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Genís Montolio: “Si el viernes no salía nada, lo dejaba”

El central catalán que ha pasado de plantearse ser bombero a liderar la liga suiza con un recién ascendido en menos de cinco años. Conversamos con él

Montolio
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“Venía de pasar por tres filiales en tres años, de un descenso a tercera y de seis meses sin equipo. Por eso me puse un límite: si el viernes no salía nada, lo dejaba”. Con esa mezcla de cansancio y claridad recuerda Genís Montolio (Barcelona, 1996) la semana en la que su carrera pareció detenerse del todo. La idea de preparar las oposiciones para bombero ya no era un recurso lejano, sino una alternativa posible a la que había empezado a dar forma. Pero justo cuando comenzaba a imaginar una vida lejos del césped, una llamada desde Suiza alteró los planes que él mismo creía definitivos.

Para entender lo que significaba aquella llamada, hay que retroceder mucho más en el tiempo. A cuando Genís era un niño y ya tenía claro que su vida iba a girar alrededor del fútbol. “Siempre quise ser futbolista. Era mal estudiante, así que para mí era fútbol o fútbol”. Empezó en la escuela del Barça, pero aquel primer corte lo dejó fuera pronto. Con ocho años llegó al Espanyol, donde pasó toda su infancia y adolescencia futbolística… hasta que con 15 años volvió a escuchar la misma frase: “No contamos contigo”

Después llegaron dos cursos en el Cornellà, que le sirvieron para que otra de las grandes canteras del fútbol español se fijara en él. El Villarreal fue el siguiente salto. “De todas las canteras en las que estuve, la que más me marcó fue la del Villarreal. Ahí viví mis primeros momentos importantes en el fútbol”. La residencia, la competencia diaria, la vida lejos de casa. “Fue mi paso de niño a hombre, en lo futbolístico y en lo personal”.

Tras cuatro años pasando filtros en la cantera del Villarreal, con 21 llegó su debut con el primer equipo en Europa League. Era, probablemente, el punto más alto al que podía aspirar un canterano. A mitad de temporada, sin embargo, decidió marcharse al Espanyol. Otra vez el club de su vida. Otra vez con promesas y con la idea de asomarse a la élte. “Me triplicaban el sueldo. Soy de Barcelona, tenía a mi pareja allí… Parecía lo lógico”, relata el central catalán a Panenka.

 

“Me llamó el Zúrich B. Era mi última bala. Y la cogí. Fue durísimo, pero el fútbol me fue bien y me agarré a eso”

 

La realidad fue muy distinta: “Pasé de jugar con el Villarreal en Segunda B a no jugar casi con el Espanyol en Tercera”, y en verano volvieron a decirle que no contaban con él. Del estreno europeo al descarte en medio año. La segunda puerta cerrada ya era un aviso serio.

Desde entonces, su carrera entró en  tierra de nadie. Levante B primero, Alavés B después. Tres filiales en tres años. El juego seguía, pero la estabilidad no llegaba nunca. El Olot apareció como una oportunidad de frenar esa inercia, de por fin consolidarse en un sitio. La temporada, sin embargo, terminó en descenso a Tercera. “Mentalmente fue muy duro. Ahí pensé seriamente en dejar de intentarlo”, admite Genís.

El verano siguiente fue el peor de todos. Con 25 años, tras seis meses sin equipo, sin llamadas y sin horizonte. Se puso un límite definitivo. Si en esa semana no había nada antes del viernes, lo dejaba. A partir de ahí empezó a mirar hacia fuera del campo. “Me planteé hacer las oposiciones para bombero. Tenía toda la información para empezar a estudiar”. El viernes estaba marcado en rojo. El final tenía fecha.

La llamada llegó el jueves. Desde Suiza. “Me llamó el Zúrich B. Era mi última bala. Y la cogí”. El primer año fue de resistencia: una habitación alquilada en casa de un señor mayor, un idioma desconocido, todo nuevo. “Fue durísimo, pero el fútbol me fue bien y me agarré a eso”. Ese agarre lo cambió todo. Llegó la Segunda División suiza, dos temporadas buenas en el FC Wil y, por fin, estabilidad. “Era la primera vez en mi carrera que podía decir: estoy tranquilo. Puedo vivir de esto de verdad”.

La estabilidad en el césped no significó, al principio, comodidad fuera de él. El aterrizaje en Suiza tuvo mucho de choque. “Lo del idioma fue durísimo. Tú estudias alemán y llegas aquí y hablan suizo-alemán, que no tiene nada que ver”. Pero en ese proceso también empezó a cambiar por dentro. “Antes, si no jugaba, me enfadaba. Ahora valoro muchísimo más las cosas”. Y lo resume así: “Valoro de dónde vengo. No voy a tirar por la borda todo lo que me ha costado llegar hasta aquí”.

 

“Estoy en un equipo de Primera, vamos primeros, vivo en un país idílico, estoy ahorrando… ¿de qué me voy a quejar?”

 

Desde esa calma llegó el siguiente paso. El Thun, un histórico del país que entonces caminaba por Segunda pero soñaba en grande. Genís apostó por el proyecto y el ascenso llegó a la primera. “Cuando ascendimos con el Thun sentí que todas las decisiones, incluso las malas, habían valido la pena”.

El ascenso también confirmó algo más íntimo. En Suiza, Genís no solo volvió a sentirse futbolista: empezó a entenderse a sí mismo. “Mi madurez llegó en Suiza. Por primera vez sentí miedo real a dejar de ser futbolista”, confiesa. “Toda mi vida había sido fútbol. Fuera del fútbol no conocía nada. Ese miedo me obligó a crecer”.

Ese crecimiento se nota en cómo mira ahora su carrera. “Estoy en un equipo de Primera, vamos primeros, vivo en un país idílico, estoy ahorrando… ¿de qué me voy a quejar?”. Los golpes también dejaron algo bueno. “Los que me he llevado me han ayudado a valorar lo bueno. Antes me centraba demasiado en lo negativo”.

Genís lo explica sin épica impostada, casi como una conclusión lógica después de tanto desvío. “La vida me ha enseñado que la resiliencia es clave. A veces la oportunidad no llega a la primera, pero quizá llega a la décima”. Por eso ahora no corre. “Valoro de dónde vengo. No voy a tirar por la borda lo que he tardado 30 años en conseguir”.

Y así, desde aquel viernes marcado en rojo hasta este presente en el que el Thun lidera la liga suiza, la historia no se cierra con una promesa grandilocuente, sino con algo más sencillo y más raro en el fútbol: calma. Tal vez, al final, era eso lo que llevaba tanto tiempo buscando.

 


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Fotografía de las redes sociales de Genís Montolio.