La decepción y el desarraigo respecto al fútbol moderno, llevó a un grupo de hinchas a levantar un club de fútbol auto-gestionado donde poder encontrar un lugar de libre expresión, de unión y de fidelización con sus pensamientos. Y no se les ocurrió nada mejor que homenajear con ello a ‘El Gran Lebowski’ y la surrealista personalidad de su protagonista. Un icono cinéfilo, convertido en la vocación del fútbol más soberano.


Un tipo que dejó hace tiempo la madurez, perezoso, vago, parado y cuya única meta en la vida es seguir disfrutando con sus amigos de la partida de bolos semanal. Una reunión de fracasados, convertida en el estímulo para un grupo con terribles problemas de dinero, estabilidad y familia, pero que les mantiene vivos en un mundo hostil al que prefieren mirar de lado. No hay dolor si no hay interés. No hay sufrimiento si no existe pretensión. Walter, Donny y, por supuesto, Jeff, al que llamaremos ‘El Nota’, tenían lo que habían fabricado a lo largo de sus pasivas vidas. Todo, hasta que un día, dos matones entran en su nauseabundo bungalow y orinan en la alfombra de su salón. ¿Qué querrían de un perdedor? Jackie Treehorn, un millonario cabreado por un dinero que no conseguía cobrar, buscaba a un cierto Jeff Lebowski, pero aquél Jeff no era ‘El Nota’, sino un adinerado de Pasadena. Un Jeff busca al otro Jeff para pedirle cuentas por la olorosa alfombra y arranca una amalgama interminable de surrealismo, diálogos imprevisibles salidos de tono, muchas drogas y dosis de sexo absurdo. Aquél ‘pack’ generó una película de culto, la primera con tal denominación en la era de internet y la que catapultó a la fama a los hermanos Coen en dirección y al mítico Jeff Bridges en actuación: El Gran Lebowski.

Aquél mundo sin grandes ambiciones y hermanado con la indiferencia hacia los demás, pero repleto de pequeñas alegrías que nacen de las circunstancias más humildes, quedó representado fielmente para la eternidad en las cabezas de los más cinéfilos y, a su vez, personificado en millones de futboleros de todo el mundo. Porque aquella partida de bolos semanal donde cada amigo reunía valor para entonar una charla optimista en un contexto grisáceo para la mayoría, es similar a lo que sienten en cualquier esquina del planeta incontables hinchas ante un nuevo partido de su equipo. Reunirse, dialogar sobre la vida, insultar al jefe, criticar al vecino, asumir que tu pareja prefirió a otro y, desde luego, formar un grupo bajo un mismo prisma social, el que mostró ‘el Nota’ y el que justifica sus pensamientos.

En Florencia, aquella partida de bolos/partido de fútbol, dejó de ser un motivo de orgullo ante la competitividad, los salarios, los resultadistas, las televisiones, los insultos y, sobre todo, la naturaleza enteramente económica del fútbol en la élite. Un numeroso grupo de aficionados de la Fiorentina, se hartó de la aureola exigente de la Serie A y del entramado que se asume cuando se pertenece al denominado fútbol moderno, por lo que decidió pasar a la acción y establecer su propio club bajo autofinanciación, valores y pensamientos. Todo, bien mezclado, sirve ahora, 20 años después del estreno de El Gran Lebowski, para que ‘El Nota’ tenga su merecido homenaje balompédico en las afueras de una de las más elitistas ciudades de todo el mundo: el Centro Storico Lebowski.

 

“Los fanáticos son los jugadores y los jugadores son los fanáticos”, recalca el slogan principal del club

 

Porque no hay nada más hermoso para un futbolero que disfrutar del deporte rey desde su naturaleza más pura. No se busca estética, talento o pretensión, sino disfrutar de una preciosa escenografía futbolística bajo el sol de la Toscana, reunido con quienes sientes conexión y empujando a quienes te representan en un terreno de juego. En el Campo Sportivo San Donnino, en las afueras de Florencia, se levanta el CS Lebowski, un club absolutamente amateur pero tremendamente innovador. Consiguió establecerse en 2010 a base de autogestión de todos sus integrantes. Unos llegaron rebotados desde la Fiorentina tras su falta de satisfacción ante lo que se habían convertido sus partidos semanales. Otros, directamente, eran hinchas fanáticos del minúsculo AC Lebowski, famoso en la comarca por su absoluta capacidad para lograr algún resultado que no fuera pésimo. Sí, hay datos que lo atestiguan, pues recibir 99 goles en una temporada y no salir del descenso, es una buena prueba dominical para los que ocupan tus gradas.

La unión de quienes entendieron que el fútbol de élite no les proporcionaba ninguna alegría y quienes ya venían de sufrir un caos desde las catacumbas del fútbol toscano, acabó encajando. Tres amigos se encontraron una tarde en un banco para charlar y de allí salió el sueño de crear su propio club para ser dueños absolutos de todo lo que les representaba en el fútbol. Una entidad creada por hinchas, para hinchas, liderada por hinchas y con una estructura absolutamente horizontal. Un modelo único en Italia que permite que, con sólo 20 euros que cuesta el abono de la temporada completa, un aficionado tenga voz y voto en la mecánica diaria del club bajo un proceso de toma de decisiones absolutamente democrático. Uno de sus lemas es “El Lebowski se rompe, pero no se dobla”, una clara declaración de intenciones.

