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Diez años de Infantino: el hombre que quería ser rey

Llegó a la presidencia de una FIFA sumida en los escándalos con palabras renovadoras. Su mandato, sin embargo, no escapa a la opacidad y a la atracción por el poder y el dinero

Infantino

Este reportaje está extraído del #Panenka149, un número que sigue disponible aquí

 

Gianni Infantino inclinó ligeramente su perfecta calva para mostrar cómo se debe aplaudir a los 211 presidentes de las federaciones miembro, que aparecían tras él, en una pared llena de pantallas. Aquel momento definirá el legado del actual presidente de la FIFA. Arabia Saudí había conseguido lo que codiciaba: la Copa del Mundo 2034. La ceremonia resultó grotesca, y la asignación del Mundial, una afrenta al buen gobierno, a la democracia y a los derechos humanos; a los valores que el propio Infantino proclamaba que el deporte debía defender.

Nacido en Brig-Glis, Valais (Suiza), y criado en el mismo valle que Joseph Blatter, Infantino se convirtió en el presidente de la FIFA en 2016. El que en su día fuera la cara de los sorteos de la UEFA, hoy es omnipresente. Pasa su tiempo entre París, Doha, Zúrich y Miami, pero, gracias a un avión privado catarí y con una huella de carbono que sonrojaría a una celebrity norteamericana, es capaz de aparecer de pronto en casi cualquier rincón del mundo: en Los Ángeles para un partido de los Lakers, en Azerbaiyán para la COP29 (la conferencia de la ONU sobre cambio climático), en la India para la boda del hijo del hombre más rico de Asia, en Washington D.C. para acudir a la Casa Blanca. En la reapertura de Notre Dame, en París, posó junto a Donald Trump y Elon Musk. Las fotos de cada una de sus apariciones se suben rápidamente a su Instagram, en la versión de Infantino de Travels with Chuck Blazer and his friends, el blog en el que ese exdirigente del fútbol norteamericano narraba su excesivo tren de vida.

Blazer terminó siendo confesor del FBI en las investigaciones por corrupción en el seno de la FIFA, tras acceder a declararse culpable de extorsión, fraude, evasión de impuestos y lavado de dinero. El fútbol le había permitido conseguir riqueza y privilegios, pero su avaricia sin límites fue su desgracia. Llegó a llevar un micrófono oculto del FBI durante la investigación. Las imágenes de miembros del máximo organismo ocultos tras las sábanas blancas de su hotel de Zúrich mientras eran detenidos dieron la vuelta al mundo. La FIFA era sinónimo de corrupción.

Así fue como llegó Gianni Infantino, que se presentaba como un reformador y un altruista. Detrás del atril del congreso de la FIFA de 2016, le exclamó a los electores: “¡El dinero de la FIFA es vuestro dinero!”. El argumento de venta era simple: os daré más dinero que Blatter. Se comprometió a rehacer la organización, un ente en el que se habían enquistado el nepotismo, el clientelismo y el engaño. La burocracia del fútbol moderno se caracterizaba por su cultura tóxica, pero Infantino afirmaba que iba a hacer las cosas de otra manera. Como parte de su paquete de reformas, introdujo el límite de 12 años para el presidente, controles de integridad más estrictos, mayor representación femenina, una auditoría financiera de las 211 federaciones nacionales y la publicación de las retribuciones del presidente. “La FIFA ha atravesado tiempos tristes, momentos de crisis, pero todo eso ha pasado. Necesitamos implementar reformas, un buen gobierno y transparencia”, expresó, antes de añadir: “Repararemos la imagen de la FIFA y su respetabilidad, y todo el mundo nos aplaudirá”.

La FIFA estaba lista para volver a empezar.

 

El que en su día fuera la cara de los sorteos de la UEFA, hoy es omnipresente. Pasa su tiempo entre París, Doha, Zúrich y Miami gracias a un avión privado catarí con una huella de carbono que sonrojaría a una celebrity norteamericana

 

PODER ABSOLUTO

Retrocedamos hasta mayo de 2024: hace calor y hay humedad en Bangkok, donde delegados de todo el mundo se han reunido para el 74º congreso de la FIFA. Un rumor atraviesa varias estancias de hotel. La candidatura de Bélgica, Países Bajos y Alemania hace gestiones de última hora para conseguir la Copa del Mundo femenina de 2027. Los europeos han ganado algunos votos del Caribe, en parte gracias a los lazos históricos de los neerlandeses con la región. Jean-Marie Pfaff, exportero belga, se sienta con la delegación de Brunéi. No será suficiente: Brunéi no votará en favor de Europa.

