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“Es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites”. La cita de Gabriel García Márquez retrata la naturaleza de Jon Pascua (Bermeo, 1972), un tipo que exprime cada segundo del día y que ha perseguido sus sueños por todo el globo terráqueo. Vive y disfruta, vive para disfrutar, y así como entiende la vida entiende el fútbol, la pasión que le ha permitido empaparse de diferentes culturas. Y aprender. Porque uno nunca deja de aprender. Sudáfrica y Filipinas hospedaron durante un tiempo a ‘Tío Jon’, el cariñoso apodo que se ganaría después en el Real Betis. En Sevilla ejerció de entrenador de porteros de Quique Setién, el técnico a quien acompañó también en su aventura por Barcelona. A veces las cosas no siempre salen como uno desea, pero Jon siempre extrae la parte positiva y nunca renuncia a la búsqueda de nuevas aventuras.

Más allá del fútbol, ¿qué opinión tienes de ti mismo?

Más allá de estar lleno de defectos, me considero una persona honesta e íntegra, que tiene como objetivo disfrutar de la vida haciéndolo en consonancia con lo que es; siendo coherente consigo mismo. Aunque con matices, soy el mismo en el fútbol y más allá de él, no interpreto dos papeles diferentes.

¿Qué es más importante en el rendimiento de un jugador: el talento o el entorno?

El talento es importante, pero sin una mentalidad adecuada puede no llegar a ser suficiente. Depende de la cantidad de talento, pero tarde o temprano vivir únicamente de este tiene fecha de caducidad. El entorno, por otro lado, es fundamental, tanto a nivel personal como profesional. Es difícil ofrecer tu mejor versión cuando no tienes el contexto adecuado y gastas más energía en los conflictos que en lo que es realmente el trabajo. Y luego está el equilibrio personal, que es una parte también importante de tu rendimiento profesional. Tiene que haber un equilibrio total. No hay una fórmula concreta para tener éxito. Más si cabe cuando el éxito, para cada uno de nosotros, tiene un significado diferente.

¿Percibes la adaptabilidad como una de las características más necesarias a día de hoy en el mundo del fútbol?

Ya lo dijo Darwin: “No sobrevive la especie más fuerte ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta al cambio”. Cuando hablamos de fútbol todas las miradas se centran en el fútbol de élite, pero ese no es el único fútbol. He tenido la suerte de trabajar en varios continentes y la experiencia me dice que el conocimiento no lo es todo. Si no tienes la capacidad suficiente para desenvolverte en el entorno que te ha tocado vivir las posibilidades de éxito son escasas. No obstante, también tenemos que entender que la adaptación nada tiene que ver con perder tu esencia, sino con alcanzar un equilibrio en el entorno, aceptando aquello que no puedes cambiar para centrar tus energías en aspectos en los cuales sí tienes margen de maniobra. También es importante saber a qué entornos estás dispuesto a adaptarte. En mi caso, por ejemplo, me resulta más sencillo adaptarme a entornos en los cuales los recursos materiales son escasos, o en los que los modelos de trabajo son diferentes a mi idea de lo que deben de ser las cosas, que a entornos en los cuales mis valores no están en consonancia con los de la entidad para la cual estoy trabajando. Una cosa es adaptarte y otra alejarte de la esencia de lo que para ti representan tu trabajo y el fútbol.

A causa del ruido mediático, los jugadores son tratados como personajes cada vez más deshumanizados. Mucha gente se olvida de que son personas y les trata como si solo fueran futbolistas. Esto ha ido aumentando a lo largo de los años, ¿crees que hay punto de retorno?