Para mostrar la pasión y la autenticidad del proyecto, basta con explicar que todos los que participan en el club se reúnen para comer juntos antes de cada partido, trabajan para mantener en buen estado el terreno de juego, estudian a diario métodos para recaudación de fondos y hasta charlan sobre cómo se pueden encontrar a más ‘Notas’ en la zona para involucrarse con su club. Es una pelea diaria (sobre todo encontrar un estadio, pues llevan tres diferentes hasta la fecha y su actual San Donnino les han cobrado hasta 10.000 euros por año), pero siempre juntos, algo que les ha llevado primero a lograr un presupuesto total de 70,000 € (alrededor del 70% de ello se ha logrado en eventos específicos para mantenerlo todo) y, segundo, a sentir que el fútbol ahora sí representa esa alegría de cada fin de semana más allá de resultados, goles, clasificación, fichajes, patrocinios, crisis y problemas técnicos. Problemas que, según su enfoque, al final, en el fútbol profesional, siempre acaban pagando los hinchas, que son los que pierden su amor por lo que un día les representaba. Es más, se sienten orgullosos de haber podido “salir de la resignación y pasividad que sufren la mayoría de hinchas de un club que tiene pretensiones clasificatorias y económicas” y haber encontrado “un lugar de libre expresión”.

 

“Todos juegan el uno por el otro, para sus aficionados, que son sus amigos, y para nunca permitir la desactivación del club”

 

Todos son fundamentales por su ayuda económica pero, sobre todo, por su implicación de corazón para que todo siga funcionando. Tal mezcla de poderes existe en el CS Lebowski, que cada vez que finaliza el partido, los futbolistas se insertan entre la hinchada en la Curva Moana Pozzi para fotografiarse como la familia Lebowski. “Los fanáticos son los jugadores y los jugadores son los fanáticos”, recalca su slogan principal que, a simple vista y sin profundizar, ya sintetiza la esencia de un proyecto muy especial.

Desde luego que su idea está rodeada 100% de un aroma místico, idealista y romántico del fútbol y que, seguramente, responda más a un canon pretérito del deporte que hoy todo lo gobierna, pero comenzaron en el nivel más bajo del fútbol italiano y su primer equipo ha logrado dos promociones en cinco años (ahora juega en Prima Categoria). Aunque lo mejor dista mucho de esos méritos deportivos meramente demostrables en la clasificación, y es el hecho de que su modelo sea absolutamente inclusivo, pues más allá del primer equipo, tienen un equipo femenino, otro junior y otro de disfrute dominical entre aficionados lejos de cualquier condición física mínimamente decente. Con ello, además de ampliar su espectro, también generan fidelización de sus jugadores y auto-abastecimiento de futbolistas para el futuro. Y todo, recalco, en cinco años donde su máxima está clara: “Todos juegan el uno por el otro, para sus aficionados, que son sus amigos, y para nunca permitir la desactivación en el funcionamiento y administración del club”, aseguran sus integrantes.

Y si a un modelo perfecto y de máximo orgullo por ser autodependientes, se le suma un grupo de hinchas absolutamente fieles que sienten de verdad a su club, se crea una atmósfera única y exclusiva en cada partido, lo que cada vez atrae a más aficionados comarcales y hasta extranjeros que se sienten identificados con sus valores institucionales y deportivos. Una aureola mística que no lograrían jamás la mayoría de clubes top del mundo. Y si, claro, eso se logra a base de singularidades. Una de ellas es que la grada del CS Lewboski se llama Moana Pozzi (famosa ex actriz porno italiana) y que en muchas de las bufandas del club se puede leer ‘drugati’, pues ‘El Nota’ en italiano se tradujo en la película como ‘Il Drugo’. Estas particularidades ayudan a generar una cultura propia y absolutamente exclusiva en todo el planeta. Ahora trabajan en poder encontrar un estadio fijo donde crear una naturaleza propia de su simbología y entienden que, para ello, necesitan hacer un llamamiento a los medios que les ayude a asentar su causa, pues perder su hogar cada temporada podría poner en peligro su existencia. Por ello, en Facebook, han lanzado un mensaje a todos aquellos hinchas cansados del fútbol moderno y que quieran unirse a su causa. Por una suscripción de 20€, cualquiera puede formar parte de CS Lebowski y votar (on-line) sobe las decisiones del club.

Una visión innovadora que rompe con el concepto del fútbol moderno, que ataca las esferas del profesionalismo cuestionando su limpieza y que representa un nuevo código para los hinchas-futbolistas-presidentes de un club especial. En un mundo donde los jóvenes se hacen fans de un club porque es con el que ganan al FIFA, en un mundo donde las entradas de cada partido suponen la ganancia quincenal de una familia y en un mundo donde las televisiones utilizan como marionetas para sus bolsillos a millones de personas ante el sofá, alguien abre una puerta a la esperanza. Ahora, el espíritu de ‘El Nota’ vive, ama, juega al fútbol y encontró, por fin, su propia alfombra. Sigue estando sucia, vieja y descolorida, pero jamás, nunca jamás, será una alfombra roja.


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