Fearless nos sorprende a mitad de camino de la cara A de esa pequeña joya de Pink Floyd llamada Meddle, su sexto disco de estudio, producido en 1971. Una batería que late, a la que se le añaden notas suaves de bajo, piano, guitarra, coronadas por la voz fina de David Gilmour: lo reconocemos, es el sonido pinkfloydiano, pero suena algo más sutil.

El resultado es una canción de ambiente onírico y de estructura tan frágil y perezosa como un lunes por la mañana, pero cuyo mensaje tiene la fuerza de un sábado a las 3 de la tarde en Anfield Road. Literalmente, pues lo que hace única a Fearless es que, con ella, Pink Floyd se valió de la musicalidad pop de las gradas ‘reds’ y la dotó de un sentido artístico.

Como sin querer, ese You’ll Never Walk Alone -completado con gritos de ‘¡Liverpool, Liverpool!’ que contestan a los ‘¡Everton, Everton!’ que lanzan desde la otra esquina- asoma tímidamente entre los primeros compases de la canción, para luego conquistar su parte final y despertarnos del sueño melódico con otro sueño, esta vez futbolero. Un griterío que ilustra y refuerza versos que nos hablan de afrontar los miedos: ¿Y qué hacemos, más que sacudirnos los temores, cuando cantamos a pleno pulmón rodeados de los nuestros, detrás de la portería en la que nuestro meta está teniendo un día nefasto y ataca y ataca el rival?

Fearless es un tributo al deporte que Waters, Gilmour, Wright y Mason abrazaban en su tiempo libre, vestidos con la camiseta del Pink Floyd FC o perdidos en las tribunas de Highbury o del mismo Anfield. Olían césped para descansar de tanta experimentación, tanta psicodelia, tanta historia del rock saliendo de sus dedos… Y así fue cómo la música popular recuperó la posesión del balón. Sin embargo, con los años, la canción quedó enterrada bajo una discografía colosal. Aunque, paradojas del arte, en su olvido acabó residiendo su fuerza: Fearless espera a que el futbolero con inquietudes musicales se acerque a Pink Floyd por otras vías, y escarbe y escarbe, hasta que, un buen día, empiece Meddle por la cara A y dé con ella. Y entonces, gol.

 


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