Se relacionan a diario, se necesitan económicamente, se apoyan socialmente y muestran lazos de unión muy por encima de los ataques xenófobos de quienes están en el poder. Donald Trump pretende crear un muro que divida, más aún, Estados Unidos y México. Pero el fútbol, siempre el fútbol, ya demuestra en la zona que es capaz de dar balonazos para que ese muro caiga destruido una y otra vez.


“Construiremos un gran muro a lo largo de la frontera sur y México lo pagará”, lanzó en su campaña política rumbo hacia la Casa Blanca el ya presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Aquella declaración de intenciones, un dardo con dosis jamás vistas de veneno contra sus vecinos del sur, alertó a nivel internacional, pues el singular líder yankee aseguró que tendría una longitud de mil millas y que sería tan alto como el cielo al que miran sus ciudadanos. Su énfasis, su contundencia y su atrevimiento habitual, encontraron rápida respuesta de su homólogo azteca, Peña Nieto: “He sido muy claro cuando se abordó el tema. México no pagará ningún muro”. Pero… ¿es posible construir tal muro? El límite entre EE.UU.-México, desde California a Texas, mide más de 3.000 kilómetros (el doble exactamente de lo que piensa o explica el propio Trump) , se calcula que cada año lo cruzan 50 millones de personas de manera ilegal lo que, en términos mundiales, la convierte en la más concurrida. Es más, tal ha sido su influencia a lo largo de las décadas, que hoy se estima que unos 35 millones de estadounidenses tienen origen mexicano -el 11% de la población- y otros once millones, cruzaron tal frontera y están ya en Estados Unidos. Entre todos, envían un total de 25 mil millones de dólares en remesas hacia su país. Curiosamente, y según datos del Washington Post, justo esa cifra es lo que costaría levantar el famoso muro.

El fútbol, como elemento social vinculante a ambos lados y como tradición (sobre todo latina) intocable para todos ellos, vive una situación tensa ante los acontecimientos que pueden acercarse estos próximos años en la zona más mexicana de Estados Unidos y en la zona más estadounidense de México. ¿Tiene Trump algo en contra del fútbol? Cuesta imaginarse que, pese a no ser un deporte de origen estadounidense, el máximo responsable americano tenga acritud hacia un deporte que él mismo practicó. Sí, Donald fue futbolista o, al menos, intentó serlo como delantero de la academia militar de Nueva York cuando tenía apenas 17 años. Sus compañeros, a la hora de mostrar sus cualidades con la pelota, no hablan de habilidad, sino de mentalidad, apuntando que “era muy fuerte en carácter y personalidad competitiva”, lo cual no sorprende nada teniendo en cuenta la categoría del personaje que hoy el mundo intenta descifrar entre su larga lista de particularidades. Fue solo un año el que se vistió de corto y el resto de vinculaciones a la pelota llegaron ya desde el rol que le otorgan sus millonarias arcas, pues apareció en un sorteo de la Copa de la Liga inglesa a principios de los años 90 (sacando él mismo los nombres de los emparejamientos), fue parte visible del organigrama para llevar el Mundial de Fútbol a Estados Unidos en 1994 e incluso se apunta que estuvo cerca de comprar el Atlético Nacional de Colombia hace algunos años. Se antoja complicado pensar que el fútbol no sea de su interés pero… ¿Cómo es el fútbol en el ‘Muro Trump’?

 

“La vida en la frontera se basa en sacar lo mejor de ambos lados y explotarlo financieramente por razones sociales, económicas y, desde luego, humanitarias”

 

Tal muro, arrancaría de oeste a este, en la costa sur de California, entre San Diego (EE.UU.) y Tijuana (México), dos ciudades que, a vista de pájaro, parecen una sola. Sin embargo, para los que de verdad conocen la zona, hay que dejar claro que ya existe una división entre países con forma de muro, es una especie de doble-triple valla. “En Tijuana tienen una valla de máxima seguridad, en el paso fronterizo más transitado del mundo y el más caliente. Cualquiera que haya estado allí, se hace a la idea de que realmente los dos países se necesitan más allá de los golpes xenófobos de Trump. La vida en la frontera se basa en sacar lo mejor de ambos lados y explotarlo financieramente por razones sociales, económicas y, desde luego, humanitarias. Y no todos son mexicanos, sino centroamericanos que no lograron acceder a Estados Unidos y que, al final, quedan ahí atrapados de alguna manera”, explica Victor David López, periodista deportivo de corte socio-cultural.

“Hay millones de personas entre esas dos ciudades y lo único que quieren es explotar comercialmente todos esos consumidores que tienen, por lo que va en contra de la filosofía Trump, que quiere frenar la inmigración de pobres y, sin embargo, los políticos de esta zona quieren vivir más de mexicanos y de estadounidenses para sacar beneficios de esa mezcla en la región, por lo que me genera dudas de que realmente se pueda generar tal muro. Porque esa macro-región es muy potente y debería abrirse más la muralla y no cerrarlo”, explica.

Y claro, donde hay millones de personas, siempre hay fútbol: “Tijuana ha sido de los mejores clubes de México en estos últimos años, pero lo verdaderamente potente de este club y esta zona, es que ambas ciudades se entienden muy bien hasta el punto que las hinchadas son fundamentales. El 35% de los aficionados de ‘Xolos’ de Tijuana, proceden de San Diego y atraviesan la frontera cada 15 días para animar a su club en el estadio de AguasCalientes, por lo que el fútbol normaliza, mezcla y une toda aquella xenofobia que Trump pretende inculcar a base de fuerza”, detalla, dejando claro que es un detalle singular y que representa algo único en el mundo.

