“Mi urgencia de cantar para sentirme vivo me la infundieron los tangos de Carlos Gardel, que contagiaron a medio mundo. Me hacía vestir como él, con sombrero de fieltro y bufanda de seda, y no necesitaba demasiadas súplicas para que soltara un tango a todo pecho”, confesó Gabriel García Márquez en su novela autobiográfica Vivir para contarla. La voz de Gardel enamoraba al público allá donde fuera, difundiendo la belleza del tango acompañado del bandoneón y la guitarra. Este género musical levantó pasiones y fue uno de los mayores símbolos de la argentinidad durante la primera mitad del siglo XX, una época en la que también empezó a contagiarse la fiebre por el fútbol, otra de las grandes aficiones de Gardel.

Poco se sabe acerca del origen del ‘Morocho del Abasto’, apodado de esta manera debido a sus primeros años de infancia en la zona del Abasto, en Buenos Aires. Existe un eterno debate entre franceses y uruguayos por el nacimiento de Gardel. Unos dicen que fue en Toulouse, en 1890; mientras los charrúas defienden que fue en Tacuarembó, en 1887. Algunas fuentes, tal como comenta Jonathan Wilson en Ángeles con caras sucias, sostienen que la madre biológica del genio, Berthe Gardes, decidió mudarse a Argentina desde Francia debido al estigma de criar a un hijo fuera del matrimonio. En 1920, el propio Gardel solicitaría la ciudadanía uruguaya antes de viajar a Europa para evitar problemas con las autoridades galas, “al no haber cumplido con su obligación legal de registrarse en la milicia francesa durante la Primera Guerra Mundial”, señala Wilson como la teoría más convincente. 

CORAZÓN FUTBOLERO 

Al margen de la incertidumbre sobre su llegada al mundo, no hay ninguna duda sobre su talento para la música, gracias a la cual se convirtió en la mayor celebridad de Argentina. En su juventud empezó a cantar en bares y en fiestas privadas, llenando los escenarios donde se acumulaban las gentes para escucharle. El tango y el fútbol se erigieron como las principales expresiones de hermanamiento de la sociedad, cuyos debates favorecieron la fama de los ídolos de ambas disciplinas: unos embelesaban al público cantando y otros pateando el balón.

 

“Burlar a la defensa, con pases y gambetas, y ser como Ochoíta, el crack de la afición”, entonaba Gardel, socio número 11.860 de Racing

 

Gardel prefería las carreras de caballos, pues muchos domingos se dejaba ver por el hipódromo e intentaba apostar a caballo ganador. Aun así, también disfrutó de algunas tardes en los potreros jugando a ese deporte que, pocos años antes, habían llevado los ingleses a Latinoamérica. Su vínculo con el fútbol fue, en gran parte, gracias a sus amistades. Manuel ‘Nolo’ Ferreira, capitán de la selección y jugador de Estudiantes de la Plata; Bernabé Ferreyra, de River Plate, o Pedro Ochoa, de Racing Club de Avellaneda, fueron algunos de los camaradas argentinos del tenor. Ochoa tuvo un papel protagonista en la versión primigenia del tango Patadura. “Burlar a la defensa, con pases y gambetas, y ser como Ochoíta, el crack de la afición”, entonaba Gardel, socio número 11.860 de Racing.

El equipo porteño, por aquel entonces apodado ‘La Academia’, celebró siete títulos de liga consecutivos -récord todavía vigente en el fútbol argentino- entre 1913 y 1919, una hazaña que debió cautivar al ‘Zorzal Criollo’, otro de sus sobrenombres. Incluso una estatua del intérprete presencia todos los partidos en la grada de El Cilindro desde hace cinco años. Sin embargo, los uruguayos piensan que era de Nacional, pues alguna vez asistió al estadio a ver sus partidos. Mientras, otros creían que era de Independiente de Avellaneda, rival de Racing. Del mismo modo que el lugar y la fecha de nacimiento, el club de su corazón también es motivo de controversia.

Durante la celebración de los Juegos Olímpicos de 1928, en Ámsterdam, Gardel estaba en Europa. La selección argentina hizo escala en París, donde el cantautor les deseó suerte con sus melodías de tango, ese “pensamiento triste que se baila”, según el compositor Enrique Santos Discépolo. Gardel estrenó Dandy para desear suerte al combinado nacional, que días más tarde llegaría a la final del torneo pero acabaría sucumbiendo ante Uruguay.

 

“Más de uno cree que ahí tenemos la prueba de que Gardel era uruguayo”, expresó el escritor Eduardo Galeano

 

Dos años más tarde, Uruguay y Argentina volvieron a encontrarse en la final de la Copa del Mundo, celebrada en Montevideo. El ‘Morocho del Abasto’ presenció el desenlace de la primera cita mundialista de la historia, un encuentro marcado por el juego duro y las diferencias entre los países fronterizos. Gardel había cantado Dandy de nuevo para la ‘Albiceleste’ en la noche anterior al duelo, en el que los ‘Charrúas’ fueron vencedores otra vez. “Muchos juran que la intención estaba fuera de toda sospecha, pero más de uno cree que ahí tenemos la prueba de que Gardel era uruguayo”, expresó su posible compatriota y escritor Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra. A su vez, Jonathan Wilson revela que “hay pocas dudas de que en privado quería que Argentina ganara”.

