Decía el escritor estadounidense Henry van Dyke que “el bosque estaría muy silencioso si solo cantasen los pájaros que cantan mejor”. El fútbol es un poco lo mismo: a los que lo necesitamos por prescripción médica, nos sabría a poco si tan solo lo jugaran los genios. Y aunque todos nos quedamos boquiabiertos viendo lo que los grandes hacen sobre el terreno de juego, lo cierto es que ellos no están solos en esto. Al contrario, repartidas por todo el mundo, hay millones de personas anónimas para las que patear un balón es poco menos que una adicción o que una enfermedad. Una de ellas es Mia Guasch, un joven de 23 años formado como futbolista entre las canteras del Reus y el Gimnàstic de Tarragona que ha tenido que colgar las botas por culpa de una rodilla izquierda que le ha obligado a pasar por el quirófano hasta en cinco ocasiones. “Me quedaba mucho recorrido por delante”, lamenta.

Guasch, que llegó a disputar 17 encuentros con el Lleida en Segunda B entre 2015 y 2016, ha tenido que dejar aquello que más ama, y la expresión de su cara lo refleja perfectamente. Aun así, como tantos otros héroes silenciosos, él se esfuerza en sonreír, en tirar adelante. A pesar de todo lo que ha tenido que sufrir, sabe que el camino para sobreponerse del golpe pasa por empeñarse en ser feliz, en ser optimista. Esto es lo que ha aprendido de un deporte al que llegó cuando tan solo tenía 8 años: que pase lo que pase, nunca hay que rendirse. Y que no hay que perder la sonrisa ni cuando el destino se empeña en derrotarte de la forma más cruel.

 

“He ido a un montón de médicos  esperando que uno de ellos me dijera: ‘No está tan mal, sí que podrás volver a jugar'”

 

A pesar de todo, se te ve animado.

Sí, bueno… Realmente era algo que ya intuía desde hace un tiempo. Llevaba un año y medio de médicos, sin poder correr y sin poder entrenar. Ahora hace un año que un médico me dijo por primera vez: ‘Quizás tienes que vigilar con el tema de la competición. Sé que eres deportista de alto rendimiento, pero yo te aconsejo que no sigas jugando’. Yo al principio no me lo quería creer, porque son palabras muy heavies. Tu eres futbolista y no te crees que una lesión te pueda impedir volver a jugar. Sabes que es difícil porque tus propias sensaciones ya te marcan un poco, pero tienes la esperanza de poder volver a competir. Pero al final, te lo acabas creyendo y dices: ‘Hostia, ¿y si no puedo volver a jugar de verdad?’. He ido a un montón de médicos para que me mirasen la rodilla esperando que uno de ellos me dijera: ‘No está tan mal, sí que podrás volver a jugar’. Pero cuando uno resopla, y el otro también… Hasta que hace dos semanas me reuní con el doctor Ramon Cugat y me dijo: ‘¿Tú quieres tener 35 años y no poder ir a dar un paseo por la montaña con tus hijos o con tu mujer? Pues deja el fútbol…’. Es cierto que ya me lo esperaba, porque las sensaciones que tenía no eran nada buenas y porque acumulaba muchas operaciones, pero es duro. Es duro, porque nunca estás preparado porque te digan ‘déjalo’.

Exacto, por mucho que te vayas haciendo a la idea, el momento en que decides decir basta definitivamente no tiene que ser fácil…

Tu siempre tienes la esperanza de volver a jugar. Quizás incluso te engañas a ti mismo. Pero en el momento en que un doctor de la importancia de Ramon Cugat, con las lesiones que ve él, te dice: ‘Si quieres hacer vida normal de aquí cinco o diez años y no ir cojo te proponemos que dejes el deporte…’. Es duro, pero bueno, ahora tengo otro tipo de retos por delante. Hay que seguir, que no es ningún drama.

La retirada siempre es un momento duro para los futbolistas. Para alguien de 23 años aún más…

Sí, y también por el momento en el que sufro la lesión que acaba desembocando en todo esto. Me cogió en un nivel futbolístico muy ilusionante, a prinicios de la temporada 16-17. Yo tenía 22 años, acababa de renovar con el Lleida y venía de un año bueno en el que había conseguido consolidarme un poco en Segunda B. Afrontaba aquella temporada con mucha ilusión. De cadete o de juvenil, yo nunca me había planteado que podía llegar a jugar en Segunda B, y cuando me lo empezaba a creer, que decía ‘hostia, que puedes llegar, chato, y que puedes vivir del fútbol unos cuantos años, que es algo de puta madre’, me llegó el varapalo que es estar un año parado… Y al final se acaba todo.