¿Llega toda esta tensión, polémica o problemática hasta el césped? La respuesta es sí, y es evidente en el reflejo de dos futbolistas de ‘Xolos’ que atraviesan cada día la frontera para entrenar, pues viven en San Diego pero juegan en Tijuana. Uno es Paul Arriola, nació en California, sus abuelos son mexicanos que emigraron a Estados Unidos y, aunque es internacional con los yankees, tiene que verse comprometido a diario en esa frontera en un momento tan delicado como el actual. Y es que el fútbol, parte fundamental de ambos países, ha generado una polémica por esa doble nacionalidad entre tantas tensiones. Alejandro Zendejas es un joven centrocampista nacido en México, de doble nacionalidad porque desde muy joven creció en Dallas y allí destacó en el fútbol hasta el punto de ser internacional sub-15 con los yankees. El asunto se ha complicado cuando Chivas de Guadalajara (club gigantesco en México, que siempre juega con mexicanos y sin extranjeros), lo fichó hace poco más de un año, lo primero que le exigió es que no aceptara ninguna propuesta para jugar con las selecciones estadounidenses. Un mensaje contundente, el primero, que el fútbol mexicano lanzaba a sus vecinos del norte entre tanta crispación global en la zona (hoy está cedido por Chivas en Zacatepec para seguir formándose y todo se tranquilizó de momento).

Si seguimos recorriendo el ‘Muro Trump’ hacia el este, dejando San Diego y Tijuana, llegamos a Texas, con El Paso al norte de la frontera y, al sur, Ciudad Juárez. Una zona donde todo el protagonismo lo lleva el Río Bravo, uno de los epicentros de la polémica entre ambos países, y donde el fútbol resiste, entre otros, por la fuerza de los Juárez Bravos, el club de la zona que preside un Juan Carlos Talavera muy preocupado por los acontecimientos y ataques desde el norte: “La vida aquí es muy dinámica, de enorme relación entre Ciudad Juárez y El Paso. Estamos vinculados por negocios, familia y relaciones que nos hacen convivir como si de verdad fuéramos sólo una ciudad. Es cierto que aquí tuvimos tiempos difíciles con la seguridad, pero hemos ido avanzando mucho en estos temas y no somos, ni de lejos, la ciudad más peligrosa del mundo como muchos nos quisieron catalogar. Es más, el fútbol lo refleja, porque llena el estadio de Juárez Bravos cada semana hasta el punto de estar cerca de ascender a Primera División mexicana”, explica el mandatario juarense.

“El proyecto del club es ser el equipo de la región, de ambas ciudades, de mezcolanza, de orgullo de la zona y aunar fuerzas todos juntos. Queremos ser el referente de lo que, en el día a día, hacemos aquí para solventar problemas. Un motivo de pertenencia, un sello de unidad… porque tenemos una afluencia significativa de la gente de El Paso, aunque queremos atraerles aún más para ser el equipo de ambos lados de la frontera. Tanta conexión tenemos, que nuestra cantera está en el otro lado, en El Paso. Para nosotros no hay fronteras, convivimos miles de familias y todos nos necesitamos y nos ayudamos. El muro ya existe y no nos condiciona, pero los mensajes que mandan sí que pueden modificar las conductas”, recalca, para demostrar que es un mensaje de dos países que se entienden en esa zona y que les unen más cosas que las que les diferencian porque existen presidentes con ganas de buscar polémicas innecesarias.

Al otro lado de la frontera, al norte, la demostración de unión y pertenencia es igualmente potente gracias a la pelota. Allí, los Coyotes de El Paso son la referencia desde mayo de 2015 cuando el fútbol indoor les permitió crear un club mezcla de futbolistas mexicanos, latinos y estadounidenses, que juega cada semana en un estadio situado a sólo 300 metros del Río Bravo. Gil Cantú, el presidente del club, tenía claro que el balón es la excusa para mostrar su ideología y personalidad: “Pretendemos dar algo más que fútbol a nuestros seguidores. El fútbol penetra en las escuelas, hospitales, centros de ayuda… y como los niños siguen a los deportistas, nosotros debemos aprovechar esta institución deportiva para tratar de involucrarnos en las buenas obras. Nos enfocamos en que la labor social es fundamental, clave, determinante para que todos sintamos que somos parte de algo que va más allá de un resultado”, explica, llevando el mensaje del fútbol como excusa para apaciguar ánimos y serenar tensiones cuando todos intentan dinamizarlo. “El fútbol es un impulso para bien y para mal, aquí el camino está claro. Un ejemplo. Hace poco, visitamos un hospital donde queremos ayudar a niños que padecen de cáncer y los futbolistas fueron a visitarlos. Bueno, al regresar, estaban más impactados los futbolistas que los niños y les cambia, lo que demuestra que ambas partes pueden auto-ayudarse. El fútbol, además, aquí es una escapatoria para quienes nos apoyamos en él para ser mejores”, profundiza Gil.

Así que allí donde con gritos xenófobos y dardos envenenados están creando convulsiones y alterando las vidas de quienes simplemente luchan por salir adelante, es el fútbol quien aparece como elemento pacificador, mostrando un camino, una vía, un reducto, para dejar la polémica a un lado, unirse en torno a la pertenencia y bombardear a base de balonazos a cualquiera que ose dividir lo que, simplemente, está más unido que nunca.


En el programa-podcast Nº15 de ElEnganche en SpainMedia, estuvieron con nosotros Victor David López (periodista deportivo), Juan Carlos Talavera (presidente de Los Juarez Bravos) y Gil Cantú (presidente de El Paso Coyotes). ¡Escucha el programa para conocer la historia completa!