Abandonar el hogar nunca es fácil. No lo es. Dejar atrás la vida tal y como se conoce, a los familiares, los lugares que se frecuentan con regularidad, las colecciones de álbumes de cromos, de libros, de discos, los pósteres de las paredes de un cuarto, las croquetas y la paella de mamá y muchas más cosas. Irse de casa provoca pavor, pero todo sea por recorrer la abrupta carretera hacia el porvenir soñado. Carlos Belenguer cruzó el charco en busca de proseguir su camino hacia su sueño. El valenciano quiso continuar su formación y así alcanzar la experiencia necesaria para algún día llegar a ser entrenador en el primer nivel futbolístico.

No hay marcador, pero les enseñan a contar

“Me metí a entrenador porque de niño me gustaban dos cosas: una era recrear los sorteos de la Champions League desde que vi el primero en la temporada 1998-99 con la primera participación del Valencia. Me acuerdo perfectamente del grupo [Glasgow Rangers, PSV y Bayern de Múnich]; la otra era hacer alineaciones en libretas, imaginar que fichaba y hacía listados de plantillas con jugadores y dorsales. Alguna vez pasaba el rato en clases del instituto y la carrera imaginando y apuntando el equipo que me iba a hacer en el Modo Carrera o Liga Master de turno”, explica Carlos Belenguer.

Incluso antes de tener el primer nivel de entrenador, ya dada sus primeros pinitos en el Club La Vall, donde su amigo Manolo Sales, ahora técnico del Juvenil C del Villarreal, le dio la oportunidad de foguearse en la Liga Autonómica Infantil, la máxima categoría de esa edad. El gusanillo por los sistemas tácticos y las jugadas a balón parado dentro de él se iba haciendo más grande. Y la cosa continuó. “Mientras me sacaba el nivel II, tuve la suerte de entrar en la prestigiosa escuela del Alboraya UD. Allí llevaba un Infantil y, posteriormente, pude entrar en el cuerpo técnico del Cadete A, que jugaba también en Autonómica”, repasa, añadiendo que “volvía a estar aprendiendo de los mejores entrenadores de Valencia. Pepe Hurtado, Juan Albert, Jonás Navarro y yo, que acaba de llegar a los banquillos y no sabía ni la mitad que ellos”.

La oportunidad de entrenar en Estados Unidos le surgió de una de esas conversaciones de alguien que conoce a otro alguien. Su prima y su hermana conocían a alguien. Tras una entrevista por Skype con la persona encargada de los Recursos Humanos de la academia internacional de fútbol Global Premier Soccer (GPS) donde demostró que daba el perfil por ser entrenador y por el inglés que perfeccionó cuando estudió en Nueva York, Belenguer dejó la terreta y voló hasta el oeste de Massachusetts, “a hora y media de Boston”.

Los norteamericanos no son exactamente reconocidos por su amor incondicional al balompié. Tienen numerosos deportes a los que les prestan atención. “La ciudad más importante de donde estuve era Springfield, donde se inventó el baloncesto y donde está el Hall of Fame de la NBA. Además, en un pueblo cercano que se llamaba Holyoke se inventó el voleibol. Se puede imaginar lo difícil que es para el fútbol hacerse un hueco ahí”.

 

“Allí saben que tu trabajo es ese, que tu formación es esa y no pretenden saber más que tú” 

 

El trato hacia el coach, como denominan al entrenador en Estados Unidos, es diferente como recalca nuestro protagonista. El término coach va pegado junto al nombre. En la nación de los vasos rojos y las manos gigantes de gomaespuma, él fue coach Carlos desde el agosto del 2017 hasta el mismo mes del 2018 cuando su estancia en tierras yanquis terminó.

La relación entre preparador físico, madres y padres, progenitores y parte de los equipos es mucho más cercana. “Allí saben que tu trabajo es ese, que tu formación es esa y no pretenden saber más que tú, como norma general. Eso sí, donde estaba se conocían muchas familias, por ser del mismo pueblo o región y había un trato familiar”, indica Belenguer, quien fue invitado a numerosas barbacoas, donde había “mucha comida, piscina y fiesta”.

