Le tengo por un tipo raro. Me acerqué a él arrastrando los talones y con las palmas de las dos manos pegadas al pecho, que es como se suele acercar la gente a una puerta entreabierta que da a un espacio sombrío, sin interruptores. Me recomendó su blog uno de esos amigos que van de su piso al badulaque a por cerveza en zapatillas, y que constituyen, sin duda alguna, mi mejor fuente de Hallazgos Premium. Desde entonces, dejé de preguntar. Todo lo que sé de él es porque se lo he leído en sus crónicas y relatos.

Al principio pensé en buscar por Google alguna foto suya para que quedase mejor la edición de esta pieza. Pero no. Cambié rápido de parecer. Ni de coña, me dije, por ahí no paso. Si quieren vayan ustedes mismos a la caza de esa imagen. Yo lo prefiero así. A oscuras. Por eso, en cierto sentido, me jode tener que escuchar ahora su voz. Quitarles la capa a sus cuerdas vocales. Conocerlas. Pero la actualidad manda, y resulta que Luis María Valero es quien ha parido la decimoquinta entrega de la colección ‘Hooligans Ilustrados’ de Libros del KO. Sed en La Condomina, se llama el crío, que ya llora con acento murciano. Dicen que es bonito porque se le parece al padre. Dicen. Lo que es seguro es que el librito (tiene solo 133 páginas, pero qué 133 páginas) se agotó el primer día que salió a la venta en Murcia. También el segundo. Y el tercero, por poco.

Marco el número en el teclado de mi teléfono y le doy al verde. Escucho los primeros pitidos de la línea, expectante, y se me hacen tan largos que pienso que tal vez estaría bien instalarme por vacaciones sobre alguno de ellos. Al final, sin embargo, alguien descuelga, y me pilla por sorpresa, como si se me hubiera olvidado que las llamadas existen para esto: para que te las contesten. “¿Si?”, me dicen. Cae la primera pared. Y solo entonces me convenzo de que no estaría tan mal echar unas cuantas más al suelo.

 

Muy buenas, Luis. Enhorabuena por el libro. ¿Cómo lo estás llevando?

Pues yo ya sabía que la serie de ‘Hooligans Ilustrados’ tenía bastante prestigio y solera, porque en ella han publicado escritores muy contrastados como Manuel Jabois, Eduardo Rodrigálvarez o Enric González, con lo que podía suponer que el libro tendría una mínima repercusión. Pero, desde luego, me ha pillado por sorpresa que tuviera tanta. Estoy muy contento de que esté gustando.

En Murcia parece que la única manera de dar con él es pidiéndolo por anticipado…

Sí, pero lo que más alegría me da es que haya gente por el resto de España pidiendo el libro. Esto es lo que más ilusión me hace de largo. La gente que te lo compra en Murcia, puedes llegar a pensar que podría adquirir cualquier cosa que saliese sobre el equipo, porque somos un club pequeño y a la mínima ocasión que se publica algo de nosotros ya nos gusta tenerlo. Pero que te escriba gente desde una librería de Vigo, de Burgos o de Girona para preguntarte cuándo traerán el libro… Eso es lo que me pone más contento. Porque es gente que no es de tu equipo pero que puede llegar a disfrutar o a emocionarse con la historia.

Aquí nos tienes, llamándote desde Barcelona.

Yo mismo me siento identificado con eso. De hecho recuerdo que cuando era estudiante de Periodismo, llegué a comprarme un libro de crónicas taurinas de Joaquín Vidal. ¡Y mira que a mí los toros nunca me han gustado! Pero ese es el encanto. Que al final uno pueda escribir de ajedrez, de bádminton o de lo que sea, y que no necesariamente le vayan a leer solo los aficionados a esos juegos. Tú puedes llegar a transmitir algo escribas sobre lo que escribas. En cada tema, por pequeño que sea, hay un microcosmos que merece ser retratado.

