Con 52 internacionalidades con la Mannschaft, el centrocampista Thomas Hitzlsperger se convirtió hace más de dos años en el primer futbolista profesional alemán en hacer pública su homosexualidad. “Siempre se decía que nunca aparecerían casos en deportes de lucha ni colectivos, pero de repente salió del armario el boxeador Orlando Cruz, luego el jugador de rugby Gareth Thomas y en 2013 el futbolista estadounidense Robbie Rogers. Empecé a verle aspectos positivos a anunciar mi verdadera condición sexual”. Y así lo hizo.


 

Fue en la primavera de 2011, todavía en el West Ham, cuando comencé a darle vueltas seriamente a la idea de anunciar mi homosexualidad. Justo entonces apareció una historia parecida, la del joven futbolista sueco Anton Hysén, hijo de un famoso jugador del Liverpool pero que, a diferencia de su padre, sólo había jugado en tercera y cuarta división. Entonces me pregunté: ¿qué ocurriría en mi caso, con una carrera en la Bundesliga, la Premier, la Serie A y la selección?

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Aquel verano estaba decidido a hacerlo. Pero volví a Alemania. Había firmado con el Wolfsburgo. El apoyo de mi familia lo tenía asegurado. Ellos me ayudarían en caso de que se produjeran reacciones negativas. Traté de asesorarme con un abogado especializado en derecho y medios de comunicación. Y me desaconsejó cualquier pronunciamiento, pues en su opinión generaría una ola demasiado grande como para manejarla. En mi círculo de amistades pocos me animaban abiertamente a dar el paso. Volvieron las dudas: ¿Qué pasará después? A veces tenía la sensación de estar delante de una necesidad transitoria, pasajera: ‘mejor no seguirla porque solamente con buena voluntad no es su ciente’, llegué a pensar.

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Así llegó el verano de 2013, cuando las lesiones me alejaron del fútbol profesional de nitivamente. En esos días de cambio, te planteas qué quieres hacer con tu vida privada. Y sentí que el momento, nalmente, había llegado. Comencé a plantearme posibles escenarios y consecuencias. Volví a recurrir a un abogado, pero esta vez solamente para entender cómo hacerlo. Él solo tendría que intervenir en caso de que se difundieran calumnias: quería proteger a mi familia y a mi antigua novia.

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El día de Reyes de 2014 junté a toda la familia: acudieron mis padres, hermanos, tíos… Todos los Hitzlsperger que, por razón de su apellido, podrían ser inquiridos por los periodistas. Solo les comuniqué que estaba a punto de dar el paso y que me podrían contactar si ocurría cualquier incidente. Su reacción me desbordó. Fue una tarde muy emotiva, que me dio más fuerzas.

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Opté por una entrevista con el semanario Die Zeit, que se publicaría el 8 de enero. En las horas previas no me sentí ni inquieto ni liberado; sólo algo agobiado. Saltó la noticia y me pasé todo el día respondiendo una infinidad de mensajes. Supuso una tremenda alegría recibir tantas muestras de respeto. Pero en esos momentos también pensé que, estando en activo, habría sido todo más difícil: ¿Quién podría entrenar y jugar dignamente en mitad de semejante lío? Algunos opinadores dijeron que el paso que tomé no dejará huella porque ya sólo soy un exjugador. Imagino que la verdadera liberación llegará el día en que nadie se plantee si un futbolista es homosexual o no.

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No puedo dar una respuesta ja a quienes me preguntan si le aconsejaría a un jugador en activo hacer pública su condición sexual. Depende de las circunstancias. En mi caso, nunca viví nada en el fútbol verdaderamente insoportable. Quizá, claro, porque yo tardé mucho en darme cuenta de mi homosexualidad… Lo que sí puedo decir es que, ya seas un profesional, un aficionado o un juvenil, rodéate de un círculo de personas en el que te puedas proteger. Si quieres vivir abiertamente tu homosexualidad necesitarás el apoyo de tu familia y amigos.

 


Este texto firmado por nuestros compañeros de 11 Freunde está extraído del interior del #Panenka57, un número dedicado a la lucha contra la homofobia en el fútbol que todavía puedes conseguir aquí.