El presidente de la FIFA se aloja en el centro de la ciudad, en el lujoso Athenee Hotel. En la planta baja, un restaurante llamado Gianni sirve comida italiana. Infantino sale huyendo del vestíbulo de mármol cuando un periodista inglés le pregunta por Arabia Saudí. Al día siguiente, en el congreso, suelta unas cuantas propuestas nuevas: un festival global sub-15, una Copa del Mundo de leyendas y hasta un Mundial femenino de 48 equipos. Para Infantino, el límite son las estrellas. Defiende la idea de un fútbol ‘verdaderamente global’, aunque tiene un centenar de malas ideas al día.

Sin embargo, llama la atención la prudencia de su discurso. Ya no menciona al Departamento de Justicia de Estados Unidos y se abstiene de declarar que la FIFA está limpia. No reproduce la lista de sus grandes éxitos. En cambio, ataca a las ligas y a la FIFPro, el sindicato mundial de jugadores. La FIFA se encuentra en el punto de mira por la congestión del calendario, pero Infantino defiende el Mundial de Clubes, su creación. Las enmiendas a los estatutos de la FIFA previstos en la agenda pasan por debajo del radar, pero son radicales: el nuevo secretario general, Mattias Gafstrom, dependerá directamente del presidente; será posible conceder dos Copas del Mundo al mismo tiempo (el escenario que llevó al FIFAGate). A la FIFA se le permitirá dejar Zúrich. Se reintroducen una serie de comisiones permanentes. Las enmiendas se aprueban sin apenas quejas de las federaciones. Solo cuatro, entre ellas Noruega, votan en contra.

Será una nota al pie en el congreso, pero un ejemplo de cómo actúa la FIFA. Su exresponsable de Gobernanza, Miguel Maduro, lo considera un regreso a tiempos oscuros. “La FIFA no teme los costes reputacionales que conlleva volver a abrazar esa cultura que siempre prevaleció. Es solo una manera de reforzar el cártel político. En gran medida, la FIFA ya había regresado al mismo estilo de gobernar que precedió a los escándalos de 2015 y a las reformas que se derivaron. Eso, simplemente, confirma que, sin una presión externa y efectiva, no se verán reformas en la forma de dirigir el deporte”, explica. En 2017, la FIFA relevó al juez alemán Hans-Joachim Eckert y al fiscal suizo Cornel Borbély del Comité de Ética Independiente. Antes, Domenico Scala, presidente de la Comisión de Auditoría y Cumplimiento de la FIFA, también se había marchado por desavenencias con el salario de Infantino. El presidente consideraba que dos millones de dólares al año no eran suficientes.

Después de las presiones excesivas por parte del mandamás de la FIFA, Maduro también fue despedido cuando bloqueó la candidatura del ruso Vitaly Murtko para la reelección en el consejo de la FIFA. Desde el principio, Infantino desmanteló con precisión quirúrgica los órganos de control interno. Sin frenos y contrapesos y más dinero que nunca para repartir, Infantino es intocable. La FIFA (una organización sin ánimo de lucro) es más rica que nunca: el periodo de cuatro años del Mundial de Catar 2022 generó 7.500 millones de dólares y el beneficio de la edición de 2026 está proyectado en 11.000. Son fondos para el desarrollo que van a engrosar las arcas de las federaciones, a cambio de los cuales Infantino obtiene lealtad política. En 2019 y 2023, fue reelegido por aclamación.

 

Domenico Scala, presidente de la Comisión de Auditoría y Cumplimiento de la FIFA, se marchó por desavenencias con el salario de Infantino. El presidente consideraba que dos millones de dólares al año no eran suficientes

 

GOLPES BAJOS

La entrega del Mundial de 2034, el pasado 11 de diciembre, marcó una nueva etapa en el reinado de Infantino. La coronación de Arabia Saudí como anfitrión se diseñó con paciencia y meticulosidad: la Copa del Mundo de 2030 pasó a ser transcontinental, dejando la sensación de que se preparaba un megaevento deportivo a todos los niveles, y a otros países elegibles se les daba menos de un mes para presentar su candidatura al torneo de 2034.

