El mito popular de que el fútbol y la política son incompatibles sigue cogiendo fuerza en la opinión pública. Como si golpear a un balón y hablar sobre asuntos diplomáticos fuese algo contradictorio, antagónico e imperdonable. Pocos son los valientes que han cogido el micro para discutir temas que desafían las obviedades. Uno de ellos es Hakan Şükür. El exfutbolista no vuelve a casa por Navidad. Es más, nunca volverá a Turquía. La política le ha alejado del que una vez fue su hogar, un lugar al que siempre acudía cuando las cosas no iban como se esperaba.

Şükür debutó en 1987 en el Sakaryaspor cuando solo tenía diecisiete años. Tres años más tarde ficharía por el Bursaspor, marcando seis goles en 27 partidos y destacando de tal forma que recibió su primera llamada de la selección absoluta. Su debut llegaría en marzo de 1992 frente a Luxemburgo. En ese mismo año, pasaría a jugar con uno de los grandes de Turquía, el Galatasaray. En sus tres primeras temporadas consiguió anotar 19, 16 y 19 tantos, respectivamente, y el Torino no tardó en levantar el teléfono mostrando su interés por el delantero.

Hakan Şükür se convirtió en el segundo futbolista en la historia del país en jugar en la Serie A, siguiendo los pasos de El Profesor turco Lefter Küçükandonyadis, que ficharía por la Fiorentina en 1951. Sin embargo, la dolce vita no era una película de Fellini y tras varios meses en la ciudad de la Mole y un solo gol anotado en sus cinco partidos, Şükür volvería al Galatasaray. En su retorno a Turquía, el jugador volvió a encontrarse a sí mismo y encaró su etapa más prolífica como futbolista, retomando sus cifras goleadoras y ganando la Copa de la UEFA con el club, el primero en Turquía en conseguir el preciado trofeo.

 

Şükür se trasladó a Estados Unidos para evitar la prisión o incluso la muerte en su Turquía natal. Su padre fue detenido y desde entonces no ha vuelto a verle

 

En el 2000, Hakan Şükür volvió a salir del club turco para dirigirse, otra vez, a Italia, esta vez para incorporarse al Inter de Milán. Sin embargo, la competencia con Vieri y Ronaldo provocó que el futbolista pisara poco el terreno de juego. Tras dos años de idas y venidas, su segundo destino fue el Parma, seguido del Blackburn Rovers inglés, clubes donde tampoco llegó a cuajar del todo. En 2003, Şükür volvió al Galatasaray, donde continuaría jugando hasta su retirada en 2008. En el plano internacional, Şükür jugó 112 partidos con la selección turca y superó al previamente mencionado Lefter Küçükandonyadis en 1998 como el máximo goleador de la absoluta, además de marcar el gol más rápido en la historia de las competiciones internacionales: 10.8 segundos necesitó para anotar frente a Corea en el Mundial de 2002. La lista de condecoraciones del turco no acaba ahí, pues fue nombrado máximo goleador histórico de la liga del país con 249 tantos y también mejor jugador turco de los últimos 50 años.

A pesar de su prolífica carrera profesional, Şükür no tuvo la misma suerte en su vida privada. En 1999, su exmujer falleció en el terremoto de Izmit y tras su retirada, se afilió al Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP), la conservadora y religiosa asociación del actual presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan. En 2011 fue elegido miembro del parlamento turco representando a la provincia de Estambul. Cambiar los terrenos de juego por las asambleas políticas fue un salto de valentía para Şükür. También se convertiría en comentarista para la TRT, la televisión turca. Su situación comenzó a empeorar cuando, en 2013, decidió dejar el partido y continuar su labor como ministro en solitario por diferencias políticas.

La polémica no tardaría en inundar su agenda política, primero, cuando declaró que en verdad él era albanés, y no turco, comentario que hizo la estallar la controversia en una Turquía poco tolerante con dicha nacionalidad. Şükür era también considerado parte del movimiento islámico Gülen, liderado por el clérigo Fetullah Gülen, que vive en Estados Unidos desde 1999. Considerada como una organización política religiosa terrorista, tras el intento de coup d’etat de 2016 se culpó a dicho movimiento. La drástica situación en la capital turca incitó a Hakan Şükür a insultar al presidente Erdoğan en la red social Twitter, palabras que provocaron una orden de arresto para el exfutbolista en agosto de ese mismo año por, según el gobierno local, formar parte de un “grupo terrorista armado”. Los que fueron asistentes a su boda, Gülen y Erdoğan, eran ahora la principal razón por la que Şükür debía dejar el país. La situación era insostenible. El que un día fue héroe nacional era ahora carne de carroña para muchos.

En 2017 Hakan Şükür se trasladó a Estados Unidos para evitar la prisión o incluso la muerte en su Turquía natal. Su padre fue detenido y desde entonces no ha vuelto a verle, ni ha sabido nada más de él. La que un día fue su casa, su hogar, es hoy su peor pesadilla. El lugar al que acudía cuando su mejor versión se había disipado, cuando sus aventuras en Italia no habían dado sus frutos es ahora una fruta prohibida que no debe morder. Una ciudad que siempre le recibió con los brazos abiertos y que ahora le cierra sus puertas. John Dos Passos dijo, “podéis arrancar al hombre de su país, pero no podéis arrancar el país del corazón del hombre”. Porque si hay algo que Şükür quiere más que nada, es volver a casa.