 

“Tú puedes llegar a transmitir algo escribas sobre lo que escribas. En cada tema, por pequeño que sea, hay un microcosmos que merece ser retratado”

 

Sí, podría haber sido el bádminton. O la pesca. O el auge de la decoración minimalista en las salas de alterne. Pero fue el Murcia. Hay cosas que uno no elige. Cuando Valero tenía cinco años, su padre, en lugar de llevarle al parque o a la feria, decidió llevarlo a La Condomina. Y así se inició un idilio que se ha ido estirando en el tiempo, a trompicones, como uno de esos resfriados que nunca se curan. “El Murcia es mi pasión… y una manera de vivir, de hecho. Porque soy de un equipo que normalmente suele perder, y al final la vida también va un poco de eso”.

De perder en el descuento. De perder antes de bajarse del autocar. De perder a cientos y cientos de kilómetros de tu casa. De perder los puntos, y además, los papeles. De perder con uno mismo. Y de escribir mientras todo se va perdiendo, por supuesto. El Real Murcia compite actualmente en Segunda B, juega sus partidos como local en la Nueva Condomina y trata de hacer frente a una deuda enorme que incluso ha avivado el miedo de la desaparición. Valero, a sus 32 años, solo ha visto el club dos temporadas en Primera, y en ambas la experiencia fue corta y traumática, quedando el equipo colista. “Prefiero no hablar mucho de esos días”, me suelta, y me imagino a un tío mal afeitado, teléfono en mano, echando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y prensando las muelas.

Real Murcia 1991-1992

En el libro, la mayoría de anécdotas que cuentas son de trompazos sonoros o de partidos épicos que el Murcia acaba perdiendo. Apenas te recreas en las victorias. ¿Por qué crees tú que la derrota es más literaria?

Pues la verdad es que ni yo mismo lo sé. Pero encontrar algo de belleza en la derrota es lo que me tira. Porque la victoria, en realidad, es fácil de vivir, es fácil de digerir. Es felicidad y ya está. Pero en cambio la derrota te enfrenta con el dolor. Y entonces, una vez tienes el dolor delante, encontrar un poco de sabiduría o de estética en él es lo que de verdad te termina haciendo más humano. De hecho puede que yo peque un poco de contar solo pérdidas, momentos duros, pero es que en el fondo algunas derrotas del Murcia las vivo casi como si fueran victorias.

Dices que el Murcia es un club anti-nostálgico casi por necesidad. Sin embargo, Sed en La Condomina está empapado de melancolía. ¿Se puede ser nostálgico sin querer serlo?

Totalmente. De hecho lo de la anti-nostalgia sale casi al final del libro, y busca decirle al lector que todo lo que se le ha contado hasta ahí está muy bien y tal, pero que tenemos que soltarlo. No tendría sentido anunciarlo al principio, porque como tú mismo dices, el libro se sustenta sobre muchos recuerdos.

COMPRAR EN NUESTRA TIENDA

E imagino que hoy todavía es más difícil mantener esa fe con los problemas económicos de fondo. ¿Habéis sentido alguna vez el miedo real a desaparecer?

Sí, sí. Hemos visto la desaparición bastante cerca, y de hecho todavía es un fantasma que no está ni mucho menos lejano. Tenemos una deuda con Hacienda de más de 12 millones de euros, y luego está la deuda total, que ronda los 50 millones de euros. El Murcia fue cogido a principios de este siglo por un empresario que no tenía relación con el equipo pero que venía a hacer un pelotazo urbanístico en la ciudad. Se llamaba Jesús Samper, e igual que hay clubes que tienen suerte y los recogen familias como la de los Roig en el Villarreal, nosotros no la tuvimos y nos pusimos en manos de unas personas que no lo han hecho nada bien. Aunque ahora, después de la muerte de Samper, ha entrado gente nueva que puede empezar a reconstruirlo todo un poco.

¿Con qué cuerpo sigue yendo uno al estadio estando esa amenaza sobrevolando al equipo?

Mira, como dice Enrique Ballester en su libro Infrafútbol, el aficionado al final tiene que apartar como sea la mirada de la trastienda, de todo lo institucional que no le gusta, y quedarse con el fútbol, porque si no acaba amargado. Tú como aficionado no puedes hacer más cosa que darte de alta como socio e intentar que tu equipo se conozca y se respete por su escudo.