 

“El fútbol a mí me lo ha dado todo”

 

Hace unos meses, Marc de Val, un futbolista que llegó a entrenar con el primer equipo del Real Madrid y que actualmente juega con la Penya Deportiva de Segunda B, aseguraba que, a él, el fútbol le había dado mucho, pero que no había tenido suerte. ¿Lo compartes?

Sí, totalmente. Hasta los 16 o 17 años estás en una etapa de disfrutar del fútbol, de conocer gente y de ver hacia donde te lleva. A partir de los 18, yo ya empecé a plantearme: ‘Y lo bonito que sería vivir de esto…’. Entonces, viví desde los 18 a los 22, que es cuando juego el último partido, pensando: ‘Esto me gusta mucho, esta vida es la hostia. Cobro por hacer una cosa que me gusta, que me encanta. Estoy cerca de casa, se me valora como jugador…’. Realmente, es una vida de puta madre la del futbolista. Y el fútbol a mí me lo ha dado todo, pero es cierto que, una vez lesionado, lo enfocas de dos formas muy distintas: primero, aquello de ‘¿por qué me ha tocado a mí con 23 años?’. Yo no conozco a nadie que con 23 años haya tenido que dejar el fútbol por una lesión. A nadie… Y luego, también puedes enfocarlo como: he sido muy feliz durante tres años, he tenido la suerte de jugar en Segunda B, de disfrutar del fútbol y de conocer a mucha gente. Estas son las dos posturas, dependiendo del día lo encaro con una o con la otra, dependiendo del estado anímico. Pero sí que es cierto que el fútbol… Sentirte futbolista y vivir unos años de esto es una suerte.

Y me voy con una satisfacción absoluta. Siempre me he considerado un currante, y desde pequeño he trabajado y lo he dado todo. No me reprocho nada; estoy orgulloso de lo que he hecho en el mundo del fútbol y de todo lo que el mundo del fútbol ha dejado en mí. Aun así, es cierto que te queda la incertidumbre de hasta dónde hubieras podido llegar o de cómo hubiese seguido el camino. Te queda esta duda, esta rabia interna por no poder seguir disfrutando y por el momento en el que se acabó, que para mí era un momento crucial, con 22 años y toda una carrera por delante. En definitiva, estas son las dos caras del fútbol.

¿Qué te llevas del mundo del fútbol? ¿Con qué te quedas?

Me llevo más del fútbol formativo que de los últimos años en el fútbol profesional. El fútbol formativo es una experiencia brutal. La de valores que te aporta la posibilidad de compartir vestuario con 20 niños que quieren lo mismo que tú… Esto empieza siendo una afición y acaba siendo algo más.

Entonces, a pesar de todo lo malo… ¿Vivir en el mundo del fútbol ha valido la pena?

Desde luego que sí. No me arrepiento para nada… ¡Si yo hubiera seguido! Si a mí el doctor me hubiera dicho ‘tienes la rodilla jodida, puede ser que a la larga no te responda igual de bien y te la juegas un poco si continúas haciéndolo’, yo hubiera apostado y hubiera seguido jugando, porque, como decía, a mí el fútbol me lo ha dado todo y ha valido mucho la pena. El fútbol me ha dado los momentos más felices. También los más agridulces, pero en el cómputo global ha valido mucho la pena y no me arrepiento de nada. He tenido mala suerte con las lesiones, pero me llevo una mochila cargada de experiencias que me servirán para toda la vida.

 

“Nunca me he podido desenganchar del fútbol… ni creo que lo haga”

 

¿Qué tiene el futbol que lo hace ser tan atractivo?

Yo hablo desde una posición muy personal, pero es que no puedo comparar el fútbol con ninguna otra cosa. Porque lo he jugado, porque lo he vivido en casa, porque tengo amigos muy futboleros. Porque a mí el fútbol me lo ha dado todo. No diré que es mejor que otro deporte, porque cada deporte tiene lo suyo, pero yo desde pequeño he vivido y he mamado fútbol. Nunca me he podido desenganchar de él… ni creo que lo haga.

Uno puede dejar de jugar a fútbol, pero dejar de seguirlo ya es otra cosa…

Cuando hace un año un médico me dijo por primera vez que quizás era mejor que no siguiera jugando, entré en una fase en la que creé un cierto rechazo con el fútbol. Pensaba: ‘Hostia, esta puta mierda… estoy aquí lesionado y asqueado, los médicos no saben qué hacer con mi rodilla, no estoy cobrando porque la directiva del Lleida no se cree que tenga que estar nueve meses de baja por un edema óseo y, aunque sé que no me servirá de nada, entreno cada mañana…’. Para mí, la situación era desesperante: estaba en Lleida pagándome un alquiler sin cobrar y sin poder jugar. Entonces rechacé el fútbol por un tiempo, pero a la larga, visto con perspectiva, es cierto que no se puede, que es imposible. Al final, yo soy un fanático del fútbol y siempre lo seré. Me gusta mirar fútbol, me gusta comentarlo con mi padre y me gusta verlo con mis amigos. Todo lo que son la Segunda B y la Tercera división, las divisiones en las que he jugado, es imposible dejarlas de seguir… Y sé que mi futuro, de una manera o de otra, estará vinculado al fútbol.

