En un mundo con tantas desigualdades y diferencias entre los países que lo forman, hay algo que se puede encontrar en cualquier rincón del planeta: un balón de fútbol. Un deporte universal y que puede unir a personas incluso cuando estas son completamente distintas. Europa y América siempre han destacado por encima de los demás continentes a nivel de cultura y potencial futbolístico. Pero también se juega en Asia, en Oceanía y, por supuesto, en África, de donde han salido estrellas como Roger Milla, George Weah, Didier Drogba o Samuel Eto’o entre otros.

África, tierra de dictaduras y pobreza, está formada por 54 estados. Uno de ellos, el más pequeño de todos, es Gambia. Rodeado por Senegal y con nombre del río que lo atraviesa de este a oeste, este país se independizó del Reino Unido en 1965 para convertirse en una monarquía y, posteriormente, en 1970, en una república. Su presidente fue Dawda Jawara, que logró hacer crecer económicamente al país, hasta que un golpe de estado de Yahya Jammeh en 1994 acabó con la instauración de una dictadura. Este régimen persiguió a los homosexuales y también a los periodistas. Deyda Hydara, fundador y exdirector de The Point Newspaper, fue asesinado en 2005 tras criticar a Jammech. Casi 20 años después del golpe de estado, en 2015, el dictador declaró la República de Gambia y en 2016 perdió las elecciones ante Adama Barrow, actual presidente del país. Pese a tratarse de una república presidencialista demócrata, Amnistia Internacional advirtió que sigue habiendo muchos cabos sueltos de la dictadura de Jammeh por resolver. De hecho, Barrow no ha dejado satisfechos a los habitantes del país. Prometió permanecer tres años como presidente y no ha cumplido con su palabra. Se ha iniciado un movimiento llamado Three years Jotna (Tres años son suficientes) en contra de Barrow, con manifestaciones con detenidos, heridos y el cierre de dos emisoras de radio. Gambia ha dado un paso atrás, sumergida en una situación que la coloca con uno de los peores índices de desarrollo social y económico (se sustenta en la agricultura, la pesca y la ganadería) y con la sombra de un posible regreso de Jammeh al país acechando a la vuelta de la esquina.

En medio de todo este descontrol, el fútbol sobrevive. Es cierto que Gambia, con capital en Banjul, nunca ha destacado en el deporte rey. De hecho, su selección nunca ha participado ni en un Mundial ni en una Copa África aún habiendo disputado las fases de clasificación. “Pese a la colonización británica, Gambia no instauró una filosofía del fútbol como sí ocurrió en Zambia, Nigeria o Ghana, que les permitió dar un salto cualitativo años más tarde”, comenta Alberto Edjogo Owono, autor del libro Indomable: cuadernos del fútbol africano. Tampoco ha tenido jugadores destacados. Solo uno logró hacerse un hueco en el fútbol europeo y, más concretamente, en España. Alhaji Momodo Njle, más conocido como Biri Biri, aterrizó en Sevilla en 1973 tras una breve etapa sin éxito en el Derby County y el Boldklubben danés. Se convirtió en el primer gambiano en hacerse profesional y jugar en el extranjero. “Aquello ocurrió en los 70 y el fútbol ha cambiado mucho desde entonces. Él fue el precursor, abrió una puerta y luego han salido más jugadores del país. De hecho su hijo juega en el Boavista portugués y en el Trujillo extremeño está Ensa Njie, que lleva 16 goles en 19 partidos, pero la situación no ha mejorado. Gambia sigue siendo un país muy pobre y muy pequeño y que salgan estrellas es complicado. Lo comparas con Senegal, que es el país que lo rodea, y la diferencia es abismal”, explica José Ignacio Martínez, periodista sevillano.

La Federación de Fútbol de Gambia se fundó en 1952 y desde 1996 es miembro de la CAF (Confederación Africana de Fútbol) y de la FIFA. Se encarga de organizar la liga y la copa del país y los amistosos de su selección. Gambia ocupa el puesto 159 en el ranking FIFA y disputar un Mundial es prácticamente una utopía para el país. “Es cierto que no hay nada imposible y hace unos años Trinidad y Tobago llegó a participar en el Mundial de Alemania 2006, pero viendo el nivel de otros países eso no va a pasar. Hay potencias con jugadores que logran jugar en las primeras divisiones de Europa, pero en el caso de Gambia con suerte alguno llega a una categoría inferior”, afirma José Ignacio Martínez.

