La colegiada del encuentro espera pacientemente a que los segundos de su reloj lleguen al minuto exacto para dar comienzo al partido. Con el silbato entre los labios deja que corran mientras observa a las 22 protagonistas. En una de las mitades del campo, la joven futbolista cierra los ojos y respira profundamente. Vestida de corto, enfundada con la zamarra que lleva los colores de su corazón, el ’14’ en la espalda y, sobre este, su nombre: Aitana.

Regresa 15 años atrás. Ya se han superado las primeras asignaturas de la mañana y en el colegio El Pi, en Sant Pere de Ribes, los jóvenes salen a toda velocidad, a empujones por los pasillos, hasta llegar al recreo. Como en muchos otros centros escolares, el patio está presidido por una pista de cemento con dos porterías en cada extremo. Pobre de aquel que se atreva a lanzarse al suelo para cortar el esférico si no quiere volver a las aulas con las clásicas quemaduras y resquebrajaduras en los pantalones. Y el balón a rodar. Goles, faltas, protestas. Lo que para los docentes es media hora de descanso, para los más pequeños resulta ser el partido de sus vidas. Entre todos aquellos zagales que corretean tras la pelota, una joven Aitana comienza a escribir las primeras líneas de su historia. “La inspiración me llega cuando veo a mis compañeros jugar al fútbol en el patio”, asegura Aitana Bonmatí a Panenka. “De casa seguro que no me viene esta pasión porque no eran nada futboleros”, añade la futbolista del Barça, sonriente.

Pero con el transcurso de esos primeros años, las horas de recreo se hacen cortas. En su interior, la necesidad de seguir sorteando rivales, marcar goles o ejecutar pases milimétricos -mimar el balón, en definitiva- más allá de los ratos de descanso en el colegio. Así que, a los siete años, convence a sus padres para recalar en las filas del Ribes. En el club de su pueblo natal coincide con otros compañeros de la escuela. Claro que sus primeros años en el balompié no están exentos de discusiones. “Algunos compañeros no aceptaban que una chica pudiese jugar mejor que ellos”, recuerda Aitana. “También me llegaban comentarios del tipo ‘¿cómo te puede regatear una niña?’ por parte de otros entrenadores o desde la grada”.

Son cuatro años de progresión y mejoría constante. Un periodo que concluye cuando el entrenador del Cubelles pone el foco sobre su fútbol. Su calidad no pasa desapercibida en la ciudad del Garraf y Aitana decide empaquetar su bolsa de deportes para seguir creciendo. “Cuando llega a Cubelles, la pasamos directamente a la categoría de Infantil A. Tenía calidad de sobras para ello”, reconoce Josep Serra, coordinador del fútbol base de la entidad, a Panenka“Cambié el Ribes por el Cubelles porque estaba en una categoría mejor y, tanto a mi padre como a mí nos gustaba el estilo de juego, más de toque, que practicaban en el club”, añade Aitana.

 

“Mi padre y yo ya habíamos comenzado a buscar equipos en los que pudiese jugar hasta que un día llega a las oficinas del Cubelles un fax del Barça. Y claro…”

 

En Cubelles, la joven centrocampista también destacaba por su carácter dentro de los terrenos de juego. “Si algún jugador no se lo tomaba en serio, o no lo daba todo, Aitana se lo recriminaba”, comenta el coordinador de la entidad. “Para mí, la actitud siempre ha sido muy importante. Yo soy muy exigente conmigo misma y esperaba lo mismo de mis compañeros”, ratifica la actual futbolista del Barça.

Sin embargo, después de tres temporadas en el club y al cumplir los 13, Aitana se ve obligada a abandonar Cubelles para cumplir con la normativa vigente. A partir de esa edad debe recalar, por primera vez, en un equipo femenino. “Mi padre y yo ya habíamos comenzado a buscar equipos en los que pudiese jugar hasta que un día llega a las oficinas del Cubelles un fax del Barça. Y claro…”, deja caer la futbolista.

Imagen cedida por B-Engaged.

Se abren las puertas de La Masía para la de Ribes. Sin embargo, fichar por uno de los clubes más importantes del mundo también conlleva un fatigoso esfuerzo. Momentos complicados en los que llega a replantearse su situación. “Yo venía a entrenar en transporte público y era pequeña. Recuerdo salir de casa a las seis de la tarde y llegar a las doce o a la una de la madrugada. Y claro, al día siguiente había que madrugar para ir a clase”, rememora Aitana, que añade que en ocasiones no asistía a la escuela para poder descansar bien. “Era una situación complicada y naturalmente que te planteas cosas… Pero aquí estoy”, sentencia.