Hablas de Segunda B y Tercera. Muchos dicen que estas categorías son un infierno…

Lo cierto es que hay casos muy diferenciados, pero ganarse la vida en Segunda B, tener un sueldo que te permite vivir del fútbol… esto es un privilegio. La opinión que se intenta crear a veces de que la vida del futbolista es muy sacrificada es una gran mentira. No es ningún sacrificio no salir de fiesta o tener que irte a vivir a otra población. Esto no es un sacrificio. Un sacrificio es ir a la mina, es ser paleta y trabajar 12 horas diarias. Ser futbolista en Segunda B y poder vivir de esto es una gran suerte. Por mucho que no se televisen los partidos y que haya campos que sean una mierda, poder cobrar del fútbol es una gran suerte. Ahora bien, también hay casos en Tercera que quizás cobras 200 o 300 euros. Ir a entrenar cada día y cobrar 200 o 300 euros… Obviamente, hay casos y casos.

El fútbol de elite o el de Segunda B. ¿Con cuál te quedas?

Evidentemente, todos vemos el Barça. Pero a mí, la Segunda B y la Tercera División, que las he vivido, tienen un carácter que me llena mucho. Quizás el fútbol no sea tan espectacular, pero son unas ligas muy bonitas. Realmente, yo creo mucho en la esencia del fútbol de Segunda B y Tercera. La gente que tiene la suerte de ser de un equipo de estas categorías también disfruta el fútbol de la misma manera. Y sí, hay mucha gente que está muy en contra de en lo que se está convirtiendo el fútbol de elite y que está buscando refugio en este fútbol.

 

“Cuando te dicen que tienes que dejar el fútbol tienes que aferrarte a algo que te llame, y lo primero que me ha llamado es el entrenar”

 

Siempre se dice que hay vida más allá del fútbol. ¿Qué planes tienes ahora?

Sí… Yo pensaba que esto no era cierto, pero ahora empiezo a ver que sí. Este año acabo INEF, y me he sacado el nivel 1 y 2 de entrenador y estoy pendiente de hacer el 3. Entrenar siempre es algo que me ha llamado mucho. Bueno, siempre… cuando te dicen que tienes que dejar el fútbol tienes que aferrarte a algo que te llame, y creo que lo primero que me ha llamado es el entrenar. Pienso que puedo transmitir muchas cosas a los chavales que están en edad formativa, muchas cosas que he aprendido en primera persona. Pienso que puedo ser útil en este campo, y además me gusta. El camino quizás va enfocado por aquí, pero primero lo que quiero hacer es terminar de formarme bien, y a partir de aquí acabar de decidir hacia donde quiero caminar.

¿Cómo sería el Mia Guasch entrenador? ¿A qué aspectos le daría más importancia?

Todo depende de la categoría en la que estés entrenando, pero en el fútbol formativo me gustaría mucho hacer que los chavales gozaran de este deporte sin tener el ansia de llegar a ser futbolistas de elite. Que disfruten de aquel año, del grupo que han formado, de ir a entrenar cada día y de jugar. A lo largo de mi carrera, yo he disfrutado mucho de aquello de entrenar por entrenar. De hecho, cuando tenía 13 años y pensaba que tenía que ir a entrenar me decía: ‘¡qué ilusión, qué ganas tengo de ir a entrenar!’. Se trata de esto, de que disfruten. Que, aparte de aprender, disfruten de poder entrenar y de poder jugar. Que disfruten del fútbol, y que no se preocupen de si terminarán dedicándose a esto o de si podrán acabar siendo como Messi.

Como sucede con la vida, hay que disfrutar del fútbol mientras se pueda…

Sí, me quedo con esto. Y lo diré siempre bien alto: he disfrutado del fútbol lo que no está escrito. Los momentos más felices de mi vida están relacionados con el yo futbolístico, y lo que me quedo es todo aquello que he disfrutado dentro de un campo de fútbol.

También dicen que el fútbol es una escuela para la vida, que te enseña a encajar los golpes. ¿Cómo afrontas lo que está por venir?

Pienso que, desgraciadamente, siendo muy joven, me ha tocado sufrir lo que es que te quiten una ilusión para la que llevaba toda la vida luchando: llegar a ser alguien en el mundo del fútbol y vivir unos cuantos años de esto. Me ha tocado de muy joven, pero esto también supone que, de cara al futuro, tengo más años por delante sabiendo lo que es que te den un golpe. Siempre hay que rehacerse, seguir, tirar por otra vía y remontar.