La librería Katakrak acogió una jornada dedicada al fútbol. La presentación del libro “También nos roban el fútbol”, de Ángel y María Cappa, sirvió de pretexto para charlar con los dos autores de la obra, además de Patxi Puñal y Kibu Vicuña. No podíamos perder la oportunidad de entrevistar a la periodista María Cappa, para que nos hablara de su libro, del fútbol y de la situación actual de este deporte. Este fue el resultado:

Pregunta. ¿Cómo es crecer en una familia tan futbolera? 

Respuesta. El fútbol en mi familia no empieza por mi padre, sino por mi abuela por parte materna. Mi abuelo era socio del Real Madrid. Para que mi abuela pudiera pasar los domingos con él, porque pasaba de ella por el fútbol, acabo haciéndose muy futbolera. Cuando mi padre trabajaba en Uruguay, vivimos dos años con mi abuela. El día que el Real Madrid perdía un partido, mi hermano y yo sabíamos que ese día no se cenaba. No podíamos discutir, había una tensión terrible.

P. ¿Y su padre, Ángel?

R. Respecto a mi padre, hemos viajado mucho por trabajo. Eso te enseña a conocer a la gente. Muchos se guían por quién es famoso en ese momento y te tratan en función de lo que creen que tienes. Mi padre de broma dice ‘yo cuando era rico y famoso me invitaban a comer en restaurantes, y si ahora nadie te conoce ni te miran a la cara’. Mis conversaciones en casa son siempre sobre fútbol, casi a la que menos le gusta el fútbol es a mí. La conversación sobre fútbol diaria me ha enseñado a conocer a la sociedad.

P. ¿Es el fútbol actual esclavo de los resultados?

R. Es falso que a Guardiola no le guste ganar, aunque juegue menos bonito. Es una dicotomía falsa. Cuando el Real Madrid ganaba pero jugando mal, a mi abuela no le convencía. Le exigía al equipo esa grandeza. Cuando le devolvió el 5-0 al Barça estaba el Bernabéu que no entraba en su orgullo. Al final eso es lo que se te queda en el recuerdo. Si le llegan a ganar 1-0 en el último minuto también vale, pero cualquiera hubiera preferido la impresión del 5-0. El juego se impone al resultado. Pero claro, mejor ganar 1-0 a perder o empatar. Eso es obvio. Todo el mundo quiere estar orgulloso de su equipo, y el orgullo no viene únicamente  del resultado. Viene del espectáculo dado.

P. ¿Y esto se puede trasladar a los equipos humildes?

R. Los equipos de Paco Jémez juegan muy bien, lo que pasa es que el nivel de sus futbolistas es peor que los de un grande. A su nivel, pero claro que juegan bien. Los de Eibar seguro que están orgullosos de su equipo. Es una falacia que los equipos humildes no puedan olvidarse del resultado. Lo difícil es imponer una idea de fútbol, cualquiera de ellas. Desde la de Bielsa a la de Simeone. Cualquiera puede entrenar si su único objetivo es vencer.

P. ¿Podemos retornar al fútbol clásico, al que vivía lejos del negocio?

R. El fútbol forma parte de la sociedad. No se puede concebir lo que ocurre en el fútbol sin entender lo que ocurre en la sociedad. Igual que el capitalismo ha secuestrado los derechos de todos nosotros (sanidad, cultura, educación) también lo ha hecho con el deporte, que es otro derecho fundamental. Esto parece que la gente no lo entiende. Hay tendencias de cambio. Por ejemplo la Federación inglesa, que se ha quejado de que comprar futbolistas extranjeros ha perjudicado su fútbol. No existe la paciencia de ese futbolista inglés que debuta. Se cuestiona el fútbol negocio. En Alemania al ver que los resultados no eran buenos, se replantearon cómo juega y quién es Alemania. Preguntarse por su identidad: quiénes somos a través de nuestro fútbol. También están los clubes de accionariado popular, que empezaron en Inglaterra, y que después han llegado a España e Italia. Esa es otra medida para devolver el fútbol a su gente, los clubes como una parte más de la comunidad.

P. ¿El fútbol puede cambiar si no lo hace la sociedad?

R. Es difícil. La política está corrompida y son los políticos los que legislan. Felipe González permitió que los clubes fueran S.A, permitió la entrada de los empresarios al negocio del fútbol. Son los alcaldes o presidentes de autonomías los que han cambiado la legislación para poder especular en los terrenos. Hasta que los políticos no dejen de ser corruptos, no van a dejar de hacer este tipo de trapicheos.

P. ¿Y se puede criticar el fútbol negocio estando dentro de los estamentos del fútbol?

R. Lo han hecho muchos, cada uno desde su posición. Por un lado hay una verdad admitida: la de “el que paga manda” y si tú cobras te callas. Como si el dinero otorgara la libertad de expresión. ¿Si Cristiano Ronaldo deja de cobrar, va a cambiar el fútbol? No. ¿Si Cristiano Ronaldo deja de cobrar, va a beneficiar a la sociedad? No. Se lo va a quedar Nike y el club para sus propios negocios. Hay muchos periodistas que no hacen este tipo de preguntas. Lo que quiere el periodista genérico es el morbo.

