Aplaudan. Se lo merecen. Son gestos como ese los que hacen grande a este deporte. El fútbol femenino en Suecia estaba herido y han sido sus homólogos masculinos los que han aportado las últimas curas y algún que otro punto de sutura. Lo confirmó Karl Erik Nisson, presidente de la Asociación Sueca de Fútbol, a través de un comunicado. A partir de la reducción de sus salarios, los jugadores de primera y segunda división del país han conseguido ahorrar poco menos de medio millón de euros que servirá para sufragar las pérdidas económicas que han dejado maltrecha la liga femenina.

“Es muy gratificante ver la solidaridad que existe dentro del fútbol sueco en esta situación tan desafiante. Es cierto que los clubes masculinos ganan más que los femeninos, pero también han perdido más”, comentó Nisson tras conocerse las medidas promovidas desde la disciplina futbolística. Este pico monetario, que se suma a las ayudas gubernamentales de 15 millones y medio de euros que irán destinadas al fútbol femenino y masculino, servirá para que los clubes femeninos puedan cubrir los sueldos de sus futbolistas. Esta situación es otro de los daños colaterales que la pandemia está dejando allá por donde arrea. Y no será porque el fútbol femenino no tenga importancia en el país nórdico.

De hecho, es más bien al contrario. La disciplina femenina siempre se ha erigido como una de las competiciones de referencia a nivel europeo y su liga ostenta un grado de prestigio mayor a la de sus homólogos masculinos. Por los estadios de la Damallsvenskan han pasado futbolistas de primerísimo nivel. Hablamos de jugadoras como Marta, Christine Press o Pernille Harder, que firmaron en la página de futbolistas históricas que han pisado Suecia. Además, todas ellas acabarían en algún momento en lo alto de la tabla de máximas goleadoras de la liga sueca.

 

En España podemos ver el talento de Lindahl, Sofia Jakobsson y Kosovare Asllani. En Inglaterra brillan Andersson y Eriksson. En Italia, Sembrandt apuntala la defensa juventina. Y en Alemania, Rolfö perfora redes para el Wolfsburgo

 

La misma importancia -o incluso más- tienen las futbolistas nacionales, que no solo hicieron grande su competición, sino que esa calidad la trasladaron a la selección absoluta. Therese Sjögran es uno de esos nombres: referente en su país y hoy por hoy es la jugadora con más internacionalidades. Por otro lado, en el plano goleador, Lena Videkull, Andelen y Annelie Wahlgren se disputaron el trono en la década de los 90. Más tarde, llegó Hannah Ljungberg para establecer el nuevo récord de la competición con 39 dianas en una misma campaña.

Esta fue sucedida por una de las grandes referentes del fútbol sueco: Lotta Schelin. La sueca no solo dominó la liga sueca; también es la máxima goleadora histórica de su selección con 88 goles. Lenna Liljegard fue la última goleadora sueca en la primera década de este milenio y han tenido que pasar diez años hasta que una joven Anna Anvegard ha vuelto a hacerse con el distintivo de máxima anotadora.

Tampoco podemos olvidar el gran número de jugadoras que ha exportado el país nórdico. Sin ir más lejos, en España podemos ver de cerca el talento de Lindahl, Sofia Jakobsson y Kosovare Asllani. En Inglaterra brillan Andersson y Eriksson. En Italia, Sembrandt apuntala la defensa juventina. Y en Alemania, Rolfö perfora redes para el Wolfsburgo.

Este vendaval de nombres -y son solo unos pocos de todos los que se podían haber mencionado- no hacen más que confirmar la importancia de este deporte en el país. De hecho, en este parón de selecciones, el combinado sueco ha confirmado su presencia en la próxima cita internacional. La Eurocopa de 2022 será el escenario en el que Suecia quiere desplegar su mejor versión y volver a la senda del oro. Cabe recordar, que del Mundial de Francia salieron con el bronce en el cuello. Un año antes, se llevaron la Copa de Algarve y en 2016 fueron plata en los Juegos Olímpicos.

 

Ese medio millón de euros que llega desde sus compañeros de la disciplina masculina no solo es una bocanada de oxígeno. Es un ejemplo de fraternidad. Un ejercicio de responsabilidad. También una muestra de compromiso

 

Y es que Suecia apenas conoce las malas épocas. La calidad llega desde la cuna, tal y como demuestra la historia de las ‘Blagult‘. La selección debutó en 1973 en un partido ante sus vecinas de Finlandia. El resultado no pasó del empate sin goles en un partido frío e insípido y es posible que nadie pensase entonces que la selección se convertiría en una referencia absoluta a nivel mundial. En 1984 se celebró la primera Eurocopa femenina. Escalando a través de las rondas, las suecas se plantaron en la final ante Inglaterra. Desde entonces, vienen siendo una de esas selecciones que siempre inquieta. Raro es el torneo en el que no acaban con alguna medalla y muy pocas veces se han quedado lejos de las rondas finales.

Con la historia en la mano, era impensable que dejasen caer la Damallsvenskan. La competición no solo se retransmite a nivel nacional; también tiene su público en los Estados Unidos, la gran potencia del fútbol femenino. A nivel internacional, los títulos y las buenas actuaciones, la avalan. Aun así, y por evidente que parezca, el gesto es para quitarse el sombrero. No son tiempos fáciles para el fútbol femenino. Necesitado de una apuesta económica para crecer, se tiene que enfrentar a una crisis tan impredecible como dolorosa por las consecuencias y desgracias que ha ocasionado este virus.

Por eso, ese medio millón de euros que llega desde sus compañeros de la disciplina masculina no solo es una bocanada de oxígeno. Es un ejemplo de fraternidad. Un ejercicio de responsabilidad. También una muestra de compromiso. Un reconocimiento al trabajo de tantos años. Entrega. No importa el número de calificativos que se añadan porque, sobre todo, es fútbol.

 


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Fotografía de Getty Images.