Fue también un golpe bajo para los trabajadores migrantes que sufrieron en el proceso de transformación de Catar para ser sede del Campeonato del Mundo de 2022, el primer Mundial en Oriente Medio. Una década de investigaciones de organizaciones en defensa de los derechos humanos y de la prensa internacional, especialmente la revista noruega Josimar, retrató la miseria humana auspiciada por el sistema kafala, que exige que todos los trabajadores tengan un ‘patrocinador’ que pasa a ser responsable de su visado y situación legal. Se produjeron prácticas engañosas de contratación, usurpación de sueldos y confiscación de pasaportes. En una conferencia en el Instituto Milken, en Los Ángeles, Infantino dijo que los migrantes obtienen orgullo y dignidad con el duro trabajo. En una rueda de prensa en Doha, añadió: “Me siento trabajador migrante”.

Catar y la FIFA afirmaron que el kafala había sido abolido, pero sobre el terreno, las reformas se habían quedado en su mayoría sobre el papel; apenas cambió nada. Bajo presión, el pasado noviembre la FIFA presentó el ‘Fondo del Legado de la Copa del Mundo de 2022’, de 50 millones de dólares. En vez de compensar a los trabajadores, el fondo tiene previsto dirigir sus recursos a la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), para llevar a cabo una serie de programas sociales. Los obreros migrantes están excluidos. Fue un acto de bluewashing: querían colaborar con organismos de las Naciones Unidas para blanquear la imagen.

La FIFA puede imponerse a casi todo el mundo: reyes, dictadores, primeros ministros, magnates, directores ejecutivos, estrellas del rock, periodistas, fiscales generales y organizaciones internacionales. La estrategia satisface un abanico de propósitos: influencia política, acuerdos comerciales, esquivar el cumplimiento de la ley y ganar en legitimidad y popularidad. El caso de Loretta Lynch, que confrontó a la FIFA cuando era fiscal general de los Estados Unidos, lo ilustra. En su momento dijo que la corrupción en la FIFA era “descontrolada, sistémica y muy arraigada”, pero en una convención celebrada con motivo del Mundial de 2023, elogió al máximo organismo mundial. Hoy, Lynch trabaja para Paul, Weiss, un bufete de abogados de Nueva York que representa a la FIFA.

 

“Quiero dar las gracias al presidente Trump, con el que tengo una gran amistad, y asegurarle que, juntos, no solo haremos America great again, sino también el resto del mundo”, pronunció Infantino

 

La FIFA ignoró a los trabajadores migrantes de Catar por partida doble. Porque también había desoído a su propio subcomité para los derechos humanos y la responsabilidad social, que le recomendaba ofrecer a esas personas una rectificación y una reparación. La FIFA prefirió desviar ese dinero sin ofrecer ningún beneficio directo a los obreros. Con este modus operandi se ahorraba sentar un precedente antes de la atribución del Mundial de 2034 a Arabia Saudí, donde el sistema kafala es también la base del mercado laboral. La falta de recursos financieros obliga a las organizaciones de Naciones Unidas a buscar dinero constantemente. Sin embargo, Nick McGeehan, director de FairSquare, una ONG pro derechos humanos, expone: “Es un escándalo. Aunque [esas organizaciones] quieran conseguir dinero para llevar a cabo un trabajo importante, han ayudado eficazmente a la FIFA a eludir sus propias responsabilidades legales y niegan una reparación a familias desesperadas”.

Catar financiaba la sede de Doha de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), también parte de la ONU, con una contribución de 25 millones de dólares. Max Truñón, el jefe de la oficina, solía emplear estadísticas del Gobierno de Catar sin un análisis crítico previo. “Existe todavía el kafala en la contratación, hay kafala en el puesto de trabajo”, dice Azfar Khan, un exdirigente de la OIT. “La ley de los trabajadores se respeta en la teoría, pero no en la práctica. Que se haya abolido el kafala es un mito que Catar y la FIFA insisten en perpetuar”, aclara, y añade: “Esos 25 millones que los cataríes gastarán en el proyecto están bien invertidos desde su punto de vista, porque de ahí no sale nada que haya servido para aliviar las condiciones de los trabajadores”. ¿Se limitará Arabia Saudí, anfitriona del Mundial de 2034, a copiar el manual de Catar? La OIT ve a Arabia Saudí como un donante potencial. Escriben: “La OIT ha desarrollado el documento MENA Engagement Plan, para asegurar la financiación voluntaria por parte de colaboradores del Oriente Próximo y el norte de África [la región referida como MENA, por las siglas en inglés]. El compromiso con Arabia pretende asegurar esos fondos y construir un marco de colaboración robusto que apoye objetivos más amplios en la región”.