A menudo los jugadores se ven obligados a protegerse del entorno mediático que les rodea porque, más allá de lo que es la crítica, hay ciertas cosas que, como seres humanos que son, les producen un daño. Y claro, las corazas protegen pero también aíslan, y en muchas ocasiones la gente confunde esto con soberbia o falta de humildad. Al jugador lo conoces cuando estás cerca, no a través de las redes sociales y los medios. Sin embargo, cuando te aproximas a la élite y a la cima, lo humano queda en un segundo plano. No solo en el fútbol, sino en cualquier tipo de trabajo. El punto de retorno está en uno mismo, con su comportamiento diario. Pero sobre todo, en los valores y en la ética de los medios de comunicación, que condicionan la opinión y juegan un papel muy importante en todo esto. Muchas personas se hacen una imagen del jugador atendiendo a lo que ven y escuchan en los medios. Por suerte los que vivimos el fútbol desde dentro no estamos condicionados y vemos las cosas con más claridad. Si bien es verdad que en alguna ocasión me he tenido que frotar los ojos ante comportamientos de ciertos jugadores, he convivido también con muchos realmente humanos. El fútbol es la vida misma. Yo no hablo de jugadores, hablo siempre de personas.

Hace poco debatí con unos amigos acerca de si en el fútbol debe tener más peso un nutricionista o un psicólogo. ¿Tú qué opinas?

Ambos campos son importantes en el deporte, pues todo aporte para alcanzar un mayor rendimiento es siempre bienvenido. Pero si tuviera que decantarme por un campo me decantaría por el de la psicología. Considero que el aspecto psicológico es un pilar fundamental para el desarrollo, rendimiento y crecimiento de los deportistas. Y no solo de los deportistas, sino del ser humano en general.

 

“El fútbol no es un mundo superficial, somos las personas que trabajamos en él las que lo hacemos superficial o no”

 

¿Has llegado a sentirte desubicado en un mundo a veces tan superficial como es el del fútbol?

El fútbol lleva una especie de amplificador que hace que todo se viva de una forma más intensa, pero todo lo que sucede es la vida misma. Más que desubicado, diría que a veces soy consciente de que mis valores no están alineados con ciertos entornos, o ciertos ‘modus vivendi’ en los cuales he trabajado. Procuro centrarme en esa parte del fútbol que me apasiona, que es ayudar a otros a crecer, alcanzar objetivos y cumplir sus sueños. Por otro lado te diría que el fútbol no es un mundo superficial, que somos las personas que trabajamos en él las que lo hacemos superficial o no. Quizás cambiando nosotros podríamos cambiar el fútbol. Pero claro, siempre nos queda decir aquello de “el fútbol es así”. Es una bonita excusa la de etiquetar el fútbol, pero no nos exime de nuestra responsabilidad para intentar cambiar esos aspectos que no nos gustan. Llevo muchos años como entrenador de porteros profesional y no vivo el fútbol de una manera superficial. El fútbol es lo que tú quieres que sea.

“El fútbol no es el fin, el fútbol es el medio”, es una de las frases que más sueles emplear. ¿Cuál es el fin al que nos dirige, o puede dirigir, el fútbol?

El fútbol nos dirige hacia dónde cada uno quiera. Uno puede montarse en este tren y bajarse cuando quiera, al igual que tiene la libertad suficiente para viajar a su manera. Para mí el fútbol es un medio para desarrollarme como persona, como ser humano, a través de la pasión que siento por ayudar, que es algo que, en definitiva, me hace sentir mejor persona. Creo que era el filósofo Epicteto el que decía que tenemos dos tareas esenciales en la vida: ser buenas personas y perseguir la ocupación que nos apasiona. No podría estar más de acuerdo. El fútbol es el medio que utilizo para desarrollar estas dos tareas: enseñar (mejor dicho: ayudar a aprender) y ser un buen tipo.

Trabajaste en varios oficios antes de dedicarte exclusivamente a este deporte. ¿Cómo percibes aquel mundo en el que lo compaginabas con otro tipo de labores?

Lo percibo como un camino que tuve que recorrer para llegar al lugar en el cual me encuentro ahora, tanto en lo personal como en lo profesional, y que me ayuda a valorar lo conseguido. Mi objetivo, más que llegar a la élite, era el de vivir gracias al salario de una ocupación que me apasionara. Y finalmente lo conseguí. Además lo hice con esa sensación interna de sentirme merecedor de ello gracias a mi perseverancia, mi compromiso con el objetivo, mi capacidad de adaptación al camino y la humildad para aceptar el rol que me tocaba vivir en cada momento. Jamás perdí de vista el objetivo y nunca dejé de soñar.

