Pocas páginas de un best seller universal son tan futboleras como las del Evangelio según San Lucas. Una innumerable cifra de jugadores, aún en su época de esplendorosa plenitud, se han agarrado a uno de los pasajes bíblicos que han hecho más fortuna en el negocio de las metáforas. Muchos son los que se postularon como los futuros hijos pródigos de su hinchada, prometiéndose que pasarían sus últimos días sobre el verde en el que empezaron a despuntar. Sin embargo, no tantos son los que cumplen con su promesa y antes de retirarse vuelven a su cuna. Charles Dias (Belem, Brasil, 1984) es uno de ellos. El delantero brasileño es un hombre de palabra. 

Siguiendo los pasos de su padre, también futbolista, de niño emigró junto a su familia a Portugal. Aquel renacuajo creció y pegó el salto para hacer sus primeros pinitos en la segunda lusa con el Feirense. Pero en el verano de 2004 su vida cambió, trasladándose a tan solo un par de horas en coche hacia el norte: el Pontevedra le reclutaba para darle la oportunidad de debutar en la categoría de plata española. A pesar de descender, el ariete se quedó y peleó durante cinco temporadas más con la camiseta granate, pero jamás llegó el premio. Su tozudez llamó la atención del Córdoba, que le abrió de nuevo las puertas del profesionalismo. El resto es historia. Tras 493 partidos disputados en España y erigirse como uno de los símbolos del Eibar, Charles puso el freno de mano a los 36 años. Para sorpresa de todos, el brasileño decidió que era el momento de cerrar el círculo. De Primera a Segunda B; no existe el vértigo para él. Quiere hacer del Pontevedra un hueso duro de roer como lo fue antaño. Pasarón ya espera a su hijo pródigo. Uno de los de verdad.

A los 36 años ha hablado más el corazón que la cartera.

La verdad es que sí. Siempre había dicho a mi familia, a mis amigos, a la gente de Pontevedra y a la presidenta del club que quería retirarme aquí. Ellos me abrieron las puertas de España. No sé si ha sido en el mejor año, pero así han ido las cosas. He fichado por el Pontevedra para terminar mi carrera. No sé cuántas temporadas más voy a jugar, pero quiero ser útil para intentar conseguir el ascenso cuanto antes.

No hay demasiados futbolistas que cumplan con la promesa de volver a casa. Eres un romántico.

Hombre, si soy un romántico o no, no lo sé. Esto es lo que dice la gente. Yo he hecho lo que mi corazón me decía. Estoy muy contento de volver a Pontevedra y estoy muy ilusionado con la temporada que tenemos por delante y el reto que supone.

¿Tuvo algo que ver el Coronavirus en esta decisión de abandonar el primer nivel?

Puede ser. No sé explicarlo muy bien. Durante la cuarentena, a todos nos faltaba cariño, estar con nuestros amigos, estar cerca de nuestra casa. Tanto a mí como a mi familia nos faltaba algo. ¿Puede ser que el virus me hiciera valorar más el estar cerca de casa y de los míos? Al final, es estar donde te quiere la gente. Puede ser que también buscase estar tranquilo con todo lo que está pasando. No sé explicarlo muy bien pero puede ser que el coronavirus influyera en la decisión.

 

“¿Puede ser que el virus me hiciera valorar más el estar cerca de casa y de los míos? Al final, es estar donde te quiere la gente”

 

Te formaste en el Feirense luso, en una Portugal en la que tu padre y tu tío, también futbolistas, habían emigrado. ¿En qué momento Pontevedra se convierte en tu casa?

Mi padre, como dices, era futbolista. Cuando yo tenía cuatro años fuimos a Portugal toda la familia, y a los once volví a Brasil con mi padres y mi hermana. A los 16, de nuevo hacia Portugal, esta vez solo, para jugar en el Feirense. Empecé en juveniles y luego ya me quedé allí. Después de tres años, a los 19, me fichó el Pontevedra. Se convirtió en mi casa. Llegué como un niño y me fui hecho un hombre, a los 26. 