Lo mismo piensa Agi Dambelley. Nacido en Calella pero de padres gambianos, pasó por el Palamós, el Hospitalet y el Conquense antes de irse a Kuwait a defender el escudo del Al-Jahra. Pese haber crecido en Pineda de Mar, como buen amante del fútbol sigue y se interesa por la situación de Gambia, aunque la observa desde la distancia: “El fútbol allí necesita un cambio radical. A menudo hay problemas con jugadores que se enfadan y no quieren acudir a la llamada de la selección por culpa de problemas internos. Hay altos cargos de la federación que priman más el interés económico que el deportivo y a veces convocan jugadores que no tienen el nivel suficiente para competir, pero eso a corto plazo les produce beneficios económicos vendiéndolos a Europa por haber debutado con su país. Al final eso afecta a la evolución de la selección y al fútbol de Gambia”. Poder jugar una Copa de África, el trofeo más importante del continente, es complicado pero no tanto. De hecho, actualmente la selección gambiana lidera su grupo en la fase de clasificación para el torneo. Suma cuatro puntos en dos jornadas tras haber derrotado a Angola por 1-3 y haber empatado ante RD Congo (2-2). Los dos partidos del próximo mes de marzo ante Gabón (el 23, a domicilio, y el 31, en casa) pueden ser decisivos para el devenir de Gambia en la competición.

El fútbol como motor humano

Sería un hecho histórico para un país que, pese a no despuntar por su fútbol, vive el balompié con pasión. José Ignacio Martínez visitó Gambia para entrevistar a Biri Biri para la revista Panenka y recuerda presenciar un Barça-Liverpool de semifinales de la Liga de Campeones rodeado de locos por el deporte rey: “La gente se reúne en videoclubes o bares para ver los partidos. Siguen a los grandes equipos como el Barça, el Madrid o el City, y también la Champions. Por supuesto conocen a Messi o Cristiano. Quizá les bailan los datos de quién ha ganado qué, pero los jugadores los tienen controlados”. Lo mismo explica Javier Roldán, de la ONG Playing Spain: “La gente se vuelca y el fútbol se vive mucho. Nosotros estuvimos allí en agosto de 2018 cuando se disputó la final de la Supercopa de Europa entre el Madrid y el Atlético (2-4 para los colchoneros). Estaba todo el pueblo delante una televisión de 24 pulgadas que funcionaba con un generador, porque no teníamos electricidad, viendo el partido. Se pagaban 15 céntimos aproximadamente y podías ver el choque”.

La ONG Playing Spain es una de las muchas organizaciones que actúa en Gambia para ayudar al país. La diferencia es que lo hace a través del deporte organizando eventos y torneos en España para recaudar dinero que luego se invierte en un proyecto educativo. “Hoy en día la escuela tiene capacidad para 120 alumnos de entre cuatro y ocho años que abarca desde 1º de Educación Infantil hasta 1º de Educación Primaria. Después de este verano ampliaremos para acoger a 150 alumnos hasta 2º de Educación Primaria. Cada año intentamos añadir un curso porque los niños van creciendo y necesitan seguir yendo al colegio”, explica Javier Roldán. Para no olvidarse de los jóvenes, Playing organiza anualmente un torneo para equipos juveniles de algunos pueblos de Gambia únicamente “para fomentar el deporte, sin ánimo de lucro”. En España, el pasado 25 de enero, la Universidad Complutense de Madrid acogió un torneo de fútbol 7 de la ONG para recoger fondos para ese proyecto. En sólo cuatro días de inscripción logró el sold out y finalmente se recaudaron más de mil euros. “Funcionó bastante bien. Teníamos pocas horas y nos llovió, pero la gente que vino se lo pasó bien. Todos los participantes de nuestros torneos se olvidan de competir y optan por el buen rollo”, afirma Roldán. Aunque esas competiciones sólo se hacen en Madrid, Roldán reconoce que les gustaría poder hacerlo en otras ciudades: “Por ahora solo tenemos las instalaciones en Madrid, pero si algún pueblo o ciudad nos lo ofrece y nos da esa difusión necesaria nosotros estaremos encantados”.

Educación y deporte. Dos conceptos que van muy unidos, ya que en toda practica deportiva hay implícita una serie de valores para transmitir y formar a los chicos y chicas, no solo como deportistas sino como personas. En Gambia, el fútbol es una oportunidad y una herramienta lúdica en una tierra donde la estabilidad económica y social brilla por su ausencia. “Estuve en una escuela que luchaba para formar gente y lograr que se quedaran allí a través del fútbol. Gambia es un país pequeño pero con salida al Atlántico y próximo a las Islas Canarias. Es un emisor de emigrantes muy grande y Europa siempre está en el horizonte”, comenta José Ignacio Martínez. Por su parte, Javier Roldán se queda con la forma en que el pueblo gambiano vive y siente el deporte rey pese a las malas condiciones que se puedan encontrar: “A nivel lúdico es brutal, porque es algo gratis y que está al alcance. También es cierto que muchos chicos lo ven como una forma de ganarse la vida y poder llegar a Europa. Es como una esperanza de futuro para ellos. Pero al margen de eso, las ligas de allí se viven mucho y mucha gente va de pueblo en pueblo para animar a su equipo en furgonetas con capacidad para 12 personas donde viajan casi 50. El fútbol mueve cosas”.

 


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