Las lesiones te perjudicaron como jugador, ¿cómo te afectó eso mentalmente?

Si bien podríamos decir que me perjudicaron no sería cierto decir que fueron la razón por la cual mi carrera deportiva no tuvo éxito. Las tomaba tal y como venían, y era de los que veía siempre el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Las lesiones me ayudaron a anticipar mi retirada a los 28 años, pero la razón principal fue que en mi interior sabía que mi etapa como jugador había llegado a su fin. Lo tenía muy claro y jamás me arrepentí de ello. Más si cabe cuando a esa misma edad comencé a entrenar a porteros de forma amateur.

Bill Gates dijo que “la mayoría de las personas sobreestiman lo que pueden hacer en un año y subestiman lo que pueden hacer en diez años”. Tu eres un buen ejemplo de lo segundo, pues en 2010 te mudaste a Sudáfrica para entrenar a los porteros del Mamelodi Sundowns y a día de hoy puedes decir que has estado en clubes como el Real Betis o el Barcelona. ¿Consideras que tu vida ha cambiado tanto como parece en estos últimos diez años?

Tengo la sensación de que ha cambiado, pero no tanto como la gente podría pensar. Sigo entendiendo la vida y el fútbol de la misma manera. En esencia, mantengo el mismo estilo de vida, con mis hábitos, mis rutinas y mis costumbres, y son estas pequeñas cosas las que me hacen feliz. Tengo un gran respeto por la vida, sobre todo porque sé que no voy a vivir eternamente, y eso me hace valorar lo importante. Que haya trabajado en el Real Betis, Barcelona, Athletic Club, Mamelodi Sundowns o la selección Nacional de Filipinas no es relevante, lo que para mí es importante es disfrutarlo y ser feliz. Hay una frase que utilizo mucho que dice: “Si no me hace feliz, no lo quiero”.

El fútbol es más que un deporte, es toda una cultura, pero existen variantes en la manera de vivirlo dependiendo del lugar. Tú has podido percibir esas diferencias en distintos lugares, ¿cuáles son las más palpables en África o Asia respecto a España?

Las diferencias indudablemente son muchas, tanto a nivel técnico y táctico, como organizativo, pero la realidad es que con mejores o peores condiciones, con más o menos calidad y/o recursos, el trabajo sigue siendo el mismo. Para mí el cambio más palpable ha sido el ruido existente a nivel mediático. En cuanto al día a día los mayores cambios vienen provocados por el salto cultural, que indudablemente tiene su impacto en el fútbol. África, Asia y Europa tienen su propia idiosincrasia. Y estas diferencias las puedes trasladar también a cada club en el que trabajas. Ya sea incluso en España. En cuanto a cultura tampoco hay dos clubes iguales, ni siquiera aquellos que conviven en una misma ciudad.

¿Cómo puede ayudar el fútbol en lugares donde subyace la pobreza?

En estos países el fútbol es también una vía de escape y un espacio para la esperanza. Vía de escape para unos aficionados que por unos momentos se olvidan de su pobreza y de los avatares de su día a día, y de esperanza para todos esos jóvenes que gracias al deporte desean vivir una vida mejor y soñar, por qué no, con poder salir de sus países para perseguir y alcanzar sus sueños.

¿Qué sentiste cuando contactó contigo Quique Setién?

Esa llamada fue la confirmación de un sueño cumplido y el premio a una trayectoria de 17 años como entrenador de porteros. Pero, sobre todo, lo que sentí fue agradecimiento, mucho agradecimiento. Y con el paso del tiempo al agradecimiento se le ha sumado un sentimiento de amistad. No solo me dio la oportunidad de cumplir mi sueño, sino que me ha otorgado también un gran espacio dentro de un cuerpo técnico en el que me siento muy respetado y valorado. Nuestra relación va más allá de trabajar juntos.

Fueron unos muy buenos años en el Betis, donde no solo enamorasteis al Villamarín, sino a gran parte del mundo del fútbol. ¿Cuál crees que fue la base del éxito?