Menudo salto acabas de hacer: te vas de Primera, dónde aún tenías protagonismo, a Segunda B. Tus compañeros en el Eibar te trataron de ‘loco’.

Lo hablábamos mucho durante la cuarentena y luego ya entrenando. Les decía: ‘Si no tengo nada que me ilusione mucho, me vuelvo a casa’. Ellos se sorprendían: ‘¿Pero entonces dónde te irás?’. Pues mira, cerca de mi casa. El Pontevedra es un equipo al que quiero, es parte de mi vida. Cuando cerré mi primera etapa en el club seguí siendo socio, tanto yo como mi mujer. Cuando nació mi hijo, lo primero que hice fue llamar al Pontevedra para hacerle socio. Cuando nació mi hija, otra vez la misma llamada. Toda la familia es socia del club, desde que salimos de aquí. Con la pandemia les dije que volvería a casa si no salía nada que me motivara. Me afectó mucho el parón por el Coronavirus. La presidenta me llamó el día de mi cumpleaños, en plena cuarentena, y empezamos a hablar. Le dije que me quería retirar en el Pontevedra, pero hasta entonces no sabía que sería ya este año. Ellos estaban encantados, pero me advertían que aún tenía mucho fútbol que dar en Primera División. Les dije que estuvieran tranquilos, que si a final de temporada no tenía nada ilusionante, hablaríamos. Y justo cuando terminó, Lupe Murillo me llamó. ‘Me dijiste que te llamase cuando acabase la temporada’ [Risas]. Le pedí dos días para pensarlo un poco y llamarle de nuevo. Y así fue, di mi palabra que volvería. Entonces me empezaron a llamar clubes de todos lados, también de fuera de España. Nadie se lo creía. Pero no, ya le había dicho a mi representante que me quería ir al Pontevedra y ya estábamos en contacto con el director deportivo. Sabía que sería todo mucho más sencillo, aunque no cobraría lo que iba a cobrar en Primera o en Segunda. Ha tirado el corazón para volver a casa.

 

“Les dije a mis compañeros en el Eibar que si no tenía nada que me ilusionase mucho, me volvía a casa. Ellos se sorprendían: ‘¡¿Dónde te vas?!””

 

¿Ninguna de las ofertas -ni de Primera, ni de Segunda, ni del extranjero- te hizo replanteártelo un poco?

Alguna sí. Pero ya había dado mi palabra, que vale más que una firma. Le dije a mi representante que no quería escuchar nada más. Decidimos cerrarlo con el Pontevedra y me fui, sino me iba a volver loco. No le he cogido el teléfono a nadie más. Intento no pensar en lo que he perdido, sino en lo que voy a ganar en calidad de vida; estar cerca de la familia y ser feliz, al fin y al cabo. Estoy donde quiero estar y donde la gente me quiere. Intentaré aportar tanto en el campo como fuera de él, ayudar a los chavales que están subiendo a mejorar como futbolistas y como personas.

Primera, Segunda A y Segunda B. Pontevedra, Córdoba, Almería, Celta, Málaga y Eibar en 16 temporadas. 493 partidos y 162 goles en España, en la mayoría de temporadas titular. Casi nada.

Es algo que hay que valorar. Al final, uno intenta hacer las cosas bien. Todas las decisiones que he tomado han sido muy meditadas, con la familia, con mi mujer. He acertado en todas. Espero haberlo hecho también volviendo al Pontevedra, y creo que es así. Cuando uno intenta hacer las cosas con el corazón, creo que acierta siempre. Y así espero que sea. Vengo a aportar cosas y deseo que, al final de la temporada, la afición, mi gente y yo estemos contentos con esta decisión.

Has venido en busca de comodidad y felicidad, ¿pero qué motivaciones deportivas tiene el Pontevedra para haberte convencido?