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ALTOS VUELOS

En Catar, un empleado que ganaba el salario mínimo de 250 euros al mes tendría que haber trabajado 1.500 años para percibir el sueldo anual de Infantino, de cinco millones de euros. La presidencia conlleva muchas ventajas. El pasado verano, el jefe del fútbol, que es miembro del Comité Olímpico Internacional, pasó parte de su verano en los Juegos de París. Pero nunca es suficiente. La FIFA le paga sus pisos de París y Zug, el paraíso fiscal de Suiza. La organización también cubre la matrícula de una de sus hijas en una escuela privada de élite en Miami.

El uso que hace el presidente de los aviones privados puede causar estupor. Las estimaciones más prudentes indican que, entre 2021 y el verano de 2024, Infantino, contaminante como pocos, voló más de 600.000 kilómetros a bordo del Gulfstream G650ER de la flota ejecutiva de Catar. Esos viajes en jet generaron 1.922 toneladas de CO₂, lo mismo que, por ejemplo, emitieron de media en ese periodo 47.000 congoleses.

Durante el Mundial femenino de 2023, el mandatario atravesó Oceanía para consolidar su poder político. Que la región esté en la primera línea del cambio climático lo dejaba frío. La entonces secretaria general de la FIFA, Fatma Samoura, también tenía un avión privado a su disposición durante aquel torneo. Infantino reaccionó a las críticas de la prensa con una frase: “Vive y deja vivir”. Aquel verano se lo pasaría volando: desde la final de la Champions League de 2023 en Estambul a su última parada en Miami, Infantino viajó 120.000 kilómetros. Acudió a la COP28 en Emiratos Árabes Unidos y a la COP29 en Bakú para demostrar que “a la FIFA le preocupa el clima”. El máximo organismo se ha abstenido repetidas veces de aclarar quién paga el coste del jet de Infantino. La guía de bolsillo del cumplimiento de las formas de la FIFA no hace referencia al transporte aéreo, y el código ético solo contiene artículos generales sobre ‘conflictos de interés’ o dar y recibir regalos y beneficios. La regulación de transporte aéreo de la federación internacional estipula que los vicesecretarios generales y los principales dirigentes deben viajar en business siempre que sea posible, mientras que el resto de miembros deben hacerlo en turista en trayectos inferiores a cuatro horas. Qatar Airways y su subsidiaria podrían haber ofrecido al mandamás de la FIFA un contrato comercial estándar o un intercambio de bienes y servicios.

Allá donde va, Infantino aprovecha la popularidad del fútbol como imán de riqueza y lavadora de reputaciones. De Paul Kagame en Ruanda, a Ilham Aliyev en Azerbaiyán, pasando por el emir de Catar Tamim bin Hamad bin Khalifa Al Thani, Infantino ha ido engatusando a regímenes autocráticos a una velocidad récord. El presidente ruso Vladímir Putin lo premió con el Orden de la Amistad y Mohammed bin Salmán le hace la corte. ¿O es al revés? Kagame parece ser uno de los dictadores favoritos de Infantino. Ambos se han encontrado no menos de nueve veces a lo largo de los años, y en 2023 la FIFA celebró su congreso anual en Kigali. Las organizaciones de derechos humanos sitúan a Ruanda en el ranking de países africanos con peores índices en de derechos y libertades. El Gobierno de Kagame ha sido acusado de usar arrestos, detenciones arbitrarias y torturas para suprimir la disidencia. Sin embargo, eso no ha frenado a Infantino. Al contrario: conectó su victoria de 2016 con la recuperación ruandesa del genocidio.

 

Infantino aprovecha la popularidad del fútbol como imán de riqueza y lavadora de reputaciones. De Paul Kagame en Ruanda, a Ilham Aliyev en Azerbaiyán, pasando por el emir de Catar. Ha ido engatusando a regímenes autocráticos a una velocidad récord

 

EN MODO ‘MAGA’

En 2025, Infantino ha estado ocupado cortejando a Donald Trump. Después del retorno del magnate a la Casa Blanca, Infantino activó totalmente el modo ‘MAGA’ (las siglas de ‘Make America Great Again’ que lucen los seguidores del presidente estadounidense). A la vez que Trump promulgaba políticas crueles de deportaciones en masa y desmantelaba el aparato del Estado a través del DOGE, el Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk, Infantino se arrastró a los pies del mandatario norteamericano. Primero, el día de su investidura en Washington D.C.; después, en la Super Bowl, la final de la liga profesional de fútbol americano celebrada en Nueva Orleans; más tarde, en la cumbre Future Investment Initiative Priority, impulsada por los saudíes en Miami. Ambos también se encontraron en un evento de artes marciales mixtas de la UFC.

