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Aquí no hay quien viva

En el 20 aniversario del estreno de una de las series de humor españolas más exitosas, recordamos cinco parejas de futbolistas que no supieron convivir en armonía

La serie ‘Aquí no hay quien viva’ cumple dos décadas. Buen momento para hablar de vecinos que no se soportan… en un vestuario.


Gustavo Munúa y Dudu Aouate / Deportivo de La Coruña

“La competencia nos hace mejores” es una frase que nunca salió de las bocas de Munúa y Aouate. Tanto era el desespero entre los metas del Deportivo por hacerse con la titularidad que el uruguayo salió de puños en toda la cara del israelí. La cosa no pasó a mayores pero jamás vimos un ojo como el de Aouate, con tantas tonalidades de morado.

Robinho y Thomas Gravesen / Real Madrid

Un brasileño jugón y un tuercebotas danés tuvieron a mal encontrarse en el Madrid de entreguerras. El primero regateaba hasta las mariposas y el otro casi se rompe la rodilla con la ‘gravesinha’. En un entreno se corrieron a palos tras una dura entrada de ‘Shreck’, absolutamente fuera de sí. Para grabarle las caras…

John Terry y Wayne Bridge / Chelsea

Al capitán del Chelsea lo pillaron en pleno marcaje individual (y secreto) con la expareja de Bridge. Su compañero se lo tomó como una enorme traición y ya no hubo manera de tender ‘puentes’ de reconciliación. Para evitar males mayores, Fabio Capello le retiró al central ‘blue’ el brazalete en la selección inglesa.

Leroy Sané y Sadio Mané / Bayern

El caso más reciente de pareja mal avenida se produjo en el Bayern, algo intolerable en la siempre orgullosa y disciplinada casa bávara. Tras perder ante el City, y ya en los vestuarios, el delantero senegalés le propinó el curso pasado un puñetazo al alemán. El ex del Liverpool fue sancionado y sentenciado y hoy vive de maravilla en la liga saudí. Ahí ya no pega… palo al agua.

Craig Bellamy y John Arne Riise / Liverpool

Año 2007. Ida de los octavos de la Champions. El Liverpool asalta el Camp Nou con goles de John Arne Riise y Craig Bellamy. Este último celebra su gol con un swing imaginario. Lo supimos después, pero la referencia golfística venía porque, unas semanas atrás, había irrumpido de noche en la habitación de su compañero Riise, con quien se había enfadado por culpa de un karaoke, para agredirlo con un palo de golf. “¡No me importa si voy a la cárcel! ¡Voy a matarte!”, recordaría el noruego que le dijo el galés antes de utilizarlo como si fuera una piñata. Humor británico que afortunadamente no acabó con nadie en el hoyo.

 


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Fotografía de Getty Images