Aparte de la afición, el club tiene un proyecto bastante bueno. Queremos ir ascendiendo poco a poco hasta llegar a Primera. Lo primero es ascender este año a Segunda. En un futuro, nos queremos convertir en un equipo de la máxima categoría. Pero más que el proyecto, he pensado en la felicidad que me va a dar estar aquí. Tengo muchas cosas que aportar todavía, como enseñar todo lo que he aprendido a la gente joven del club. He firmado hasta que yo quiera jugar. Cuando lo quiera dejar, voy a estar en la dirección deportiva, o donde el club me diga. Si queremos todos, claro.

 

“Lo primero es ascender este año a Segunda. En un futuro, a la máxima categoría. Pero más que el proyecto, he pensado en la felicidad”

 

El objetivo es ambicioso. ¿Te ves jugando en Primera División con el Pontevedra?

Esto ya sería… ¡Boh, un sueño! Llegar, subir a Segunda, y luego a Primera… Sería la hostia, vamos. El sueño ideal.

Viene una temporada rara en Segunda División B, con 100 equipos y cinco grupos, dividido cada uno en dos subgrupos. Será casi imposible subir.

Va a ser muy complicado, sí. Pero también creo que esta categoría necesitaba un cambio para mejorar, y ojalá que esto ayude. Queremos estar arriba para ascender, y si no es así, para estar en la Segunda B Pro, como mínimo. Es muy importante para el club y para los jugadores. La Pro ya sería un nivel muy profesional.

Quien decide es el entrenador, pero a priori tenemos que esperar a un Charles protagonista este curso, ¿no?

Como bien dices, todo depende del míster. Voy a entrenar con la mayor de las ilusiones, a trabajar como siempre he trabajado para tener un sitio en el once. Luego ya decidirá el entrenador. Toda mi carrera he trabajado fuerte, y espero ahora estar ayudando tanto dentro como fuera del campo. Si me toca estar en el banquillo, estaré en él. Y cuando pueda entrar, voy a aportar mi granito de arena. 

El Pontevedra fue el equipo que te abrió las puertas del fútbol profesional. Allí debutaste en Segunda A, pero se bajó en seguida a Segunda B. Se rozó de nuevo el ascenso en varias ocasiones. Estuviste un total de seis temporadas, jugando 179 partidos y sumando 56 goles.

Fueron muchos años aquí. Por esto tengo un cariño enorme por el club. Quiero llevarlo donde se merece: como mínimo a Segunda División.

Aquel joven Charles ya demostró dotes de delantero habilidoso, pícaro y gran rematador. Te gustan los goles acrobáticos.

Cuando llegué al Pontevedra hice algunos de chilena. Era algo que tenía. Me salían. Ya lo intentaba mucho entrenando, así que me empezó a salir. De hecho, ya lo probaba jugando al fútbol en Brasil, de pequeño. Uno va aprendiendo estas cosas y después, cuando vienen balones ideales, sale. En el Pontevedra salió varias veces, hice goles muy bonitos. ¡Ojalá salga alguno este año!

¿Qué falló aquel primer año en Pontevedra, en el que no se consiguió la salvación?

Acabábamos de ascender. Hicimos una segunda vuelta muy, muy buena. La primera nos mató, conseguimos solo 13 puntos [entonces el Pontevedra se encontraba a diez de la salvación]. No quedaba más remedio que, en la segunda mitad del año, hacer la temporada de nuestras vidas. Y la hicimos, pero nos faltaron tan solo tres puntitos. 

Finalmente, a los 26 consigues volver a Segunda A al firmar con el Córdoba. Enseguida te sales.

El primer año en Segunda, en Córdoba, fue fantástico, con una quincena de goles. Pero tuve una fractura de mandíbula justo antes de volver de una lesión, y eso me impidió jugar muchos partidos. Sin embargo, por suerte conseguimos meternos en el play-off de ascenso a Primera, aunque finalmente no logramos subir.

En la 2012-13 aterrizas en el Almería para la que sería la mejor temporada de tu carrera. Conseguís el ascenso y atas el ‘Pichichi’ de Segunda con, atención, ¡27 goles!