La pasión y la convicción en lo que hacíamos, nuestro sentimiento de pertenencia hacia una entidad que nos abrió los brazos de par en par y con la cual nos sentimos muy identificados, el conocimiento futbolístico y la predisposición de los jugadores, nuestra relación con ellos y todos los empleados del club, el sentido del humor, la profesionalidad, la calidad del trabajo, la pasión que sienten los béticos por su Betis, el cariño de la gente… Fueron dos años realmente maravillosos e inolvidables.

La aventura no acabó como muchos hubieran deseado. ¿Crees que al final ciertas personas no supieron valorar adecuadamente el trabajo realizado?

Por unos motivos o por otros, este trabajo tiene siempre una fecha de caducidad temprana. No considero que ciertas personas no lo supieran valorar, sino que sus criterios para hacer una valoración eran otros, con unas expectativas que para ellos no se cumplieron. Considero que el trabajo fue muy bueno. Incluso el segundo año, en el cual pasamos la fase de grupos con el Olympiakos y el Milan de por medio y llegamos a las semifinales de Copa cayendo eliminados por el Valencia. A pesar de que no conseguimos entrar en Europa pienso que el equipo y el club llevaban una trayectoria ascendente en cuanto a madurez y crecimiento. Es mi opinión, pero, como la de cualquier otro, es discutible.

“El destino siempre te encontrará”, he leído que expresabas en alguna ocasión. Y el destino os premió a ti y al resto del equipo técnico con la posibilidad de entrenar al Barça. ¿Qué extraes de esa experiencia?

Creo que respondo perfectamente a esa pregunta en un artículo de despedida que escribí en mi web personal al que titulé ‘Un agradecimiento sincero a la llegada, una estancia estoica, un triste adiós y una fría despedida’. En él hago un resumen de lo que fue para mí la temporada más allá de lo deportivo, que eso todos pueden verlo, en el que el criterio en el que se basa la valoración son los resultados. A partir de ahí, yo analizo más cosas, y mi valoración y las sensaciones que me quedan tras mi paso por un club abarcan un espectro más amplio, no únicamente el de los resultados.

 

“Jamás he salido a una sesión de entrenamiento pensando en ganar, sino pensando en ayudar a los porteros a ser mejores, que es para mí el mejor camino para alcanzar la victoria”

 

¿Consideras más importante la forma o el resultado?

En el fútbol profesional todos sabemos qué es lo importante. Es obvio. No creo que haga falta decir que ganar es lo importante, tal y como no hace falta decir que las personas trabajan para ganar dinero y poder vivir. Luego cada uno puede elegir qué es lo que quiere hacer para ganar y cómo, y ser consecuente con ello. Porque lo que es innegable es que cuando no obtienes un resultado, por muy bien que juegues, sabes que te destituyen. Yo, personalmente, puedo decirte que jamás he salido a una sesión de entrenamiento pensando en ganar, sino pensando en ayudar a los porteros a ser mejores, que es para mí el mejor camino para alcanzar la victoria. A día de hoy, no encuentro una razón más grande para seguir dedicándome a este trabajo. Considero que ganar es un objetivo relativamente simple. Hacerlos mejores me parece mucho más ambicioso. Y lo pienso así porque ganar, realmente, es consecuencia de que los jugadores sean cada vez mejores.

¿Crees que el trabajo duro siempre acaba equilibrándose con las oportunidades?

La posición de la cual parte cada uno es importante, y hay muchos que parten con ventaja, pero no es determinante. También es verdad que no es cierto que por trabajar duro vas a alcanzar tus objetivos y tus sueños. Hacerlo te otorga muchas más posibilidades, pero no te garantiza el éxito. No obstante, en tu interior siempre tendrás la satisfacción de saber que lo intentaste y fuiste fiel a tu compromiso con el objetivo. En el fútbol la única meritocracia que existe es la de uno mismo, la de sentirte, en tu interior, merecedor de lo que has conseguido. Para mí esto es muy importante. El éxito es un estado interno, al menos para mí.

En Ficciones, Jorge Luis Borges habla del azar, ¿crees que el azar es total o que nosotros, a través de nuestros actos, estrechamos las posibilidades y nos construimos nuestro propio azar?