Dicen que tiempo después Gardel organizó una quedada entre uruguayos y argentinos para fomentar la hermandad entre ellos. Pero no salió demasiado bien, ya que el evento se convirtió en una refriega y, según cuenta la anécdota, el delantero de Independiente Raimundo Orsi le rompió un violín en la cabeza al ‘Charrúa’ José Leandro Andrade. Ni siquiera los tangos de Gardel apaciguaron los ánimos. El sentimiento visceral por el fútbol ya era superlativo, motivo de pasión y sufrimiento, causante de amistades y enemistades. El tango -que además fue el nombre que recibió el balón oficial del Mundial de Argentina’78- sirvió también en muchas ocasiones para plasmar los amores y desamores de los aficionados con su equipo.

GARDEL Y EL BARÇA

Los vínculos de Gardel con el fútbol no acababan en Sudamérica, pues también entabló amistad en España con jugadores como Josep Samitier o Ricardo Zamora. El ‘Zorzal Criollo’, quien también ejerció de actor en varias películas, dedicó una de las versiones de Patadura a los futbolistas del FC Barcelona, club del que fue socio honorario. Gardel también brindó un tango en honor a Samitier, quien incluso llegó a regalarle un coche:

De las playas argentinas, donde el tango es la ilusión,

tú mereces, bravo Sami, que te brinden la canción,

tú mereces que las notas de un tanguito de arrabal,

lloren penas por tu ausencia, que quizás nos cause mal.

Cuando el tango, rezongando, nos murmure “Samitier”,

caballero que has dejado mil recuerdos por doquier,

brindaremos nuestro aplauso por el “Mago del Balón”,

que vivir horas nos hizo, de entusiasmo y emoción.

¡Sami!

capitán del Barcelona…

con tu juego, que emociona,

nos has hecho estremecer…

¡Sami!

portador de la nobleza

de tu tierra de grandeza…

¡caballero Samitier!

Cuando llegues a tus lares, a tu tierra la inmortal,

y en los campos de la añeja, de la fiel Ciudad Condal,

tu silueta se deslice sobre el césped tentador,

y retumben los espacios, ante el grito alentador,

no te olvides ¡bravo Sami! ¡valeroso capitán!

que los buenos argentinos te recuerdan con afán

pues dejaste en el Plata simpatías por doquier,

¡capitán del Barcelona!… ¡caballero Samitier!

El argentino estuvo en Santander en la final de Copa del 1928, que enfrentaba al Barça y a la Real Sociedad. Acompañado del poeta Rafael Alberti, Gardel vio el primero de los tres partidos que se necesitaron para romper finalmente el empate. El duelo inicial, del mismo modo que el segundo encuentro, acabó 1-1. Aquella tarde fueron decisivas las paradas del cancerbero azulgrana, Franz Platko, quien sufrió un encontronazo con el realista Cholín que le obligó a abandonar el campo en el primer tiempo con la testa ensangrentada. Aun así, regresó al terreno de juego en la segunda parte con la cabeza vendada y seis puntos de sutura. 

Después del partido, el portero húngaro fue al hospital, donde se tomó una icónica fotografía en la que aparece junto a Samitier -también lesionado- y Gardel, quienes le hacían compañía durante su recuperación. El argentino cantó en el hotel para animar a la plantilla culé y Alberti decidió dedicarle una oda al valiente ‘Oso rubio de Hungría’. El conjunto azulgrana acabaría alzando el trofeo de campeón tras un 3-1 en el encuentro definitivo.

 

“Entre ustedes, me siento un barcelonista más”, confesó Gardel

 

En aquella época los azulgranas también hicieron una gira por Buenos Aires y Montevideo, en la que no lograron cosechar muy buenos resultados. El rendimiento del equipo no fue el esperado, pero como mínimo pudieron disfrutar de la compañía de Gardel, quien amenizó las veladas con su voz y el bandoneón. El músico incluso llegó a confesar, en una entrevista en la Ciudad Condal, que fue el conjunto catalán el que hizo florecer su pasión por el fútbol: “No comenzó a gustarme hasta que vi jugar al Barcelona. […] Entre ustedes, me siento un barcelonista más”.

GARDEL NACIÓ EN MEDELLÍN

El periodista y amigo de Gardel, Edmundo Guibourg, recuerda el miedo del cantante a volar, a partir de un desplazamiento de París a Londres para ver un partido: “Íbamos a salir en avión, pero Carlos se opuso. No quería. A veces pienso que fue una premonición y entonces me arrepiento de haber sido yo quien le presentara a Alfredo Le Pera, porque fue justamente él quien le sacó esa aprensión”. Gardel, acompañado precisamente del compositor Alfredo Le Pera, murió en Medellín el 24 de junio de 1935. Una colisión entre dos aviones en el momento del despegue, en el aeropuerto Olaya Herrera, acabó con la vida del tenor. Su guitarrista, Guillermo Barbieri, y su secretario, Corpas Moreno, entre otros, también fallecieron aquel fatídico día.

“Aquí cantó la última canción, aquí nació de verdá. En Medellín nació Gardel”, dice el protagonista de la novela Aire de tango, de Manuel Mejía Vallejo -cita recogida por David García Cames en el artículo ‘Los atorrantes mueren donde murió Gardel’, del #Panenka93-. En Colombia nació la leyenda y en Colombia aún se le recuerda, como en el resto del mundo. En el cementerio de la Chacarita descansa el virtuoso, recitando melodías desde el cielo, evocando la época en que los tangos y el fútbol brotaron como principales expresiones de la identidad argentina. Los escenarios y los potreros nunca olvidarán a Gardel. Divino cantor, amigo del gol.

 


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