El de Almería fue el mejor año de mi vida, de mi carrera. A los 27 goles en liga se le tienen que sumar cinco más en el play-off, para un total de 32 en un solo año, y con ascenso incluido. Fue un año muy bueno en todos los aspectos, tanto dentro como fuera del campo. Fue el año soñado como futbolista.

Este temporadón te sirve para que el Celta piense en ti para suplir a un tal Iago Aspas. Debutas en Primera, al fin, a los 29, y consiguiendo una docena de tantos. Pocos lo pueden decir.

El Celta me compró del Almería y ya en el primer curso lo jugué todo. Marqué 12 goles y el equipo hizo un pedazo de curso. Hay que estar muy contento, porque el Celta es un grandísimo equipo. Aún conservo muchos amigos allí. Galicia me tira mucho, como se puede ver [Risas]. Me salió bien en el Pontevedra y no tenía ninguna duda que en Vigo iba a ir muy bien también.

Debutar en Primera rozando la treintena es improbable. ¿En algún momento pensaste que nunca llegaría ese día?

Hombre, claro, cumplí los 29 y decidí jugármela con el Almería. Tenía que hacer una temporada muy buena para ascender y jugar con ellos en Primera, o sino se me iba la oportunidad. Haciendo aquel año, el Celta apostó por mí y por fin pude hacer mi sueño realidad: jugar en la mejor liga del mundo. Al final he estado muchos años seguidos en Primera. Lo perseguí desde niño y al final lo atrapé.

 

“A los 29 decidí jugármela con el Almería. Tenía que hacer una temporada muy buena para ascender y jugar en Primera. Al final he estado muchos años seguidos en la categoría. Lo perseguí desde niño y al final lo atrapé”

 

Tras dos años en Vigo, firmas por el Málaga, donde estás también un par de temporadas. 

Estos también fueron dos años muy buenos. En el primero de ellos metí 12 goles, aunque en el segundo me lesioné al principio de temporada y enseguida los compañeros ya estaban a otro nivel. Por este motivo no me salió tan bien, pero el Eibar se decidió por mí. 

Y allí has acabado convirtiéndote en un icono del club. Has sido fundamental durante tres temporadas.

Ha sido una época espectacular a todos los niveles. Allí nació mi hija, en el País Vasco. Son tres años importantísimos en mi carrera, en los que he hecho bastantes amigos. Hace dos temporadas logré 15 goles, la pasada nueve y la primera ocho. Son años muy relevantes en mi vida. Por desgracia, el Coronavirus nos ha afectado a todos y no lo hemos podido cerrar bien.

¿En algún momento tuviste la oportunidad de dar el salto a algún equipo de primera línea? ¿O incluso al extranjero?

Sí, pude salir a otras ligas de fuera, aunque no tuve la ocasión de ir a algún grande del fútbol español. Sin embargo, en todos los sitios en los que he jugado para mí han sido los mejores. Son equipos importantes, top. No he podido jugar en un equipo de más arriba, pero los tres equipos de Primera División en los que he estado han luchado para estar lo más alto posible. Siempre me quedé cerca de lograr la clasificación para competiciones europeas.

 

“Pude salir al extranjero, aunque no tuve la ocasión de ir a algún grande del fútbol español. Los tres equipos de Primera en los que he estado han luchado para estar lo más alto posible”

 

¿No jugar en Europa es la única espinita que te ha quedado, quizás?

Puede ser. Pero no puedo quejarme de nada. En mi carrera trabajé mucho, como lo sigo haciendo ahora. No puedo estar más contento con todo lo que he conseguido.

A los 36 cierras el círculo. Pontevedra espera a su hijo pródigo con ganas. Sin embargo, al menos estos primeros meses no podrán verte en directo en Pasarón.

Será raro sin la afición, pero es lo que hay. Tenemos que acostumbrarnos y saber jugar también con esto. Es algo difícil para todos. Ojalá tengamos público lo más temprano posible y esto cambie. A ver si tenemos pronto la vacuna para que la afición pueda estar a nuestro lado. Son esenciales.

 


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Fotografías de Getty Images y del Twitter oficial del Pontevedra CF (@PontevedraCFSAD).