La belleza del periodismo radica en destacar la figura de aquellos héroes silenciosos que, desde el anonimato más absoluto, hacen lo posible para hacer de este planeta un lugar un poco más humano. En definitiva, partiendo de una célebre cita que se le atribuye al añorado Eduardo Galeano, esta profesión única se basa, para algunos de nosotros, en arrojar luz sobre la gente pequeña que, desde lugares pequeños y haciendo cosas pequeñas, trata de cambiar el mundo.

Quizás puede parecer una exageración, pero siempre es bonito pecar de optimismo y pensar que el mundo puede mejorar por cualquier cosa, incluso por lo que suceda en un encuentro de la tercera división de la liga provincial benjamina de Salamanca entre el Ciudad Rodrigo y el Barrio El Zurguén B. Y es que el fútbol base, como la fuente inagotable de gestos y detalles maravillosos que es, continúa empeñándose en hacernos creer que sí, que todavía hay motivos para seguir amando este deporte que tanto ha cambiado en los últimos tiempos.

El caso que nos ocupa sucedió el sábado 4 de febrero de 2018 por la tarde en la población de Ciudad Rodrigo, en el suroeste de la provincia de Salamanca. En una de las últimas jugadas del partido, con el marcador ya decidido -4-1 para el conjunto local-, el árbitro David Téllez señaló una falta a favor del Barrio El Zurguén. “Entonces, vi que el portero del Ciudad Rodrigo colocaba a dos compañeros en la barrera, pero que los colocaba mal… incluso fuera de la portería. En la primera parte ya había visto que el portero no sabía colocar la barrera, pero ver que los chicos no cubrían ni una parte de la portería me descolocó mucho. Miré al portero como diciendo ‘me espero a que la coloques bien’, pero él tan solo estaba esperando el balón. Me acerqué a él, le dije que no tenía bien colocada la barrera y que, si quería, le podía ayudar. Él se mostró encantado, así que le llevé junto al palo, me puse a su altura, le expliqué cómo tenía que hacerlo, llamamos al compañero de la barrera y le empezó a decir donde tenía que colocarse. El portero lo entendió y parecía que estaba contento de haber aprendido”, explica el propio Téllez, un joven de 20 años que compagina sus estudios en Ingeniería Informática con el arbitraje.

El encargado de inmortalizar la escena fue David Rodríguez, un periodista-fotógrafo todoterreno de Salamanca RTV Al Día que durante los fines de semana recorre los modestos campos de la comarca de Ciudad Rodrigo junto a su cámara Nikon D3100; un apasionado del fútbol humilde que no cambiaría un Barça-Madrid por un duelo de benjamines. “Yo prefiero esto, es más tranquilo y es mucho más auténtico”, afirma Rodríguez, tras reconocer que no tenía previsto acudir al encuentro porque tenía que ir a cubrir otros actos, pero que finalmente encontró un hueco para acercarse al partido y ver la segunda parte. Y continúa: “Además, dio la casualidad de que se puso a llover y me refugié en el banquillo de fútbol 11, que está en la banda contraria de donde me suelo poner, y gracias a ello cogí el ángulo bueno para que saliera el árbitro, el portero y la barrera. Aun así, como estaba en la otra punta del campo, la calidad de la imagen no es muy buena…”.  Es cierto, la fotografía que quedará para el recuerdo del detalle de David Téllez no es perfecta, pero en esto reside precisamente su grandeza: es humana. Igual que el propio gesto, igual que el propio fútbol.

 

“Llevo varios años viendo partidos de cantera, pero esta preciosidad es la primera vez que la veo”

 

Desde que la instantánea se hizo viral después de que David Rodríguez la colgara en Twitter acompañada de un texto en el que subrayaba que “llevo varios años viendo partidos de cantera, pero esta preciosidad es la primera vez que la veo”, David Téllez no ha parado de recibir llamadas de medios que quieren hablar con él. “Ya he perdido la cuenta de las entrevistas que he hecho. Ha sido una locura, algo increíble. Mientras sea para sumar y para que el colectivo tenga una buena imagen, bienvenido sea”, apunta sonriente.

También son muchas las felicitaciones que le han llegado desde todos los puntos de la geografía española. Incluso Sergio Ramos se hizo eco de la noticia y la compartió en sus redes sociales remarcando que “por imágenes como esta amamos este deporte. Esto es fútbol”, pero el mensaje que más ilusión le hizo a Téllez fue, sin duda, el de la madre del joven guardameta del Ciudad Rodrigo. “Me dijo que el niño estaba encantado y que le había dicho que por fin había aprendido a colocar una barrera”, admitió el colegiado en los micrófonos de la COPE. De hecho, a través de Twitter, la madre del portero aseguró que “me pareció un bonito gesto del árbitro” y que el niño “salió diciendo que era el mejor árbitro que había tenido”.

