La semifinal del último Mundial no ha sido más que un punto de partida para el seleccionador marroquí, que sigue llenando de talento a los ‘leones del Atlas’ y dotándoles de una personalidad colectiva, con objetivos más grandes en la cabeza.
Esta entrevista está extraída del #Panenka148, un número que publicamos en mayo de 2025 y que sigue a la venta aquí
Aceptar el encargo de entrenar una selección nacional tres meses antes de que empiece un Mundial puede parecer una locura. Pero Walid Regragui (Corbeil-Essonnes, Francia, 1975) llevó a Marruecos a superar a Bélgica en la fase de grupos, a España en octavos y a Portugal en cuartos, para lograr el mejor resultado para una selección africana hasta la fecha. Su biografía resume en dos palabras el secreto que se esconde tras el histórico recorrido de los ‘leones del Atlas’ hasta la semifinal de la Copa del Mundo de 2022: multiculturalismo e identidad. Nacido 33 kilómetros al sur de París, habla varios idiomas, español incluido, y entrena a una selección de jugadores venidos de distintos países, lejos de África. Pese a su formación tanto académica como futbolística en Francia, a la que siempre está agradecido, Regragui tiene raíces profundas en el país de sus padres, una experiencia personal parecida a las de muchos de sus futbolistas.
Sus inicios como jugador están en el club de su ciudad natal. Dio el salto al Toulouse y, luego, al Ajaccio. En 2004, tras perder la final de la Copa África con Marruecos, se marchó al Racing de Santander, donde, aun lastrado por las lesiones, vivió una épica victoria en el Santiago Bernabéu. Una vez retirado, Regragui empezó su carrera como entrenador, un camino meteórico que culminó alzando la Liga de Campeones africana con el Wydad Casablanca. Era 2022, el mismo año en que la federación marroquí le dio su confianza tras la marcha de Vahid Halilhodzic. Fue un acierto.
Preparó un Mundial en tres meses y llevó a Marruecos a ser la primera selección africana en lograr el cuarto puesto en el torneo. ¿Cuál fue el secreto?
Cuando me vino la oferta de la federación fue muy complicado decir que no, porque es mi país. La gente de mi alrededor me dijo que no lo hiciera, porque era complicado: en el grupo estaban Bélgica, Croacia, finalista del último Mundial, y Canadá, un equipo en crecimiento. Entonces, alguien me dijo: ‘Si te vas, quizá fracases y eso mate tu carrera’. El principal problema que tuve fue el tiempo: solo dos partidos y un amistoso antes del Mundial. Pero desde pequeño, en mi personalidad siempre ha estado el intentar lo imposible. Y ganar. A mi staff les decía que no íbamos solo a disfrutar, sino que teníamos que procurar hacer grandes cosas; había que meter eso en la cabeza de los jugadores. Es lo que intentamos hacer en tres meses, y conseguirlo no era solo cuestión de suerte o de motivar al equipo: requirió llevar a cabo un trabajo táctico en poco tiempo, lo que era complicado. Gracias a la tecnología, lo hicimos más rápido: hace 20 años, hubiera sido imposible cumplir ese objetivo.
16 jugadores de esa selección nacieron fuera de Marruecos: ¿cómo se entrena un equipo sujeto a una diáspora tan grande?
Es el punto más complicado, la gente no se da cuenta de eso. La selección marroquí era muy diferente de todas las demás, porque hay compatriotas en España, Francia, Alemania, Países Bajos, Bélgica, Italia, y ahora tenemos marroquíes también de Noruega e Inglaterra. Lo más importante es encontrar un sentido común para seguir juntos: las familias, los orígenes, y defender al país de nuestros padres. Pero cada uno tiene su propia cultura: estos chavales han nacido en Europa, y un italiano no es un francés, y un francés no es un español. Hemos tenido una educación y una cultura diferentes, pero yo siempre peleo para que tengamos un sentido común. Para construir una casa, necesitas cemento. Y nuestro cemento es la familia, la historia que cada uno tiene con Marruecos. Si tomaron esta decisión, no es sólo por sus padres, sino también para dar alegría a su país y por un sentido de orgullo. Entonces, cuando vienen, nos olvidamos del lugar donde nacimos o de donde venimos: jugamos para hacer felices al país y a las familias.
“Hemos tenido una educación y una cultura diferentes, pero yo siempre peleo para que tengamos un sentido común. Para construir una casa, necesitas cemento. Y nuestro cemento es la familia, la historia que cada uno tiene con Marruecos”
¿Qué idioma habla durante las convocatorias de la selección?
Hablo siempre en árabe en la charla. Pero con traductor, para el que no lo entiende bien. Y cuando tengo conversaciones individuales, siempre intento usar la lengua del país del jugador, ¡suerte que hablo español, francés e inglés!
¿Su historia individual le ayuda a comprender mejor al jugador de raíces marroquíes que decide jugar con la selección?
Claro. Nací en Francia, me eduqué en Francia y mi cultura es francesa. Por eso, entiendo más a este tipo de jugadores, porque tengo la misma historia, de padres inmigrantes que se marcharon para dar una vida mejor a sus hijos pero, al mismo tiempo, sin olvidar sus orígenes y raíces.