 

“Encontrar algo de belleza en la derrota es lo que me tira. Porque la victoria, en realidad, es fácil de vivir, es fácil de digerir. Es felicidad y ya está”

 

Y en esas está Valero desde hace algunos años, propagando el murcianismo a su manera, sacándole el polvo ahora con un adjetivo, ahora con una metáfora, ahora con un párrafo. Descifrando al equipo para digerirlo él mismo, pero también para que el resto, los que cenamos lejos, podamos masticarlo mejor. Es como el cartero de una novela epistolar: a un lado estás tú con tu ignorancia; en otro el Murcia con su forma difusa; y en medio, llevando las cartas, ese ser misterioso al que no le pones rostro pero al que se lo debes todo.

Hay dos clases de aficionados. Los que cuando el viento sopla en contra se levantan de la silla y se van a la del estadio vecino, y los que, por contra, deciden aguantar el temporal con el culo pegado al mismo trozo de plástico de siempre. Valero representa claramente a los segundos, a todos aquellos que, como el propio escritor cuenta, siguen eligiendo al Murcia como fuente, aunque al inclinarse para beber el grifo brote muy poco, o no brote nada. Más o menos seca, esa es su historia, y no están dispuestos a desampararla. “Murcia (la ciudad) siempre se ha cruzado de brazos y ha mirado impaciente, esperando la Primera desde la obsesión. El Murcia, por su parte, se ha especializado en ofrecerle Segunda”.

 

Sois el equipo español de la historia que ha jugado más años en Segunda. ¿Qué tiene de especial esa categoría?

La Segunda para el Murcia es el fútbol en estado puro. Es nuestra categoría. Cuando estamos en Segunda B, nos consideramos de Segunda. Y cuando estamos en Primera, tenemos tal complejo de inferioridad que también nos sentimos de Segunda. Es una liga que tiene una cercanía y un aroma muy especial. Por los estadios pequeños, por los equipos grandes que están de paso, por el contraste entre sus paisajes… Es que tienes de todo.

Y aparte es que la historia del Murcia es básicamente una historia de Segunda. Siempre hemos sido importantes aquí. En España se sabe poco, pero yo creo que el Murcia tiene un matiz que le diferencia del resto de los conjuntos de esta categoría: siempre va a ganar a todos los campos. Al Murcia, por su número de ascensos, se le exige salir a ganar siempre. Los encuentros más bonitos de nuestra vida, de hecho, han sido en Segunda. El partido de ascenso contra el Levante, cuando le ganamos 0-3 al Atlético en el Calderón… ¡Hasta cuando llegamos por única vez a las semifinales de la Copa del Rey éramos equipo de Segunda! Es una competición que, con el tiempo, hemos acabado queriendo.

Pero estarás de acuerdo que no todos piensan lo mismo. De hecho, el Murcia ha pasado de tener 25.000 abonados a solo 5.000 en siete temporadas. Una situación que se repite con frecuencia en este país. Pequeños equipos, históricos pero con un presente, digamos, poco saludable, que acaban perdiendo a parte importante de su masa social porque esta se va con otro conjunto al que le vayan mejor las cosas.

Sí, esa es una tentación muy propia de España. Creo que tiene que ver con esa cosa tan profunda que es la lealtad. Igual es que en este país no somos muy leales, y si nuestro equipo está pasándolo mal, pues le damos la espalda y nos vamos con el de al lado, que está en una categoría  superior. Eso no habla muy bien de España. En Inglaterra, en cambio, creo que sería algo impensable.

El otro día comentaba Roberto Martínez que en Inglaterra todavía no se ha encontrado con una afición que deje de animar cuando su equipo está por debajo en el marcador.

Claro, es que en España la mentalidad es “el equipo me tiene que dar a mí” y, en cambio, ahí es “yo tengo que darle a mi equipo”. Creo que aquello está relacionando más con el amor. Tú cuando amas de verdad a alguien, estás más pendiente casi de darle cosas a esa persona que no de recibirlas. Los ingleses aman mejor, aman más a sus equipos. En España tenemos tendencia a gritar, a quejarnos, a no disfrutar del fútbol, en definitiva. A amargarnos con él. Nuestra cultura es la de la queja.

¿Tú has sentido alguna vez esa tentación de cambiarte de colores?

