Hay pocas experiencias comparables a la de vivir un atardecer en Sanlúcar de Barrameda. Los rojos, naranjas y morados colorean las casas encaladas del pueblo, las barcas amarradas en la playa y el colindante paisaje de Doñana. En agosto se completa el cuadro con una famosa carrera de caballos con 175 años de historia. Como la prueba necesita que baje la marea para que la tierra mojada de la orilla se convierta en un improvisado hipódromo, se disputa en el ocaso. La figura de los participantes se recorta entonces con el colorido fondo, mitad agua y mitad cielo, y deja unas largas sombras silueteadas sobre la arena. Los rayos de luz no abrasan, ya solo abrazan, y huele a langostino y manzanilla. Si hasta el sol parece haber elegido este lugar para ponerse, si el mismo Guadalquivir ha decidido entregarse al océano en esta localidad, ¿cómo le explicas a Dani Güiza, Álex Geijo y Diego Cervero que Sanlúcar no es el mejor destino para retirarse?

Resulta muy difícil pensar en alguna delantera con más carisma que la del Atlético Sanluqueño. Gúiza (40), Geijo (38) y Cervero (37), que suman más de 600 goles, han puesto ya su mirada en el horizonte y buscan alumbrar algo bonito con sus últimos destellos futbolísticos. El año que viene se implanta la Segunda B Pro y nadie quiere quedarse fuera, de ahí que muchos clubes estén haciendo un gran esfuerzo por traer futbolistas de nivel. Dicen quienes entienden de esto que el gol es lo más complicado de firmar en estas categorías, pero a la ‘Leti’ ahora le sobra. La afición verdiblanca, una de las más cálidas de toda la Segunda B, espera que no haya nubes que ensombrezcan el atardecer de estos brillantes genios. 

Diego Cervero: la receta del gol


El más ‘joven’ de los tres, que cumplió 37 años el pasado jueves, ha sido también el último en llegar al equipo. ‘Cervegol’, que es uno de los mejores delanteros de la historia de nuestro fútbol modesto, suma 243 tantos en todas las competiciones y 134 en Segunda B, donde es el máximo realizador en activo, el octavo desde que se inauguró la competición y el que más goles ha anotado desde el punto de penalti. El ariete llega a El Palmar procedente del Barakaldo, club con el que consiguió seis dianas en los seis partidos que jugó antes del parón por la Covid-19. Licenciado en Medicina, se ofreció como voluntario por redes sociales y acabó echando una mano durante el confinamiento en la Cruz Roja de Oviedo, su ciudad natal.

Aunque no haya jugado nunca en Primera con él, Diego Cervero es todo un mito del Real Oviedo. Llevó el brazalete de capitán durante la época más oscura del club, justo cuando dos descensos simultáneos, uno deportivo a Segunda B y otro en los despachos a Tercera, lo dejaron al borde de la desaparición. En esos momentos de incertidumbre emergió la figura heroica del ‘Doc’. “Hasta que el Oviedo no suba a Segunda B o me muero, o yo de aquí no me voy. Por mi padre y por mi madre”, aseguró tras perder una de las eliminatorias de ascenso que disputó. Después de anotar 141 tantos con la casaca azul, firmar tres pichichis y tres ascensos -dos a la categoría de bronce y uno último a la de plata- el atacante se marchó del Tartiere con el equipo en el fútbol profesional. Tras Lángara y Herrerita es el tercer máximo realizador del cuadro carbayón.

Hijo de cirujano (y en proyecto de serlo él también) nadie sabe manejar el martillo y el escarpelo como Diego en el área: golpea cuando hay que golpear y corta cuando toca cortar. Sin alardes técnicos, con un tremendo despliegue físico y un potente juego aéreo, su obsesión siempre lo encara a la meta contraria. Después de varias idas y venidas del plantel de su tierra, de una breve experiencia en el Oldham Athletic inglés y de 14 temporadas en Segunda B, aterriza en el Atlético Sanluqueño para ofrecer ese puntito de hambre que puede acercar al plantel a los puestos privilegiados de la tabla. 