La empresa GPS depositó en él la tarea de entrenar a diferentes equipos y en distintas categorías. Le dieron un U9 [entre 5 y 8 años] y un U14 [infantiles en España]. El valenciano no olvida lo cerca que estuvo de poder ganar la liga con los más mayores. Perdieron la ocasión en el último partido frente al conjunto que se consagraría campeón a posteriori. Al recapitular sobre aquel encuentro, menciona al “buenísimo” delantero al que se enfrentaba su retaguardia y quien asestó el gol de gracia. “Me acuerdo que le dije a mi mejor defensa que no le entrara de golpe, porque la liaba por talento y velocidad en una baldosa. Lo hizo durante todo el partido perfecto, pero perdió la concentración en un segundo y nos la lio el rival”, rememora.

 

“Es con las que más disfruté. Le ponían mucha ilusión. Alguna vez jugaba con ellas si faltaba una jugadora en partidos de entrenamiento. Iban a por todas. Eran muy competitivas” 

 

También tuvo la ocasión de estar al frente de otros conjuntos. Belenguer dirigió un equipo de chicas entre 14 y 16 años en un torneo. “Creo que es con las que más disfruté. Le ponían mucha ilusión, siempre con respeto al entrenador. Educadas y lo pasábamos genial en los entrenamientos. Alguna vez jugaba con ellas si faltaba una jugadora en partidos de entrenamiento. Iban a por todas. No me lo ponían nada fácil para marcar. Eran muy competitivas”.

En el tiempo que estuvo en Estados Unidos también pudo vivir de primera mano la Major League Soccer para seguir enriqueciendo su bagaje. “Fui a ver con mi amigo Adam, fan del Bristol City, muchas veces a David Villa a Nueva York. Una de ellas contra Columbus Crew en un partido de play-off en el que habían perdido la ida 3-0. Se pusieron 2-0, pero no pudieron empatar, aunque me acuerdo que me pareció un ambiente de Champions League”. Seguro que las tres horas y media del viaje de vuelta fueron un tramo amargo para los dos colegas.

Por otro lado, el técnico de la GPS fue a ver al NE Revolution en el campo de los Patriots, donde solo abren el primer anillo al no llenarse el estadio al completo. Pero, aparte de eso, la manera de vivir el soccer por parte de los americanos le sorprendió. Nuestro protagonista revive aquel día: “Van a comer. Fui con la familia con la que vivía y el padre compró palomitas, hamburguesas, perritos para sus hijas, pero no prestó atención. De hecho, salieron antes del campo. Supongo que en Boston, donde el fútbol americano y el béisbol está tan arraigado, le dan menos importancia a nuestro fútbol”.

Carlos Belenguer, que tiene el nivel II de entrenador y ya solo le falta el último para poder sentarse en los banquillos de la primera línea del escenario futbolístico, tiene muy claras cuáles son sus prioridades en el mundo del fútbol. Su idea principal es formar jugadores jóvenes, trabajar en la base un tiempo, disfrutarla y, de aquí muchos años, entrenar en fútbol amateur y, ojalá, subir escalones. Aunque no olvida su deseo personal. “Mi sueño es poder algún día representar a la escuela del Athletic Club de Bilbao como entrenador. Me da igual la categoría y la edad”.

El valenciano, convencido que en Estados Unidos no tienen un buen sistema de base y por ello la exigencia con el míster es menor, asegura que sí hay un denominador común entre España y Norteamérica: los padres. “Aunque sea en menor grado que aquí, algunos se creen tener al nuevo Pulisic”, sentencia. Por desgracia, cada lunes, tras cada fin de semana, vemos en numerosos medios de comunicación como diversos progenitores se exceden en su, digamos, entusiasmo por ver brillar a sus hijos. Y, por desgracia, de nuevo, esto ocurre tanto en Kuala Lumpur, Seattle o Helsinki como en cualquier rincón del mundo ya sea pequeño o grande.