P. Entonces, el periodismo genérico tiene gran parte de culpa.

R. Claro, el jugador ante este tipo de cuestiones no puede decir gran cosa. Y cuando hay alguno que se ha expresado aunque sea políticamente, como Piqué, ya se ha encargado la sociedad de criminalizarlo por ser humano. Hay hinchadas como las de Bukaneros a las que también criminalizan. Athletic y Barça pitan el himno, pese a tener derecho a la libertad de expresión, y también se les dice que no hay que mezclar fútbol con política. Cuando después son los políticos los que están mezclados más que nada. Hay jugadores que se expresan. Pero el foco está en otros, como Ibrahimovic, que venden más periódicos. Pero claro, no hay un grupo de jugadores que peleen contra los horarios. España no es un país muy contestatario. Cállate, resígnate. El que manda al final es el jugador, sin ellos no hay fútbol. 

P. Ya no existe esa figura del futbolista con conciencia. ¿A qué cree que se debe?

R. La intromisión del negocio ha perjudicado el espíritu sindicalista de los futbolistas. Influye a los grandes contratos que tienen los futbolistas con sus marcas, en España se juega en los horarios que a la televisión China e India les apetece. A Rafa Nadal, por ejemplo, le imponían jugar tantos partidos y cláusulas para no hacer ciertas declaraciones.

P. Da la sensación de que el fútbol ya ni divierte a muchos futbolistas.

R. Raúl decía de España que parece que si no se sufre no sirve de nada ganar. Mi padre nunca dijo “me voy a sufrir al potrero”. Él iba a divertirse. Cuando les preguntas a los futbolistas por el juego, les brillan los ojos. Si tú mañana te sientas con Messi y te pones a hablar de fútbol con él, seguro que al tipo le brillan los ojos. Y no es esa imagen de marca que nos tratan de vender y que le imponen. El juego se ha convertido en una obligación tediosa. Hay todo tipo de presiones, como la mediática o la del propio club. ¿Cómo va a disfrutar Mascherano con Argentina si tiene periodistas insultándole?

P. ¿Cree que desde críos se les inculca esa presión?

R. Se les vende que hay que es ser como sus referentes, tener la garra de los futbolistas, etc. El niño lo toma y lo imita, es como una esponja. Luego están los entrenadores de estas categorías, que parecen tener objetivos para ver si con buenos resultados les ascienden de categoría. Les inculcan que hay que ganar por encima de todo, y ante todo deben ser un formadores de personas. Si ves que al rival le pegan una patada, deben ir a ver qué tal está. No se les educa.

P. ¿Hasta qué punto propietarios como Lim son una solución para los clubes? Pagan sus deudas, etc.

R. El Valencia ha llegado a esta situación gracias a la especulación inmobiliaria, malos negocios de sus presidentes, y usando el club como pretexto para el negocio. Si un equipo se gestiona bien no hace falta que venga nadie a rescatarlo. Una vez llegado al hundimiento hace falta dinero. Pero, ¿a qué precio? ¿A costa del equipo? Los dueños de los clubes son sus aficionados. Esa gente qué sabrá sobre el fútbol y su negocio. Prefiero que un club baje a tercera y que empiecen de nuevo haciendo las cosas bien, que tener que vender su identidad para saldar deudas.

P. Por lo tanto, ¿es el fútbol un negocio rentable y abre puertas más allá del propio deporte?

R. La fama es una llave que abre muchas puertas. La gente cree que la fama es un gran valor. El objetivo en la vida es ser famoso. En los palcos es donde se hace negocio. No son directivos, son hombres de negocios. Utilizan ese mismo club, que es su producto, para seguir así haciendo negocios con sus empresas. Un club de fútbol te abre puertas que por ejemplo una constructora no te abre. Como todo está corrompido…

P. Pero uno puede ver diferencias de negocio en clubes como con RB Leipzig. 

R. La diferencia está en las leyes del estado, que obligan al club a no vender un porcentaje de sus acciones a la marca. La diferencia es que hay alguien que dice que el negocio llega hasta aquí. No es el primer club alemán que tiene detrás a una gran empresa, están también el Bayer o el Wolfsburgo. Si no se deslegitima el fútbol, este tipo de clubes no hacen ningún mal. No es que haya que estar en contra del negocio del fútbol por la palabra negocio, claro que se debe vivir profesionalmente de lo que uno quiera. Alemania tiene una legislación fuerte entorno al fútbol, y la federación alemana también; en cambio aquí propician lo contrario.

P. Es triste observar que la única forma de que el club vuelva a su gente es cuando está arruinado.

R. Sí, pero así pasa en todo. ¿Cuándo ha salido la cultura a la calle? Cuando han visto que los actores no tenían trabajo. ¿Cuándo han salido los médicos? Al ver los intentos de privatización. En casos como Ceares, Ciudad de Murcia o Xerez Deportivo, esa gente ha preferido jugar en categorías inferiores con tal de tener un fútbol sano. Hasta que no te dan en la cara uno no reacciona, esto funciona así en la vida. Tenemos que caer en el pozo más oscuro para darnos cuenta de que algo va mal. Si con la política han hecho lo que han querido, imaginad con el fútbol.