la victoria”, apuntaba en la previa de la visita del conjunto azulgrana, en las páginas de Marca. La proeza estuvo cerca de materializarse, pero los discípulos de Ernesto Valverde despertaron en el minuto 87 para remontar el encuentro (2-3), dejando en nada el heroico esfuerzo de un Rayo que había conseguido someter a un equipo que, intratable, venía de derrotar al Real Madrid (5-1), al Inter de Milán (2-0) y al Sevilla (4-2). Sin embargo, el indiscutible protagonista del partido no fue ninguno de los goleadores: ni Ousmane Dembélé, ni Luis Suárez, autor de un doblete; ni Álvaro García, ni un José Pozo que celebró su segundo tanto con la elástica de La Franja fundiéndose con Isi en un sincero abrazo. El respeto del talentoso atacante malagueño, que aterrizó en Vallecas hace menos de cuatro meses, hacia el ya exutillero del Rayo es una muestra más del carácter entrañable de este último.

Nervioso e inquieto, Isi se lamentó al ver cómo se escapaba una victoria histórica. Pero la derrota no ensombreció el adiós de un hombre que, en los prolegómenos del partido, recibió una atronadora ovación por parte de los 13.621 aficionados que llenaron el Estadio de Vallecas. El club le obsequió con una placa conmemorativa, pero los reconocimientos más afectuosos llegaron por parte del vestuario, que le regaló una camiseta firmada por todos sus integrantes (“Ponte en medio, ponte en medio”, le repetían, en el momento de inmortalizar el momento, Míchel, Alberto García y Adrián Embarba a un Isi desubicado, nada acostumbrado a ser el centro de atención) y de una afición que, única e inigualable, le hizo volver al campo 15 minutos después del término del encuentro para darle las gracias por todos estos años. “Porque aquí da igual futbolista, trabajador de taquilla o utillero. Quien dedica su vida al Rayo siempre tendrá un hueco en nuestro corazón”, recalcaba un aficionado en Twitter.

“Este es un homenaje de la gente de Vallecas a un tío que se ha partido los cuernos, que tiene La Franja grabada a fuego en el pecho. La historia de nuestro equipo la marcan tíos como Isi, que se ha dejado la vida por nosotros”, proclamaron los Bukaneros antes de despedirle al son de un precioso “Isi, tú eres al Rayo”. “No hay ninguna afición como la del Rayo. Os echaré mucho de menos”, respondió, emocionado, profundamente superado por las muestras de agradecimiento de su gente, el que se va siendo el trabajador más antiguo del club antes de besar el césped, de cerrar por última vez la puerta del vestuario local y de dejar escrito un bello “Hasta siempre, Rayo” en las entrañas del estadio que le ha visto hacerse mayor, que ha sido testigo de una vida escrita entre sonrisa y sonrisa, entre calada y calada. “Si no le mata el Rayo, cómo le va a matar ese mal humo”, como enfatizaba un reportaje de El Día Después.

 

“La historia de nuestro equipo la marcan tíos como Isi, que se ha dejado la vida por nosotros, que tiene La Franja grabada a fuego en el pecho”

 

Porque lo cierto es que Isi ha vivido de todo al lado de la línea de cal del Estadio de Vallecas. Orgulloso e incombustible, ha fantaseado con los límites de lo imposible al ver como el equipo se paseaba por Europa; se ha frotado los ojos al ver que su Rayo lideraba la clasificación de Primera, aunque fuera de forma circunstancial, y ha dejado llevarse por el irracional amor que le une a La Franja, como en aquella noche mágica en la que Raúl Tamudo le regaló una de las alegrías más grandes de toda su vida. Evidentemente, también ha tenido que convivir con los malos resultados y con las penurias económicas, con la parte más fea del balompié (“En Vallecas así son las cosas. No hay caminos rectos porque no nos los dejan tomar, y ya, visto lo visto, no los queremos”, como asevera Quique Peinado en el genial ¡A las armas!). Ha saboreado los infiernos de Segunda B y ha visto desfilar a hasta 30 entrenadores: desde Felines (“¿Se jubila Isi? Si pensaba que iba a ser perpetuo”, afirma en un reportaje de As el que fue el primer técnico con el que trabajó el ya exutillero del Rayo), José Antonio Camacho, David Vidal, Juande Ramos, Gregorio Manzano, Julen Lopetegui, Jorge D’Alessandro, Pepe Mel, José Ramón Sandoval o Paco Jémez hasta Míchel, a quien conoce “desde que era un crío”, desde que empezó a escalar por las categorías inferiores de La Franja para convertirse en uno de los grandes referentes de la entidad. “Ha cumplido 43 años, pero para mí siempre será El Niño. Le he visto crecer… Le aprecio mucho, le quiero mucho”, reconoce un Isi que se queda con el último de los siete ascensos que ha conseguido con el Rayo (seis a Primera, 88-89, 91-92, 94-95, 98-99, 10-11 y 17-18, y otro a Segunda, 07-08): “Ha sido el más especial de todos. Lo que hizo El Niño es espectacular. Cogió al equipo hundido, casi condenado a Segunda B, lo mantuvo y se quedó para subirlo a Primera. Por esto la gente está a muerte con él”.

