El móvil ahí, sobre la mesa del comedor. Sentada en el sofá, espera la llamada. No es una llamada cualquiera. Es la gran llamada. Nervios. Manos juntas y dedos entrelazados situados justo debajo de la barbilla. Los labios sellados en el más absoluto silencio y la vista clavada en el smartphone. Y dejar correr las numerosas horas que tiene una tarde entera. Pues así es como nunca me la imaginaría. Esa imagen mental dudo que haya existido. Porque ese no es el carácter que se le suele atribuir a alguien como ella. No tengo ni la menor idea de cómo será Ainize Barea, conocida como ‘Peke’, pero igual me puedo imaginar algunos rasgos de la delantera del Deportivo nacida en Arrigorriaga.

Imagino que será una persona ambiciosa, como prueban los diez goles que ha marcado en estos últimos cuatro encuentros. Y creo que no le hace ascos, tampoco, a la creatividad nacida de recortes capaces de desparramar a defensoras sobre el lienzo verde de Riazor. Y fría. Detener el tiempo. Respirar y regodearse, durante unos segundos, en el silencio de Abegondo justo antes de estallar con su enésimo gol. Más que medir, moldear el reloj, tal y como hacen las delanteras, para que ese tiro encuentre el destino en el fondo de las mallas.

No sé tampoco si Ainize usa esta palabra. Pero imagino que será resiliente como demuestran los tres goles que anotó ante la Real Sociedad. Hasta en tres ocasiones adelantó a las gallegas cuando la Real buscaba ponerse por delante. Y si las cosas no salen, si el empate se refleja en el marcador al término de la hora y media reglamentaria, entonces frunce el ceño y le endosa otros tres goles al Sporting de Huelva, culminando una nueva goleada. Un paso atrás para dar dos hacia adelante.

A sus 28 años, estoy seguro que ‘Peke’ tiene bien presente sus orígenes. Se hizo un nombre en los campos regionales del Pais Vasco tras disputar ocho temporadas con el Ugao. Allí le apodaron ‘Peke’, tras compartir vestuario con otras dos tocayas y medir ella 153 centímetros. Un club, todo sea dicho, al que llegó después de combinar el balón con la pelota vasca. Pero debe ser una persona pasional pues el amor por el balón la llevó a decidirse por el fútbol y pasar desde los 15 años hasta los 23 formando parte de la delantera del primer equipo. Mucha experiencia y un buen saco de goles en sus piernas.

 

Le faltará tiempo para abrocharse las botas y saltar al césped. Igual hasta se muerde las uñas pensando a quién le va a caer el próximo zarpazo

 

Y, como toda profesional, soñadora. Porque el Santa Teresa le brindó la oportunidad de llegar a Primera División y no se lo pensó. El cambio tampoco era sencillo. Saltar de la liga regional a la máxima categoría del fútbol femenino en nuestro país hubiese provocado sudores fríos en muchísima gente. Pero ahí estaba, al alcance de sus botas. La posibilidad de hacerse un hueco en la élite del fútbol español. De marcar su primer gol ante el Alcaine. De ser referente.

Pero Badajoz también le mostró cómo de amargo sabe el barro cuando lo muerdes. Una rotura de ligamento cruzado en la rodilla derecha la dejó en la estocada en febrero de 2016. Ocho largos meses viendo los partidos desde las gradas. Muchísimo tiempo sin pisar un terreno de juego, acompañada de frustración y soledad. “Antes de lesionarme de la rodilla estaba a un nivel brutal [en el Santa Teresa], llegué de la nada al techo y del techo a la nada, fue como un golpe”, explicó a Rocío Candal, de riazor.org.

Así que me da por suponer que a ‘Peke’ le sobra coraje para sobreponerse a una de las peores lesiones de este deporte, calzarse de nuevo las botas y mirar al cielo. Tras disputar su segunda temporada con el Santa Teresa, le surgió la oportunidad de vestir la casaca blanquiazul del Deportivo. Y allí, en el noroeste de España, recuperó la esencia de su juego.

No lo puedo prometer, pero me da la impresión de que ‘Peke’ es generosa, a juzgar por cómo se asocia con el resto de compañeras. Ese pulso tranquilo al trazar jugadas y combinaciones que suelen acabar con el balón -tras regresar a sus botas- abrazado a la red. Esa precisa sociedad que hizo letal junto a Gaby García. Entre las dos, sumaron 63 goles en la temporada que mandó a las gallegas a la Primera Iberdrola. Un vínculo sobre el terreno de juego que hizo historia y que a buen seguro sería el orgullo de los fundadores del Karbo.

¿Y si hablamos de atrevimiento? Pocos apostaron por la permanencia de las ‘herculinas’. Pero supongo que esa aptitud también emana de ella. Ganará o perderá. Marcará o se quedará con el saco vacío. Pero no hay partido en el que ‘Peke’, junto al resto de sus compañeras, no ponga en apuros a las rivales. Y el resultado de la ecuación es sencillo. Con dicha actitud, las blanquiazules compiten en los puestos altos de la clasificación.

¿Qué le pedís a un partido de fútbol? Los más puristas pedirán buen fútbol. Buen juego. Un partido vistoso. Otros tantos pedirán goles. La esencia de este deporte. Y en esto, ‘Peke’ es una experta. A su afición ya le ha regalado 72 goles, convirtiéndose de esta manera en la máxima goleadora de un club al que seguramente adora. Pero ese olfato goleador suele despertar las miradas de otros clubes que igual gozan de más nombre y prestigio. Ofertas que pueden marear o nublar el juicio. Dudas y más dudas sobre el futuro.

Pero saben en A Coruña que su corazón no se descompasará con los rumores que puedan llegar. Porque pienso que esta delantera también es fiel, pues tras llegar a Galicia en 2017, ha renovado por tres años más, hasta 2023, en una muestra de agradecimiento a los colores que la han catapultado, de nuevo, al techo. Y allí es donde está ella ahora mismo. Pletórica de confianza y con el mismo hambre de siempre. Le faltará tiempo para abrocharse las botas y saltar al césped. Igual hasta se muerde las uñas pensando a quién le va a caer el próximo zarpazo. Igual, quizás, cae más de uno como viene pasando últimamente.

Por todo eso, no me imagino a Ainize sentada en el sofá, pendiente de los relojes y las horas muertas. Una tarde entera a la espera de ver publicada una lista de convocadas en la que merecía estar. Porque en el fondo todos sabemos que, arrasando como lo está haciendo, es cuestión de tiempo que su nombre acabe estampado en la zamarra roja de la selección. O por lo menos, lo imaginamos.

 


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