Vista o no de bata blanca, este gallu tiene en la mirada el fulgor de la mina. Está acostumbrado a la penumbra, al barro, a jugar con dinamita… A extraer gemas preciosas de las paredes más áridas. El picapedrero ovetense, sacrificado y tenaz, seguirá goleando hasta que deje de cantar el canario. Que Sanlúcar lo disfrute.

Álex Geijo: el suizo que ríe

Nacido en Ginebra pero de padres emigrantes españoles, Geijo hizo el camino inverso a ellos con apenas 20 años. Llegó a Málaga para jugar en su filial, y en la Costa del Sol aprendió a chapurrear un particular andaluz con un deje francés parecido al de Jean Reno. En Jerez, donde llegó después de jugar 15 partidos con el primer equipo del Málaga, acabó de ‘pulir’ el acento. 

Después de firmar muy buenas temporadas con el Levante y con el Racing, la familia Pozzo se hizo con sus servicios para ponerlo en órbita por sus diferentes equipos satélites: el Udinese, el Granada (con quien consiguió un ascenso a Primera anotando 24 goles) y el Watford. Tras una prolífica aventura en las categorías inferiores del fútbol italiano, su excompañero Abel Gómez le convenció para que diese las últimas patadas al balón junto a él. Aunque el técnico granadino fue cesado la pasada campaña, Geijo seguirá un año más en el Atlético Sanluqueño, ya cautivado por el embrujo del sitio.

Del hispanosuizo aseguran sus compañeros que “es un personaje”, que jamás deja de sonreír y bromear; que es como un niño pequeño metido en el cuerpo de un adulto. “Álex Geijo no para de hablar. Estás preparando una falta en la frontal y está charlando; estás explicando, y lo mismo. Todo es cachondeo para él”, comentaba con guasa Fabri, su entrenador en el Granada, para el diario Ideal. “Realmente es un muy buen futbolista y un chico con unos valores humanos excepcionales”, añadía. Y es que el de Ginebra es, aparte de un goleador consumado, un tipo entregado a los demás, también como delantero. Las estadísticas no suelen reflejar todo lo que hace por el equipo, ‘solo’ que lleva 138 tantos en su carrera. Aunque la pasada temporada estuvo bastante tiempo parado por una lesión, pudo anotar cuatro goles y meterse a la entregada afición de El Palmar en el bolsillo. 

Dani Güiza: el ocaso en casa

No necesita mucha presentación este mito del fútbol español. Campeón de una Eurocopa y último pichichi nacional en Primera, Dani Güiza habrá jugado en cuatro décadas distintas cuando acabe la temporada. Con 40 años recién cumplidos, el ‘Gitanito’ afronta su cuarta campaña consecutiva vistiendo la elástica verdiblanca. Llegó a la ‘Leti’ en Tercera, a priori para retirarse, pero puso un hombro para subir a Segunda B y, durante las dos últimas temporadas, el otro para mantener al equipo. 

El jerezano, que lleva más tantos anotados que Butragueño, Tristán o Aspas, quería estar cerca de casa para despedirse. Después de pasar por Turquía, Asia o Sudamérica, llegó a Cádiz como villano -por ciertas declaraciones pasadas- y se marchó como héroe tras conseguir el tanto del ascenso a Segunda. Y de la capital gaditana cogió el coche hasta Sanlúcar, donde una última promoción pondría el broche de oro a una brillante trayectoria. También sería el regalo perfecto para su familia política, que son todos oriundos de la localidad y aficionados del club.

Güiza, que acabó como máximo goleador de Primera en el curso 2007-08 sin lanzar un solo penalti y que suma 223 dianas durante toda su carrera, es el gran líder del vestuario verdiblanco. Ejerce de padre futbolístico, de capitán y de ídolo en El Palmar. Cada vez tiene menos fuerzas y más patas de gallo, pero mantiene un afilado instinto en el área y la virtud de bailar como nadie sobre la línea del fuera de juego. Dicen que cuando muere una estrella genera una supernova, una inmensa explosión de luz que libera una gran cantidad de energía. Es esto, y no otra cosa, lo que se espera en Sanlúcar de Barrameda de esta camarilla de artistas: que esta energía última pueda proyectar al equipo a otra dimensión.

 


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Fotografías de Getty Images y del Atlético Sanluqueño.