Los futbolistas que nacen en un entorno multicultural están obligados a elegir una sola nacionalidad: ¿por qué optan por Marruecos y cómo les convence?
Hay un antes y un después del Mundial. Ahora es mucho más fácil convencerlos, porque hemos tenido resultados y ofrecemos un reto competitivo a estos chavales: quieren ganar, participar en una Copa del Mundo y estar entre los mejores. Tenemos jugadores e instalaciones de primer nivel, y ahora resultados a la altura: estamos entre las doce mejores selecciones del ranking FIFA, hemos llegado a una semifinal mundialista, casi todos nuestros futbolistas juegan en la Champions o la Europa League. Ya no hay que bajar la cabeza frente a los grandes equipos. La verdad es que antes de Catar 2022 fue complicado convencerlos, porque el proyecto no era el mismo que ahora. De cara al futuro, la gente tiene que contar con Marruecos a nivel internacional: vamos a organizar una Copa África y una Copa del Mundo.

¿Cómo de importante para su trabajo y para el fútbol marroquí es la Academia Mohamed VI de Rabat?
Mucho. Debemos tener instalaciones de vanguardia y también una academia para ofrecer una formación propia. Es verdad que hoy Marruecos disfruta de futbolistas que se han formado fuera. Pero, por ejemplo, en la última convocatoria he llamado a seis jugadores de la academia. El pensamiento del rey es que, si tenemos más academias como la de Rabat, vamos a contar con más talento formado en Marruecos, y quizá llamaremos solo a los mejores de los que nacieron y crecieron en Europa.
¿A veces no se entiende que haya personas que puedan tener identidades distintas? Da la sensación que la doble nacionalidad hay que vivirla para comprenderla del todo.
Sí. Alguien que no tiene doble nacionalidad, o que no nació fuera de su país, no puede entender lo que es la doble cultura. Está en la sangre, y solo los que son inmigrantes o hijos de inmigrantes pueden comprenderlo. Pero siempre he dicho que es un valor increíble tener doble cultura, para entender mejor el mundo, y también el fútbol; ayuda a la selección nacional, porque contamos con estilos diversos. Estamos bien encaminados para tener nuestro propio sello.
“Nací en Francia, me eduqué en Francia y mi cultura es francesa. Por eso, entiendo más a este tipo de jugadores, porque tengo la misma historia, de padres inmigrantes que se marcharon para dar una vida mejor a sus hijos”
Pese a la influencia europea, o a que muchos de esos jugadores han nacido y se han formado en Europa, da la sensación que el jugador de Marruecos tiene habitualmente un perfil muy habitual de futbolista técnico, habilidoso, bien relacionado con el balón. Se mantiene una cierta identidad.
Sí. La cualidad natural del jugador marroquí es la técnica, la habilidad con el balón. Los que nacen en Europa con esta doble cultura tienen un estilo más académico. Carecen de la libertad del africano, que intenta cosas que ahora en Europa no se ven. Pero hay aspectos positivos en los dos sentidos. Los europeos, tácticamente son mejores y respetan más el juego, pero dejan de lado esta locura del futbolista que se atreve más que los demás: el regate, la creatividad ofensiva de jugadores del estilo de Neymar o Vinicius, que se echan en falta hoy en Europa y en el mundo. En Marruecos abunda este tipo de futbolista. La mezcla de esa locura e imaginación con la disciplina táctica es lo que tuvimos en la Copa del Mundo: no fue el estilo marroquí, sino más un estilo europeo, tácticamente bien colocado, pero con gente como Boufal, Ziyech y Ounahi con la capacidad de marcar diferencias técnicamente.
¿Cómo gestionó el caso de Brahim?
Brahim era un objetivo muy importante para mí y el equipo, porque sabía que después del Mundial necesitaríamos jugadores que pudieran ser diferenciales, para sentarnos a la mesa de los grandes. Y Brahim es este tipo de jugador, como Lamine Yamal o Ben Seghir, del Mónaco, que también ha elegido Marruecos. Fui a Milán a ver a Brahim en un partido contra el Tottenham de Champions League: me senté con él y tuvimos una buena charla. Fue la primera que tuve con él, no para convencerle al inicio, solo para decirle que tiene sangre marroquí, que el país de su padre le quiere con cariño y tiene un proyecto para él. Después nos vimos tres o cuatro veces con la familia y su entorno: viajó a Marruecos para ver las instalaciones y sentir el país, porque nunca antes había venido. Es un chaval muy inteligente que lo ha hecho muy bien antes de elegir: regresó y se quedó dos o tres días para conocer de cerca la mentalidad. Fue un momento muy complicado, porque también tenía la opción de la selección española. Pero no es que eligiera Marruecos porque sabía que no iba a jugar con España: estando en el Real Madrid, seguro que le iban a llamar. Envió un gran mensaje a todos los marroquíes del mundo: elegir el país es una decisión de corazón. Creo que habrá un antes y un después de Brahim, porque vamos a tener más estrellas que van a optar por Marruecos…