 

“Me encanta educar, formar, enseñar. Pero ¿de qué me sirve entrenar todo eso si luego no hay una clasificación, si no se cuenta el resultado? ¿Cómo veo la evolución? En ese sentido están como nosotros el siglo pasado” 

 

Una de las cosas que peor llevaba Carlos era la falta de competitividad en la competición del fútbol base del soccer. “Me encanta educar, formar, enseñar. Pero ¿de qué me sirve entrenar todo eso si luego el partido no tiene un acta, si no hay una clasificación, si no se cuenta el resultado? ¿Cómo veo la evolución? En ese sentido están como nosotros el siglo pasado”, señala, añadiendo que “los campos suelen ser de césped natural y muy mal cortado. Las instalaciones aquí son mucho mejores. Además, no existe el vestuario físico como tal. Algo que me parece interesante para la cohesión del grupo. Allí llegan cambiados, juegan y se van vestidos a ducharse a casa”

Respecto a las academias de fútbol, el entrenador cree que España está mucho mejor en eso. “En Estados Unidos no tienen un buen sistema de competición ni de formación. De hecho, diría que buscan más bien ganar dinero con sus academias”, analiza el míster que incide en que es mentira que los buenos jueguen en las academias y los malos en los equipos de los pueblos. “Luego cogen a todos, siempre y cuando pagues”, apostilla.

Los hilos de la alfombra

Belenguer está de acuerdo con las palabras del técnico español Pedro Gómez Carmona. El míster del East Riffa de Bahréin manifestó a Panenka que el preparador nacional es de los mejores preparados. “Creo que la competitividad que hay en nuestro país hace que al salir fuera seamos de los más destacados. Y ya no solo por el hecho de competir para ganar, sino por el trato a los jugadores. Nosotros entendemos al jugador”, argumenta el valenciano.

Una de las doctrinas del chico del cap i casal es que las personas que conforman sus equipos deben divertirse con la preparación y más teniendo en cuenta que son niñas y niños. A él le gusta comenzar los entrenamientos con juegos que no necesariamente incluyan balón y que jueguen con las manos. “A los más jóvenes los conectas enseguida”, remarca. Después continúa con prácticas donde entra en acción el esférico. Para terminar, una vuelta a la calma, como comenta el entrenador, con una sesión de penas máximas. “A los niños les encanta. Se ríen, gritan. Incluso recuerdo a padres mirando como si fuera un partido y muy pendientes del penalti de su hijo”. Para Belenguer estas cosas tan simples no son vistas en todas las partes del mundo. Por lo que narra, al míster estadounidense no lo sacas de las largas colas de jugadores esperando para hacer el típico me la pasas, te la devuelvo y rematas.

Todas las andanzas son complicadas y más cuando se observa la alfombra desde abajo. Ese lado es menos bello, no hay bordado, pero se ve cómo están puestos los hilos. “Cuando llegas a entrenador, te das cuenta que no todo es tan bonito, sobre todo en la base. Tienes que estar pendiente de mil de cosas. Pero los días de partido son maravillosos; y si salen las cosas practicadas, ¡todavía más!”, demuestra.

El valenciano ha tenido la oportunidad de irse de nuevo al extranjero. La agencia GPS que le contrató para Estados Unidos le propuso Grecia como nuevo destino para los próximos dos años, pero a él le gustaría tener estabilidad laboral en su tierra y rencontrarse con la que califica como la mejor gastronomía del mundo.

 

“Nosotros miramos por el bien de 22 personas y los padres por el de una”

 

Atrás queda esa vivencia en Estados Unidos que él “no cambiaría por nada”. Y ahora quiere abrirse camino en el mundo que estudió, que este puede ser incluso más difícil que el del fútbol: el del periodismo. Pero siempre mirando de reojo a los banquillos para cumplir algún día el sueño de poder mandar sobre una manada de leones que galopan tras un cuero redondo o para seguir haciendo crecer como personas a muchos niños y niñas, porque siempre habrá entrenadores y siempre habrá padres que querrán que sus criaturas tengan más protagonismo que los demás, pero alguien deberá poner sentido en este sinsentido. “Nosotros miramos por el bien de 22 personas y ellos por el de una”, concluye Carlos Belenguer.