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Se ajusta el bucal. El entrenador le coloca los guantes y repasan las tácticas más relevantes para batir a su rival. Ella asiente en silencio. Igual su grado de concentración ni siquiera le permite escuchar las palabras que podrían salvar su tabique nasal en unos pocos minutos. Camino hacia el cuadrilatero. Abucheos a su izquierda. Vítores a su derecha. Los focos avanzan a su paso. De fondo, música. Pero no cualquier melodía. La suya. Escaleras arriba. Sonido de campanas. Y sobre el ring, Barbra Banda. Pero esta, por situaciones de la vida, no ha acabado siendo su historia.

Han pasado poco más de 20 años desde que Lusaka se convirtiese en la cuna de una rebelde. En las raíces de una vida que no está dispuesta a seguir el curso de los acontecimientos que el destino tiene preparado para ella. Y no se trata de un destino metafísico, sino cultural. En Zambia no está bien visto que las mujeres hagan deporte. “En la cultura africana es realmente un tabú que las chicas jueguen al fútbol. Y mucho peor que boxeen. Pero algunos padres están instando a sus hijas a hacerlo”, reveló Melisa Saili, entrenadora de la futbolista en la selección sub-17, en una entrevista a la BBC. Y es que, hace ya dos décadas, en la provincia zambiana nació una mujer singular.

Sus inicios fueron precoces y llenos de obstáculos. El primero de todos, la pobreza. En un campo de tierra y sin calzado que llevarse a los pies, Barbra comenzó a golpear el balón desde bien pequeña. “Yo no tenía botas. De hecho, no era muy agradable ver cómo mis amigos se ponían las suyas y yo tener que jugar descalza”, recuerda Banda en una entrevista realizada a la BBC. Pero aquel amor esférico no se vio reñido con las heridas que le provocaba el estado de aquel campo de fútbol. “Comencé con el fútbol para cambiar mi vida. Permanecer sentada en el recinto – en el que vivía – traía problemas a las mujeres, así que comencé a jugar. También solía ver fútbol femenino y me inspiró a ver a clubes de alrededor del mundo”, reconoce la futbolista.

Sin embargo, con el balón no se detuvieron las inquietudes deportivas de la actual futbolista del Shanghai Shengli. Que las mujeres se dedicasen al balompié no estaba bien visto en su comunidad. Menos, pues, que practicasen otro deporte cargado de testosterona como lo era el boxeo. “En Zambia hay una boxeadora, Catherine Phiri. Yo solía ver sus combates y fue ella quién me inspiró para practicarlo”, comienza Banda. “No obstante, los boxeadores amateurs se negaban a pelear contra mí porque no tenía ni una sola derrota”. Pero lo que verdaderamente enamoró a la joven de Lusaka fue el respeto que existía dentro de esta disciplina. “Puedes pelear, pero no odias al rival. Cuando acaba el combate, seguís siendo tan amigos”, reconoce la delantera.

Cada paso que daba Barbra estuvo apoyado, como no podía ser de otra manera, por su madre Joyce. En un mundo cargado de prejuicios y tabúes como en el que creció, fue su progenitora la que defendió cada una de las decisiones de su hija. “La razón por la que apoyé a mi hija a practicar fútbol y boxeo es porque el deporte es bueno para las jóvenes. En nuestra comunidad – en la que viven – faltan actividades deportivas para las chicas y muchas de esas pasan las horas bebiendo cerveza o en discotecas”, explica Joyce en el reportaje de la BBC. “He visto a Barbra meter muchos goles. Hace que tanto yo como la comunidad estemos muy orgullosos de ella”, sentencia.

Durante su infancia, Barbra Banda combinó los guantes y los cuadrilateros con los partidos en el Indeni Roses FC y el Buffaloes Women FC. Sin embargo, con la llegada del servicio militar la joven zambiana tuvo que decantarse por una de sus dos pasiones. “Lo tuve que pensar mucho. Me quedé con el fútbol porque el boxeo es una carrera corta. Y cuando te tomas muy en serio el boxeo acabas dañándote el cerebro. Elegí el fútbol porque creo que me llevará a otra parte. Si me concentro y juego como sé, creo que llegaré lejos”, afirmó la futbolista.

 

“Yo tengo una sobrina pequeña que me dice que cuando crezca quiere ser como Barbra. Y es que ella se ha convertido en una heroína. Es el ejemplo perfecto de cómo las chicas jóvenes deben comportarse”

 

Y vistiéndose de corto, fue quemando etapas con su selección, siendo siempre la más joven del grupo. Banda debutó con la sub-17 cuando tan solo tenía 13 años. De hecho, en 2014 ya participó junto a sus compañeras en el Mundial sub-17, siendo uno de los tres conjuntos africanos que logró la clasificación. Sin embargo, dos derrotas en los dos primeros partidos provocó una eliminación solamente suavizada por la victoria en la última jornada de la fase de grupos.

Su primera oportunidad con la absoluta llegó los 16. Pero su eclosión llegó en 2018 durante la fase de clasificación para la Copa Africa. Sus partidos ante Tanzania – en los que anotó un gol decisivo – y Zimbabwe despertaron el interés de varios clubes lejos de su país, pero finalmente fue Fernando Martínez, director técnico de la EDF Logroñés, quién consiguió convencer a la futbolista para que empacase sus cosas y pusiese rumbo al norte de España. Banda se convertía, de esta manera, en la primera futbolista zambiana que jugaba en Europa.

Aterrizo en Las Gaunas y debutó con gol en la victoria por 2-0 ante el Sporting de Huelva. Y, con el transcurso de los encuentros, fue demostrando potencia, velocidad y determinación, siendo el hat-trick de esta temporada al Tacon una de sus más recordadas actuaciones. En Logroño dejó su sello durante una temporada y media hasta que en el mercado invernal de este mismo curso decidió continuar su carrera en China. El Shanghai Shengli abrió sus puertas para que la futbolista continuase creciendo.

Con toda la carrera por delante, Barbra Banda ha logrado convertirse en un auténtico referente para muchas de las jóvenes de su Zambia natal. Tanto es así, que la futbolista reconoce que muchas de las niñas de su comunidad se acercan a ella cuando regresa a casa. “En mi comunidad soy más un modelo de comportamiento para todas ellas”, explica la atacante. “Cuando me ven se interesan mucho por lo que estoy haciendo y por cómo me van las cosas. Están felices por mí y creo que eso les sirve de motivación e inspiración a ellas también”

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, concluye.

Esa visión la comparte, de la misma manera, Melisa Saili, que en su momento entrenó a la delantera en las categorías inferiores de la selección. “Yo tengo una sobrina pequeña que me dice que cuando crezca quiere ser como Barbra. Y es que ella se ha convertido en una heroína. Es el ejemplo perfecto de cómo las chicas jóvenes deben comportarse, explica la entrenadora.

A golpes certeros. Así avanza la carrera de la delantera de Lusaka. Solo que, en este caso, es ella la que los imprime con potencia. Sin amedrantarse ante los obstáculos, sin rendirse ante los tabúes. Con sus goles reventó todas las barreras que se le presentaron y hoy, Barbra Banda, se ha convertido en seña y orgullo de un país que ha visto volar a uno de sus principales referentes deportivos.