Fútbol, fútbol y más fútbol sobre el verde de la ciudad deportiva. Sus excelentes actuaciones la llevan a erigirse como una de las referentes del cadete-juvenil y a quemar etapas de manera vertiginosa. “Cuando llego al Barça, sí que noto un cambio importante. Éramos muy superiores a las rivales y, mayoritariamente, ganábamos por goleadas”, asegura la jugadora. No tarda demasiado tiempo en demostrarle al cuerpo técnico sus habilidades con el esférico; inspirada en futbolistas de la casa como Xavi o Iniesta, continúa moldeando su estilo de juego. “Entiendo el fútbol como otros de aquí. Mover el balón de un lado a otro, combinar en espacios pequeños… Mi estilo es mucho más técnico que físico”, explica. Es esa progresión la que le permite llegar a lo más alto. En la campaña 2015-2016, Aitana debuta oficialmente con el primer equipo en un partido de copa. Precisamente, ese año lograría ganar la liga con el Barça B, siendo una de las piezas clave para conseguir el éxito. El ascenso definitivo no llega hasta la siguiente temporada, cuando además consigue levantar la Copa de la Reina tras anotar el cuarto y último gol de su equipo.

 

Su progresión viene siendo meteórica, pero si algo tiene la luz es que, inevitablemente, proyecta sombras. Y la más oscura llega en la semifinal del Mundial

 

Durante todos esos años, su fútbol se extiende más allá del escudo del Barcelona y representa tanto a la selección catalana como a la española, capitaneando los grupos en numerosas ocasiones. “Llevo muchos veranos sin parar, es verdad. Pero cuando te llama la Selección para jugar un Mundial o una Eurocopa, no puedes decir que no”, afirma la centrocampista. Tras dos subcampeonatos europeos con la selección española sub-17, alcanza la gloria del oro en Islandia. Una hazaña que repetiría un par de años más tarde con el combinado nacional sub-19, en Irlanda del Norte. “Por supuesto, le quedan muchas cosas que perfeccionar y las deberá ir incorporando con el paso de los años, pero Aitana tiene calidad para llegar dónde ella quiera”, asegura Natàlia Arroyo, seleccionadora catalana, a Panenka“Lo que más sorprende es que juega con el primer equipo con la misma autoridad con la que siempre ha competido”, añade la también periodista deportiva.

Su progresión viene siendo meteórica, pero si algo tiene la luz es que, inevitablemente, proyecta sombras. Y la más oscura llega en la semifinal del Mundial sub-20 disputada este verano. En el minuto 70 de partido y ante las anfitrionas francesas, Aitana ve su segunda amarilla y la consiguiente cartulina roja. A pesar de lograr el pase a la final, la futbolista de Ribes no puede disputarla y la selección cae ante Japón por 1-3. “Aquello fue muy duro. Lo pasé muy mal. Mejoré con el paso de los días, pero es que me habían privado de un sueño”, lamenta la jugadora. Creo que en nuestro fútbol se ha intentado implementar todo de golpe. En lugares en los que la cultura del fútbol femenino no está tan arraigada o, directamente, el papel de la mujer en el deporte no es habitual se debe ir paso a paso y sin precipitarse, para poder formar a mejores profesionales. Creo que, a muchas árbitras, en ciertos momentos de presión, les falta un poco de autoridad”, reflexiona.

Imagen cedida por B-Engaged.

Acaba el verano y Aitana regresa a la disciplina blaugrana para disputar la que será su tercera temporada en el primer equipo del Barça. Su inicio no puede ser más prometedor. Llegando desde los extremos ha anotado nueve goles entre liga y Champions. “Es una posición diferente y, aunque siempre he dicho que me gusta jugar centrada para poder intervenir en el juego, estoy más cerca de portería y me permite marcar goles. Así que también está bien”, comenta Aitana.

Precisamente son esas incursiones, ese toque de balón y esas definiciones, lo que han convertido a la número ’14’ del Barcelona en una de las futbolistas más aclamadas por la afición. “Recuerdo que, cuando le di ese dorsal en la selección catalana, se molestó un poco”, rememora Arroyo, con un tono desenfadado. “Me hacía especial ilusión llevar el ’10’ porque, cuando eres pequeña, te dejas llevar por el valor que tiene un número como ese. Al ser la capitana, pensaba que podría elegir dorsal y cuando me dio el ’14’, pues no me hizo mucha gracia. Y se lo dije, supongo que un poco cabreada…”, añade Aitana, sonriendo. “Pero mira cuál llevo ahora”, concluye.

Los aficionados alientan desde las gradas del Mini Estadi. Vítores y ánimos para las futbolistas locales. Expira y abre los ojos. Sonríe. La gran promesa del Barça es ya una realidad. Corren los segundos y cuando estos cumplen con su ciclo y en la pantalla del reloj aparece la hora indicada, la colegiada del encuentro hace sonar su silbato. En sus botas, plumas. El balón, tinta. Sobre el verde, su historia. Y a seguir escribiéndola.