En La buena suerte, Álex Rovira y Fernando Trías [los autores] hablaban de que la suerte no existe, pero la ‘buena suerte’ sí.  Hay que crear contextos para que se produzcan las oportunidades y aparezca la suerte. No puedes esperar a la suerte sentado en casa, hay que provocar que aparezca, salir a buscarla. De ahí la frase de “cuanto más trabajo, más suerte tengo”. Creo que nuestras acciones son una buena tarjeta de visita. Hay aspectos que están fuera de nuestro control que pueden hacer que no consigamos el objetivo que nos planteamos, pero lo que está claro, y sobre lo que tenemos control, es de lo que hacemos para conseguirlo. Nunca he sido de quedarme en casa esperando. Son 16 los años los que llevaba siendo entrenador de porteros antes de llegar a la primera división española, y además en varios continentes. En mi caso, no tengo ninguna duda de que he provocado lo suficiente al azar y a la suerte para que aparezcan. Aunque tuve la suerte de recibir la llamada de Quique Setién, si no hubiera estado preparado no me habría servido para nada. Además de provocar que la suerte aparezca, lo que hice fue también prepararme para cuando apareciera.

Muchas veces mencionas la famosa patria de Ulises, el protagonista de la Odisea de Homero. ¿Qué es para ti Ítaca?

Ítaca es la propia vida, las ganas de vivir y la pasión por ella. Ítaca representa el camino, nuestras pasiones, nuestros sueños y nuestras ilusiones, y el motivo por el cual tenemos ganas de vivir. Ítaca es la fuerza que nos mueve hacia delante, nuestro proyecto de vida y el rumbo que queremos darle. Ítaca es saber quién eres y quién quieres ser. Ítaca es para mí un símbolo de inspiración para la propia vida.

¿Tienes alguna inquietud acerca del mundo que nos rodea, ya sea a nivel social, cultural o incluso político?

La verdad es que viajar es algo que me apasiona: conocer y aprender de las diferentes culturas para dominar mejor el arte de vivir. Considero que viajar es una auténtica escuela de la vida y una gran herramienta para desarrollar nuestra tolerancia y ser capaces de ver el mundo desde diferentes perspectivas. El compromiso más grande que tengo a nivel social es intentar ser una persona honesta e íntegra, algo que está al alcance de todos. Respecto a la política, no soy un gran aficionado. Entiendo que el objetivo de la política debería de ser el de organizar la sociedad para garantizar su bienestar, pero viendo ciertas conductas y comportamientos me da la sensación de que el objetivo ha pasado a ser la supervivencia de los propios partidos políticos. Tengo la sensación de que vive en el eterno conflicto.

¿Qué libros recomendarías a un soñador? ¿Y a un futbolista?

Cuando me preguntan por un libro siempre recomiendo el mismo: Tratados morales, de Lucio Anneo Séneca. Está compuesto por pequeñas obras que tratan sobre diferentes problemas de la moral. Debería ser estudiado en todos los institutos. Considero que es un libro que tiene el poder de hacerte entender mejor la vida. Para todos aquellos que dirigen organizaciones o equipos de trabajo les recomendaría Coaching, de John Whitmore, o La revolución del sentido, de Fred Kofman. Para los soñadores el cuento de La buena suerte. A menudo a los futbolistas les falta dejar a un lado el ‘yo’ y ver las cosas desde una perspectiva más global. Todos estos libros les ayudarían.

¿Y alguna película o serie?

En cuanto a series recomendaría Merlí, que trata sobre un profesor de filosofía que estimula a sus alumnos hacia el pensamiento libre con un método un tanto peculiar. Su secuela, Merlí: Sapere Aude, me parece también espectacular. House y The Good Doctor me gustan mucho también. Todas ellas tienen un componente psicológico que las hace muy interesantes. Cambiando de género, citaría Perdidos, Prison Break, 24 y Hermanos de Sangre. Y, cuanto a películas, Seven me parece una obra maestra, al igual que la saga de Hannibal Lecter, que empieza con el Silencio de los Corderos. También citaría Le llaman Bodhi, Braveheart, Gladiator… El cine y las series son otro de mis hobbies.