Este año, Infantino ha apoyado a Trump como nunca antes, después de que Biden hubiera congelado esa vinculación con la Casa Blanca. Infantino da espaldarazos a su nuevo colega siempre que puede: se presentó en la capital estadounidense con una corbata roja, el color del Partido Republicano. Pese a ser solo un dirigente deportivo, felicitó a Trump por su victoria antes de que los votos electorales fueran oficialmente contabilizados. Que Trump le mentara en aquel momento, dejó a Infantino extasiado. “La FIFA está siendo respetada al máximo, al ser mencionada por el presidente de los Estados Unidos de América en su mitin de la victoria, en su discurso de la victoria. Es algo único, es precioso”, dijo Infantino. También ha calcado parte de la retórica trumpista: “Quiero dar las gracias al presidente Trump, con el que tengo una gran amistad, y asegurarle que, juntos, no solo haremos America great again, sino también el resto del mundo, por supuesto, porque el fútbol, el soccer, une al mundo”.

Este verano, Estados Unidos acogerá el primer Mundial de Clubes de 32 equipos, y el año que viene, la primera Copa del Mundo de 48 selecciones, pero la relación de Infantino con Trump parece ir más allá que la que mantienen un dirigente deportivo y un jefe de Estado. Infantino tiene más acceso a Trump que la mayoría de líderes mundiales. Recientemente, ha realizado una gira por Oriente Próximo con el presidente norteamericano. En Arabia Saudí, el jefe de la FIFA se sentó al lado del príncipe Mohammed bin Salmán, más cerca que Marco Rubio, el secretario de Estado de EE.UU. Detrás del atril, Trump explicó que Infantino “había llevado la Copa del Mundo a Arabia Saudí”, contradiciendo las afirmaciones de la FIFA de que la elección había pasado por los debidos procesos. Antes, en el grupo de trabajo dedicado al Mundial 2026 en la Casa Blanca, el presidente describió al mandatario de la FIFA como “alguien que se despierta el día de Navidad siendo un niño pequeño que mira todos esos regalos que hay bajo el árbol “. Infantino se alinea con el movimiento MAGA. Como explica Juley Boykoff en The Guardian, “deja al descubierto la mentira de que el deporte no tiene importancia y que el fútbol debería ser, como defiende la FIFA, apolítico. En los años 30, Mussolini y Hitler explotaron grandes competiciones deportivas, y en 1978, la dictadura argentina se benefició de organizar el Mundial. Dictadores, autócratas y caudillos siempre se han aprovechado de este deporte”.

Aquel viaje a Arabia provocó que llegara tarde al 75º congreso de la FIFA, celebrado en Luque, Paraguay, donde dejó colgados al presidente del país, Santiago Peña, y a cientos de delegados, en una ciudad reprimida por una gigantesca presencia militar decidida a mantener a salvo a la ‘familia del fútbol’. Había soldados con rifles e incluso tanques formando en las calles. En protesta por esa tardanza, la UEFA en bloque, incluidos los miembros del consejo de la FIFA, escenificaron su retirada, dejando a Infantino rodeado de ocho asientos vacíos en el escenario. Parecía algo alterado, pero no podía enfadarse. Sabía que, con tantas federaciones dependientes de los fondos de desarrollo de la FIFA, el resto del mundo le daría su apoyo. Señaló hábilmente los 13.000 millones de dólares de ingresos para el ejercicio 2023-26 como incentivo. A la CONMEBOL, la manera de actuar de Infantino no pareció preocuparle en exceso. De hecho, la confederación incluso lo homenajeó bautizando con su nombre a una torre del Bourbon Hotel de la ciudad paraguaya. Un gesto llamativo, teniendo en cuenta que el hotel llegó a incluir una placa con los nombres de los dirigentes sudamericanos que más tarde serían arrestados en el escándalo de corrupción de la FIFA.

Infantino parece intocable. Es más, con Bin Salmán, un dictador, y Trump, un criminal convicto de su parte, va camino de empequeñecer el tan denostado mandato de Blatter.