Este último ascenso fue, precisamente, el culpable de que Isi enterrara sus planes de jubilarse el pasado verano. Entre abrazos y lágrimas de alegría, aseguró que continuaría un curso más, que necesitaba volver a ver al Rayo en la máxima categoría del fútbol estatal, que quería acompañar a su querido Míchel en esta aventura. La edad, sin embargo, “no perdona”, como admite el propio Isi antes de añadir, en una entrevista en Marca, que “pensaba quedarme hasta final de temporada, pero se me está haciendo muy cuesta arriba”.

Así pues, treinta años después de dejar su trabajo en la RENFE para aceptar, “sin pensarlo ni dos segundos”, la propuesta de Pedro García, el primero de los cuatro presidentes con los que ha trabajado (José María Ruiz-Mateos, Teresa Rivero y Raúl Martín Presa, el actual, son los otros tres), de convertirse en el nuevo utillero del primer equipo, llegó el momento de la triste despedida, el momento de poner fin a media vida dedicada al club. Pero Isi, que se jubila convertido en toda una institución de La Franja, en un gran exponente de lo que continúa siendo el Rayo, no se va muy lejos. Las cámaras de televisión no le volverán a grabar fumando a escondidas cerca del banquillo local, pero se le podrá ver sufriendo en las graderías del vetusto Estadio de Vallecas, desde donde continuará caminando al lado del club del que siempre ha sido un hincha acérrimo. “Lo voy a echar muchísimo de menos, van a pasar muchos años hasta que se me olvide lo que es ser utillero del Rayo Vallecano. Pero el club no lo voy a olvidar en la vida, porque lo tendré en el corazón hasta que me muera. Hasta la tumba. No entendería mi vida sin el Rayo. Para mí, La Franja es la leche”, remarca, en Marca, un Isi que abrazó la pasión por el Rayo, el club del que se hizo abonado cuando tan solo tenía 12 años, de bien pequeño, dejándose guiar por el ejemplo de su padre y el de su hermano.

“De niño era un forofo. Cuando entré a trabajar no quería ni librar”, añade, en las páginas de As. Tan carismático como modesto, tan amable como humilde, Isidoro Prieto González, un currante anónimo, de aquellos que hacen su trabajo en silencio para que los otros puedan brillar, se despide siendo un referente para una hinchada enamorada de la sencillez que destila quien ha sido mucho más que un utillero durante las últimas tres décadas. “Se me caen las lágrimas. No recuerdo un Rayo sin Isi”, afirmaba una aficionado en Twitter. “Isi representa lo que es el Rayo. Orgullo de equipo, orgullo de afición, orgullo de barrio. En las buenas, en las malas. En Primera, en Segunda B. Somos pobres con orgullo, con cojones como puños”, añadía otro. Y es que, en definitiva, como escribe el periodista vallecano Jesús Villaverde, “Isi se marcha como siempre estuvo: igual que el humo del cigarro, que apenas gana en presencia, pero se torna en indispensable para el fumador. No existe ápice de duda: Isi es el Rayo. Nadie es inmortal, pero él será eterno. Un pedacito del barrio. La I mayúscula que siempre le faltará a nuestro escudo. El hombre que siempre estuvo allí”.

Gracias por todo, Isi.