Que va, que va. Que me hayan atado al Murcia ha sido una de las suertes de mi vida. Me siento agradecidísimo por ello, y jamás he tenido el pensamiento de cambiarme  de equipo. Para mí este club lo es todo. A mis mejores amigos no solo es que los haya conocido yendo al campo del Murcia; es que he cimentado mi relación con ellos gracias al Murcia. Sobretodo viajando por España y acompañando al equipo. Yo iba por Huesca caminando a veces y me preguntaba: “¿Cuándo habría venido yo hasta aquí si no llega a existir este partido?”. Y eso que algunas veces nos caía el agua y la nieve encima, pero pensaba en lo bonito que era estar ahí, sentado en la grada, esperando que los míos saltaran al terreno de juego para hacer el calentamiento. Eso no tiene precio, hombre.

Partido Hércules-Real Murcia © Nacho García 23/5/2015

Partido Hércules-Real Murcia © Nacho García 23/5/2015

Porque el amor, cuando es loco, también va de eso. De cargarse la mochila con tabaco y envases de embutido cada dos viernes y desplazarse siguiendo a tu equipo por los estadios de los rivales. Valero lo sabe. He aquí un escritor de arcenes, de los que proyectas en tu cabeza tomando notas en la fría parada del autobús de una carretera comarcal, con unos zapatos gastadísimos y un bolígrafo azul de instituto. A lo suyo, escupiendo ideas, mientras en el resto de la expedición algunos apuran el último vaso de cerveza y otros envían un mensaje a casa prometiendo volver pronto. Valero me recuerda a un lobo de mar, sólo que sin agua ni barcos, más bien con mucha calzada y muchos bares litografiados en la retina.

Imágenes, muchas de ellas, que nada tienen que ver con el fútbol, pero que configuran la base sobre la que el autor dibuja las crónicas que luego cuelga en Internet. “Queríamos que el blog tuviera ese puntito de locura que en el fondo también es el sello y la personalidad del Murcia”, comenta. El proyecto de Mondo Moyano nació en 2014 y en la actualidad ya es un punto de referencia digital para todos los amantes de la literatura futbolística de calidad. Detrás de los escritos están Valero y un muy buen amigo suyo, Alejandro Oliva. Aunque yo de eso me enteré por un tercero. En el blog misterioso, ni rastro de firmas. Solo la cara de un futbolista moreno.

Horacio Abel Moyano. ¿Por qué él y no otro?

Fue un jugador sudamericano del Murcia de finales de los ochenta que también jugó en el Hércules. Un extremo muy bueno. Pero sobre todo lo elegimos para el blog porqué estéticamente, tanto a Alejandro como a mí, nos encantaba. Su melena agitanada era increíble… Además, uno de nuestros amigos tiene una anécdota con él muy buena. Cuando era pequeño, sus padres le acercaron a La Condomina después de un ascenso del Murcia, y lo metieron en un bar que estaba al lado del campo y que era donde también se reunía la plantilla para celebrar la gesta. Y entonces los padres de este chico le acercaron a Moyano y le dijeron: “¡Mira, cariño, Horacio Moyano! ¡Dale la mano!” Y mi amigo, al ver las pintas que tenía el tío, se echó a llorar…

Y una última, Luís. ¿Por qué narices vuestros nombres no aparecen por ningún lado?

No salen, es verdad, ni tampoco enlazamos la página a ningún perfil personal nuestro. Yo he llegado a rechazar incluso ofertas de empresas que querían anunciarse en el blog. Es que eso jamás. Me gusta ese halo como de estar al margen de todo, no sé si misterio es la palabra, pero me encanta ese aire que hace que parezca que no haya nada. El blog solo tiene la cara de Moyano y el escudo del Murcia muy pequeñito, para que solo se intuya un poco. Cómo al final todo esto lo hacemos por hobby, porque nos gusta hacerlo, y como no queremos tampoco sacarle dinero ni nada, pues qué más da. Solo pretendemos narrar un poco qué está pasando con el Murcia, sobre todo ahora que está pasando por una etapa tan difícil. A lo mejor el día que subamos dejamos de escribir, porque ya no tendrá sentido…

 

Se ríe con eso último. Y yo me río con él. Esperando que esté de coña.