 

“Todos deberíamos ser un ejemplo para los niños”

 

Sin embargo, a pesar de la belleza del gesto y de que tanto los técnicos como los aficionados de ambos conjuntos aplaudieron y felicitaron al colegiado, en las redes sociales siempre hay alguien listo para desaprobar cualquier cosa. “El Twitter es un bar de borrachos”, suele responder Santiago Segurola cuando le preguntan por qué no está presente en esta red social. En este caso, varias personas, obviando que se trata de una categoría de aprendizaje y no de la final de una Copa del Mundo, han lamentado que Téllez se saliera del guion establecido para ejercer labores más propias de un entrenador. “No es que comparta su postura, pero la comprendo. Es obvio que el trabajo del árbitro es hacer que se cumplan las normas del juego, pero mi gesto no tiene ninguna maldad ni busca desautorizar al entrenador”, reivindica Téllez, mientras recuerda que, en el fútbol formativo, es algo muy habitual que los colegiados ayuden a los chicos a atarse las botas o que sean muy pedagógicos a la hora de sancionar cesiones o de señalar faltas en los saques de banda. Y añade: “En estas categorías, los niños están en edad de aprender los valores del fútbol y de saber disfrutarlo, independientemente de los resultados. Que les des un balón y que corran, esto es alegría pura. Está claro que nosotros tenemos un papel más futbolístico, pero tanto los árbitros, como los entrenadores, como los padres deberíamos ser un ejemplo para los niños”.

En la misma línea, David Rodríguez también defiende la actuación del colegiado: “En el campo nadie se sintió molesto. Es un gesto que surgió de forma casual, igual que cuando unos minutos había consolado a un chavalín del otro equipo que se puso a llorar porque el Ciudad Rodrigo había marcado un penalti por una mano que él había hecho sin querer”. Efectivamente, antes de la jugada de la falta en la que ayudó al portero local a colocar la barrera, Téllez ya había sido protagonista. “Le dio el balón en la mano y tuve que pitar penalti porque iba a gol. Vi que el chico rompió a llorar y me acerqué a él para decirle que no se preocupase y le di un abrazo. Después de marcarlo, volvió a llorar y me volví a acercar a él para consolarle. Le dije que levantase la cabeza y que siguiese jugando porque quedaba mucho partido por delante”, apuntó el propio colegiado en Cuatro. “El chico lo hizo sin maldad y se me quedó mirando con cara de ‘por favor, no lo pites’. Y nada, yo tan solo traté de consolarlo”, amplía ahora, una semana después de los hechos.

De hecho, esta no es la primera vez que Téllez se encuentra en el centro del huracán mediático. En noviembre de 2016, el árbitro vivió un episodio dramático cuando un juvenil del Promesas de Villoria perdió el conocimiento tras pugnar por un balón dividido con un delantero del Salmantino. Hubo un encontronazo y el que realizaba la entrada se quedó destrozado. Su brazo estaba totalmente recto, no realizaba ningún gesto para nada. Fui corriendo y lo primero que hice fue avisar a la gente que entrase. Pensé que se le había salido el hombro o el codo, pero cuando me acerqué vi que estaba con los ojos en blanco. Lo único que hice fue ponerle en la posición de seguridad, meterle los dedos en la boca, me mordió los dedos y aguanté lo que pude hasta que llegó una enfermera y ella le metió algo para que no se tragase la lengua”, contó hace unos días en El Confidencial.

Con todo, aunque sus gestos le han situado en el centro de la diana mediática, tal y como destacó en la COPE, Téllez insiste en que “no solo yo hago esto. La foto me ha tocado a mí, pero muchos árbitros en España intentamos ayudar a educar a los niños, fomentando el deporte y el respeto”. Sin embargo, aunque repite que “muchísimos compañeros hacen gestos como este o incluso más bonitos cada fin de semana”, el colegiado también admite que, “en un mundo ideal”, esto tendría que ser algo aún más común: “Me parece un gesto que es bonito, pero que no debería de sorprendernos tanto como para que salga en todos los telediarios. A mí me gustaría que este gesto no hubiera sido viral. Me gustaría que el hecho de que un árbitro, que al fin y al cabo es un educador más, intente que los niños aprendan y disfruten fuera algo normal del día a día, algo que no destacase”.

Y es que, para David Téllez, que, a pesar de que a la salida del encuentro entre el Ciudad Rodrigo y el Barrio El Zarguén sufrió un aparatoso accidente de coche, el fin de semana pasado ya volvió a dirigir un partido, el arbitraje es su gran pasión. Personalmente, muchas agresiones tendría que sufrir para dejar el mundo del arbitraje. Me tiene que pasar algo muy gordo para que me planteé dejar este mundo, porque el fútbol es mi pasión… y el arbitraje me permite vivirlo desde dentro, desde las tripas”, sentencia, con unas palabras que chocan por su contundencia. Aun así, esta es la cruda realidad: la profesión de los colegiados está maltratada como ninguna otra en el ecosistema del fútbol. Y, consciente de ello, Téllez lo lamenta profundamente: “Vivimos en un país en el que la autocrítica se paga muy cara. Y antes que criticar a lo tuyo, siempre estamos nosotros allí para echarnos la culpa. Entiendo que hasta un cierto punto nos puedan protestar decisiones, pero creo que hemos traspasado tantas veces los límites que ya lo vemos como algo normal… y eso no debería ser así para nada. Estamos en una sociedad en la que hemos normalizado totalmente el desprecio, los insultos y las faltas de respeto hacia los árbitros”.

Por último, y aunque carezca de toda relevancia, hay que mencionar que la jugada de la falta no acabó en gol. Sin duda, lo que verdaderamente importa de la acción es el precioso gesto de David Téllez. Un gesto que no cambiará el mundo, pero que puede ayudar a que, como asegura el periodista David Rodríguez, unos niños “vean a la figura del árbitro como una persona más humana, más integrada. Para que no lo vean como un enemigo, sino como alguien que está con ellos”. En definitiva, el gesto puede hacer que unos jóvenes crezcan sabiendo lo que tantos adultos parecen desconocer: que los colegiados, con todas sus virtudes y con todos sus defectos, están allí porque también son un elemento imprescindible para este juego.